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Archive for Octubre, 2009
Sábado, Octubre 31st, 2009
Añadamos que si, Raymond Aron reconocía de buena gana el genio de Marx, matizaba que este “semidios” había, como Nietzsche y Freud, “dicho y autorizado a decir casi cualquier cosa”. En este largo diálogo, Aron no había renunciado a ironizar ni a refutar. Pero no escondía, tampoco, su admiración por Marx al cuál, como Pareto y Schumpeter, reconocía un rasgo de carácter digno de elogio, el de detestar por encima de todo el caracter servil. En este punto de vista, que Marx haya podido servir de maestro a tantos espíritus serviles o tiránicos sigue siendo un misterio. (…)
Si Raymond Aron consagró su vida al estudio de Marx y el marxismo, era sobre todo porque el marxismo servía de fundamento a una religión secular, el comunismo y de ideología al imperio soviético. La fascinación que ha ejercido la obra de Marx tenía que ver, particularmente entre los intelectuales, a la atracción o al terror que ejercía el régimen fundado por su discípulo, Lenin (…)
Como pudo escribir Aron en sus memorias, “el Marx útil, si se me permite, el que a cambiado tal vez la historia del mundo, es aquél que divulgado ideas falsas; la tasa de plusvalía que sugiere lleva a pensar que la nacionalización de los medios de producción permite recuperar a los trabajadores cantidades enormes de valor; el socialismo o, al menos, el comunismo, elimina la cateogía de lo “económico” y la “ciencia lúgubre” en sí misma. En tanto que economista, Marx es tal vez el más rico, el más apasionante de su tiempo. En tanto que economista-profeta, en tanto que ancestro putativo del Marxismo-leninismo, es un sofista maldito que soporta su parte de responsabilidad en los horrores del siglo XX.
Prólogo de Jean Claude Casanova al libro “El marxismo de Marx” de Raymond Aron
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Miércoles, Octubre 28th, 2009
Después de una pausa en la serie sobre el mercado laboral y el monopsonio, volvemos con el tema del poder de mercado y las asimetrías en el mercado laboral. Si recordáis, hablaba de como la estructura organizativa o la heterogeneidad de los puestos de trabajo podían hacer que los empresarios tuvieran poder de mercado y el mecanismo de subasta -dónde, en principio, los empresarios pujan hasta que los trabajadores reciben lo mismo que lo que producen-se viera limitado. Sin embargo, mi punto de vista es que estos casos son relativamente anecdóticos; el principal problema en la estructura del mercado de trabajo tiene que ver con el hecho de que es un mercado informativamente denso; es decir, un mercado dónde laspartes no saben muy bien lo que están vendiendo.
En este artículo quiero usar mi bonito modelo espacial de la Tierra Media para mostrar intuitivamente como modifica el mercado laboral; en los dos siguientes lo presentaré de una forma un poco más técnica presentando los modelos que existen en economía laboral para representar el problema. Si recordáis, habíamos considerado dos casos. En el primero, todos los elfos y los enanos estaban situados a la misma altura del río, de modo que los elfos pagaban a los enanos todo el Mithrill que producían; si pagaran por debajo, otro elfo podría pagar al enano lo mismo más un poco más y obtener una ganancia. La única situación de equilibrio era dónde los enanos reciben todo el Mithrill que producen de forma que ningún elfo puede ganar pagando al enano un poco más. Cuando dejábamos que los enanos estuvieran distribuidos por toda la rivera del río y asumíamos que desplazarse era costoso, la conclusión cambiaba. En esta situación, los elfos sólo tenían que pagar a los enanos el mithrill que producían menos el coste de moverse al siguiente elfo- ya que al enano le da igual quedarse dónde está y no moverse que moverse y cobrar un poco más. Ese coste era una “renta” de monopsonio.
Pues bien, podemos reinterpretarlo para ver cómo funciona con información imperfecta. Asumimos ahora que lo costoso no es moverse; los enanos se han hecho resistentes al mareo en el barco y pueden viajar sin coste. Lo que resulta costoso es enterarse de cuanto pagan los demás elfos. Para simplificar, suponemos primero que los enanos sólo saben cuanto cobran con su elfo actual, pero no tiene ni idea de cuanto les pagaría el elfo vecino. La intuición es entonces que la “competencia” entre elfos por atraer a los enanos dejará de ser efectiva porque ésta reposa sobre el mecanismo según el cuál los enanos pueden ser atraídos con un mayor salario.
