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Archive for Junio, 2009

El Estado de bienestar y las sociedades abiertas

Martes, Junio 30th, 2009

Eduardo ha publicado una interesante reseña de un paper según el cuál el nivel de religiosidad de una sociedad depende negativamente de lo desarrollado que está el Estado de Bienestar en esa sociedad. La verdad es que el paper es uno de esos que confirman todos mis prejuicios así que no puedo resistirme a hacer un par de comentarios.

En primer lugar, es algo que contradice frontalmente la idea liberal según la cuál las sociedades dónde el Estado es más pequeño son sociedades más abiertas. Esta idea tiene una cantidad interesante de partidarios, pero la idea básica es la misma, común a todo el movimiento conservador-liberal: la del estado tentacular de Buchannan o la ruta de la servidumbre de Hayek, dónde una vez que se admite el Estado de bienestar, este tiende a expandirse creando una sociedad estátizada, apagadas, corporatizadas, poco creativas, inundadas por rent seekers, etc… dónde la libertad individual es sólo un recuerdo. A esta visión del Estado del bienestar, se opone una visión socialdemócrata que ve en el EStado de Bienestar un instrumento de emancipación y un soporte para el progreso, social, material y cultural; una prolongación del proyecto modernizador ilustrado, que ve en la igualdad la condición sine qua non para el progreso etc…

En realidad, tener una sociedad dónde el EStado es más pequeño no es ninguna garantía de vivir en una sociedad más abierta. Históricamente-digamos, en el periodo largo de los últimos X siglos-, el tamaño del Estado ha sido de hecho relativamente pequeño- básicamente porque las tecnologías para recaudar impuestos eran ineficientes- sin embargo, eso no garantizó que las sociedades fueran “abiertas” en el sentido de que fueran más descentralizadas o se tomaran más decisiones de forma individual. Al contrario, una serie de instituciones alternativas suplían al “estado” para resolver los problemas de acción colectiva que existen en toda sociedad y los individuos son bien “forzados”, bien “invitados a unirse voluntaria e irreversiblemente a esas instituciones”.

La familia es un ejemplo: cuando se estudian los tipos de Estado de bienestar, se estudian tres tipos de mecanismos para asignar recursos: el mercado, el estado y la familia. En una sociedad dónde el Estado es más pequeño- no hay seguridad social, ni bajas por maternidad, etc…- suelen tener por tanto una parte más importante la familia y el mercado y las sociedades fuertemente familiarizadas suelen ser muchas cosas, pero no sociedades abiertas.

Es probable que con la religión ocurre algo similar: las religiones son factores que cohesionan la sociedad al mantener unida a la gente en un conjunto de valores. Las religiones-el cristianismo, además, han jugado en muchos lugares un papel suplente del sector público -en la enseñanza, en la redistribución de la renta, jugar el papel de seguro, etc,… Por supuesto, este carácter suplente no es algo gratuito. No es sólo algo que asegura una legitimidad considerable a las organizaciones religiosas y sino que también hace más costoso salir de la organización- igual que divoriciarse es más costoso para una mujer que no trabaja.

En este sentido, no es ninguna casualidad que entre los partidarios del homeschooling y de la enseñanza privada veamos tanto a liberales convencidos, a ultraconservadores creacionistas y a miembros de alguna secta extraña -y en algunos casos ambas cosas a la vez; las sociedades más fuertemente privatizadas no son necesariamente -ni probablemente- sociedades más abiertas. Tener un mínimo de vida asegurado es probablemente una condición necesaria para poder empezar a emanciparse de cosmovisiones supersticiosas del mundo.

Las políticas de empleo en una sociedad democrática

Martes, Junio 30th, 2009

Os paso un botón del libro que he empezado a leer hoy:

François Mitterrand había causado sensación declarando en 1993 que, en el tema del paro “todo ha sido intentado” (…) En realidad, en materia de paro, nada ha sido seriamente intentado porque nada ha sido verdaderamente evaluado. Cada gobierno llega con su proyectos de reforma, los pone en marcha con más o menos convicción y luego otro gobierno llega y hace lo mismo. Asistimos desde hace treinta años a ese ir y venir de medidas sin ningún tipo de acumulación de conocimiento respecto a sus efectos.

Francia sufre desde este punto de vista un auténtico déficit democrático:  no existe ninguna instancia independiente, dotada de medios suficientes para evaluar la intervención de los poderes públicos en el mercado de trabajo. Hoy por hoy, la evaluación de estas políticas depende esencialmente de la “comunicación” gubernamental. [Nota: yo añadiría los sindicatos y la patronal y sus opiniones "objetivas"].

Paradójicamente, este déficit democrático, politiza inutilmente las posiciones. A falta de datos precisos, de reflexiones matizadas, el debate se polariza entre los partidarios de la “flexibilidad” hostiles a cualquier tipo de intervención gubernamental y los partidarios de la intervención multidireccional, apoyando ubicuamente un salario mínimo elevado, la prohibición de despedir, aumentos en los mínimos sociales y el seguro de desempleo así como un déficit presupuestario elevado para relanzar la demanda. Según esta dicotomía, los primeros razonarían en términos de “eficacia” y los segundos de “justicia social”. Esta oposición maniquea reposa en una ignorancia de las enseñanzas del análisis económico que han sido considerablemente enriquecidas en los últimos años.

Tomemos el ejemplo del salario mínimo. Veremos que la teoría predice que un aumento del SMI puede, dependiendo de las circunstancias, aumentar o reducir el empleo. El efecto neto es, in fine, un problema práctico, empírico que sólo puede ser resuelto por procedimientos adaptadas. Estos procedimientos existen (…) El conocimiento de los hechos y su explotación estadística son las mejores armas contra la autosugestión y los discursos demagógicos. La verdad se encuentra mucho más en la sequía de los números y las curvas que en los testimonios “live” oídos en la radio o en la televisión por las partes interesadas.

