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El Coliseo

Desarrollo,propiedad privada y diseño institucional

Me ha gustado mucho el último paper que nos reseña Stanislao sobre la teoría de Hernando de Soto. Me ha gustado, entre otras cosas, por la nostalgia que me causa porque “The Mystery of Capital” fue uno de los primeros libros de economía que leí, con la idea de saber qué teníamos exactamente que explicarles los abogados a los economistas (ah, la tierna infancia). Incluso llegué a regalárselo a mi entonces novia, leguleya ella también.

La teoría de Hernando de Soto venía a decir lo siguiente. En general, el análisis de la pobreza se aborda desde el punto de vista de los activos que tienen los pobres y por tanto se atribuía la pobreza al hecho de que había gente que carecía de activos. Sin embargo, Hernando de Soto decía, es un hecho que los pobres tienen muchos activos o al menos muchos más de lo que se piensa. ¿Por qué siguen siendo pobres?

La idea de Hernando de Soto era que lo que poseían era “capital muerto”. Sí, era propiedad de los pobres, materialmente hablando, sin embargo eran activos que no podían ser usados para nada en absoluto porque no poseían títulos legales que los certificaran. Típicamente, vivían en casas que habían okupado y poseían propiedades de valor incierto que no podían vender ni comprar ni, especialmente, usar para endeudarse. Había por tanto un gigantesco problema de costes de transacción.

La solución parecía entonces clarísima: aunque los pobres no hayan ocupado sus bienes de forma legal, uno lo convalida y ya está. Creo que uno de los redactores del código de Napoleón lo adelantó años antes diciendo “de todas las instituciones sociales, la más necesaria es la prescripción”. Una vez que tengan bienes, podrán intercambiarlos, usarlos para endeudarse, etc…

¿Suena bien, cierto? Bueno, no tan rápido. Stanislao explica que uno de los problemas es que puede haber problemas de poder de mercado. Lo que él (o el paper, no lo he leído) llama “efecto predatorio”, esto es, una vez que uno posee el título legalmente uno también puede enajenarlo legalmente, algo que antes no podía hacer. Esto puede, en determinadas condiciones, ser una debilidad, ya que en una negociación pueden exigirle más.

El problema es, como explica Stanislao, que Hernando de Soto asumía que los mercados eran competitivos, esto es, que los precios se determinan de forma abstracta en el mercado porque hay mucha gente ofreciendo y aceptando créditos. En esta situación no hay “negociación” propiamente dicha; ninguna parte determina el precio, luego poder vender más cosas nunca va a significar que uno termina peor de lo que estaba.

Esto no es así cuando una de las partes- los prestamistas- tiene poder para determinar el precio o el precio se “negocia”. En este caso, poder hacer más concesiones puede, paradójicamente, ser una debilidad. El prestamista sabe que uno estará dispuesto a pagar mucho por el préstamo, luego le obliga a poner toda o casi toda su riqueza en ello, apropiándose de todo el excedente de la transacción. Ese es el efecto predatorio.

La idea me parece especialmente interesante porque ilustra algo común a la hora de hacer ingeniería social/institucional. Como explicaba algunos posts atrás los mercados de crédito se caracterizan por tener “contratos incompletos”. Un contrato es incompleto cuando no existe un riesgo de que éste no pueda ser ejecutado. Tipicamente, ese riesgo es tomado en cuenta por las partes, lo que sube el precio de la transacción. Los mercados de crédito funcionan así porque uno puede declararse insolvente de forma que no se pague y eso hace tomar demasiados riesgos al prestatario; si sale cara, ganamos los dos, si sale cruz, pierdes tú.

Un primer mecanismo para solucionar este problema es la idea de Hernando de Soto: proveer colaterales. Yo empeño mi propiedad, si no devuelvo el préstamo, tú te quedas con mi casa. Una hipoteca funciona así. Sin embargo, no es el único mecanismo.

Algo que caracteriza a los mercados de crédito- y al mercado laboral, por cierto- es que son mercados “estrechos”. Una forma de asegurarse de que el prestatario paga, es prestándole de forma repetida; yo te renuevo el préstamo mañana, y pasado mañana, y al otro, hasta que dejes de pagar. A partir de esta interacción repetida, el banco acumula una cantidad interesante de información sobre a quién está prestando que le permite evaluar el riesgo mejor que sus competidores. Debido a estos dos aspectos, cambiar de banco es más difícil que cambiar, digamos, de panadero y el banquero puede aprovecharse de la debilidad del prestatario.

En su libro clásico Douglas North sugería que los intercambios en una sociedad podían organizarse de tres formas: como trueque, con dinero pero de forma personal, y con dinero y de forma impersonal, en función de las instituciones que se tengan. Tipicamente, cuanto más desarrollada es una sociedad, más impersonal es porque tenemos instituciones que permiten organizar intercambios diferidos en el tiempo y ejecutarlos correctamente. Si yo no pago en el supermercado, no me llevo los yogures y también sé que los yogures están certificados y que no están pasados de fecha. Pero en las sociedades menos desarrolladas, las cosas no funcionan con contratos legales; típicamente, hay instituciones informales -normas sociales, reputación, altruismo recíproco, etc,…- que estructuran este tipo de interacciones.

Cuando uno intenta introducir una determinada institución en una sociedad, suele perturbar/cambiar el equilibrio que existía antes. De hecho, una parte importante de las críticas que se han hecho al consenso de Washington y a la idea del “once size fits all” tiene que ver con esto.

Cuando hablaba de los mercados de crédito, el mecanismo de los colaterales y los títulos formales es, en realidad, una forma sofisticada de sustituir (o complementar) los mecanismos de reputación que probablemente existieran en el pasado. El mercado de crédito de una sociedad desarrollada es relativamente competitivo porque hay una regulación, una cantidad de información relativamente homogénea y fácil de procesar, etc,… que hace que la estrechez de los mercados sea menor y el hecho de tener colaterales baste. En cambio cuando los mercados de crédito son más primitivos, el hecho de introducir derechos de propiedad bien definidos puede ser algo que empeore las cosas. Es lo que Samuel Bowles llama un “efecto de expulsión institucional” (institutional crowding out). Eso es posiblemente lo que ocurrió en el caso que describe Stanislao. A la inversa existen complementariedades (positivas) entre instituciones; eso puede hacer que una reforma que funciona en un sitio, no funcione en otro sitio dónde el conjunto institucional (institución=conjunto de reglas en sentido amplio) cambia. 

La moraleja de todo esto es, las reformas deben prestar siempre antención a a) las instituciones que uno va a reemplazar y b) a la complementariedad institucional.

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