Para ver cómo funciona el problema, suponed que con la práctica, los herreros enanos trabajan cada vez mejor y eso les permite producir cada vez más, de modo que al final del primer año producen el doble (los economistas llamamos ésto con el nombre bizarro de “shock de productividad positivo” por “learning by doing”). En un escenario competitivo con información completa, dónde los enanos saben cuanto ofrece cada elfo y los elfos pueden por tanto atraerlos con un salario mayor, esto resultaría en un pago de mithrill de el doble: el primer hechicero élfico en ver que los herreros enanos producen más ofrecería un poco más de mithrill, y los demás reaccionarían ofreciendo más mithrill, etc,… el único punto estable sería dónde los enanos reciben el doble de mithrill que al principio y los elfos el mismo. Sin embargo, cuando los enanos no conocen las ofertas de los demás elfos, éstos no ganarían nada ofreciendo más mithrill porque ningún enano acudirá- dado que no están al corriente de la oferta. En este escenario, los enanos son pagados por debajo de su productividad.
Algo similar ocurre en el caso contrario(un “shock de productividad negativo“). Suponed que un elfo reduce el mithrill que da a su enano aludiendo que el cobre que usan para producir mithrill se ha vuelto más caro y hay que dar más cantidad a los proveedores de cobre. El enano no sabe si el elfo está intentando engañarlo o no; si le estuviera diciendo algo cierto, sin embargo, sería incapaz de encontrar otro elfo que le pagara más (ya que todos tiene que pagar más por el cobre), pero si lo está engañando, entonces el elfo podría llegar a pagarle por debajo de su productividad. Si suponemos, de una forma un poco más realista que el enano le da la misma probabilidad a ambos resultado, aceptará una reducción intermedia en su pago de mithrill.
Aunque nos permite hacernos una idea de cómo afecta la información a la formación de salario, el supuesto de la ignorancia absoluta parece demasiado restrictivo. Vamos a suponer en cambio, el enano tiene una “idea aproximada” de lo que pagan los demás elfos; tal vez se entere por rumores o simplemente por alguna forma de sociología espontánea de barra de bar. Suponemos además que asegurarse de cuanto pagan los demás elfos tiene un “coste”; el enano puede dejar a su elfo actual, pagar ese coste, e ir a buscar a otro elfo. En este caso, tendremos un resultado similar al anterior aunque con varios matices que nos permite ver de qué depende la “renta” de monopsonio.
Primero, dependerá del coste que tenga que pagar. Si el coste por informarse es prácticamente nulo, no habrá ningún problema serio y tendremos un resultado similar al competitivo. Segundo, dependerá del “espíritu aventurero”; dejar el trabajo actual con la esperanza de encontrar uno mejor depende de la actitud frente al riesgo que se tenga- una persona muy conservadora preferirá “más vale lo malo conocido”. Tercero, dependerá de la percepción que se tenga del resto de elfos y de la calidad de esa información. Un enano muy optimista o que tenga amigos que cobran más que él creerá que puede encontrar un elfo que le pague más y que le merece la pena ponerse a buscar; si la percepción de la situación en general es muy negativa (crisis, gente muriendo, etc,…) no será muy exigente.
Como veremos en los próximos artículos, esos son los elementos que aparecen en el modelo. La regla general, sin embargo, sigue siendo la misma: cuando para los trabajadores es costoso cambiar de trabajo- su movilidad es reducida- eso garantiza a los empresarios poder de mercado al reducir la presión competitiva que ejercen unos sobre otros.
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Lunes, Octubre 26th, 2009
El debate sobre la necesidad de una “auténtica democracia” o una “democracia integral” basada en la deliberación, la participación directa, etc,… por oposición al mundo real en el que las que gobiernan son burocracias especializadas mandadas por gobiernos elegidos de forma periódica y partidos políticos relativamente concentrados es uno de esos tópicos que siempre vuelven. Y, en todos los casos conocidos por mí hasta el momento, el debate está mal planteado. Concretamente, suele plantearse sobre una mezcla de prejuicios y teorías folk de como funciona y qué es una democracia y especialmente sobre la idea de que un sistema es “injusto”.
Digo que el debate está mal planteado porque ignora para que sirve una democracia. Lo que hace a una democracia una forma superior de gobierno, no es que la gente vote, es que suele genera buenas soluciones: gobiernos que obedecen a los votantes y si los votantes votan de forma razonable, eso asegura que los intereses de más o menos todo el mundo se tengan en cuenta. Además, a través del debate público que se lleva a cabo entre partidos, medios de comunicación, encuestas, etc,… hay un bonito flujo de información que asegura que los gobernantes saben que se espera de ellos y lso votantes, como grupo heterogéneo, colectivo, etc,… pueden transmitir un mensaje más o menos claro. Todo esto hace que, bajo ciertas condiciones y con ciertos contrapesos (derechos fundamentales, separación de poderes, etc,…) que suelen darse en los países ricos, las democracias gobiernen de forma justa y eficiente.