Le Chômage: Fatalité ou necessité? Pierre Cahuc y André Zylebergerg, Introducción (Traducción libre mía)

El libro habla de Francia, pero es algo trasladable a Europa. Cuando pienso en los cruces de espadas que Egócrata y yo hemos tenido con otros bloggers respecto a temas del mercado de trabajo-el tema de la flexibilización y el manifiesto de los cien o la directiva de las 65 horas- empatizo bastante con los autores. Plantear el grado de intervencionismo o la hostilidad a la reforma el mercado de trabajo como una función lineal respecto de la ideología y considerar cualquier exigencia de visión matizada como una especie de traición o servilismo respecto de una de las dos posiciones extremas  (antes de que te des por aludido, NO pienso en tí Jose ;-) )

Mi punto de vista es que, una sociedad democrática no es tanto aquélla dónde se permite que las ideologías condicionen totalmente las respuestas a problemas concretos (aquélla dónde “la teoría crítica” respecto del “pensamiento único” es la regla), sino aquélla dónde los ciudadanos están correctamente informados -i.e. liberados de prejuicios que responden más al comportamiento tribal que a la evaluación objetiva de los hechos- respecto a la cuantía y distribución de los costes, riesgos y ganancias de cada una de las soluciones. Podéis llamarlo “el principio de prioridad de la ciencia sobre la ideología”. La idea de una instancia independiente que evalúe sistemáticamente este tipo de cosas, por cierto, no es nada “revolucionario” ni irrealizable; es algo que existe por ejemplo en Holanda (allí este órgano evalúa el coste y beneficio esperado de los programas electorales(¡!)) o en EUA (el NBER creo que hace algo por el estilo). De nuevo, quiero reivindicar lo de quemar “periodistas”.

Misunderstanding economics

Lunes, Junio 29th, 2009

Acabo de volver de vacaciones y ando un poco en las nubes para hablar de cosas serias, así que voy a hacer una pequeña reflexión sobre la disciplina a la que no he dedicado diez horas diarias durante la última semana que me han surgido leyendo esta nota de Paul Krugman.

Mi interés por la economía ha venido, no tanto de prejuicios o ideas preconcebidas, sino por mi por mi percepción de la capacidad creciente de los modelos económicos para explicar las interacciones sociales de una forma relativamente clara y austera desde el punto de vista retórico.Con esto quiero decir, que no es tanto que mi hormonas se disparen con la intensidad matemática y el relativo formalismo que caracteriza a la teoría económica, sino que leyendo a gente como Egócrata o Kantor entiendo que realmente esas páginas llenas de mates y simplificaciones sirven para algo, es decir son útiles.

Esto ha contrastado con la visión del, digamos, 90% de la gente, que tiene una visión exactamente opuesta. La economía sería una ciencia puramente deductiva, sin contraparte empírica real y con una brecha enorme entre los modelos y lo que ocurre en realidad. Para mí, esto algo profundamente contraintuitivo: yo veo equilibrios de Nash cuando ando me meto en el metro y pienso en términos de variaciones conjeturales cuando cojo por la cintura a mi novia; la idea de que los modelos económicos son una mala representación me resulta poco menos que absurda. Algo impactante es que esa idea de la economía está extremadamente repandida; no se trata ya de gente no instruida -el equivalente económico de los partidarios del creacionismo- también filósofos respetables -tengo en mente a Jon Elster- sostienen esta idea.

El problema es tanto más importante cuando mi impresión es que, este porcentaje de gente que no entiende los modelos económicos se extiende a gente que forma parte de la profesión. La mayoría de mis compañeros de oposición sostiene concepciones “naive” de qué es el supuesto de racionalidad económica que ignoran algo tan viejo como la teoría de la preferencia revelada o críticas de la economía que tiran contra hombre de paja. Paul Krugman apunta que un número importante de gente importante manifiesta simplemente no estar al corriente de cuál fue el mensaje de la revolución keynesiana (que el ahorro no se convierte automáticamente en inversión y que no vivimos en un mundo de equilibrio instantáneo) resucitando falacias que, en teoría, estaban igual de superadas que el heliocentrismo o el creacionismo. Es decir, estaríamos ante un problema mucho más grave: no sólo la gente profana sostiene ideas equivocadas, tendríamos a una masa de economistas haciendo cosas en las que no creen.

Hablando con Kantor hace unas semanas, creo que he llegado a la conclusión: la mayoría de los economistas no entienden los modelos con los que trabajan. Es probable que esto sea especialmente cierto en el caso de la gente que se dedica a las finanzas pero es probable que los economistas “reales” no se salvan tampoco. Esto me recuerda lo que me explicaba Jesús (por mail) el otro día sobre la idea de Thomas Mayer de que los economistas habían tomado la elegancia matemática como proxy para medir el prestigio. Veamos

Un modelo económico es, básicamente un conjunto de relaciones, normalmente expresadas de forma matemático, entre agentes y mercados. La idea es la misma que la de una maqueta: una representación simplificada de la realidad para hacer tratable una realidad compleja. O también la misma que la de una historieta o una parábola más sofisticada de lo normal: tiene un mensaje esencial expresado de una forma alternativa-mas simple- a como es en realidad y por tanto limitado por las simplificaciones que uno opera. La forma matemática es, sobre todo, un mecanismo para disciplinar lógicamente esas relaciones y hacerlas más o menos estables. Si ser un buen economista consiste en saber hacer predicciones y formular explicaciones interesantes, ser un buen economista debería consistir en ser capaz de entender qué es exactamente lo que dice el modelo y en qué sentido puede ser útil para hacer una predicción o explicar una determinada situación. Un modelo es mejor o peor en función de lo bien o lo mal que uno sea capaz de usarlo, los modelos no deberían “ciertos“, son “útiles“. En la práctica lo que se evalúa en los libros y en las clases de economía o lo que se valora en un buen economista es la capacidad para reproducir los resultados de los modelos, ser capaz de hacer análisis estático compativo, formular modelos elegantemente microfundamentados y con suficiente precisión.

