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Archive for Agosto, 2009

Competencia imperfecta en el mercado laboral; revisitando la discusión

Miércoles, Agosto 26th, 2009

El debate que abrí algunos posts atrás y que luego seguí con otro se ha prolongado bastante en una mezcla de guerrilla de datos regada con epistemología entre kantor por un lado y Jose y yo por otro. En este post quiero intentar organizar el debate por puntos e intentar dar un feedback. (dado que Jose y yo tenemos posiciones similares, lo presentaré como oposición entre kantor y yo como si la posición de josé y la mía fuera la misma aunque obviamente sólo me la atribuyo a mí)

A nivel epistemológico creo que los tres, y ninguno lo cuestiona, estamos de acuerdo en qeu una teoría debe estar orientada empíricamente- es decir, ser falsable, o progresiva o como queramos llamarlo. Que una teoría no se cumpla en un caso no es una razón para descartarla si tiene un buen “record” predictivo, y que se cumpla en otro caso caso tampoco es motivo para adoptarla. bla bla bla; todos hemos leído lo que decían Lakatos, Popper y Kuhn. Descartar el empirismo no es un opción, pero adoptar un empirismo ingenuo tampoco. Propongo cerrar el debate en este punto.

La divergencia reside en lo que uno considera como empíricamente contrastable. Kantor piensa que cuando uno trata con sistema complejos, los estándares de la física son demasiado exigentes. Personalmente, estoy bastante de acuerdo con él, por eso creo (más luego) que en ciencias sociales lo que uno considera empíricamente contrastado debe ser más o menos flexible ya que un mal conjunto de datos que te arruinen una buena teoría es mejor que una teoría sin ningún tipo de dato; él en cambio considera que eso es una razón para no fiarse demasiado de las contrastaciones empíricas que se llevan a cabo en economía, o al menos no darles la misma importancia que se le dan en otras ciencias.

En el caso concreto de la economía, tenemos divergencias más fuertes. Él cree que la investigación empírica debe estar guiada por la teoría y el caso de Card y Krueger que mencionaba en el post anterior que se limita a mostrar que el empleo no baja cuando el salario mínimo aumenta, sino que deben explicar como y por qué. En el caso concreto de la comida rápida, esto es tanto más incoherente que con lo que sabemos, teóricamente de los mercados, porque la demanda de trabajo está muy fragmentada. Señala además el carácter anecdóctico y ad hoc del caso y cuestiona que sea un fenómeno general. Yo he apuntado que no es necesario que haya concentración, y que existen mecanismos teóricos que permiten racionalizar el resultado que además encajan con el funcionamiento general del mercado laboral (más luego). Especialmente, pienso que no existe ninguna razón a priori para suponer que un modelo se aplica (el modelo competitivo) y el hecho de que tengamos anomalías y que el modelo de monopsonio sea capaz de explicarlas y de englobar las predicciones del modelo competitivo lo hace una teoría más general y es una razón para adoptarlo como “benchmark”.

En general, creo que nos separa cierta concepción epistemológica en cuanto a la importancia de los microfundamentos. Yo pienso que los modelos son estilizaciones que permiten hacer predicciones y que sus fundamentos teóricos pueden ser poco realista, pero lo realmente importante es que tengamos un modelo que realice predicciones. No creo que exista una escalera reduccionista que nos haga pasar de de la macro a la micro, a la psicología individual, a las neurociencias, ecología, biología, química, etc… sin negar las sinergias que pueden existir entre ramas. Pienso que los economistas- casi todos los científicos- tratamos con propiedades emergentes, generalmente mal microfundamentadas, pero que son útiles porque modelizan correctamente patrones reales que observamos, aunque esos patrones sean emergentes. Kantor piensa que lo que hizo adoptar la física moderna fue su potencia teórica más que la adecuación empírica y que por tanto uno debe ser escéptico respecto a las anomalías empíricas. Kantor piensa que el precio a pagar por mi punto de vista en economía fue la estanflación de los 70 dónde se tomaron en serio la curva de Philips; yo creo que el precio a pagar por la concepción de Kantor es la irrelevancia práctica de la nueva macroeconomía clásica (más luego). Robert Lucas y Thomas Sargent estarían con Kantor, Milton Friedman y Paul Samuelson conmigo.

A nivel del tema del mercado de trabajo. Kantor ha cuestionado la relevancia, el método, y la significatividad de los resultados del paper de Card y Krueger. Yo soy bastante oficialista en cuanto a los resultados empíricos -me creo lo que viene en las instituciones internacionales y en los manuales de editoriales prestigiosas- porque mi formación en métodos cuantitativos es sólo un poco mejor que la que recibí en párvulos. No entraré por tanto en el debate en cuestión.

José y yo pensamos que la razón para tomarse en serio la hipótesis del monopsonio en el mercado del fast food es que esa es la situación general en el mercado de trabajo y no hay ninguna razón para considerarlo una anomalía o algo “ad hoc”. ¿Por qué? Porque las predicciones del modelo competitivo son más estrechas que las del monopsonístico - es decir, siempre qeu se el modelo competitivo haga una prediccion acertada el monopsonístico también estaría haciéndola, pero no necesariamente al revés. El modelo de monopsonio explica cosas como la dispersión salarial (porque empleados iguales cobran distinto) la brecha salarial entre géneros, o por qué los empleadores gastan dinero en capital humano del que no se pueden apropiar.

Kantor ha señalado que para que exista poder de monopsonio debe haber concentración y que en el caso de la comida rápida y la mano de obra poco cualificada -el salario mínimo- la concentración es mínima: el número de empleadores “pujando” por los trabajadores es máximo porque los trabajadores no son específicos. El monopsonio puede existir sólo cuando la mano de obra es muy específica para un sector. Yo he señalado que esto no es necesariamente así; es suficiente con que existan costes de información y búsqueda (de forma que cambiar de trabajo sea costoso para el trabajador y no instantáneo) o que los trabajos estén diferenciados. Kantor ha dicho que escribirá sobre el tema.

Ahora, un par de apuntes en el margen. El debate entre Kantor y José ha derivado en una serie de ejemplos sobre historia de la ciencia dónde kantor se esfuerza por mostrar la importancia de tener una buena teoría y José le lleva la contraria diciendo que esas teorías son buenas porque hacen buenas predicciones. Como lo más científico que yo he hecho es economía, vamos a contar como ha sido la historia de la economía y ver de parte de quién está la historia.

La economía ortodoxa actual es el fruto de dos revoluciones: la revolución marginalista qeu dio lugar al análisis microeconómico y la revolución keynesiana que dio lugar a la macro (simplifico, claro) que cuajaron un consenso en la posguerra que se llamó “síntesis neoclásica”. De estas dos disciplinas, la más orientada empíricamente era la macro, en buena medida porque de las únicas fuentes estadísticas de las que se disponía era de la contabilidad nacional. Durante casi 30 años, los economistas keynesianos (neoclásicos) aplicaron modelos estadísticos respaldados por estilizaciones teóricas, a menudo un tanto abruptas. Sin embargo, resulta que esas estilizaciones funcionaban: la curva de philips era y es el ABC para hacer política monetaria, y el Modelo Mundell Fleming es una explicación simple, manejable y razonable de como funciona una economía abierta a corto plazo. Y lo cierto es que durante ese tiempo los ciclos prácticamente desaparecieron del mapa hasta el punto de que muchos pensaban que habían “domado” el ciclo económico. Los resultados fueron, por tanto, espectaculares.

En algún momento a mediados de los 60, comenzó a crecer una tendencia intelectual que subrayaba el hecho de que había una contradicción fundamental entre el análisis micro y el macro; entre el equilibrio general dónde los mercados se vacían y todo se ajusta y el modelo de precios rígidos dónde hay paro involuntario. En jerga económica, se decía que el modelo macro estándar no tenía “microfundamentos”. Esta tendencia cuajó primero en el “monetarismo” que era una forma de keynesianismo liberal y después en la Nueva macro clásica. La idea de los microfundamentos teóricos es que uno no puede tomarse en serio un modelo solo porque haga predicciones buenas si se apoya en hipótesis que parecen implausibles teóricamente. En el periodo que va desde principios de los 70 hasta mediados o finales de los 80, los departamentos de macroeconomía se llenaron de economistas que miraban a  los economistas keynesianos orientados hacia la práctica como el equivalente económico de la astrología, o, por ponerlo como Kantor, como físico Ptolomeicos, por hacer cosas que no conocían muy bien. El “rigor” teórico sustituyó en todos sitios la capacidad explicativa de las teorías.

