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Justicia social y desventajas anátomicas; aclaraciones sobre mi polémica con Albert Esplugas

En este último artículo me gustaría aclarar mi posición concreta sobre el tema de los órganos. Como expliqué, a lo largo de la discusión Albert me puso varios ejemplos para intentar demostrar que mi teoría de la justicia basada en el punto de vista rawlsiano lleva a situaciones absurdas que nadie en su sano juicio aceptaría- contraría el sentido moral.

Mi teoría de la justicia argumenta que cuando distribuimos los recursos de una sociedad, debemos hacerlo tomando base en el mérito. Entiendo por mérito la existencia de elecciones. En una sociedad justa, todo el mundo tendrá las mismas oportunidades de tener éxito en la vida y eso significa que sólo las elecciones deberán justificar las diferencias. La idea es que cada individuo debe tener los mismos recursos-es un concepto más amplio que riqueza- al principio de su vida y esos recursos pueden ser utilizados como se quiera. Para Albert, esto lleva a negar la individualidad de la persona. La suerte- dice albert- nos pertenece.

Como ejemplo Albert me invitó a pensar en el caso de los órganos. ¿Es injusto una situación de que una persona nazca sana con dos riñones mientras que sólo necesita uno para vivir mientras que otro nazca con una enfermedad que le hace necesitar un riñón? Es evidente que ninguno de ellos ha hecho ningún mérito o demérito para tener su situación, luego, según mi teoría, no hay ningún principio de carácter ético. Que se oponga a ello. Alber me preguntó si yo estaría a favor de redistribuir órganos. También me decía que me olvidara de consideraciones pragmáticas: ¿existe alguna razón de tipo ético que me lleve a oponerme a ello? Mi respuesta corta fue “No, no existe”.

Sin embargo, lo que nos debería interesar no es la respuesta corta, sino la respuesta global; de nuevo “la diferencia entre la civilización y la barbarie, es el matiz”. Si comparáramos las respuestas cortas  de Albert y las mías sobre dos puntos distintos; el tráfico de órganos y su redistribución. Yo me opongo tanto al tráfico como a la redistribución de órganos; Albert en cambio, sólo se opone a la redistribución; el tráfico le parece esencialmente legítimo.

Lo que Albert critica de mi argumento es que mi oposición se deba sobre todo a razones pragmáticas. Esencialmente, no creo que sea posible expropiar ni comerciar con órganos sin que eso lleve a situaciones que sí tengo claro que serían indeseables (más al final).

No obstante, Albert me pide que olvide que deje a un lado esa situación e imagine que sí fuera posible. ¿Cómo debería razonar una persona rawlsiana?

En primer lugar es un tema difícil. Es evidente que cuando hablamos del cuerpo de alguien no es lo mismo que cuando hablamos de su cuenta del banco. Cobrar impuestos no es lo mismo que expropiar riñones y la diferencia es de naturaleza, no de grado. Por eso, yo le argumenté a Albert que es un caso especial y se podría admitir una cláusula especial para el tema del cuerpo. En otras palabras, una idea de justicia basada en el mérito no es vulnerable a una crítica de este tipo.

En segundo lugar ¿qué estaría la gente dispuesta a aceptar? Si recordáis mi crítica al “sentido moral”, el problema es que si las cosas que intuitivamente nos parecen aceptables no son las mismas que las que nos parecen aceptables después de mirar de cerca; más importante, si la realidad fuera otra, es posible que cosas que nos parecen inaceptables nos parecieran aceptables. En Europa mucha gente creyó durante mucho tiempo que un sistema con corte capitalista era menos justo que un sistema sin propiedad privada. No obstante la experiencia del sovietismo hace que hoy ese punto de vista sea visto como una excentricidad. Si pensar con nuestro sentido moral en situaciones reales puede llevarnos a error si no hay un razonamiento que lo justifique, pensar en situaciones irreales tiene bastante de absurdo. Es decir, Albert no puede presentarme situaciones irreales e indignarse cuando esa situación lleva a resultados que nos contrarían moralmente.