¿Como de próximas son estas dos actividades? Es decir: ¿es necesariamente alguien capaz de mover curvas y resolver ecuaciones un buen economista? En mi opinión no. Como dice Krugman, a la hora de hacer política económica, es más sencillo y más fructífero plantar un IS LM que un modelo de equilibrio general con optimización intertemporal en tiempo continuo y ver como reaccionan las variables, a pesar de las limitaciones teóricas del IS LM. La capacidad para usar modelos económicos para formular explicaciones o predicciones interesantes requiere en mi opinión dos tipos de habilidades. La primera, es exactamente lo que se exige: saber mover curvitas y deducir ecuaciones a partir de una axiomática correctamente formulada. En este campo, pienso, la mayoría de la gente está correctamente formada. La segunda, sin embargo, implica ser capaz de usar esos modelos para hacer un análisis de la realidad. Esto implica, obviamente, entender cuál es es la interpretación de los resultados matemáticos que uno obtiene en el modelo y por tanto saber cuales son sus límites y cuál es su utilidad.

Mi punto de vista es que la mayor parte del escepticismo que existe respecto a la teoría económica puede explicarse por una mala interpretación de lo que de hecho dicen los modelos y no tanto de que los modelos estén mal formulados. Cuando uno no conoce los límites, intentar aplicarlo a la realidad sólo puede llevar a la decepción y a una especie de nihilismo teórico. Si uno intentar intenta probar su coche todo terreno en una maqueta del scalextrix, obviamente el resultado no será bueno porque le scalextrix es una buena representación de una carretera pero no sirve para conducir coches de verdad. A la inversa, los que se toman al pie de las letra muchas simplificaciones sólo contribuyen a dar argumentos a los primeros para su escepticismo.

La verdad, no tengo muy claro como se revuelve esto. Supongo que es un problema de como están gestionados los programas académicos.

La extinción del conservadurismo social en el Fin de la Historia

Lunes, Junio 22nd, 2009

Cuando Francis Fukuyama formuló su tésis sobre el fin de la historia, no estaba diciendo nada realmente revolucionario, estaba certificando algo que las ciencias sociales y la intuición histórica nos venían diciendo desde hace bastante tiempo: para cualquier sociedad que aspire a ser próspera y moderna, convertirse en una democracia liberal era inevitable, o al revés, el coste de no ser una sociedad abierta es ser una sociedad primitiva o subdesarrollada.

Llamaré conservadurismo social (por oposición al económico) a la oposición que en la mayoría de países viene encarnada por alguna organización de corte religioso a la libertad sexual, los derechos de los homosexuales, el derecho a criticar aspectos “sagrados” en público, la eutanasia, o la igualdad hombre-mujer. A lo largo del siglo XX hemos visto un cambio profundo en las sociedades occidentales que desembocaron en dos grandes eventos a finales de los 60: Mayo del 68 y el Concilio Vaticano II. Desde entonces, el progresismo en materia social ha comenzado a ser un fenómeno ampliamente mayoritario en la sociedad y el conservadurismo a estar en franco retroceso. Este progreso se ha producido, no sólo a nivel legal- no son solo reformas políticas- sino también social y cultural.

 Las razones son en última instancia tecnológicas, demográficas o evolutivas: una sociedad con una clase media amplia no puede dejar de ser una democracia y una democracia debe tener libertad de expresión para funcionar. Una sociedad dónde las mujeres están en el mercado laboral no puede discriminarlas sistemáticamente. En teoría de juegos diríamos que no se trata de un equilibrio estable. Eso hace que todas esas “conquistas” sean eso, conquistas con carácter irreversible, igual que nadie propone volver a la monarquía absoluta como forma de gobierno, ningún gobierno que quiera ganar elecciones puede proponer, en serio, la penalización del aborto o ilegalización del matrimonio homosexual allí dónde se ha logrado.

Curiosamente, la derecha no ha terminado de digerir esta idea y vemos en los programas electorales de cualquier partido de derechas, incluso de derecha moderadas, propuestas de aire conservador. No hay, propiamente dicho, una derecha liberal que sea mayoritaria en ningún sitio. Mi punto de vista es que la explicación para esto es puramente electoral: es la misma por la que los partidos de izquierdas flirtean con discursos de aire marxista.

La formación de la identidad de izquierdas o de derechas que mantiene unida a un partido es el resultado de una serie de alianzas. En un sistema eficiente, es decir, que tienda al bipartidismo, el espacio electoral tiende a segmentarse en dos grupos. La ideología se forma primero dentro del grupo como resultado de la negociación de las facciones y después como enfrentamiento con el grupo contrario. El caso de los conservadores religiosos es especial: se trata de un “issue voters” su vote depende sólo de un par de aspectos, lo que les da un poder de negociación mayor al que les correspondería por su peso social. Esto los convierte en una “minoría dominante” dentro del grupo que les permite asegurarse que los partidos de derechas mantengan en sus agendas propuestas netamente conservadoras, aún cuando electoralmente sería mejor tener propuestas progresistas que reclamaría el electorado.

El resultado es, por supuesto, un conjunto de políticas relativamente incoherentes en las que, muy a menudo, ni los líderes ni la mayoría de los votantes creen realmente, pero que tienen que aparecer en la agenda para contentar a las facciones y a una minoría de votantes. Muy a menudo, la contradicción alcanza a los individuos mismos que, o bien acaban sufriendo esquizofrenia política, o bien se ven obligados a ser simplemente hipócritas.

Tenemos ejemplos de esta hipocresía/esquizofrenia a mansalva. Mi caso favorito es el de Sarkozy, quién después de haberse hecho un montón de fotos con Cecilia defendiendo el concepto tradicional de familia y un estilo de vida “conservador” durante la campaña electoral, tardó sólo unos meses en largar a su mujer del Elíseo para liarse con una top model- por favor, la historia parece sacada de Miami, dejando al margen el hecho de que el tipo de cocainómano (esto es “confidencial”). Otro ejemplo es la enardecida defensa de la Iglesia católica que hace Jiménez Losantos cuando es algo bastante bien sabido que el tipo es básicamente ateo. Pero este post se me ocurrió con el “escándalo” de Berlusconi porque resulta que, oh cielos, al tipo les gustan mujeres que no están dispuestas a acostarse con él gratis. Esta imagen de Berlusconi contrasta con la que el tipo daba haciéndose el paladín de lo tradicional en el caso de Eluana.

