La Teoría de juegos y los fundamentos de la moral
Le pregunta Hector a Jose Luis Ferreira por aquí cuál es la relación entre la teoría de juegos y la moral. La respuesta que le da José Luis- que en teoría de juegos tratamos con preferencias dadas y a lo sumo la teoría nos permite explicar si lo que hacemos es o no consecuente- no termina de satisfacerme porque creo que uno puede aspirar a más.
Uno de mis héroes intelectuales es Ken Binmore. Aparte de hacer pagar a las telecos inglesas una cantidad enorme de pasta- pista, mi sueño es precisamente ese- el tipo también es un investigador puntero en la filosofía de la teoría de juegos y especialmente en su relación con las normas morales. Podéis leeros los dos tochos “Game Theory and the Social Contract” o el más cortito “Natural Justice” o este paper de aquí para enteraros de qué va. Os adelanto la idea.
Un juego es una situación dónde dos agentes- no necesariamente humanos- toman decisiones interdependientes; es decir, dónde la mejor opción para cada uno de ellos depende de la que tome el otro. El problema es que es posible que haya varias opciones buenas- varios “equilibrios de Nash”. Cuando esto ocurre, la teoría de juegos no nos ofrece, a priori, una predicción de cuál ocurrirá. La teoría tampoco nos ofrece cuál es la solución mejor para un jugador individual. Pensad por ejemplo en circular por la calle. Si no hubiera una regla, a priori, que especificara el código de circulación, no habría ninguna razón para respetar un ceda el paso o para circular por la derecha. Circular por la derecha y circular por la izquierda serían decisiones igual de buenas para un conductor.
Para “seleccionar” un equilibrio entre varios, existe algo llamado “convenciones”. Una convención es por ejemplo el código de circulación, pero también lo es la legislación invisible no es realmente necesario que nadie vele por su cumplimiento porque lo único que hacen es coordinar a la gente. Las convenciones funcionan como un “punto de enfoque”.
Para que una convención funcione en un juego de coordinación, es necesario que sea lo que se llama “conocimiento común”. Suponed que un masai de la savanah viene a madrid y no conoce las reglas de circulación. Si yo voy circulando con mi coche y sé que él no conoce las reglas de la circulación, no puedo esperar que él se pare delante del semáforo de modo que le dejaré pasar para no atropellarlo. Es posible que él conozca las reglas pero al saber que yo pienso que él no lo sabe le dejaré pasar, actúe como si yo fuera a dejarle pasar. Aquí, su conocimiento del código de circulación no es “conocimiento común”; algo sólo es conocimiento común cuando todos los jugadores saben que todos los jugadores saben que todos los jugados saben (y así sucesivamente) ese algo. El llamado programa de refinamiento vino a concluir que para que existe un equilibrio en un juego de estrategia (dónde las decisiones se toman teniendo en cuenta la reacción del otro) debe existir al menos un elemento que sea conocimiento común. Este conocimiento común mínimo es, entre otras cosas, la racionalidad que se le supone al adversario (la expectativa de como responderá)
¿Como emergen las convenciones? Típicamente, ocurren por proceso de prueba y error. Pero pensad en ello desde el punto de vista de la evolución. La cooperación entre individuos tiene beneficios evolutivos considerables- es decir, es más probable que sobrevivamos y nos reproduzcamos si nos dividimos el trabajo que si vivimos de forma autárquica. Por eso, existen razones evolutivas fuertes para pensar que las convenciones sobrevivan porque fomentan la cooperación. Precisamente, es probable que la mayor parte de instituciones- legales, culturales, políticas, y por supuesto morales- hayan surgido, desde el punto de vista evolutivo, para resolver este tipo de problemas.
¿Qué tiene todo esto que ver con la moral? Bueno, la idea de Binmore es que las reglas morales son básicamente convenciones que han evolucionado para resolver problemas de cooperación. La evolución cultural nos ha equipado con un sentido de la justicia que resuelve la mayoría de nuestros problemas de cooperación cotidianos. La originalidad de la idea de Binmore reside en su creencia de que la articulación de ese sentido de la justicia es constante, sólo varía su contenido.
Para ser capaz de anticipar la reacción del adversario, uno debe ser capaz de empatizar con él. Empatizar quiere decir “ponerse en sus zapatos”. Lo hacemos todos los días; cuando negociamos con alguien, cuando discutes con tu novia, en todas las situaciones dónde hay una fricción de intereses la capacidad de empatizar es crucial. Por tanto, la evolución nos ha equipado también con una capacidad de empatizar con el que está en frente- y eso es algo muy ligado al sentido moral.