¿Qué ocurrió durante ese tiempo? A a nivel práctico y a pesar de carecer de microfundamentos, los modelos teóricos antiguos siguieron usándose porque eran los únicos capaces de generar predicciones cuantitativas útiles. A nivel teórico, se probó que lo “devastador” de la revolución de las expectativas racionales estaba muy exagerado. Los supuestos que cuestionaban, por razones “teóricas” los economistas de la nueva macro clásica fueron justificados teóricamente siempre que uno relajara algunos supuestos de forma relativamente razonable. Hay un zillón de modelos que demuestran qeu los precios y salarios son rígidos, al menos a corto plazo, y eso crea paro involuntario. Si uno asume que los trabajadores tienen una ilusión monetaria, aunque sea leve -una hipótesis teórica que los macroeconomista clásicos desechaban como supersticiosa- la curva de Philips es algo sólidamente fundado y en esos casos existe un tradeoff permanente entre paro e inflación. Sabemos que cuando hay fricciones ni el tipo de interés ni la tasa de paro son “naturales”.

¿Cuál es la moraleja que uno saca? En mi opinión, lo que ha librado a los economistas de ser irrelevantes ha sido que hemos sido capaces de guardar nuestro contacto con la realidad y realizar predicciones interesantes. Hay muchas cosas que no podemos modelizar, a menudo porque no tenemos instrumentos matemáticos suficientes y uno necesita usar supuestos “ad hoc” que son una caja negra dónde uno pone nombre a cosas que no entiende. Como decía Paul Krugman los economistas hemos seguidos la ley de la menor resistencia matemática y eso ha limitado nuestra capacidad en muchos casos de ver cosas que no podíamos modelizar; pero esos supuestos ad hoc han sido el motor del progreso científico en economía en los últimos 70 años.

Non-Bullshit-Marxism: Reseña de “Free To lose” de John Roemer

Sábado, Agosto 22nd, 2009

Terminé el otro día el libro de John Roemer “Free to lose: an introduction to marxist economic philosophy” (el título es un paralelo del de Mílton Friedman “Free to choose”). Aunque no comparto muchas de las conclusiones del libro, Roemer es obviamente un tipo brillante -bueno, sabéis que soy fácil de comprar con inteligencia- y la lógica de sus argumentos es impecable. Como dice en el epílogo:

Un objetivo de este libro ha sido demostrar que los conceptos marxistas centrales de clase y explotación no requieren una lógica especial para su construcción. Pueden ser estudiados en un modelo de un sistema con propiedad privada usando instrumentos estándar de análisis microecónomico. Me he interesado principalmente por la explotación, entendida como medio por el cuál el marxismo construye su crítica de la propiedad privada de los medios de producción, desde un punto de vista ético. Este análisis requería, primero, una definición y una exploración de las consecuencias de la explotación, algo que hice usando un enfoque heterodoxo. El elemento marxista en este enfoque implicaba el uso de la noción de que una persona es explotada si el trabajo que gasta en la producción es mayor que el incorporado en los bienes que pueden comprar sus ingresos derivados de la producción. El elemento no marxista implicaba establecer una relación entre explotación y clase sin depender de la teoría laboral del valor. La teoría neoclásica del equilibrio fue usada para reconstruir los conceptos marxistas purgándolos de la que creo es su principal debilidad: la teoría laboral del valor.

En realidad, lo que Roemer explica no es nada estrictamente extraño para alguien familiarizado con la teoría del equilibrio general, la caja de Edgeworth y el segundo teorema del bienestar: en una economía con producción e intercambio descentralizado, incluso en situación de competencia perfecta, el nivel de utilidad final está directamente relacionado con sus recursos iniciales ya que los recursos deben ser remunerados de acuerdo con su escasez. Por eso, el capital recibe una remuneración -el tipo de interés. La innovación de Roemer consiste en ligar estos resultados a conceptos de la teoría marxista: la explotación y la clase. En primer Roemer define cinco clases distintas en función de si, cuando los agente maximizan, venden capital, trabajo, producen de forma autárquica o una combinación de los tres. En segundo lugar, considera que las rentas que no provienen del trabajo-autárquico o asalariado- dan lugar a explotación.

No considera sin embargo que la explotación sea automáticamente algo negativo. Concretamente, examina varias justificaciones (una tasa de preferencia temporal distinta, la propensión al riesgo, la suerte, la capacidad emprendedora, etc,…) que se han dado para justificarlo. Aunque Roemer admite que algunas de ellas pueden hipóteticamente considerarse razonables, apunta que en general suelen ser el fruto de condiciones de partida distintas- los ricos ahorran más porque tienen más dinero; emprenden más porque se les inculca en la familia, etc…). Señala además que Marx consideraba que estas justificaciones simplemente no pasaban el test de la historia; las revoluciones liberales en toda europa se hicieron con desmortizaciones y expolios de la propiedad antaño colectiva que fueron a parar a manos de unos pocos, sin dejar a los campesinos, ahora proletarizados, otra opción que el trabajo asalariado.

Es menos explícito respecto a cuál es la alternativa -es decir, en qué medida es compatible con los incentivos un sistema sin propiedad privada- aunque creo que lo ha escrito en otro sitio. Se limita a señalar que al fin y al cabo las economías capitalistas tienen muchas ineficiencias y resuelven problemas de agencia tremendos todos los días y no hay razón por tanto para pensar que un modelo distinto no pueda hacerlo.

Por último, lo que más aprecio de Roemer es su austeridad analítica explicando los conceptos y la ausencia de grandilocuencia retórica o ataques contra hombres de paja. El tipo conoce, maneja y valora como es debido las herramientas del análisis microeconómico pero apunta que la valoración ética que se haga de las conclusiones del mismo no es automática y, sobre todo, que muchas de las conclusiones que se suelen sacar simplemente no se siguen. Os copio un párrafo que me gustó especialmente:

A pesar de estas crítica, y hay otras, no quiero atacar el modelo neoclásico de equilibrio que es una de las grandes contribuciones al método de las ciencias sociales del último siglo. De hecho, es el modelo de la mayoría de los ejemplos de este libro. Pero quiero criticar la falta de cuidadado con que los teoremas del modelo son usados para inferir conclusiones sobre las economías reales. (…) Los modelos son simplificaciones esquemáticas de la realidad y uno debe ejercer un juicio antes de asumir sin más que son apropiados para analizar una situación en cuestión.

Personalmente, encuentro el libro fascinante. No obstante, su teoría de la justicia- el análisis normativo que realiza- como decía en un comentario el otro día, no me convence. Probablemente se fija demasiado en la idea de propiedad privada, y descarta de forma demasiado alegre la idea de mérito y la sostenibilidad evolutiva del igualitarismo/liberalismo, etc,… En general, me gusta más la teoría de Dworkin que es más completa, más rica y más ambiciosa o la de Ken Binmore que es todo eso y además usa teoría de juegos y es bastante más científica en su método.

Revisitando la competencia imperfecta y la explotación (I): el caso del salario mínimo

Jueves, Agosto 20th, 2009

Durante la discusión de los dos posts anteriores sobre las imperfecciones en el mercado laboral y el de productos, el debate ha terminado degenerando en una especie de competición dónde unos nombrábamos fricciones posibles y otros sin negar su existencia minimizaban su importancia confiando en la fuerza de la competencia a la hora de limitar las rentas. El problema, por lo visto, es fundamentalmente empírico. ¿Con cuál de los dos modelos encaja mejor el mundo real, con el competitivo o con el monopolístico?

Un caso interesante para chequear cada hipótesis es el salario mínimo en el mercado laboral. ¿Cómo afecta el salario mínimo al equilibrio del mercado laboral? En la medida en que cada modelo genera predicciones distintas, se puede chequear empíricamente su validez viendo cuales de las predicciones se adaptan mejor a la realidad. Recordamos por tanto las predicciones de cada modelo (i) y después vemos la evidencia empírica (ii)

(i)Teoría: El análisis económico del salario mínimo

En un modelo competitivo, las empresas igualan el salario a la productividad marginal multiplicada por el precio. Es decir, las empresas aumentan el número de trabajadores hasta que el último trabajador produce exactamente lo que hay que pagarle. Los trabajadores, por su parte, plantean sus demandas eligiendo entre dos bienes, el ocio y el consumo. En equilibrio, el salario que se paga refleja exactamente el valor del ocio para el trabajador y los trabajadores que no están empleados son sólo los que no aceptan trabajar recibiendo lo mismo que producen. Si el salario estuviera por debajo, otra empresa pujará por el trabajador haciéndolo subir, si el salario está por encima todos los trabajadores serán atraídos por esta empresa. Decimos que el paro es “voluntario”. El efecto del salario mínimo en este sentido introduce una brecha entre trabajadores dispuestos a trabajar por ese salario y empresas dispuestas a contratarlos generando “paro involuntario”. La predicción es por tanto que la introducción de un salario mínimo reducirá considerablemente el empleo, especialmente de los trabajadores menos cualificados que son los que tienen menos productividad y deberían ser pagados por debajo de ese salario.

Esta idea cambió sustancialmente cuando en 1946 Georges Stigler (economista de Chicago-liberal- y posterior premio Nobel) escribió un artículo fundador admitiendo la posibilidad teórica de que un aumento del salario mínimo aumentara el número de contrataciones si “el empleador dispusiera de un grado de control significativo sobre el salario que paga”. Es decir, si el empleador tiene poder de monopsonio. Cuando existe poder de monopsonio, vimos, el resultado de equilibrio es que el salario está por debajo de la productividad marginal y el empleo es menor que en competencia perfecta. Esto es así porque contratar un trabajador adicional tiene dos costes: el coste del salario que hay que pagar al trabajador adicional y el coste en que se incurre al hacer subir el salario de mercado que debe ser pagado a todos los trabajadores.