Obviamente, no hay nada intrínsecamente malo en el hecho de cambiar de mujer, ser ateo, o que a uno le guste dar fiestas dónde acuden top models a cambio de dinero; lo que sí es absurdo es que eso se combine con una defensa de ideas conservadoras en el plano social. A eso es lo que me refiere con que la ideología conservadora está de capa caída: es obvio que ni siquiera sus defensores creen realmente en ella. En el fin de la historia “no está a la altura de los tiempos” como diría Ortega. Por supuesto, otro tanto de los mismo es aplicable a las ideas pseudomarxistas que pululan por los partidos socialdemócratas (aunque yo creo que nosotros los tenemos más fácil).

Un par de cosas sobre Irán y Venezuela

Miércoles, Junio 17th, 2009

El Economist de esta semana reseña el libro de Brian Nelson sobre la revolución Bolivariana y como Hugo Chávez se ha mantenido en el poder. Según explica, alrededor de 2002, Hugo Chávez era razonablemente impopular en Venezuela,algo cuyo desenlace fue el intento de golpe de Estado, finalmente frustrado por el ejército. El resultado fue que Chávez antaño seriamente amenazado en términos de legitimidad fue reforzado, tanto a nivel interno como internacional. La oposición, en cambio, sufrió el efecto contrario, viéndose dañada en sus credenciales democráticas. El aumento de los precios del petróleo hizo el resto: Venezuela entró en un proceso de sovietización dónde la derecha había caído en desgracia y Chávez usaba su poder para consolidarse de forma progresiva, en parte comprando votos con petrodólares, en parte usando la táctica del Salami, versión Matias Raskosy, todo esto aliñada con una retórica anti-imperialista y una política internacional .

Egócrata decía hace tiempo que “Chávez es el fruto del fracaso de la derecha en Suramérica. Es irónico que ese fracaso haya creado un irresponsable demagogo de izquierdas.” A nivel internacional, sin embargo, lo que ha fracasado en Venezuela es probablemente el modelo de desarrollo occidental, identificado con Estados Unidos y por tanto con un país con un defícit de legitimidad considerable.

Viendo el tema de Irán, he pensado que las similitudes son considerables. Durante la guerra fría, la política óptima para muchos países en desarrollo- Corea, Chile, etc,…- era la siguiente: dado que un régimen democrático no era viable, lo mejor era asegurarse de que existiría cierta estabilidad que fomentara el desarrollo en la línea occidental (es decir, economía de mercado) y esto podría ser asegurado por un régimen autoritario siempre y cuando fuera pro-occidental. Con el tiempo, el desarrollo económico traería prosperidad y en última instancia, combinado con un cambio en la estructura productiva (dónde expropiar rentas sea más complicado, por ejemplo porque sea más intensivo en capital humano) y la emergencia de una clase media, llevaría a la democratización. Esto es lo que, dicen, está haciendo ahora China: desacoplar la economía de la política para evitar otra perestroika.

El problema es que es posible que no haya una única senda de democratización, sino varias. Concretamente, hay al menos dos tipos de procesos de cambio político. Un proceso de cambio político es siempre un problema de quién está incluído o excluido dentro de la toma de decisiones y cuál es el reparto de poder. En este sentido podemos pensar en dos tipos de procesos: de “reforma“, como el que hubo en España, Chile o Argentina dónde las élites, las instituciones y la historia del viejo régimen siguen estando representadas dentro del gobierno y dónde no hay una purga del régimen anterior sino una continuidad o bien de “ruptura” dónde por el contrario las élites del régimen anterior son excluídas de la constitución del nuevo y se establece una idea de “tabla rasa” sin continuidad. Una de esas “instituciones” que desaparecen o se mantiene puede ser precisamente la política de Alianzas a nivel internacional: el cambio de régimen puede implicar un cambio en la estrategia geopolítica internacional- un ejemplo de esto son los países del bloque soviético.

A nivel más práctico, suponed que una sociedad está dividida en cuatro grupos que tiene que elegir dos aspectos: a) Ser occidental o antioccidental b) Ser una democracia o un régimen autoritario. De esos cuatro grupos, una mayoría formada por el centro izquierda y el centro derecha prefiere ser occidental y democrático, pero el centro izquierda pone más énfasis sobre ser democrático y el centro derecha sobre ser occidental. La extrema izquierda y la extrema derecha por su parte prefieren ser autoritarios, pero la derecha prefiere ser occidental y la izquierda antioccidental.

Una coalición, formada por los tres grupos más a la derecha está inicialmente en contra del gobierno de extrema izquierda que intenta desoccidentalizar el país. Protestan, las cosas van mal, etc,… En ese contexto, el grupo de “extrema derecha” intenta dar un golpe de Estado, pensando que los otros dos grupos lo secundarán. Sin embargo, la reacción no es la esperada y por el contrario los tres grupos más a la izquierda se oponen a este gobierno arropando al gobierno. El resultado es que los grupos que participaron en la revuelta son excluídos en la medida de su participación en el golpe (cuando hablo de excluir, es una caja negra para hablar de legitimidad, apoyo, etc,…) de forma que el resultado es que la izquierda resulta mayoritaria, y el gobierno de extrema izquierda puede seguir con el proceso. Así, con el nuevo reparto de fuerzas, puede tomar decisiones de carácter constitucional para seguir excluyendo grupos cada vez más a la derecha hasta llegar a ser capaz de gobernar en minoría. En social choice esto se llama “Paradoja de Condorcet”

El proceso anterior es probablemente una buena estilización de la historia del golpe de Estado en Venezuela. Tras el golpe de Estado, la derecha se vio excluída de la toma de decisiones y Chávez aprovechó esto para imponer su modelo de desarrollo. Pero la historia, con alguna modificación, sirve probablemente también para Irán. En el caso de Irán, el golpe de EStado/ revuelta si tuvo éxito y fue contra el Shah, el cuál era pro-occidental. En el caso de Irán, el Islamismo estaba ligado a la democracia y la dictadura ligada a occidente. La coalición Islamo-democrática, dónde los islámicos eran mayoritarios, se hizo con el poder e impuso una democracia islámica dónde el segundo componente era más importante que el primero. Si Egócrata lleva razón lo que estamos viendo en Irán es básicamente una situación, después de un intento de endurecimiento por parte de los islamistas extremos, ha habido un intento de moderación a partir de una coalición “reformista” pero los primeros no han querido aceptarlo. Ahora están decidiendo como lo resuelven.