Frente a ésto, está esa especie de visión mítica que han sostenido los diversos “líderes” de IU (¿tienen de eso en IU?) y que ahora sostienen Rosa Díez y Pedrojosé, dónde una democracia es tanto más es tanto más “justa” como cercana esté la distribución de escaños a una distribución proporcional. Si un partido tiene un 25% de votos, la teoría dice, debería tener un 25% de escaños. Eso asegura que sea “más democrático” y, de forma implícita, mejor- y la solución será mejor cuanto “más democrática” sea.
Este punto de vista ignora lo más básico de lo que sabemos en ciencias sociales sobre como se agregan intereses cuando se decide en grupo. Por ejemplo, esto debería responder al hecho de que existen muchas soluciones “democráticas” que llevan a resultados totalmente distintos. ¿Qué regla es más democrática, la de mayoría simple o mayoría cualificada? ¿En qué orden se votan las propuestas y como solucionamos la paradoja de condorcet?
Un ejemplo especialmente bonito de esto es el caso de los partidos bisagra. Roger nos ha hablado en alguna ocasión del problema de los “jugadores con veto”. Cuando alguien tiene derecho a veto, puede excluir que algo salga adelante y eso le otorga un poder de negociación casi idéntico al de la otra parte. Llevado al caso extremo, en un parlamento con 101 asientos y tres partidos con una distribución de 50-1-50 el partido con un sólo escaño podría hacer prevalecer su punto de vista la mayor parte del tiempo amenazando con aliarse con uno o con otro. En principio, supongo que nadie estará dispuesto a defender que éste es el sistema más democrático posible.
Por otro lado, los sistemas con demasiado partidos suelen tener bastante problemas. El caso italiano del que ha hablado Roger alguna vez es paradigmático. En Italia, los partidos son grandes coaliciones. Esto tiene dos problemas. Primero, un gobierno de coalición hace que para los votantes sea muy dificil decir si lo ha hecho bien o mal y quién tiene la culpa dentro del partido. En Italia, hubo una época en la que, pasara, lo que pasara los cristianodemocrátas estarían en el gobierno. En segundo lugar, las coaliciones tienden a inmovilizarse porque todos pueden hacerla saltar por los aires.
Por todas estas razones, los sistemas democráticos no están diseñados para que sean “todo lo democráticos posibles”, sino para que sean eficaces y el bipartidismo es una de esas feas consecuencias.
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Jueves, Octubre 22nd, 2009
Desde dónde alcanza mi memoria he sido una persona despistada. Quiero decir, soy el tipo de persona que va por la calle buscando algo y pasa por delante sin darse cuenta, que busca un bolígrafo en la mesa y no se da cuenta de que está ahí o que va por la calle y, especialmente desde que soy alto, se choca con la gente. Cuando la gente me pregunta como he podido no ver algo, o como me ha pasado tal o cuál cosa suelo dar la explicación “es que soy muy despistado” y me han reprehendido varias veces por ser así de despistado y no prestar atención.
Hoy he ido al oftalmólogo a hacerme una serie de pruebas, entre las cuáles estaba un campo visual. La prueba del campo visual consiste en que lo ponen a uno delante de una pantalla dónde van saliendo puntos y tiene que apretar el botón cada vez que salgan los puntos. El objeto de la prueba es determinar cuanto abarca el campo visual en función de los puntos que uno localiza. El resultado ha sido que tengo una lesión en el campo visual respecto a lo que se considera “normal”; hay una zona a la derecha del ojo derecho y abajo a la izquierda del ojo izquierdo dónde no veo y la mayoría de la gente sí lo hace. El diagnóstico del médico ha sido, después de examinarme el ojo que se trata de un trastorno de origen neurológico, no ocular- el aparato con el que veo las cosas está bien, lo que está mal es el ordenador con el que lo computo.
Cuando venía para casa he pensado; vaya, tal vez por eso he pensado siempre que era despistado. En realidad, no era un problema de despiste, era un problema neurológico. La reflexión inmediata que me ha venido a la cabeza es que si el despiste existe debería ser en cualquier caso un fenómeno de tipo neurológico, de modo que no tiene sentido oponer problema neurológico a problema de ser despistado; soy despistado y punto. Pero, quid si hubiera sido, como decía el médico que podría haber sido, un problema de retina; ¿se podría decir que soy una persona despistada o simplemente que veo mal?