¿Cuál es el efecto del salario mínimo en un mercado monopsonístico? Si el Estado fija el salario un poco encima del salario elegido por el empresario, entonces éste ve su margen reducido. Sin embargo, como había una brecha entre la productividad y el salario qeu pagaba, este margen sigue siendo positivo siempre que el aumento sea pequeño de modo que el empleo no disminuye. Al mismo tiempo, al aumentar el salario habrá trabajadores que buscarán empleo más intensamente, que se incorporarán al mercado de trabajo o que que aceptarán trabajos que antes no aceptaban. El efecto del salario mínimo es por tanto el de aumentar el empleo total y el salario de los trabajadores que están al principio de la distribución de salarios a costa de las rentas empresariales.

Este efecto no es sin embargo el único. Al igual que en el modelo competitivo, al aumentar el salario mínimo, habrá trabajadores poco productivos que serán excluidos del mercado de trabajo y eso reducirá el empleo. Sin embargo, en la medida en que el primer efecto domine -es decir, para salarios mínimos relativamente bajos- el efecto neto será aumentar el empleo y el salario de los menos cualificados. La relación entre salario mínimo y empleo es por tanto en forma de U invertida; para niveles bajos un aumento del SMI aumenta el empleo, para niveles intermedios tiene un efecto relativamente neutro y para niveles altos el empleo cae.

(ii) Evidencia empírica

¿Cuál de los dos modelos es una mejor representación de la realidad? Es decir, ¿aumenta realmente el salario mínimo el desempleo y significa eso qeu los mercados de trabajo son muy competitivos como o por el contrario el poder de monopsonio es sustancial y el salario mínimo tiene un efecto pequeño o nulo? Para un análisis detallado os remito a la serie que escribió Jose sobre el tema (i, ii), aquí quiero explicar el experimento “natural” que hicieron Alan Krueger y David Card sobre el asunto que les llevó a escribir después un libro. (artículo original, gratis, aquí)

En 1992 el Estado de New Jersey aumentó de forma relativamente súbita el salario mínimo en un 19% (es decir, bastante). Por el contrario, la situación en el Estado vecino de Pennsylvania no varió. Card y Krueger pensaron entonces aprovechar esta situación natural de estática comparativa para chequear los resultados de los modelos que hemos visto. Para verlo, se fijaron en la industria de la comida rápida situada en ambos estados. ¿Por qué la comida rápida? Bueno, la comida rápida emplea el tipo de mano de obra que suele estar empleada al salario mínimo y la rentabilidad de los restaurantes depende directamente del nivel del SMI. El razonamiento al que se adhieren los economistas como Kantor es que en esta situación, la rentabilidad bajará y, al estar empleada la mano de obra al nivel competitivo, muchas empresas cerrarían y el empleo en el sector bajaría. Por el contrario, en Pennsylvania dónde el salario mínimo no había cambiado, la evolución debería haber sido sustancialmente distinta, no sólo por no haber sufrido la subido, sino también porque habría una migración de trabajadores desempleados.

Krueger y Card llevaron a cabo varias encuestas a lo largo del año 1992 para ver cuál había sido la evolución en la industria del fast food. El resultado fue hasta cierto punto sorprendente: el efecto del aumento sustancial del SMI no sólo no habría sido negativo, sino que habría incluso débilmente positivo.

El artículo produjo un debate considerable en EUA, desde gente que cuestionaba la calidad de los datos, el modo de obtención de los mismos o el método de comparar dos poblaciones con shocks exógenos distintos (copiado de la medicina). Sin embargo, a lo largo de las respuestas que desarrollaron Krueger y Card tendieron a reafirmar la conclusión inicial. Por ejemplo, evaluaron el impacto sobre los jóvenes de entre 16 y 24 años (de nuevo una población posiblemente sujeta al SMI) y descubrieron que en relación con el resto de EUA, el empleo habría aumentado en New Jersey entre esta población.

¿Cuál es la conclusión? El experimento de Krueger y Card pone en evidencia que la estructura de los mercados laborales es, al menos para la mano de obra poco cualificada- la afectada por el salario mínimo- sustancialmente monopsonística; es decir, los empresarios explotan a los trabajadores y los remuneran por debajo de su productividad marginal. De otra forma, la predicción de caída del empleo se habría cumplido.

Por otro lado, personalmente, soy poco entusiasta -bastante menos qeu los sindicatos en cualquier caso- respecto de los aumentos del SMI. Como explicaba antes, el aumento del SMI tiene dos efectos: excluir trabajadores poco productivos del mercado de trabajo e incitar a trabajadores que demandan salarios más altos a incorporarse. Excluir a la gente menos productiva (los pobres y los inmigrantes) es algo razonablemente regresivo e ineficiente que me causa alergia como socialdemócrata y como economista. El SMI debería ser distinto entre sectores- en función de la productividad- para ser “óptimo”, algo muy dificil de hacer, máxime cuando  los aumentos se hacen por razones electorales y no con la teoría económica en la mano, lo que tiende a subirlo por encima de lo razonable. En Francia, por ejemplo, es probable que el SMI destruya empleo- como contraste a EUA. Si de lo que se trata es de redistribuir, prefiero un impuesto negativo sobre la renta- o una bajada de las cotizaciones a la SS financiada con un impuesto más progresivo- que un aumento del SMI.

Competencia imperfecta, explotación capitalista y economía Ortodoxa (II)

Martes, Agosto 18th, 2009

Vimos en el post anterior que cuando en lugar de suponer mercados competitivos, suponemos mercados con una estructura monopsonística/monopolística, los resultados varían considerablemente y el trabajo es doblemente explotado por el capital. No obstante, lo anterior son sólo modelos. ¿Qué hay de la realidad?

Los modelos y el mundo real

Ninguno de los dos mundos extremos -competencia perfecta o monopolio/sonio- son buenas representaciones de la realidad. Cuando Joan Robinson formuló su idea, pensaba que el mundo debería encontrar en algún lugar entre los dos extremos. En ese caso no hablamos de monopolio o de monopsonio, sino de poder de monopsonio o de monopolio lo que refleja la posibilidad para una empresa de subir/bajar sus precios/salarios por encima/debajo del nivel competitivo de forma beneficiosa, o de forma más general de “poder de mercado”.

En el caso del poder de monopolio es algo bastante común. Intuitivamente, yo diría que la existencia de una industria dedicada a la publicidad y al marketing es una prueba suficiente de que esto es así. Intuitivamente, con la excepción de dos conocidas de kantor y mías, los consumidores no buscan el producto más barato comparando walrasianamente cada bien porque hay costes de información; cuando yo quiero comprar un disco voy a la FNAC, no hago un estudio de mercado previo. Los productos no son perfectamente sustitutivos entre sí. Eso hace que tengamos un montón de pequeños monopolios. Los consumidores suelen estar relativamente mal informados sobe un producto -si es más caro, tal vez es porque es mejor-, desarrollan hábitos de consumo, etc,… La dispersión de precios para productos parecidos es algo muy común (dos bienes idénticos deberían tener el mismo precio en competencia). A menudo, las empresas coluden, lo que significa que pueden actuar como si fueran un monopolio aumentando los precios y repartiéndose las ganancias. En general, todos los modelos de competencia imperfecta que tenemos con la excepción de la llamada “paradoja de Bertrand” predicen que existirá cierto poder de mercado.

El caso del poder de monopsonio es más sutíl, está menos asentado y a menudo pasa desapercibido. Alan Manning tiene un libro escrito sobre el tema -egócrata lo reseñaba aquí. Intuitivamente, de nuevo, entendemos que un trabajador no está en la misma posición a la hora de negociar su salario que un empresario; la competencia entre los empresarios no está ahí. Cuando el capital es relativamente escaso respecto del trabajo tenemos un problema. Teóricamente, se puede racionalizar por la existencia porque buscar trabajo es costoso y existen fricciones. Un trabajador no conoce todos las ofertas de trabajo que hay en el mercado; el inicio de una nueva relación contractual tendrá “costes fijos” en términos de aprendizaje, legales, etc,…; dejar su trabajo y ponerse a buscar otro implica una cantidad considerable de incertidumbre y si el trabajador es averso al riesgo preferirá no hacerlo; en otras palabras está hasta cierto punto “atrapado” en su trabajo actual y el empresario puede explotar ese poder. Empíricamente, Manning muestra en su libro que la evidencia empírica es poco menos que abrumadora.