Lo que quería apuntar en este post son las consecuencias en términos de política exterior para este aspecto. En el caso de Venezuela, el triunfo de Chávez llevó al país a ejercer uan política exterior agresiva, basada en el espíritu de bloque y el anti-imperialismo. Ésto se debía, en buena medida, al hecho de que los perdedores del proceso fueron los grupos pro-occidentales que fueron los que apoyaron el proceso, así como de los gobiernos extranjeros que en una u otra medida los apoyaron (i.e. EUA): uno no gana elecciones diciendo que es amigo de los golpistas extranjeros.

En el caso de Irán, no sabemos cuál será el resultado de las revueltas, pero suponiendo que Ahmedinejad salga del gobierno y gane Musavi, el resultado será un Irán menos duro en temas de política exterior en general, es decir, un gobierno más pro-occidental. Pero para que esto se materialice y con Ahmadinejad se vaya también el discursos antioccidental duro, la mano tendida de Obama al Islam es clave: la idea de que el Islam es compatible con la democracia y con los valores ilustrados, etc,… es una forma de no hacer elegir a un régimen basado en el Islam entre sus valores fundamentales y su alineación geopolítica. Sobre todo, es una forma de asegurar a la oposición interna cierta legitimidad.

Temas Europeos importantes

Miércoles, Junio 10th, 2009

La campaña de las europeas ha sido básicamente una pantomina. El principal problema de la UE es que en general las competencias que tiene son poco políticas, excesivamente regulatorias y eso hace que el interés de la opinión pública sea menor. Es la consecuencia lógica de tener reglas de voto por mayoría cualificada/unanimidad: todas las soluciones son de carácter técnico y con una orientación muy centrista.

Sin embargo, la campaña electoral pasada podría haber sido distinta. Asistimos a un cambio de filosofía en la forma de hacer política económica. La UE tiene bastantes cabo que atar: una mayor coordinación de la política fiscal para poder coordinarse a la hora de impulsar la economía, regular el sistema financiero de forma más centralizada, la necesidad de organizar sistemas de transferencias (estado de bienestar) para estabilizar las economías cuando hay shocks asimétricos, sobre el modelo energético, etc… Todas estas cosas son relativamente políticas e implican cierto componente ideológico dónde los políticos europeos, de izquierdas y de derechas, podían haber aprovechado para confrontar sus puntos de vista en función de su orientación.

Bueno, nada de eso ocurrió. En España, asistimos a un espectáculo penoso dónde se hablo de vaguedades, de aspectos absurdos dirigidos al consumo interno. Ver los debates era tener la sensación de que nos tomaban por idiotas (las alusiones a Camps o a la cultura de la muerte, en fin). Lo cierto es que me gustaría reivindicar un estilo de hacer político basado en ser honesto con los votantes, incluso cuando las cosas van mal, explicar lo que está en juego y como se debe elegir. En lo que dice egócrata muchas veces “hablarles como adultos” y estaría bien que los votantes, las emisoras de radio, los programas de televisión, comenzaran a darle ese enfoque a hablar de política. Una labor como la que desarrolló Jose Rodriguez en su blog (hat tip, jose). En serio, no es tan dificil.

Todo esto para enlazaros un par de artículos del FT -el FT, por cierto, es lo más parecido a una prensa Europea que tenemos- sobre el debate en torno a la regulación bancaria en la UE. El primero explica la necesidad de completar el mercado único con un marco regulatorio único para el sistema financiero y el segundo explica que los ministros de finanzas de la UE no terminan de ponerse de acuerdo sobre qué hacer.

Es este tipo de debates los que los medios deberían seguir; he buscado en el País y no he encontado ni una vaga reseña al tema. Sí, triste, por no decir vergonzoso. ¿Habrán decidido no ponerla porque sí, o simplemente no estarán al corriente de la noticia?

Especialización y gestión del riesgo internacional

Jueves, Junio 4th, 2009

Leyendo uno de los comentarios de Ender al (sensacional) post de egócrata he pensado que había un argumento al que tal vez merezca la pena dedicarle algo más de espacio: el de la diversificación. La propuesta de Alberto era un modelo productivo “autocentrado y diversificado”. So riesgo de hacer una disgresión, me gustaría apuntar un par de cosas sobre el tema.

Desde Adam Smith sabemos que una de las fuerzas que se encuentran en la raíz de la prosperidad es la división del trabajo. El mayor grado de división del trabajo permite una mayor especialización y esa mayor especialización también permite un mayor grado de eficiencia. Es la “magia” de las economías de escala: cada individuo se especializa en aquéllo que sabe hacer mejor y recibe de otros lo que otros saben hacer mejor. Eso hace que lo que tenemos todo sea mejor en suma: todos preferimos vivir en una sociedad dónde hay buenos escritores y bueno ingenieros que dónde todo el mundo es escritor e ingeniero y todo el mundo es mediocre en ambas cosas. Es lo que los economistas llamamos la generación de un “excedente”.

El problema intrínseco a la lógica de la división del trabajo no es juego dónde todo el mundo gana en la misma medida. Hay algunos que ganan más que otros y cómo repartición del excedente que resulta es probablemente el problema más importante de la historia humana. Pero sobre todo, es posible que haya perdedores, especialmente perdedores a posteriori. Se puede pensar en la adquisición de habilidades en un determinado campo como una adquisición de “activos”. Especializarse conlleva un enorme riesgo, en la misma medida en que lo conlleva “poner todos los huevos en la misma cesta” sobre todo cuando tenemos progreso tecnológico o cambios en la estructura económica y muchas de esas habilidades pueden quedar obsoletas: es lo que Schumpeter llamaba la “destrucción creativa”: los poseedores de los activos que se deprecian o quedan obsoletos tenderán al luddismo y a estar en contra de los cambios.