El friki que hay en mí se dio cuenta de que estaba ante un problema de filosofía de las ciencias cognitivas relativamente profundo. Uno de los problemas más importantes en filosofía de la ciencia es el problema del reduccionismo. En el sueño húmedo de un positivista como yo, todas las ramas del saber podrían reducirse a un nivel inferior. Como explicaba Kantor: “En principio siempre hay una vía reduccionista para afrontar cualquier fenómeno. En principio es posible entender el cerebro a base de agregar neuronas, y la neuronas a base de agregar metabolitos. En última instancia bastaría integrar todas las ecuaciones del movimiento de todas las partículas del cerebro para explicar todo cuanto hace un ser humano.”
El problema es, sin embargo, que no siempre se puede. Recordad lo que os contaba del médico; el problema podía tener un origen neurológico o fisiológico. En general, ser despistado no es fenómeno homogéneo, con una misma causa, a nivel biológico y por tanto no es posible “reducirlo”- digamos encontrar la neurona o el gen exacto dónde existe el despiste. Y este problema, es algo que afecta a muchas cosas. Por ejemplo, las creencias o los deseos no son un fenómeno neurológicamente homogéneo. Cuando nosotros explicamos algo diciendo “Luis quiere tal cosa, cree que puede lograrla de esta forma por eso hace ésto” estamos empleando esos términos, igual que cuando yo digo “es que soy despistado”.
Churchland explicaba en este librito que existen distintas actitudes respecto a este problema, pero las voy a reducir a básicamente dos. Una de ellas es la de simplemente negar que el fenómeno tenga relevancia científica y que el objetivo de la ciencia es intentar superar conceptos precientíficos con los que nosotros funcionamos. Es el llamado “materialismo eliminativo”. La idea es que, al fin y al cabo, antiguamente la gente también consideraba que determinadas personas eran brujas y explicaban con ese concepto su comportamiento, pero hoy nadie considera que la teoría de la posesión demoníaca sea algo relevante. El proyecto de los Churchland ha sido ir más allá de los conceptos convencionales e intentar explorar las bases biológicas y neurológicas del problema; y si resulta que no se trata de un problema, sino de varios, dejamos de hablar de “despistado” y lo sustituimos por “trastorno de origen neurológico en el campo visual”. Cuando algo no se puede reducir, entonces se elimina- de ahí el nombre.
La segunda actitud es la que podemos llamar conductista/funcionalista (sé que no es lo mismo, pero la postura es similar). Volviendo al caso del despiste, el conductista sostiene que lo realmente importante para ser despistado es actuar de forma despistada. Si yo me choco sin querer con la gente soy despistado, punto. Lo que ocurra dentro de la mente de la gente es irrelevante, lo importante es que ante un mismo fenómeno la reacción sea similar. El funcionalismo es por tanto una visión anti-reduccionista; sugiere que un mismo fenómeno puede tener muchos orígenes, pero continúa siendo el mismo fenómeno y debe estudiarse de forma similar. Lo que le interesa al funcionalista es que cuando yo voy por la calle es más probable que me choque con alguien que otra persona o me salte un semáforo.
El hecho de que yo soy despistado es un hecho perfectamente objetivo y, de hecho, es así como el resto de la gente lo percibirá. Mi padre no razonará “tiene alteración en el campo visual y por eso se saltará el semáforo” sino “es despistado”; mi alteración en el campo visual es imperceptible, lo único perceptible es mi comportamiento.
Esto es lo que intentaba explicarle a Kantor cuando hablábamos del problema de las funciones de utilidad en economía. Una función de utilidad es un concepto puramente funcionalista/conductual. Cuando los economistas utilizamos funciones de utilidad, no estamos suponiendo que existe un órgano interno que absorbe utilidad; ni siquiera que la gente experimenta “placer” o lo busca con sus acciones. Cuando decimos “el agente A maximiza la función de utilidad f” sólo decimos que actúa de acuerdo con ese comportamiento, aún cuando la “utilidad” sea algo inexistente.
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Lunes, Octubre 19th, 2009
La crisis actual ha llevado a un montón de gente a cuestionar la idea de que la economía que hacemos los economista fuera algo científicamente fundado. Entre los entusiasta habituales encontramos no sólo a periodistas, economistas radicales, austroeconomistas y demás abogados del uso del uso del chamanismo en economía, sino también a gente reputada y teóricamente informada.
Mi opinión, como sabréis, es sustancialmente distinta. Lo decía el otro día en un comentario en crookedtimber: para alguien que haya estado atento a los desarrollos de la economía de la información, la economía behaviourista, las Nueva economía financiera institucional, la literatura sobre crisis financieras y monetarias y demás desarrollos importantes de los últimos quince años, la crísis no tiene nada de “inexplicable”; lo que ha fallado ha sido la aplicación de los modelos, pero los modelos y las herramientas estaban ahí.Los papers que lo explican no son nuevos; llevan al menos diez años publicados.