A nivel teórico, Stiglitz ha subrayado la idea de que existe una contradicción profunda entre la idea de “completitud” de los mercados y la “competitividad”. El marco Arrow Debreu asume que los mercados son completos, es decir, hay un mercado para cada uno de los bienes, perfectamente especificado por sus circunstancia, su momento, etc… Por ejemplo, un mismo Disco en la FNAC sería un bien distinto de un disco en el Corte Inglés- el servicio de los empleados en la FNAC sería distinto, estaría más lejos de casa, las colas son más largas etc… de forma que podría preferir el disco del Corte INglés al de la FNAC y por tanto dispuesto a pagar más. No obstante, cuando los bienes están tan especificados, el supuesto de competitividad de los mercados- que asume un gran número de vendedores es insostenible- cada bien es distinto y es como si existieran muchos monopolios para bienes ligeramente distintos.

Competencia imperfecta y política económica

Kantor replicará tal vez que el hecho de que el mundo no funcione como el mercado Arrow Debreu no quita para que éste pueda ser una buena estilización y debamos intentar al menos aproximarnos lo máximo posible a una situación eficiente a la pareto. Ya que no tenemos mercado de trabajo competitivos, por ejemplo, al menos no empeorarlos con sindicatos o regulación del salario mínimo. No obstante uno de los desarrollos más importantes de la economía del bienestar, la teoría del second best, nos dice que cuando la situación eficiente no es alcanzable, entonces tal vez sea mejor dejar de acercarnos lo más posible a la solución eficiente para buscar un “second best”.

En el caso del poder de monopolio todo esto hace que no sea suficiente con distribuir derechos de propiedad y no intervenir; es necesario que tengamos políticas de defensa de la competencia, porque sino, la tendencia natural de ésta en muchos mercados es a desaparecer; necesitamos controlar las fusiones y adquisiciones para evitar que haya concentraciones excesivas (monopolios). Necesitamos regulaciones que obliguen a dar información y a mantener estándares de calidad para los consumidores. Y necesitamos, Kantor tiene razón, liberalizar sectores para que no haya trabas legales a la competencia; no obstante, las trabas a la competencia no son sólo ni siquiera mayoritariamente legales. A diferencia de la actitud de kantor, tiendo a pensar- caricaturizo- que cuando dos empresas tienen el mismo precio es porque coluden, cuando tienen precios distintos porque una tiene poder de mercado y cuando el precio es muy bajo porque están haciendo prácticas anticompetitivas- es decir, no me fío un pelo de los empresarios.

Del marco del monopsonio en el mercado de trabajo surgen varias cosas que a los economistas pro business -el eufemismo contemporáneo para decir “burgués”- les parecen molestas. Por ejemplo, en un marco monopsonístico, la regulación de un salario mínimo puede aumentar el empleo- siempre que no sea muy alto. Asimismo, que existan sindicatos que contrarresten el poder de negociación de los empresarios no es necesariamente rent seeking sino que puede aumentar los salarios, el empleo y la eficiencia. Algo similar ocurre con la regulación del tiempo de trabajo y con muchas políticas del mercado laboral que parecen atentar contra la competencia pero, en realidad, o bien la estimulan o bien suplen su falta.

Cuando Kantor denuncia en su post que “la renta ricardiana de la tierra y la rentas de los monopolios naturales son dos pequeñas gotas de agua en el gran océano de las rentas de privilegio creadas por la actividad del Estado” dice algo relativamente evidente: los monopolios son creados por el Estado en la medida en que es gracias a él al que existe la propiedad y los intercambios libres. Ahora bien, una vez establecidos los derechos de propiedad, lo “natural” es que los mercados tiendan a ser de competencia imperfecta y a tener fallos de mercado a mansalva y la mayor parte de esos fallos crea rentas para los capitalistas- algo que kantor no parece contemplar.

Joan Robinson decía para referirse a la posición de kantor y de los economistas neoclásicos reaccionarios en general que “Es posible defender nuestro sistema económica basándose en que, parcheado con correctivos keynesianos, es el “mejor a la vista”. O, en cualquier caso, no demasiado malo y que el cambio es doloroso. Vamos, que es el mejor sistema que hemos tenido. O, es posible, adoptar la línea de Schumpeter inspirada por Marx.- El sistema es cruel, injusto, turbulento, pero provee los bienes y , maldita sea, son los bienes que queremos. O bien, concediendo sus defectos defenderlo sobre bases políticas- que la democracia como la conocemos no podría haber aparecido con otro sistema ni sobrevivido sin él. Lo que no es posible, sin embargo, es defenderlo al estilo liberal, como un delicado mecanismo autorregulado que sólo debe ser dejado para que actúe y produzca la mejor satisfacción de todos.”

Conclusiones: Marx y nosotros

El artículo de Kantor sobre Marx era bastante crítico con el autor en la medida en que la teoría laboral del valor fue un desastre desde su punto de vista. Sin embargo, os ofrezco una versión alternativa del problema contextualizando históricamente. Durante el siglo XIX los economistas clásicos habían, típicamente, justificado el capital como una de las principales fuentes del progreso. Los mercados libres llevarían a una situación óptima para todos.

De forma intuitiva, Marx probablemente era escéptico respecto del optimismo liberal. La miseria creciente del proletariado, el enriquecimiento súbito de los capitalistas parecía ser un hecho. Había poco espacio para hablar de la competencia como mecanismo disciplinador; el tamaño de las empresas era grande y los principales sufridores eran los trabajadores que recibían salarios de subsistencia. El Estado, lejos de atenuar esta situación, ayudaba a empeorarla. Para contradecir la idea de la economía clásica, Marx usó los instrumentos hasta entonces vigentes: la filosofía hegeliana y la teoría laboral del valor.

Marx tuvo la mala fortuna de que justo en el año de la publicación del Capital, ocurrió la “Revolución marginalista” que terminó con el grueso de la economía clásica y con la teoría del labor trabajo en particular. No obstante, la formación de Marx ya estaba basada en la teoría clásica. Eso hizo que el marxismo se convirtiera en una corriente marginal.

Sin embargo, creo haber mostrado con este post que lo esencial de la idea de Marx es correcto. No sólo es correcto; está lejos de ser algo heterodoxo; el monopsonio, monopolio y la teoría del second best aparecen en cualquier libro de microeconomía; no hay ningún libro de economía laboral que no hable del poder de monopsonio; la teoría de la organización industrial está basada en la idea de poder de mercado; el modelo Layard y Nickell de la Nueva Economía Keynesiana reposa sobre los supuestos de competencia imperfecta para explicar la inflación y el paro. Es decir, todas estas ideas son fundamentalmente ortodoxas.

Esto es por tanto una prueba más a la que nos enfrentamos los economistas ortodoxos de tendencia socialdemócratas. Por un lado, la imagen pública de en qué consiste ser economista ha sido capturada por los economistas liberales que han difundido que todo se arregla privatizando y reduciendo la acción del Estado; al otro, tenemos a miembros de la izquierda reaccionaria que contestan no sólo los resultados, sino la totalidad del método cayendo en una especie de nihilismo metodológico. De los primeros nos hemos ganado el desprecio; de los segundos la acusación de pertenecer al primer grupo.

Por último, quiero subrayar que existe la contradicción que existe en la idea de la paleoizquierda cuando al oponerse a la liberalización de sectores -que tienen por objeto reducir las rentas- y defender con la otra mano la regulación laboral. Ambas ideas son contradictorias si la legislación laboral se defiende basándose en la idea de monopsonio.

Competencia Imperfecta, explotación capitalista y economía ortodoxa (I): Dos resultados opuestos

Lunes, Agosto 17th, 2009

La crítica marxista de la explotación capitalista, se puede reconstruir en lenguaje moderno como la síntesis de dos ideas, una moral y otra económica. La tésis económica propugna que en una economía capitalista, una situación dónde uno minoría se limitan a obtener beneficios por el hecho de detener los medios de producción es ineficiente, mientras que la tésis moral considera que además de ser ineficiente, es injusta. Ambas tesis desembocan en una prescripción política: la eutanasia obligatoria para los rentistas- rentista= aquél que recibe algo sin haber trabajado.

Aunque la tésis moral no me parece totalmente sostenible* la intuición que estaba detrás de la tésis económica era esencialmente correcta y es uno de los principios más fértiles de la economía (ortodoxa) contemporánea. La idea de que un mercado capitalista puro -con un estado que se limite a garantizar el orden público y asegurar que los contratos se cumplan- lleva a una situación ineficiente es algo bien anclado en la teoría económica moderna. Pero vamos a empezar por el principio.

Atención chicos: esto es “droga dura”, aunque he intentado simplficar bastante las ideas, el post me ha salido muy largo así que he decidido cortarlo en dos; publico la otra parte mañana y creo que hay cosas que no terminan de entenderse si no las habéis visto antes. Aun así, respondo en los comentarios.

Competencia perfecta y el mundo Arrow Debreu

Uno de los grandes avances de la teoría económica es el marco Arrow Debreu y especialmente los dos teoremas del bienestar. Lo que, de forma resumida, nos dice el marco Arrow Debreu es que cuando los mercados tienen una determinada estructura -son completos y de competencia perfecta- son eficientes (primer teorema del bienestar). ¿Qué significa eficiente? Significa que los recursos se aprovechan al máximo y se produce todo lo que se puede producir con unos recursos dados y la producción va a parar a los que están dispuestos/pueden a pagar más por ello.