El vértigo creado por esta dinámica es, como decía antes, la principal fuente de tensiones sociales a lo largo de la historia. En general, todas las ideologías, especialmente desde que el proceso de creación de excedente se aceleró (la revolución industrial) han propuesto soluciones al problema de los perdedores netos. Marx, por ejemplo, consideraba que la división del trabajo producía un problema de alienación y proponía renunciar a ella en la forma en que la conocemos. En general, la casi totalidad del debate sobre igualdad vs libertad, o igualdad vs eficiencia gira alrededor de este problema. No obstante, solemos olvidarnos de que “evolution is cleverer than you” y normalmente la evolución social ha resulto el problema por su cuenta. La división del trabajo y en general los procesos de socialización han ido acompañados, casi simultáneamente, por la emergencia de mecanismos de gestión del riesgo y uno de ellos son los mecanismos de gestión del riesgo social.

Y esto que explico para el caso de los individuos, es igualmente válido a la escala de las naciones. Cuando Alberto manifiesta su oposición a la dependencia del exterior no hace otra cosa que exhibir sus prejuicios respecto a la división del trabajo como algo intrínsicamente alienante. Cuando hablamos de comercio internacional, que un país se especialice en eso que sabe hacer mejor -la llamada “ventaja comparativa”- es de hech algo fantástico. Yo prefiero tener playas españolas y queso francés que tener sólo acceso a productos españoles. Prefiero poder comprarme un coche extranjero que vivir en autarquía. El caso que cita- el malvado ladrillo- no es un buen ejemplo por las razones que que aduce egócrata, por cierto.

Sin embargo, hay algo de cierto en la idea de que tener un modelo productivo diversificado es en cierta medida una ventaja. Si uno está diversificado entre dos sectores, los shocks negativos de un sector pueden ser compensados por los shocks positivos del otro, y viceversa. Ser un país abierto, como yo indicaba en el post anterior, es también una forma de diversificarse: cuando las cosas van mal dentro  pero fuera siguen demanda exportaciones, eso es de hecho una ventaja. Pero una forma de aprovechar las ventajas de la especialización es de nuevo recurrir los sistemas de gestión de riesgo. Hay concretamente dos: las transferencias entre Estados y las transferencias hechas a través de los mercados de capital. Cuando los mercados de capital están suficientemente integrados, los países reciben rentas de una pluralidad de sectores y no sólo de los que ellos producen. La renta nacional bruta española incluye también las rentas producidas en el extranjero que van a parar a españoles. Cuando las cosas van mal en el sector en España pero las carteras de activos están convenientemente diversificadas internacionalmente el sistema actúa como un estabilizador automático. Robert Shiller, por ejemplo, considera que los Estados podrían crear securities indiciados sobre su PIB para cubrirse del riesgo de recesión y ponerlo en circulación a nivel internacional. De forma análoga, la deuda pública contraída por los Estados podría estar también indiciada sobre otros aspectos lo que ayudaría a cubrirse del riesgo. En definitiva, los problemas de la especialización pueden evitarse en gran medida con  mecanismos de gestión de riesgo internacional. Pero eso, por supuesto, supone tener un sistema financiero internacional integrado, correctamente regulado y con un grado de libre circulación de capitales importante.

Adversus Garzón: Counterfisking now

Miércoles, Junio 3rd, 2009

Alberto Garzón ha respondido a mi réplica al post suyo. Admito que sería un post triste si me lo tomara como algo personal. Algo tremendamente frustrante de mis discusiones con Alberto -y en general de todos los artículos de Alberto- es que me da la impresión de que no discute conmigo, sino sólo para la galería; como si esperara que la gente que ya está convencida de que lleva razón le apoye y no tanto porque mis argumentos estén bien o mal. Esta impresión es tanto más importante cuando él la confirma explícitamente en el último párrafo. Aunque lo más triste es tal vez la impresión que puede sacar el lector de sus ataques ad hominem- el comentarista de post por ejemplo- de que yo soy un malvado liberal que come niños proletarios y que está a sueldo de algo o alguien o el hecho de que, a pesar de su estilo, le otorguen algo de credibilidad. Afortunadamente, dado que somos amigos y a instancia suya no voy a tomármelo como algo personal sino con deportividad.

Vamos a empezar por el principio: la mayoría de las cosas que Alberto dice sobre mi posición, o no son ciertas, o son un hombre de paja. Por ejemplo la definición que Alberto me atribuye de la economía (”ciencia de la asignación de recursos”) no es incompatible con un enfoque institucional o histórico de la economía como él supone- uno de mis economistas favoritos es Douglas North y la rama de la economía que más me gusta el diseño de mecanismos (la rama de la economía que estudia la “ingeniería social”). Tampoco es incompatible con su definición; mi preferencia es una mera cuestión de elegancia. [1] En ningún caso, por cierto, supone esto que los fenómenos económicos ocurran en el vacío y que el mercado sea una especie de templo inmaculado; los mercados son un mecanismo como otro cualquiera de asignar recursos y lo que hacemos los economistas es estudiar cuando y como funcionan mejor o peor (ambos conceptos relativos) que otros. En general, el retrato que hace de mi posición es una caricatura, llena de ambigüedades abiertas a interpretación que explotan los prejuicios de lector. [cuando dice"Su absoluto desprecio por otras formas de pensar, que alcanza incluso a los economistas clásicos, los lleva continuamente a considerar analfabetos y cuenta cuentos a sus adversarios. Citoyen es una de las figuras en las que se concretiza este abstracto que son los economistas" no tengo claro si se refiere al arquetipo o también a mí, pero si tengo claro lo que pensarán sus lectores]

Una vez resuelto el tema de los juicios de intenciones y los ataques ad hominem, vamos con los puntos sustanciales. Primero, Alberto dice que a mí no me interesan las relaciones el mercado de trabajo y el de productos y que según él el mercado productivo determina el mercado de trabajo. La postura que me atribuye es falsa, como podrá ver cualquiera qeu haya leído mi último post pero dado que por entonces no lo había publicado, creo que es algo que aparece de forma relativamente clara en mi entrada original; lo que yo señalaba es que la relación va en las dos direcciones: las decisiones de inversión se toman teniendo en cuenta la oferta de trabajo y probablemente viceversa. Pero para Alberto el mercado de productos determina la estructura del laboral: la casualidad va en una sola dirección.

