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Análisis y ensayo en ciencias sociales

Domingo, Noviembre 8th, 2009

He pasado la última semana y algo leyendo el libro de Raymond Aron “Le marxisme de Marx”. La verdad es que leerlo ha sido una forma de escapar dentro de la medida de lo posible de mi nueva vida de economista sacando condiciones de primer orden a diario y pensado en términos de optimización. Lo digo por el estilo. No es que Aron escriba mal; al contrario, es que desde que dejé de estudiar derecho- sobre todo como se estudia en España- se me había olvidado en qué consiste esa actividad profunda que se llama “exégesis”.

Sobre todo, me ha hecho recordar algo que ya intuía cuando empecé a leer a los marxistas analíticos; una parte importante de las ideas de Marx -y concretamente toda la parte impregnada por la filosofía hegeliana y la teoría laboral del valor- era errónea y otra parte, no era errónea y era, incluso, muy interesante, pero la importancia que parece tener cuando uno la analiza de forma fría es mucho menor que la que le otorgaba Marx.

Todo esto me ha recordado cuando, a raíz de empezar a leer a Kantor y a egócrata empecé a pensar como un economista y a interesarme por la filosofía analítica. Cuando leo las obras en ciencias sociales “blandas” mi impresión es de frustración profunda. Os hablo de un campo que conozco algo mejor; las relaciones internacionales. Las relaciones internacionales no han tenido autonomía como campo de estudio hasta hace relativamente poco, y aún hoy se suelen ver como una rama de la historia mucho más que como una disciplina científica. Los esfuerzos de sistematización (realistas, liberales, constructivistas, etc,…) no cuentan realmente con un instrumental analítico sistemático, propio de una disciplina científica. De hecho, las controversias en relaciones internacionales, llegan a rallar lo absurdo. Por ejemplo, los autores realistas sostienen que, como el sistema internacional es anárquico y los estados luchan de forma permanente por la supervivencia, la forma en que se comporten de forma interna es totalmente irrelevante para su comportamiento en la arena internacional. Este es un postulado que es sostenido de forma “absoluta”. Sin embargo, cualquiera que tenga una vaga idea de como funcionan los mecanismos de decisión sabe que este efecto NO puede ser total. Esto es algo relativamente difícil de argumentar cuando uno no usa un modelo dónde explique qué hace exactamente cada cuál, por qué y como interactúan y este (el estatocentrismo) es uno de los “grandes debates” de las relaciones internacionales. Cuando las discusiones se mantienen en el plano abstracto, las soluciones siempre son extremas- y a menudo absurdas.

Przeworski decía en una entrevista que las matemáticas son “una herramienta para el estúpido”. Cuando uno se ve forzado a especificar todas las ideas y el mecanismo está relativamente claro, es más difícil verse atrapado en los juegos de palabras de los que hablaba Wittgenstein. ¿Qué significa que la realidad es contradictoria y por eso tiene que cambiar mediante una revolución hasta que deje de serlo, como decía Marx? No está muy claro. En el libro de Aron, explica que es algo controvertido y que nadie lo sabe; sin embargo, a nivel estríctamente filosófico, eso parece tener sentido. Emplear un método analítico- no necesariamente matemático- en cambio, permite diseccionar lo que uno está diciendo y examinar su alcance. Otro ejemplo; dos de los libros más importantes del siglo XX son probablemente la Theory of games and economic Behaviour de Von Neuman y Morgenstern y la Teoría General de Keynes. El primero es un libro esencialmente matemático y el segundo básicamente literario. El resultado de esto es que los historiadores de la economía todavía debaten sobre lo que Keynes realmente quería decir; sobre la base de Von Neuman y Morgenstern se ha construido un sólido cuerpo de instrumentos; no ha habido intentos de “refutación” porque los supuestos estaban claros y eran precisos.

La claridad es algo que expulsa la discusiones inútiles, debidas a malentendidos, pero también expulsa las discusiones de corte ideológico. Una parte importante de las argumentaciones en ciencias sociales está construida sobre retórica y narrativas que terminan en última instancia en discusiones sobre la naturaleza humana o sobre los prejuicios de cada cuál. Tengo entendido que las polémicas entre Américo Castro y Sanchez Albornoz sobre desde cuando existía España degeneraron en “sé de buena tinta que Américo Castro es judío”. Mis discusiones con mi profe de sociología/globalización recurrían constantemente por su parte a sugerir (falazmente) que mi concepción de la naturaleza humana era que los hombres eran egoistas por naturaleza.

Cuando pienso en todas estas discusiones, tengo la impresión de que en la historia de las ciencias sociales y la filosofía existe un sin fin de autores que reinventan constantemente la rueda y que cometen una y otra vez los mismos errores. Uno tiene la sensación de que no existe progreso científico propiamente dicho; los temas se repiten y las soluciones fallidas vuelven bajo formas nuevas. No existe una “ciencia normal” a lo largo de la cual se pueda progresar; no hay una acumulación de conocimiento como existe en biología o en física; el género cultivado es el “ensayo” basado en la originalidad de las tésis y las intuiciones históricas, pero no en una metodología que permita encuadrar las ideas en un contexto más amplio ni tampoco un método estandarizado para comprobar las ideas. Este progreso sí existe y si es posible en economía matemática; para plantear un problema, uno plantea un modelo nuevo o modifica los supuestos de uno existente. El lugar de la innovación dentro del campo está claro; su conexión también lo está; es posible construir sobre ellos y explicarlos en clase, hacer ejercicios -no exégesis- para enseñar a la gente a usarlos.