Pues bien, curioseando por ahí he llegado a varios posts de gente importante que sostienen, básicamente, la misma opinión. Eric Maskin, premio Nobel de economía en 2007 por la teoría del diseño de mecanismos presenta en una entrevista una serie de papers sobre liquidez, finanzas y crisis financieras que resuelven los supuestos “enigmas”. Lo cierto es que el enfoque es bastante accesible y muy pedagógica (toda la jerga está explicita) dónde explica el esqueleto teórico que está detrás de las intervenciones que han tenido lugar; qué es un pánico bancario; como debe estar regulado el sistema financiero. Os invito a que le echéis un vistazo, por un coste relativamente bajo, podéis tener una idea bastante precisa de por qué Kantor se equivoca cuando dice que los economistas neoclásicos no tenemos una teoría bancaria.
El segundo artículo es de Gilles Saint Paul que ofrece una defensa de la teoría económica tal como la conocemos. Al igual que Maskin, sugiere que los economistas teníamos las herramientas adecuadas, que una crisis es intrínsecamente muy difícil de predecir y que si los agentes fueron incapaces de gestionar el riesgo correctamente fue tal vez porque no habían prestado suficiente atención a la literatura económica sobre el tema. Asimismo, Saint Paul ofrece una defensa del uso de las matemáticas en economía. Os recomiendo vivamente que leais ambos para que veais que no me lo invento.
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Miércoles, Octubre 14th, 2009
En el post anterior defendía, desde un punto de vista técnico, que la idea liberal según la cuál los mercados de créditos aseguran cierta igualdad y hacen eficiente la economía era básicamente una ilusión. Sin embargo, el reverso de este argumento es que cuanto mejor funcionen los mercados de crédito, más justa e igualitaria será la economía.
Éste no es tal vez el mejor momento para defender el sector financiero, sin embargo, hay varias lecciones que se pueden sacar de la exposición anterior. En primer lugar, la fobia de la izquierda reaccionaria a todo lo que suene a finanzas, banca y demás responde probablemente a una actitud supersticiosa y equivocada. Marx tenía razón cuando denunciaba que el sistema capitalista de su tiempo tendía a exlcuir a una parte muy importante de la población del proceso productivo capitalista; sin embargo, se equivocaba en la idea de que después del sistema capitalista vendría algo mejor.
El acceso al crédito, por el contrario, es uno de los motores de la movilidad social; permite asegurarse contra riesgos- eso es el Estado del bienestar-, participar en el proceso de creación capitalista, y aumenta el poder de negociación de los trabajadores que busquen empleo. Una parte importante de la pobreza y la exclusión proviene de la imposibilidad tecnológica de gestionar determinados créditos o préstamos. Hernando de Soto, por ejemplo, apuntó que la razón por la que los pobres en los países en desarrollo estaban excluidos era porque no detentaban derechos legales sobre sus posesiones -eran “okupas”- y eso no les permitía usarlo para endeudarse ni acceder al capital.
En el mismo sentido, la innovación financiera es algo que debe ser bienvenido. Un ejemplo de innovación financiera es el caso del microcrédito que intenta mejorar el acceso al crédito de los más pobres. Las ideas de Robert Shiller van exactamente en la misma línea: democratizar el acceso a la financiación.
¿Qué hay de la crísis actual? ¿No fue el acceso al crédito de los llamados “Ninjas” lo que motivó en parte la crísis?¿si hay más gente dependiente del sistema financiero, eso no significará que habrá La respuesta es sí y no y apunta a uno de los problemas a tener en cuenta. Como explicaba Kantor Comparados con los gigantes asiáticos, las economías occidentales han perdido cuota en los mercados internacionales y se han descapitalizado (muy fuertemente en el sector industrial). Sin embargo, la capacidad adquisitiva de los individuos ha aumentado, ya que las condiciones crediticias y la innovación financiera han permitido a los consumidores compensar su falta de productividad con un acceso al crédito masivo y barato. El acceso al crédito ha hecho que muchos ahorradores se sobreendeudaran y ha provocado inmobiliaria. Sin embargo, no hay que olvidar que también ha permitido que se financiaran muchos proyectos y que mucha gente mantuviera su capacidad adquisitiva. Sobre todo, el problema no el de una mejora del acceso al crédito- igual que no tiene sentido culpar a la invención del automóvil del aumento de accidentes de tráfico- sino de la forma en que está regulada la industria financiera.