El segundo argumento es considerar que la decisión sobre qué modelo productivo adoptar es una decisión “política” y que España debería haberse centrado en sectores productivos de alto valor añadido- alta tecnología, etc,… adoptando una política industrial fuerte. Aquí es cierto que tenemos una diferencia teórica: yo soy escéptico respecto a la capacidad del sector público para planificar este tipo de cosas, pero para eso yo le enlazaba un bonito post de egócrata que, esperaba, refutara. Bueno, vamos a ver cuáles son los argumentos.

Primero; Alberto cree que mi criterio para ver si una inversión es buena es la “rentabilidad” y argumenta que muchas veces es muy rentable especular en sectores rentables, etc,… Es posible que yo me expresara de forma inexacta, pero mi criterio es obviamente el de qué sectores son más productivos. Es cierto que, en mi opinión, los mercados de capitales funcionan relativamente bien la mayor parte del tiempo asignando los recursos a las industrias más productivas. Eso no significa que no deban estar correctamente regulados, que esté en contra de los impuestos sobre el capital, o de las subvenciones en determinados casos concretos.

Cuando Alberto considera que “la realidad aplasta mi argumento”, no tengo muy claro a qué tipo de “realidad” se refiere. En este blog hemos dedicado unos cuantos posts a hablar de por qué los mercados financieros no funcionan y deben ser vigilados.  El problema es que regulación no tiene por qué implicar dirigismo. En los sitios dónde se ha aplicado el dirigismo- latinoamérica- o la centralización de la economía -países del bloque del este- han terminado realmente mal. Podemos hablar de ello si queréis, pero es tan complicado como ver qué países lo han implantado y cuáles no. Las políticas de sustitución de importaciones no funcionan.

Alberto dice que las ventajas de un “modelo productivo diversificado, autocentrado, y que por lo tanto tenga política industrial son muchas”. A continuación enumera varias, pero no explica ninguna dónde venga a decir cómo se hace concretamente y por qué. Desde luego, los países que implantaron ese tipo de políticas proteccionistas están a años luz de encajar con lo que él explica. Llamadme escéptico, pero me cuesta entender por qué si se ha intentado en tantos sitios no ha salido nunca bien. En general, creo que hay una tensión fundamental entre el escepticismo de Alberto Garzón respecto al status científico de la economía y su confianza en la posibilidad de hacer las cosas bien de forma centralizada. Repito: ¿cómo se identifican los sectores más “sanos”?

Con esto no quiero decir que crea que todo se soluciona de la misma forma en todos sitios., Por ejemplo, es posible y probable que en países en desarrollo uno deba aplicar políticas que serían vistas en Europa como “heterodoxas”. Pero en el caso de España, y de Europa en general, las políticas industriales servían para subsidiar a empresarios que no producían nada realmente útil -o que otros podían producir de forma más barata- y que reducían las competencia en el sector. Menos competencia significa un mayor mark up sobre los productos y eso significa salarios reales más bajos. Es decir lo que Alberto defiende es una variedad de “estado de bienestar para ricos”.

Mi reto para Alberto sería el siguiente: quiero una explicación, concreta, basada en casos concretos o argumentos teóricos con fuerza de cómo se “moderniza el modelo productivo” con política industrial. No me valen vaguedades o cosas obvias como “reformar el modelo educativo” o “progresar hacia un modelo más igualitario y con mayores salarios”; en eso estamos de acuerdo. Quiero una explicación de como se hace concretamente -qué sectores, qué tipo de ayudas, como se organizarían- y a ser posible algún ejemplo contrafáctico que actúe como “realidad” que “aplaste mis argumentos”.

Alberto dice además varias imprecisiones. Por ejemplo, considera que España es muy dependiente del exterior. Supongo que se refiere al turismo; en general, una de las críticas que se hacía al modelo de producción español era que dependía, en comparación con sus vecinos (e.g. Francia en relación con Alemania) demasiado de la demanda interna y concretamente del consumo interno y de las industrias no comerciables (la construcción por ejemplo). Estoy dispuesto a compartir tablas de excel sobre el tema e informes varios. Eso es exactamente lo contrario de la “diversificación” que según Alberto funciona; depender demasiado de la demanda interna implica que cuando a uno le va mal pero a los demás bien, los demás no lo sacan a uno del atolladero comprando. Claro, cuando a todo el mundo le va mal, entonces a uno le va peor, pero las crísis globales son la excepción y no la regla.

Así terminamos la contrarréplica.

[1]Mi definición favorita, es la que da Adam Przeworski en su libro “States and markets” “El estudio de los mecanismos centralizados y descentralizados de asignación de recursos” o de forma más concreta, la de Paul Samuelson “La ciencia de la elección”. La clásica es la Lionel Robbins “la ciencia que estudia la elección como relación entre fines y medios que tienen usos distintos”. No creo que ninguna de estas sea muy estrecha como parece acusarme Alberto.

Pasando reformas VIII: ¿Qué debe pensar la izquierda de la liberalización del mercado de productos?