Una de las predicciones del marco Arrow Debreu es que los factores de producción - trabajo y capital- son remunerados de acuerdo con su productividad marginal. Para el caso del trabajo, la idea es que cada trabajador produce un poco más y dado que los empresarios compiten para atraer trabajadores, tendrán que pagarle lo máximo que puedan- es decir, todo lo que produce. Como el valor de la producción es el precio del bien. Por tanto en equilibrio tiene que cumplirse que Productividad marginal del trabajoxPrecio=salario . Es decir, el salario es igual a lo que valen todas las unidades que produce el trabajador adicional. Otro tanto ocurre para el capital Productividad marginal del capitalxprecio= tipo de interés.

Por otro lado, la competencia en el mercado de bienes hace que todas las empresas tengan que producir al nivel de sus costes (es decir, de la remuneración de los factores) de forma que se cumple que Coste Marginal=Precio. En este marco no hay beneficios propiamente dichos, sólo hay remuneración de factores. Como estos bienes se venden en mercado dónde compran los que han recibido la renta de los factores de producción, tenemos una situación estrictamente eficiente.

Kantor tiene razón al considerar que esta teoría es estrictamente mejor que la teoría del valor según la cuál el capital no producía estrictamente nada y habría una explotación en cualquier clase de remuneración del capital y especialmente en que el “problema de la transformación” sigue siendo hoy un enigma. Pero, como veremos, las cosas cambian cuando cambiamos un poco los supuestos.

Monopolio y monopsonio

Aunque el modelo Arrow Debreu es muy útil para mostrar muchas cosas porque muchos resultados son robustos y el modelo es un simplificación matemáticamente muy manejable. Pero ésto sólo se mantiene si uno tiene claras las hipótesis hundidas del modelo. Una de ellas es que las empresas son precio aceptantes, tanto en el mercado de bienes como en el factores porque hay un mecanismo, la competencia, que las disciplina. Si una empresa redujera sus salarios, el modelo asume, todos sus trabajadores se irán a la competencia a trabajar. Si una empresa aumenta sus precios, todos los consumidores pasarían a comprar en la competencia. Es decir, la empresa no puede influir en el precio al que vende ni en el salario que paga; ambos están determinados por el mercado los economistas decimos que no tienen poder de mercado.

¿Qué ocurriría si hubiera una sóla empresa? Hablamos entonces de un monopolio (cuando la empresa es la única que vende un bien) o de un monopsonio (cuando es la única que los demanda). En esta situación se puede mostrar que la condición anterior (Pmg x Precio = precio del factor) no se cumple. ¿Por qué? Vamos a verlo.

En el caso de un monopolio. El efecto que tiene producir una unidad más para una empresa sobre sus ingresos es doble; por un lado vende más y por tanto sus ingresos aumentan; pero por otro, en una situación dónde no hay competencia también hace bajar el precio de todas las unidades que vende. Esos dos efectos son el ingreso marginal. En esta situación, es posible que una empresa pueda ganar produciendo menos; no sólo se ahorraría costes de producción, además todas las unidades que vende serían más caras. El resultado estilizado es que en situación de monopolio tenemos precios más altos y menos producción.

En el caso de un monoposonio ocurre algo similar. En un mercado competitivo, contratar un trabajador más afecta a los costes de dos formas (el coste marginal de un trabajador);  Por un lado, debe pagar el salario, más alto, a ese trabajador. Pero por otro, ese aumento de los salario afecta a todos los trabajadores que contrata. En esta situación, la empresa preferirá contratar menos trabajadores, aunque produzca menos-y venda menos- a cambio de mantener los salarios bajos. El resultado es por tanto, salarios más bajos y menos empleo.

Una vez que hemos hecho estos apuntes, podemos ver dónde surge la explotación. Joan Robinson decía que en una economía capitalista, el trabajador está doblemente explotado. Está explotado monopolísticamente porque el empleador decir producir menos y por tanto contratar menos trabajadores para mantener los precios de los productos altos y explotado monopsonísticamente porque el empresario querrá mantener la demanda de trabajo baja para mantener los salarios bajos. Está explotado porque el salario no está al nivel de su productividad marginal; está por debajo. Lo que surge de esa diferencia son RENTAS que son detenidas por los capitalistas y yo suscribo, junto con Marx, Joan Robinson y Kantor que deben ser eliminadas.

Vemos por tanto que según adoptemos unos supuestos u otros, los resultados son radicalmente distintos. La pregunta es ¿cuál de los dos resultados es más realista? Lo vemos en el próximo post.

*Me parece incompleta porque considera sólo las injusticias que ocurren en el mercado de trabajo. Es una teoría que lleva a considerar a las mujeres en los países dónde se les prohíbe trabajar o los disminuidos psíquicos asistidos como explotadores.

Nota legal sobre Camps

Sábado, Agosto 15th, 2009

He dedicado la hora de la siesta de hoy sábado a revisar, más por curiosidad que por interés, mis manuales de penal de la carrera para ver qué decían sobre el tema de Camps. Al margen de haber tenido un momento de infinita satisfacción por darme cuenta que sigo siendo capaz de leer “legalés” y que soy relativamente bueno en ello (al menos no tan malo como en economía), quería explicaros lo que he sacado en claro.  Vaya por delante que no me leí el auto del TSJ de Valencia ni la argumentación jurídica que usaron para descartarlo con lo que mi conocimiento del tema es bastante superficial. Vaya también por delante que mi opinión sobre lo que debiera hacer Camps es relativamente independiente de si los hechos eran o no un delito; lo que hizo estuvo feo y AL MENOS debería haber pedido disculpas y tomado alguna acción un poco enérgica. Lo que quiero exponer aquí es mera masturbación intelectual de jurista. Dicho ésto, vamos a ver qué dice el tipo penal del artículo 426:

“La autoridad o funcionario públic que admitiere dádca o regalo que le fueren ofrecidos en consideración a su función o para la consecución de un acto no prohibido legalmente, incurrirá en la pena de multa de tres a seis meses”

Para los que no habléis “legalés” os hago una nota de introducción. Un concepto fundamental en derecho penal -especialmente si uno se adhiere a la idea teleológica/consecuencialista del derecho que yo defiendo- es el de “bien jurídico“. Un bien jurídico es algo que se intenta proteger con la ley penal; puede ser la libertad sexual, la vida, el orden público. Es algo que la ley considera valioso y que debe ser protegido y el objetivo de la prohibición/sanción es evitar que ese bien jurídico sea dañado -cuando el delito es intencional- o puesto en peligro -cuando es imprudente.

El concepto es muy importante porque es un instrumento fundamental a la hora de interpretar una ley. Muchas veces -siempre- existe ambigüedad en la medida en que un hecho encaja dentro de la formulación de una ley o en la gravedad de la infracción. A la hora de interpretar “agresión” por ejemplo, no es lo mismo que se esté protegiendo la integridad física que la libertad sexual por ejemplo. Muchas veces, el bien jurídico que se protege está explicitado en el código “Delitos contra la vida”; “Delitos contra flora y la fauna” “De los ultrajes a España”. El problema es que muchas veces la ley no dice exactamente cuál es el bien jurídico que se está protegiendo o bien, un mismo tipo protege varios bienes jurídicos. El tipo de Robo con violencia o intimidación, por ejemplo, no protege sólo la propiedad aunque eso sea lo que dice el tipo. Hay por tanto algo de margen a la hora de interpretar qué bien jurídico se está protegiendo.

Todo esto para contaros lo de Camps. El artículo 426 está bajo la rúbrica de “Cohechos” que es un “delito contra la administración pública”. La interpretación que hace el manual que he consultado (Quintero Olivares-Morales Prats) interpreta así el delito de cohecho. Explica que antiguamente se interpretaba el cohecho como castigando la infracción del “deber de probidad” pero que actualmente se considera que lo que deb interpretarse es que el cohecho castiga la infracción del respeto del principio de imparcialidad en el ejercicio de una función pública. Indica que además el tribunal supremo ha advertido últimamente que lo que se protege es el correcto funcionamiento de la administración.

Sobre esta base apoyan el resto del razonamiento y consideran que el artículo 426 está probablemente anticuado porque el bien jurídico protegido (los dos anteriores) no está puesto en peligro ni amenazado por el hecho de solamente aceptar un regalo. Por eso, proponen una interpretación muy restrictiva considerando que sólo cuando se trate de un delito que denote una actitud negativa por parte del funcionario debería ser castigado- algo que atentaría potencialmente contra el funcionamiento de la administración pública- y aún así lo critican como una forma de criminalizar una actitud más que una acción lo que en su opinión va contra los principios del derecho penal de un EStado social y democrático de derecho etc,… En cualquier caso, consideran que el tipo debería estar limitado a los casos más flagrantes y graves, etc… Según esta interpretación, lo que hizo Camps-suponiendo que hubiera aceptado los trajes, etc…- no seria delito.