Para ilustrarlo, me quedo con cómo Justin Fox termina su libro “The myth of the rational market” explicando esta conversación que tuvo con Robert Shiller:
“[la innovaciones financieras] son invenciones que deben ser manejadas por seres humanos y las invenciones pueden hacer que la gente termine mal. Cuando los aviones fueron inventados, había muchos accidentes. Creo que realmente lo mismo.” Eso me recordó un titular que había visto en la revista “The Onion” el año anterior: “American Medical ASsociation: Cirugía plática; a sólo unos pocos años de mejorar el aspecto de alguien”. Shiller se rió cuando se lo conté y añadió que pensaba que la medicina había cruzado el umbral de hacer más bien que daño en 1865.
¿Qué hay de las finanzas? “Creo que las finanzas están por delante de la medicina en 1865, porque realmente crean un valor positiva enorme para la economía- dijo Shiller- Los países con sistemas financieros mejor desarrollados, realmente funcionan mejor.” Luego, que el mercado no sea perfecto no significa que no sea útil. “Sí- respondió- creo que estamos a menos de la mitad del desarrollo de los mercados financieros”.
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Martes, Octubre 13th, 2009
En su fantástica “Introducción a Karl Marx”, Elster explica que la principal razón por la que Marx era hostíl al capitalismo no era que lo viera como una retroceso. Al contrario, el modo de producción capitalista era un sistema que permitía que una parte muy importante de la población se autorrealizara y participara en la prosperidad colectiva, al menos en comparación con el pasado. El principal handicap era, sin embargo, que mantenía a una parte importante- lo que no tenian acceso a los medios de producción- excluida de esa autorrealización; “alienada”. Eso era algo indeseable en sí mismo, pero además era algo que reducía la creatividad de la sociedad en su conjunto al limitar esa acción creativa a una minoría.
A este punto de vista se opone la forma en que los economistas liberales (liberal en este sentido concreto) interpretan el funcionamiento de la economía y la teoría económica. Así, los economistas burgueses pro-business creen que las ideas de Marx sobre la teoría del valor son suficientes para “descartar a Marx del panteón de los grandes economistas” . Hay dos proposiciones que, creo, se le pueden adjudicar a esta perspectiva sin riesgo de caricaturizar. 1) Su interpretación del segundo teorema del bienestar implica que, desde el punto de vista de la eficiencia económica, la distribución de la renta importa poco o nada porque los recursos siempre van a parar a quién puede sacar un mayor provecho de ellos, aunque los rendimientos se distribuyan de forma desigual. 2) Las desigualdades sociales son el resultado de las habilidades de cada cuál, o de la voluntad de tomar riesgos o del espíritu emprendedor, y en una medida muy pequeña de la situación de partida. En la práctica, sin embargo esto no es así y existen razones profundas en la teoría económica para ello.
Discriminación en el mercado de crédito
La razón más importante para ello es que una hipótesis hundida del modelo es la existencia de mercados de crédito perfectos. Cuando esto es así, existe una poderosa fuerza igualadora: los recursos de una economía van a parar a quién pueda sacar un mayor provecho de ellos. Cualquier con ideas, la voluntad de tomar riesgos y con espíritu empresarial necesario puede tomar prestado, con independencia de su origen social o su riqueza inicial, y salir adelante. Además, la economía en su conjunto hace el mejor uso posible de esa actitud, riesgo, espíritu, etc,… A ésto, lso economistas lo llamamos “la ley del precio único”
En la realidad, sin embargo, el acceso a los mercados de crédito no es igualitario, a diferencia de, digamos los mercados de productos dónde, aún teniendo distintas rentas, todo el mundo se enfrenta a los mismos precios. NO hace falta ser un genio para entender que el Banco Santander o Bill Gates pueden obtener préstamos con más facilidad y más baratos que un fontanero que trabaje como autónomo y que ello no se debe sólo a que lo que quieren financiar los dos primeros sea más rentable.
La razón para ello es que existen problemas de lo que los economistas llamamos “contratos incompletos”. Un contrato es incompleto cuando no existe posibilidad de incluir en él algún aspecto o asegurar su ejecución y esto ocurre, especialmente, cuando el prestamista no tiene acceso a toda la información relevante sobre el proyecto que se intenta financiar y existe un riesgo de insolvencia. Si yo tengo una fantástica idea, tremendamente rentable, para fabricar miniaturas de warhammer pero el tipo del banco no tiene ni idea qué es exactamente warhammer, le será muy difícil evaluar el riesgo de mi proyecto. Típicamente, me pondrán un tipo de interés relativamente alto y en esa situación, es posible que yo piense que es mejor tomar acciones muy arriesgadas y si me sale mal, declararme insolvente “cara gano yo, cruz pierde el banco”. Llamamos a estos dos problemas “selección adversa” y “riesgo moral” y ambos surgen cada vez que algo debe financiarse con dinero ajeno: son un “problema de agencia“. No surgen, en cambio, cuando yo me financio con mi dinero: en ese caso, yo asumo los riesgos que tomo (no hay riesgo moral) y yo sé lo que estoy financiando (no hay selección adversa).