Lunes, Junio 1st, 2009

En la entrada de la semana pasada decíamos que la clave de la paradoja de que España estuviera perdiendo competitividad frente al exterior mientras que de hecho los salarios reales se mantenían constantes era el diferencial de inflación. Al tener España más inflación que sus socios comerciales, sus productos eran más caros fueras y podía importar más. Eso hacía que en España se mantuviera un crecimiento de los salarios alineado o incluso inferior sobre al de la productividad y a menudo inferior al de la inflación y sin embargo los productos españoles fueran cada vez más caros. La culpa es, por tanto, de la inflación. La razón por la que los ministros de economía (ie Solbes) apoyaban la moderación salarial era precisamente porque permitía evitar la deterioración de esa competitividad. Prometí que en este post daría alguna explicación adicional sobre el tema y además hablaría sobre el mercado de productos, en relación con el post de Roger.

El problema es por tanto la inflación. Los economistas tenemos, básicamente, dos explicaciones de la inflación. Las explicaciones son compatibles entre sí y en mi opinión apuntan a dos caras de un mismo problema (si queréis lo aclaro en los comentarios). La primera viene bien expresada por la frase de Milton Friedman “la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario”, es decir, cuando hay más dinero en circulación pero la misma cantidad de bienes, es normal que los precios aumenten porque el poder de compra del dinero cae. Por esta razón, los bancos centrales intentan estabilizar la inflación creando una cantidad de dinero consistente con este objetivo (generalizo). En España teníamos tipos de interés negativos, es decir, teníamos demasiado dinero en circulación ¿por qué no hizo nada la autoridad monetaria? La razón es que, para la zona Euro en su conjunto, la inflación era estable y por tanto no había ninguna razón para hacer nada. Esta explicación no puede por tanto decirnos demasiado sobre el diferencial de inflación.

La segunda explicación fue propuesta por Layard y Nickell en los 80 y pone el acento no sobre el aspecto monetario, sino sobre la estructura de los mercados. En su modelo hay dos fases. En la primera, los trabajadores, normalmente organizados en sindicatos, negocian los salarios nominales -es decir en euros- con las empresas. En la segunda fase, las empresas fijan los precios de los productos con un margen que es su margen de beneficio. Lo interesante del modelo es que es un juego a dos niveles para las empresas que depende de la estructura de dos mercados: el de productos (dónde fijan los precios) y el de trabajo (dónde fijan los salarios); el margen de beneficios es la diferencia entre ambos aspectos y la estructura de cada mercado determina su poder de negociación (más luego).

En este sentido, se puede ver la inflación como un conflicto en la apropiación del producto entre las empresas y los trabajadores. Si las empresas suben los precios, el poder de compra de los salarios nominales negociados caerá -el salario real caerá porque aumenta la inflación- y las empresas desearán subir los precios siempre que los salarios nominales aumenten.

¿Cómo encaja ésto con la historia de arriba sobre la contención salarial? Bueno, los economistas estábamos a favor de la moderación salarial porque era una forma de moderar la inflación. Pero era sólo una de las formas posibles ¿por qué? Porque, como tal vez sospecháis, las empresas no siempre pueden subir los precios; ahí es dónde entra el problema de la estructura de mercado. Si los mercados son más competitivos y las empresas tienen menos poder de monopolio, entonces no podrán permitirse subir los precios en el mercado de productos. En ese caso, un aumento de los salarios nominales no se traducirá en un aumento de la inflación y los trabajadores tendrán ganancias netas con el aumento salarial porque se reducirá el margen de beneficio del empresario.

Lo fundamental de este modelo, que es lo que debe ser retenido, es que los dos mercados, el de trabajo y el productos están ligados; los ciudadanos son por un lado trabajadores, pero también son consumidores y sus salarios sólo tienen valor en la medida en que pueden consumir. Si los precios son altos, da igual que los salarios también lo sean; que aumente el poder de compra significa que los salarios aumenten más rápido que los precios- y los precios se determinan en el mercado.

¿Cómo se aplican estas dos explicaciones al caso de España? Por un lado, que la inflación fuera mayor en España se debía al hecho de que estábamos en una fase expansiva mientras que el resto de Europa no lo estaba, la política monetaria qeu era buena para el conjunto de la Eurozona producía inflación en España. Como dije, respecto a ésto no había demasiado que hacer. Pero por otro, y lo más importante, hay mucho que decir por el lado de la oferta. España estaba haciendo las cosas bien en el mercado laboral para controlar la inflación -los salarios reales no aumentaban- pero obviamente los precios aumentaban más de lo que deberían- es decir, los mercados eran poco competitivos, demasiado monopolísticos.

¿Por qué? De nuevo, aquí hay dos explicaciones. La primera es pensar en ello como una consecuencia de la estructura del mercado en que nos movemos. Lo competitiva que es una industria depende de la estructura de costes del sector y a veces no hay demasiado que hacer al respecto. Es posible que la construcción y el turismo sean industrias poco competitivas, o que nuestro modelo energético que depende demasiado del petróleo haya hecho que aumentaran los costes más rápido que en el resto de la eurozona. Si esto es así, no hay demasiado que hacer. La segunda explicación, relacionada con el post de egócrata, es que en España no estemos aplicando la políticas correctas. En España hay un montón de barreras regulatorias en forma de licencias absurdas como las qeu explica Roger (las farmacias, los notarios, los registradores, la regulacion de los horarios del comercio…) que hace que haya rentas considerables. Muchas concesiones, licencias etc, no tienen un carácter suficientemente transparente y se hacen de forma que raya lo corrupto. Todas estas cosas reducen la presión competitiva a la que se enfrentan las empresas y por tanto la parte del producto que obtienen los trabajadores. Las industrias de red (telefonía, energía, correos, etc,…) están tremendamente poco liberalizadas en España y no hay una política de competencia que las mantenga a raya. Por último, al tener España una dependencia excesiva del petróleo, el sector productivo está muy influido por el aumento del precio del petróleo.

¿Como se soluciona todo esto? Bueno, cosas como la directiva servicios, políticas de competencia y liberalizaciones en las industrias de red y en general todo lo que contribuya a aumentar la competencia en los mercados así como mejorar el modelo energético son aspectos que pueden ayudar, y que son, de hecho, sustitutivos de la moderación salarial a la hora de controlar la inflación. Y digo yo, ¿qué dirán los chicos de Economía crítica de este tema?