Mi (humilde) interpretación es sustancialmente distinta de lo de los autores. En primer lugar, si el tipo está en el código penal, es de clara aplicación con independencia de la opinión de cada uno respecto de lo grave que es. Eso significa que debe ser interpretado de una forma que lo que protege tenga algo de sentido. En mi opinión, aunque para los demás delitos de cohecho se proteja el principio de imparcialidad o el funcionamiento de la administración pública, el artículo 426 debe proteger otro bien jurídico- de otra forma, nos llevaría al absurdo que señalan los autores dónde el título sería “inútil”- y el juicio sobre la inutilidad en España corresponde al legislador, no a los jueces.

¿Qué interpretación se puede dar? En mi opinión, lo que protege el 426 es la apariencia de imparcialidad de las administraciones públicas. Es decir, que se castigue el hecho de aceptar un regalo aunque no se realice un delito, es algo “sospechoso” que ensucia la imagen de imparcialidad de la administración pública. ¿Qué fundamento se puede aportar a ésto?

En primer lugar, creo que hay precedentes en derecho comparado. Os pongo un ejemplo en Francia. Allí, las jurisdicciones administrativas tienen las institución del “comisario del gobierno”- una especie de fiscal que debe actúar a favor de la ley en los procesos administrativos, pero que es en cierta manera parte en el proceso. El Comisario del gobierno formula argumentaciones coherentes y ayuda a que se forme la jurisprudencia y ha tenido un papel fundamental en el desarrollo del derecho administrativo, no sólo francés, sino continental. Uno de los privilegios del Comisario es participar en las deliberaciones del tribunal (aunque no tenga voto). Pues bien, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha considerado en varias ocasiones que esa una institución que atenta contra el derecho a un proceso justo e imparcial. ¿Por qué? La razón no es que efectivamente el Comisario produzca indefensión -no es necesario probarlo- es sobre todo la “teoría de las apariencias“: la justicia no sólo debe ser imparcial sino también parecerlo. Esto es algo que se aplica de forma idéntica al caso de Camps: el bien jurídico es la “apariencia de imparcialidad”. Cuando uno ostenta un puesto de responsabilidad, está sujeto a dar una determinada imagen de la administración pública.

¿Por qué debería ser importante la apariencia? En primer lugar, es algo que mejora la gestión pública. Cuando los funcionarios de una administración dan un imagen de imparcialidad, la confianza de los ciudadanos y de las empresas en esa administración será mayor- en economía hablaríamos de que reduce la percepción del riesgo político. En segundo lugar, hay un problema de información imperfecta y de gestión del riesgo. Normalmente, es muy difícil distinguir si un regalo es una forma de corromper o es un hecho inocente. Si hacer regalos a los funcionarios fuera legal y se convirtiera en moneda corriente, la corrupción sería mucho más sencilla. Tener que dar la apariencia de imparcialidad no aceptando regalos hace mucho más difíciles estas transacciones- vamos, es una problemática similar a la financiación de los partidos (I, II, III, IV.) y que encaja bastante bien en la teoría económica de la burocracia- la idea es que las organizaciones burocratizadas, por tener problemas de agencia muy fuertes, ponen el énfasis sobre el procedimiento y la forma de las acciones y no sólo sobre las consecuencias que muchas veces son inverificables.

Pienso que la objección de los autores respecto a la idea de que es un delito demasiado leve para ser castigado- la “apariencia” no debería ser reprobable, sólo los hechos consumados, sino se viola la presunción de inocencia- no es relevante ya que al fin y al cabo la multa es una pena bastante leve.

La interpretación que estoy proponiendo admitiría obviamente matices. Por ejemplo, el hecho de aceptar un regalo en Navidad no debería ser visto automáticamente como algo terrible -al fin y al cabo, las cestas o las tarjetas de navidad son parte de la política de relaciones públicas de cualquier empresa de tamaño medio. Tampoco es lo mismo aceptar unas anchoas de cantabria que un yate de nosecuantos metros de eslora. Igual que no es lo mismo aceptar el regalo del jefe de una trama corrupta que, digamos, de la casa real. En todos los casos lo que cuenta es la apariencia de imparcialidad; cuando algo es visto como normal, es razonable que no sea típico, no en cambio cuando algo es mínimamente sospechoso. Debería por tanto poder probarse que se ha atentado contra la imagen de la institución con un comportamiento reprobable- algo que en este caso está tremendamente claro.

Defensa de la economía neoclásica II: La independencia de la economía respecto de la psicología

Miércoles, Agosto 12th, 2009

El último post de kantor trata sobre la teoría laboral del valor como la entendían los economistas marxistas y como la entendió Marx. En general, el post dice cosas muy interesantes, pero hay un párrafo-el primero- en el que kantor, por haber abusado de las ilusiones cartesianas y de los economistas austriacos, no caracteriza correctamente lo que pensamos los economistas ortodoxos sobre el tema.

Si abrís un libro de microeconomía ortodoxa (Kreps, Varian, Mas Colell,…), no encontraréis nada que se parezca a “teoría del valor”. Es probable que ni siquiera buscando en el índice analítico. Encontraréis un capítulo sobre teoría del consumidor, luego otro sobre producción, costes, mercados en equilibrio parcial y finalmente otro sobre teoría del equilibrio general. ¿Por qué? Porque los economistas neoclásicos no tenemos una teoría científica del valor. Es posible que cuando lleguéis a los capítulos de economía del bienestar -la economía del bienestar es una disciplina normativa, no científica- encontréis alguna mención, pero nada más.

Explica por qué es lo que voy a hacer en este post. Aviso; la historia que voy a contar es mucho más lineal que la auténtica, pero lo qeu me interesa es el desarrollo de las ideas, no los detalles de la historia.  La economía ortodoxa es el resultado de dos revoluciones; una ocurrió a finales del siglo XIX y otra en los años 30. Tradicionalmente, los economistas se guiaban por el lado de la oferta: el valor  de un bien dependía de lo que costaba producirlo y ese valor debería corresponder con el precio. El problema es la paradoja del agua y los diamantes que presentó Adam Smith. Entonces llegó Jevons y desarrolló el principio del margen; el agua es más barata que los diamantes porque lo que cuenta no es el valor absoluto, sino el valor marginal- la utilidad marginal, la que aporta la última unidad del bien.

Para gente como Jevons, la idea era atractiva. Jeremy Bentham y Gossen habían desarrollado ideas sobre la existencia de “utilidad” y una forma de psicología hedonista que en aquél momento parecían atractivas- la psicología no existía!. Jevons creyó que era interesante basar su teoría del valor sobre la psicología benthamiana dónde la utilidad sería algo que existiría en el cerebro y que actuaría como una caja de resonancia -soñando con desarrollar un modelo de Bolas de billar a lo Hume. La utilidad sería algo cuantificable y medible que aumentaría con los bienes y disminuía con los males igual que la temperatura o cualquier otra magnitud. El programa tenía además su contraparte normativa: las cosas valen por lo qeu la gente las valora. El objetivo de la planificación social debería ser maximizar la felicidad de todos los agentes- el clásico programa utilitarista. Lo que me interesa apuntar es que inicialmente el utilitarismo “empírico” y el “normativo” estaban unido. Uno era una teoría psicológica de como actúan los individuos y otro una teoría moral del valor. Ambas configuraban una teoría del valor. Y los primeros economistas neoclásicos tenían las esperanza de que la psicología se desarrollaría para apoyar estas conclusiones.

El primer problema es, por supuesto, que la psicología no se desarrolló en este sentido; la psicología reveló al contrario que los seres humanos eran mucho más complejos, interna y externamente, y que no existía nada como un “órgano de la utilidad”. El segundo y más importante de funcionar con funciones de utilidad desde el punto de vista científico  es que las funciones de utilidad no son observables. Decir que un agente hace tal o cuál cosa porque maximiza su utilidad haciéndolo no es algo que se pueda falsar.

La primera respuesta que hubo a este problema fue inspirada por Lionel Robbins- que, al igual que kantor, había abusado leyendo a los austriacos- y es basarlo en la introspeccion. La idea de que las cosas valen o dejan de valer, de que se realizan elecciones, de que ciertas cosas aportan más satisfacción, debería derivarse de la introspección, igual que el “cogito ergo sum”, pero aplicado a la economía, de forma apriorística. Una consecuencia de ésto fue la idea, terrible por haber servido a las ideologías más reaccionarias, de que no se podían hacer comparaciones interpersonales de utilidad. La utilidad es un hecho radicalmente subjetivo y sólo el que la experimenta puede saber qué es. La idea de maximizar la “utilidad social” era simplemente absurda.

Sin embargo, el essay de Lionel Robbins fue el último gran manifiesto a favor del apriorismo acientífico en economía. A lo largo del periodo de entreguerras hubo un conjunto de manifiestos metodológicos por parte de los economistas más importantes de aquél entonces para intentar librarse del “utilitarismo”; es decir, descartar los supuestos psicológicos de una doctrina social y científica en decadencia. Pareto inventó la economía del bienestar concibiendo un concepto de eficiencia como aprovechamiento de recursos éticamente muy poco exigente -aunque no neutro. Edgeworth inventó las curvas de indiferencia que eran una forma de expresar combinaciones de bienes que aportaban la misma utilidad.