Pensad en ello. Imaginad dos países; en uno de ellos la expropiación de órganos es legal y en el otro es ilegal. De repente, hay un virus desconocido que hace que un 50% de la población morirá en un plazo de 10 años si no se le transplanta un riñón. En el país dónde es legal se redistribuyen y la gente se salva: 0 víctimas. No obstante, el país dónde es ilegal empieza a morir gente. ¿Seguirían las convicciones morales de la gente intactas? Mi predicción es que no, y es una predicción que encuentra bastante base histórica en cientos de instituciones consideradas “sagradas” en un momento y que dejaron de serlo más tarde cuando se vio que las otras funcionaban mejor.

Por supuesto, mi ejemplo asume hipótesis improbables, pero lo que quiero mostrar es que cuando aplicamos nuestra teoría a ejemplos hipotéticos, no es suficiente con aplicar nuestro “sentido moral” actual; hay que entender que esa hipótesis, nuestro sentido moral sería de hecho distinto.

En tercer lugar, ¿Cuál es mi postura sobre el tema? ¿Creo que se deben redistribuir o permitir el comercio de órganos? Es un tema sobre el que no tengo una postura definida. Obviamente el cuerpo humano no es, como he dicho, lo mismo que la cuenta en el banco. Por otro lado sigue pareciéndome injusto que haya gente que muera porque necesita un transplante mientras que, por ejemplo, hay mucha gente que decide no donar sus órganos, no ya cuando está viva y sólo necesita un riñón, sino también cuando muere. En otras palabras, desde el punto de vista ético, no tengo una postura definida sobre el asunto.

No obstante eso no significa que no tenga una postura en general, porque INCLUSO si me pareciera deseable no se me ocurre ninguna forma- ningún mecanismo institucional- que pudiera funcionar para ponerlo en práctica. De forma que mi postura es netamente la contraria.

Conocemos dos mecanismos institucionales para asignar recursos: los mercados y las asignaciones directas (expropiación+reasignación). Desde luego, no creo que haya ninguna forma de diseñar un mecanismo institucional del segundo tipo que funcione- sabemos las cacicadas que ocurren con las expropiaciones de terrenos, no me imagino nada parecido en relación con los órganos. Por otro lado tampoco que fuera necesario. Hoy día la expropiación de bienes está en franca retirada como mecanismo de gestión administrativa porque suele ser más fácil comprar bienes en los mercados con dinero recaudado vía impuestos. Imagino que en el hipotético caso de que la expropiación fuera viable, también sería viable la definición de derechos de propiedad; sería mejor limitarse a comprar en los mercados y reasignar, redistribuir renta y legalizar el tráfico, o subvencionarlo (esos son los mecanismos que se utilizan para los medicamentos).

Soy además (muy) escéptico respecto a que un mercado, incluso muy regulado, pudiera funcionar. La indisponibilidad de los propios órganos es algo que PERMITE a mucha gente pobre no tomar decisiones equivocadas en momento de desesperación. Por la misma razón que no legalizamos el suicidio o la automutilación, hay bastantes argumentos-pragmáticos- para no legalizar la compraventa de órganos, y sí en cambio las donaciones bajo supuestos muy restrictivos.

¿Qué tipo de medidas me parecen razonables para paliar la injusticia de que haya gente que nazca con ventajas genéticas respecto a otras? Pienso por ejemplo que la sanidad debe ser esencialmente gratuita en estos casos, así como los cuidados paliativos. A diferencia de Albert, no considero que cobrar impuestos al señor que está sano y tiene dos riñones para garantizar que está a punto de morir porque le faltan los dos riñones tenga acceso a cuidados paliativos, sea un atropello ético; al contrario creo que es una exigencia de la justicia y no hace falta ser rawlsiano para pensarlo.

De forma más general, pienso que la “ética de la libertad” que defiende Albert, aparte de ser probablemente difícil de sostener, llevaría a situaciones que nos parecen moralmente horrenda, no sólo en casos hipotéticos, sino también actualmente. Incluso si uno no se adhiere a la idea de libertad Rawlsiano (como la posesión de una cantidad justa de recursos), los sitios dónde el Estado es débil están mucho más lejos de ser “sociedades abiertas” que aquéllos dónde hay una intervención razonable.

One Response to “Justicia social y desventajas anátomicas; aclaraciones sobre mi polémica con Albert Esplugas”

  1. Albert Esplugas Says:

    Hola, intentaré responder este fin de semana.

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