Aquí es dónde entra Rawls. John Rawls propuso la idea de la “posición original” o “el velo de la ignorancia”. La idea del velo de la ignorancia es intentar descubrir los principios de la justicia que uno negociaría si no supiera el sitio que le va a tocar ocupar en la sociedad. Binmore sugiere que todos los intentos de empatizar se basan, en última instancia, en usar la posición original para imaginar lo que uno habría negociado. Aunque a lo largo de la historia en qué consiste esa posición original ha cambiado, la estructura sigue siendo la misma.Suponed (ejemplo mío) una sociedad estamental, dónde las relaciones entre siervos y señores son un equilibrio. La posición original sería la de asumir una asimetría natural entre siervos y señores, pero mantener unas reglas dentro de esa relación- las que se contratarían tras el velo de la ignorancia; las desviaciones de esas reglas serían vistas como injustas. Suponed ahora una sociedad capitalista pura, dónde se considera la propiedad privada y la libertad para concluir contratos sagrada. Aquí un intento de establecer una relación feudal sería visto como injusto- porque se desvía de las reglas- pero la explotación de los trabajadores no necesariamente. A la hora de juzgar si algo es injusto, alguien se pone en la posición original y se pregunta si tiene o no sentido, si habría consentido o no.
Lo que ha evolucionado ha sido, precisamente, la relación de jerarquía o igualdad que existe entre partes en el contrato- pero la estructura se ha mantenido constante. Binmore apunta por ejemplo que la idea de Peter Singer de expandir el círculo para incluir a grandes simios, etc,… es de hecho una innovación evolutiva. Si pensáis en ello, es algo instintivo; los monos encerrados en jaulas nos dan pena, hablamos con los perros y les aplicamos estándares de justicia- los castigamos o no en función de “reglas”, etc… La razón por esto es que -evolutión is cleverer than you!- la evolución nos ha diseñado para mantener el equilibrio ecológico- y eso implica desarrollar “sentimientos” morales hacia nuestros todos los que se ven afectados por nuestras acciones.






Septiembre 28th, 2009 at 13:07
La Teoría de juegos y los fundamentos de la moral…
La idea de Binmore es que las reglas morales son básicamente convenciones que han evolucionado para resolver problemas de cooperación. La evolución cultural nos ha equipado con un sentido de la justicia que resuelve la mayoría de nuestros problemas…
Septiembre 28th, 2009 at 22:16
Tal vez sea que hago hincapié en otra parte de la Teoría como la más relevante para hablar del tema. Si repasas mis entradas sobre la razón moral:
http://todoloqueseaverdad.blogspot.com/search/label/Razón%20moral
o sobre Rawls:
http://todoloqueseaverdad.blogspot.com/search/label/Rawls
verás que no decimos cosas tan distintas.
Binmore, por otra parte, es también una de mis referencias. En breve hablaré de él.
Septiembre 29th, 2009 at 16:15
Muy interesante lo de Binmore. Muy hayekiano de hecho.
Había pensado, no obstante, que el primero o el más renombrado al menos, proponente de un entendimiento de la ética en términos de teoría de juegos, era Gauthier.
Por cierto, Citoyen ¿tú eres relativista?
Septiembre 29th, 2009 at 22:11
Yo creo que el primero en usar teoría de juegos para hablar de temas de justicia es al menos John Harsanyi (años cincuenta) http://en.wikipedia.org/wiki/John_Harsanyi Si echas un vistazo al primer volumen de Binmore (Game Theory and the social contract: Playing Fair) hace una especie de genealogía de su teoría. PUedes echarle un vistazo en google books.
Relativista; bueno en el sentido siguiente. No creo que las experiencias morales sean experiencias trascendentes ni esencialmente distintas de las experiencias estéticas. Por supuesto creo que el “sentido moral” es un hecho objetivo, que ocurre por razones evolutivas igual que lo es el canibalismo o los bailes regionales y de ambos hechos se derivan las mismas consecuencias normativas (ninguna). Sí, en ese sentido, las experiencias morales son subjetivas y por tanto relativas (¡como todas las experiencias! http://www.lorem-ipsum.es/blogs/equilibriosocial/2005/02/wittgenstein-iii-la-atribucion-de-valor/) aunque por razones evolutivas esas subjetividades tiendan a converger en algo común/objetivo. No sé si te sirve como respuesta
Septiembre 29th, 2009 at 23:07
Estoy (básicamente) de acuerdo con la respuesta y agradecido con las referencias.
Saludos
Octubre 1st, 2009 at 5:00
Acabo de publicar una entrada que menciona a Binmore. No es exactamente el tema, pero es también de interés. Creo.
http://todoloqueseaverdad.blogspot.com/2009/09/izquierda-derecha-los-objetivos-y-las.html