La gran vuelta de tuerca fue aportada por Hicks y Allen primero y por Paul Samuelson después. Hicks y Allen que demostraron que la utilidad no necesitaba ser medible -cardinal- sino que únicamente era necesario que fuera posible “ordenar” distintas situaciones -utilidad ordinal. La dudosa proposición según la cuál la cantidad, intensidad, etc,… de la utilidad es medible era descartada como fundamento de la teoría del consumidor y reemplazada por la idea de utilidad ordinal. Así por ejemplo, la idea de “utilidad marginal” se podía reemplazar por “Relación marginal de sustitución” dónde lo que medimos no es la satisfacción de la última unidad de un bien, sino la cantidad de otro bien a la que se está dispuesto a renunciar. La utilidad no es el patrón común; lo son los precios.

No obstante, la contribución de Hicks todavía mantenía aspectos introspectivos como los que propone Kantor en su post enlazando a Wittgenstein. Fue Paul Samuelson quién ancló la teoría neoclásica contemporánea dentro de la corriente más científica contemporánea en ciencias cognitivas: el conductismo. Esa es la idea de “preferencia revelada”. El axioma de la preferencia revelada dice, básicamente, que si un agente elige algo cuando puede elegir otra cosa, ese individuo prefiere esa cosa a la otra. Pero esto no es una aseveración empírica es un axioma; es decir, no decimos que elija algo porque lo prefiere, decimos que lo prefiere porque lo elige. Samuelson define el concepto de preferencia como un concepto derivado del concepto de elección. No hay introspección en la definición de preferencia; sólo hay observación del comporamiento. Conductismo puro y duro.

El lector se pregunta, con razón, ¿qué utilidad científica tiene una teoría que es básicamente una tautología?. La utilidad reside en que si ese comportamiento es relativamente regular a lo largo del tiempo, es decir, si esa preferencia es consistente (transitiva, completa,…) podemos usar el comportamiento observado para hacer predicciones. Es decir, podemos construir nuestra función de utilidad a partir del comportamiento observado y extrapolarla para hacer predicciones. La definición (axiomática) de un agente económico es una entidad -no necesariamente humana- que cumple esos requisitos.

¿Como de comunes son las entidades que son agentes económicos ideales? Muy raras. Don Ross explica que la experimentación ha demostrado que el agente económico típico samuelsoniano sería un insecto. Los insectos tienen preferencias consistentes, completas transitivas, etc,… Los seres humanos no. Sin embargo, para que la teoría económica, como instrumento, sea útil para hacer predicciones, no necesitamos que las entidades con que tratamos sean agentes económicos tipo. Necesitamos que, en cierta medida y a lo largo de un periodo de tiempo no necesariamente eterno, el comportamiento se ajuste más o menos al de un agente con preferencias consistentes.

Así, los economistas tratamos con empresas maximizando beneficios, aún cuando sabemos que son organizaciones complejas que no están guiadas por autócratas; modelizamos partidos maximizando votos; consumidores maximizando su utilidad, etc… pero son siempre estilizaciones, no verdades a priori. Por eso nuestros modelos son inexactos, porque el concepto “función de utilidad” no tiene una contraparte empírica clara; sólo sirve para modelizar un comportamiento que observamos.

Un aspecto muy importante y que me lleva a cerrar la crítica que hago a Kantor, es que la teoría económica contemporánea no nos dice nada sobre el valor. El modelo Arrow-Debreu no produce una teoría del valor; produce una teoría de los precios y dice que esos precios reflejan las preferencias de los individuos bajo ciertos supuestos. Pero recordad que una preferencia una forma abreviada para hablar de ¡una elección!. Lo que nos dice es que los precios reflejarán la acción de los agentes. Podríamos tener una economía Arrow Debreu que funcione con autómatas cuyos algoritmos sean los de los agentes del modelo y dónde los resultados -el vaciado de los mercados y los precios reflejan la escasez- sean los mismos. De hecho, los instrumentos de la teoría de juegos se han aplicado a otras entidades-no humanas- y los resultados son similares- en biología.

No hay por tanto, en la teoría económica contemporánea, dependencia alguna de una teoría del valor psicológica subjetiva. La incorporación de una teoría del valor subjetivo es algo extra que Kantor incorpora por sus convicciones utilitaristas/cartesianas, que no es en ningún caso inherente ni necesario para la economía ortodoxa y que no tengo muy claro si suscribo o no. Los orígenes de la teoría económica en el utilitarismo primitivo son una lacra que nos acompaña todavía hoy a la hora de justificar nuestras conclusiones como científicas. Precisamente, la gran ventaja de los economistas ortodoxos es que no nos hemos puestos a hacer psicología en ningún momento -a diferencia de los heterodoxos que empiezan y terminan en fogonazos de psicología amateur.

Nota: El párrafo sobre las “rentas de privilegio” es una fantástica defensa de la teoría de la explotación neoclásica, aunque él probablemente no lo sabe. Tengo que escribir un día de estos sobre ello.

La racionalidad de ETA

Martes, Agosto 11th, 2009

Uno de los mejores libros de ciencias sociales que he leído es sin ningún género de dudas “ETA contra el Estado” de Ignacio Sanchez Cuenca. El tema del libro, resumido muy rápidamente, es una aplicación de los instrumentos de la teoría de juegos a las interacciones entre ETA y el Estado. El libro tiene todo lo que en mi opinión debe tener un trabajo de ciencias sociales; unos microfundamentación teórica sólida (dedica dos capítulos a establecer como actúan los terroristas) y a continuación monta un modelo de interacción con el Estado viendo a través de ese marco toda la historia de ETA desde se creación hasta la fecha de edición del libro, con una cantidad de documentación empírica considerable. Al margen de que el tema sea apasionante, es una ilustración magnífica de para qué sirven en la práctica los instrumentos teóricos que se desarrollan en los libros y por qué son importantes.

Algo curioso ha sido el tipo de críticas que he visto sobre el libro. Por ejemplo, ISC se granjeó unas cuantas críticas en los medios cuando el proceso de paz y Eduardo y yo hemos tenido algún que otro cruce de espadas sobre las aplicaciones del modelo de “acción racional” a cosas como el terrorismo o el nacionalismo. Digo que son curiosas porque cuando uno lee los documentos en los que ETA define su estrategia, la mentalidad de los terroristas encaja, casi punto por punto, con de un actor estratégico-racional que hace variaciones conjeturales y toma decisiones interdependientes que uno puede encontrar en un libro de introducción a la teoría de juegos. Quiero decir que ni siquiera necesitamos meter aspectos de racionalidad limitada ni construir funciones de utilidad complejas con un zillón de objetivos en conflicto; la banda funciona como un actor que maximiza un solo objetivo: la independencia del país vasco. Un par de ajustes como los que hace ISC en el libro para controlar los flujos de información y el aprendizaje (con un modelo de psicología organizacional dónde explica por qué sólo los “duros” llegan a los puestos de mando) y uno tiene una caracterización del comportamiento sorprendentemente exacta.

Marx visita EUA

Lunes, Agosto 10th, 2009

La primera pregunta a la que debemos responder los socialdemocrátas es la siguiente: ¿como es posible que, en una sociedad democrática dónde todo el mundo vota, haya desigualdades profundas dónde una minoría se las apaña para mantener sus privilegios frente a una mayoría? ¿Como es posible que los pobres no expropien a los ricos? La respuesta tradicional (o una de ellas) era la frase del canciller alemán: los beneficios de hoy soy las inversiones de mañana y los empleos de pasado mañana. Es decir, lo que Roemer llama “Explotación socialmente necesaria”; en lenguaje ortodoxo la desigualdad está justificada por razones de eficiencia, con la expropiación perdería todo el mundo.

Llevo algunos días pensando en los problemas que está teniendo Obama para hacer pasar sus reformas -el sistema financiero, los para el cumplimiento del protocolo de Kyoto, y sobre todo, para la reforma del sistema sanitario. El Economist lo indicaba hace una semana. La oposición que el hombre está sufriendo es simplemente increíble. Mirad el sistema sanitario.

Dejando a un lado algunos detalles, la superioridad de los sistemas sanitarios estilo europeo es algo bastante bien establecido en economía sanitaria. No sólo hay un montón de evidencia empírica que apunta hacia esta idea; además, existe una rama entera de la economía que va desde el paper de Kenneth Arrow sobre la selección adversa en el mercado sanitario hasta la moderna teoría del seguro. Es decir, tenemos un cuerpo teórico y empírico bastante sólido y ortodoxo -se puede encontrar en cualquier libro de hacienda pública- que justifica una reforma del sistema sanitario y explica porque el modelo competitivo básico dónde los precios ajustan el mercado y la solución es óptima simplemente no se aplica a este caso. Cuando hablamos del sector sanitario, las “reglas estándar” no se aplican y sólo tenemos soluciones “second best”. Chequead que nuestro aprecio relativo por la redistribución no tiene nada que ver; estamos hablando de eficiencia.