En la práctica financiera, existen dos mecanismos para aliviar estos los problemas de agencia. Primero, el banco normalmente me exigirá que yo ponga parte del dinero (cofinanciación). Si yo estoy arriesgando mi fortuna también, entonces no querré llevar a cabo proyectos demasiado arriesgados. En segundo lugar, el banco se asegurará que puede ejecutar su deuda sobre mi patrimonio y eso requerirá que yo tenga algo de patrimonio- por ejemplo, una casa. En jerga financiera se dice que deberé dar “colaterales”.
Igualdad, eficiencia y espíritu empresarial
Una vez que uno ha tomado en cuenta el efecto de los contratos incompletos, las dos conclusiones liberales simplemente se hunden y el mundo empieza a parecer francamente más marxista. El punto común es que la capacidad para endeudarse -y por tanto el acceso al capital- depende mucho más de lo que tenga cada uno inicialmente- de la renta. En resumen: en ausencia de un mínimo de igualdad en la repartición de la riqueza, la ley del precio único no juega en el mercado de crédito.
La primera consecuencia es que el éxito en una economía y el acceso al capital, no depende sólo de las habilidades, del talento, de la voluntad para tomar riesgos o del espíritu empresarial como en el sueño húmedo americano. Al contrario, depende de la renta de cada uno. Típicamente, la gente con más dinero podrá financiar proyectos de menor calidad, de forma más barata y más grandes que la gente con menos dinero- pensad en un PYME y en Endesa. Por otro lado habrá una cantidad considerable de gente que por carecer del dinero suficiente esté excluida de los mercados de crédito y por tanto del sistema capitalista en su conjunto. En palabras de Adam Smith “El dinero, dice el proverbo, hace al dinero. Cuando uno tiene un poco, es a menudo fácil conseguir más. Lo difícil es conseguir ese poco”. Dejo al lector sacar las conclusiones que desee de este hecho, pero se parece tremendamente a un sistema de reproducción del capital que, sin las condiciones de partida adecuadas, excluye masivamente a los que menos tienen.
Un segundo hecho es la relación entre eficiencia e igualdad. La predicción del modelo de restricción de crédito es que una sociedad más igualitaria, típicamente, será más eficiente. Esto es así porque habrá más individuos capaces de acceder al crédito al tener más activos que sirvan de colateral y poder cofinanciar más proyectos. En definitiva, permite que un mayor número de individuos participen en el sistema capitalista.
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Domingo, Octubre 11th, 2009
Según dicen en la página de la fundación Nobel, mañana Lunes a las 13:00 se hará público a quién le otorgan el Nobel de Economía de este año. Como sabréis el año pasado se lo dieron a uno de mis economistas favoritos, así que este año quiero hacer una apuesta. Racionalmente, es probabe o posibl que se lo den a alguno de los eternos nobelizables como Barro, o sobre todo, Mankiw. Sin embargo, yo voy a apostar por Jean Tirole.
Jean Tirole es, seguramente, mi economista favorito. Para mí es difícil explicar por qué. Tal vez, porque escribe fantásticos libros de texto. Su libro sobre teoría de la organización industrial es, literalmente, un placer de leer y es seguramente el libro con el que más he aprendido. Aparte de eso, tiene un magnífico manual de teoría de juegos, una monografía sobre regulación industrial y economía política. Por último, de forma más reciente, Tirole ha participado en la investigación en el campo de las finanzas corporativas, con otro libro que conozco menos pero que tiene una pinta fantástica.
Probablemente, lo que más me gusta de Tirole es un pragmatismo extremo a la hora de entender la economía. Paul Samuelson dijo en una ocasión “Los que no pueden, hacen metodología, lo que pueden, hacen ciencia”. Tirole es un ejemplo de esto. El tipo se graduó en Polytechnique (la escuela de ingenieros de élite en Francia), hizo un master en teoría de la decisión matemática, y se especializó en economía industrial y teoría de juegos clásica. Sin embargo, cuando el zeitgeist cambió introduciendo aspectos hipótesis psicológicas, etc,…, él también se movió. No recuerdo haber leído un sólo artículo suyo dónde entre en batallas metodológicas; él se ha limitado a formular modelos y teorías, marcando sus limitaciones y siendo todo lo pragmático posible.
Por otro lado, aprecio su versatilidad. Soy de los que piensa que la unidad en las ciencias sociales- y en las ciencias en general- es algo importante. A diferencia de muchos economista, Tirole ha sido capaz de moverse de un campo a otro trasladando sus habilidades básicas de teoría de juegos y economía de la información y haciendo innovaciones relevantes en todos los campos. Recientemente-, como decía, ha colaborado con Roland Benabou en modelos basados en hipótesis psicológicas de autocontrol, etc… y al mismo tiempo- esto desde principio de los noventa- ha puesto investiga en aspectos de mercados financieros. Este paper sobre liquidez, concretamente, es una delicia. Os invito a daros una vuelta por su página web
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Jueves, Octubre 8th, 2009
Hará menos de un mes terminé el libro de Justin Fox “The Myth of the rational market“. Me había topado con él por primera vez en las páginas del The Economist y la verdad es que no me planteé ni siquiera seguir leyendo, en parte por el tedio profundo que me produce la economía financiera (1) en parte porque por el título tenía toda la pinta de ser parte de la gigantesca e inútil industria dedicada a disparar contra el hombre de paja del homo oeconomicus, de los que los periodistas, propagandistas y traders son los principales promotores. Sin embargo esta reseña de Paul Krugman terminó por convencerme de que merecía echarle un vistazo. La verdad es que el libro no me decepcionó y superó, por mucho, mis expectativas.
El tema del libro es el mismo que el del clásico de Peter Bernstein “Capital Ideas”: se trata de una historia de la teoría financiera, contada no sólo desde un ángulo científico- académico, sino en relación con las corrientes intelectuales y las tendencias que dominaban en el mundo financiero y cómo la realidad social y económica influyó en ellas. Así, Justin Fox narra los descubrimientos pioneros de Fisher en el periodo de entreguerras; cómo Markovitz aplicó lo mejor de la economía neoclásica y de la estadística para explicar cómo se gestiona el riesgo diversificando una cartera y como los grandes pilares de la teoría financiera moderna -la teoría de selección de carteras; teoría de los mercados eficientes, el teorema Modigliani&Miller; el Modelo CAPM- van cayendo uno tras otro hasta configurar el esqueleto intelectual de la industria financiera moderna y convencer no sólo a la academia, sino también al mundo financiero empresarial entorno a la idea del “mercado racional”.
Pero la historia que cuenta no sigue un guión puramente whig de progreso lineal; al contrario, intenta dar cuenta de la disidencia y de las anomalías que existían desde el principio en el paradigma. Por un lado, hombres como Georges Soros, Ed Thorp o Warren Buffett eran capaces de obtener beneficios muy por encima de lo que era consistente con la teoría según la cuál los precios se comportan de forma aleatoria. Por otro lado, tanto a nivel teórico como empírico, el paradigma del mercado eficiente experimentaba anomalías crecientes. Stiglitz y Grossman demostraron que era conceptualmente imposible que los precios incorporaran toda la información disponible; Richard Thaler trajo los innovaciones de los psicólogos Kanhemann y Tverski al campo financiero; Shleifer puso de manifiesto los límites del arbitraje ; Robert Shiller demostró que los mercados eran mucho más volátiles de lo que la teoría podía predecir. La imagen final con la que uno termina es la de un cuadro a medio terminar; dónde los elementos del antiguo paradigma, basado en el ajuste automático, en mercados con información perfecta y seres humanos que actúan como estadísticos naturales y los parches añadidos por las llamadas “finanzas conductuales” que incorporan hipótesis de la psicología, sociología y demás ciencias para explicar las imperfecciones.
El punto más fuerte del libro es tal vez que Justin Fox se las arregla para explicar hacer una historia coherente y amena y mantener una narrativa entrenida y accesible para cualquiera interesado, sin necesidad de tener conocimientos previos a pesar de lo técnico del tema y sin embargo perder muy pocos detalles sobre el proceso, con enlaces a los artículos y libros de referencia. A pesar del título, el libro es considerablemente imparcial y sin juicios de valor- el autor sólo expresa su opinión en el prólogo y el epílogo- y da una imagen bastante fiel (hasta dónde yo sé) del estado de las finanzas modernas. Es un libro que permite hacerse una idea de cuál fue el esqueleto intelectual que llevó a la crísis actual con sus fallos y sus éxitos y sin caer en maniqueismos. Permite sobre todo tener una visión general de los desarrollos con el fin de alabarlos o criticarlos, según la opinión de cada uno.
(1) Suelo decir que cuando yo sea tirano mundial, toda la actividad económica ocurrirá en un sólo periodo, sólo habrá dos sectores-la burocracia y las minas de sal- y por supuesto será una economía de trueque.
Posted in Crisis, la llamada de Cthulu y el avance imparable de la RPA, ciencia recreativa, curanderos y chamanes, echadoras de cartas, frikismo metodológico | 4 Comments »
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