Lo increíble no es tanto que esta posición sea contestada, sino el modo en que está siendo y por quién. Dejando a un lado los argumentos como que la sanidad pública llevará a la gente a matar gatitos y a practicar la eugenesia, lo increíble es que gente que se supone debería saber como funcionan estas cosas dicen cosas absurdas. Como ya ha indicado Roger alguna vez, alguien de la talla de Greg Mankiw-probablemente unos de los 7 mejores macroeconomistas de los últimos 20 años- simplemente mea fuera del tiesto. Tyler Cowen decía que mientras que los sistemas públicos funcionan mejor para la parte de la población más joven, funciona peor  para la gente mayor como evidencia el hecho de que en EUA estén mejor atendidos los mayores que en europa. Cowen obviaba, no obstante, que en USA esa parte del mercado- medicare- es precisamente la que es pública! La perplejidad que produce que algo tan evidente y necesario sea tan difícil de hacer lleva a uno a preguntarse por qué y a qué se debe que esto sea así y que gente que se supone debería ser capaz de entender por qué  haga argumentos que hasta yo sería capaz de desmontar. Algo similar ocure con los argumentos sobre el cambio climático.

En general, soy escéptico respecto a la idea de que todo lo que se hace en la arena política se hace a sueldo de algún lobby que busca su propio interés. No creo que la gente pro palestina esté a sueldo de los saudíes, ni tampoco que los periódicos que hablan mal de Chavez estén a sueldo de los intereses empresariales. Don’t get me wrong, no soy tan ingenuo como para creer que la gente actúa guiada por el altruismo bla bla, pero sí creo que antes de rechazar un argumento diciendo que el que los pone sobre la mesa está a sueldo de algún lobby malvado, uno debe examinar el argumento y si tiene alguna justificación.

El problema es, como dice Roger Egócrata, que la democracia americana está siendo puesta a prueba estos días. Una democracia funciona de tal forma que cuando un partido gana las elecciones, debe poder aplicar sus políticas; el equilibrio institucional por el que los distintos grupos admiten no cargarse el sistema reposa, implícitamente sobre ese supuesto. Por supuesto, en cualquier democracia existen límites a lo que un gobierno puede hacer para reformar, los famosos checks and balances. El problema es que si esos checks and balances son demasiado fuertes, el país puede llegar a una situación de inmovilismo. Ese es probablemente el caso de EUA. El hecho de tener partidos poco disciplinados hace que reunir una mayoría para reformar algo sea realmente difícil, sobre todo si los representantes de cada estado son facilmente capturables -y  lo son- a nivel local. El hecho de tener una prensa “neutral” que se toma demasiado en serio los argumentos lunáticos y con un sesgo heredado de la guerra fría en contra de cualquier cosa que suene a gestión pública excluye determinadas

De veras, pensando en estas cosas me siento más cerca de Alberto Garzón de lo que debería.

El mercado laboral en España: historia reciente o como casi nada ha cambiado

Jueves, Agosto 6th, 2009

He terminado hace unas horas el libro que me recomendó Becario en Moncloa sobre historia económica de España. El libro de Tafunell y Carreras es simplemente excelente no sólo es riguroso, presentando los puntos de vista y los debates de forma objetiva y detallando cada proceso con datos, también se las apaña para ser muy legible sin perderse en el cuantitivismo. Es fantásticamente legible.

En el último capítulo tienen un par de párrafos dónde hablan del mercado laboral desde los ochenta. Una de las acusaciones que he leído por ahí contra la gente que defendemos la reforma del mercado de trabajo es la “oportunismo”; lo cierto es que es algo que no podía ser más injusto. Os copio la parte en cuestión:

“La reforma del estatuto de los trabajadores aprobada en 1984 respondía a la convicción que la reglamentación laboral que éste había configurado entorpecía gravemente la creación de nuevos puestos de trabajo durante los tiempos de expansión económica al proteger fuertemente a los trabajadores con empleo. De modo que el objetivo de la reforma era flexibilizar tanto la entrada como la salida del mercado de trabajo introduciendo nuevas figuras contractuales de duración fijada (no indefinida) (…) para estimlar su uso, se aplicarían incentivos fiscales.

La reforma permitió una muy significativa creación de empleo en los años siguientes que, como sabemos, fueron precisamente de intenso crecimiento. Entre 1985 y 1990 la población ocupada aumentó a una tasa del 3,4% anual. Sin embargo, la reforma tuvo dos efectos perversos derivados del mismo hecho: casi todo el empleo generado fue en forma de contratos temporales. En primer lugar apareció un mercado dual, al segmentarse en dos categoríasm los trabajadores fijos y los trabajadores temporales. El volumen excesivo de esto- que n muy pocos aos pasaron a representar el treinta por cien de la población ocupada- debió tener efectos negativos a medio y largo plazo para el creicmiento económico dado que las empresas dejaron de tener incentivos para invertir lo necesario en capital humano. La economía española de hoy lo está pagando y seguirá haciéndolo en el futuro inmediato. El segundo efecto perverso es que aumentó el poder negociador del segmento de trabajadores fijos, ya que su blindaje se vio reforzado por la circunstancia que las empresas ahora tenían la posibilidad de utilizar como instrumento de ajuste de plantillas la contratación-despido de trabajadores temporales. Por consiguiente, los trabajadores fijos tuvieron una gran capacidad de presión en las negociaciones salariales, logrando así fuertes alzas durante todo el ciclo (hasta 1993, es decir, incluso el año en que cada mes se destruyeron decenas de miles de puestos de trabajo).

En definitiva, los resultados d el areforma de 1984 fueron cristalinos. Ésta posibilitó una tasa de incremento de la población empleada muy intensa durante la etapa expansiva, pero al mismo tiempo permitió una destrucciónd e puestos de trabajo muy rápida y masiva en la fase contrativa. La destrucción tuvo un carácter tan brutal que despertó la conciencia de muchos actores sociales acerca de la necesidad de nuevas reformas laborales. SE vio reforzada por las medidas tomadas por el gobierno para hacer frente al déficit pub´lico: en 1992 y 1993 se aprobaron medida para hacer más restrictivas las prestación de desempleo para frenar el crecimiento desmesurado del grasto. Para colmo, se suprimieron las bonificaciones a las cotizaciones sociales a los contratos en prácticas y en formación vigentes desde 1984. Esta medidas no hicieron sino acelerar el recorte de la splantillas de los trabajadores temporales.

Tras el intento de reforma de 1988 abortado por la huelga general, en 1994 se aprbó una nuva reofrma laboral que buscaba mejorar el funcionameinto del mercado de trabajo por diversas vías. Primero, mediante el establecimiento de un nuevo contrato para los jóvenes. Segundo, la supresión de obstáculos a la movilidad funcional (…) Tercero, la potenciaciónd e la negociación colectiva. Cuarto, la eliminación del monopolio del INEM en la colocación y el establecimiento de libertad de creación de ETTs y en último lugar, introduciendo ciertas facilidades para el despido.

Los resultados directos de esta reforma no son claros, dado que la aplicación de la misma avanzó con suma lentitud, en buena medida por la judialización existente en el funcionamiento del mercado de trabajo. Sus efectos aparentemente fueron importantes e inmediatos en la moderación salarial. Algunos expertos sostienen que los sindicatos compraron la no aplicación de la reforma pagando con reivindicaciones salariales extremadamente discretas. En todo caso, los principales agentes sociales asumieron con prontitud que la reforma de 1994 era insuficiente de manera que en 1997 bajo el primer gobierno del PP sellaron un acuerdo para poner en marcha otra más amplia. El objetivo esencia consistía en rebajar la tasa de temporalidad que caracteriza la mercado laboral español desde finales de los 80. A tal efecto, se creó un nuevo tipo de contrato de duración indefinida y unas condiciones de rescisión mucho más favorables. Con el nuevo marco normativo, los costes de despido se han aproximado a la media europea, aunque todavía se mantienen a un nivel más alto.

Los resultados (…) la paradoja es que la tasa de temporalidad no ha cedido y por tanto persiste el dualismo del mercado de trabajo. Si bien se mira, la paradoja es sólo aparente, las rigideces continúan siendo muy grandes y la protección de los viejos trabajadores fijos permanece intocada.”

X. Tafunell y Albert Carreras “Historia económica de la españa contemporánea” páginas 429-430

Cuando egócrata y yo hablamos tanto de que hay que reformar el mercado laboral y de que hay un dualismo del copón, no lo hacemos por gusto; es algo que tenemos pendiente desde finales de los 80. El patrón dónde se crea mucho empleo en los ciclos expansivos pero se destruye también mucho en las recesiones es una constante desde finales de los 80. La “ilusión” de qeu algo había cambiado era que llevábamos casi diez años sin recesiones. Lo que ocurre es que nos habíamos olvidado de que antes teníamos una tasa del 20% de paro. Vamos, no os copio las gráficas porque no sé, pero los procíclico que es el desempleo en España desde finales delos 80 da auténtico terror.