Justicia distributiva y desventajas anátomicas; respuesta a Eduardo Robredo
A lo largo de la discusión, Albert y yo hemos hablado de temas como la posibilidad de traficar con órganos o redistribuirlos. Esta discusión ha parecido tanto a Eduardo como a los comentaristas de su blog, bastante divertida, o al menos eso parece cuando uno lee los comentarios. Os copio un párrafo que creo que resume bien lo que dice.
La mayoría de las personas “corrientes” necesitarían sólo un poco de sentido común para rechazar una propuesta tan extravagante, pero los igualitarios sofisticados necesitan algo más: “análisis de impacto de riesgo y de factibilidad”. De la misma forma, los anarcocapitalistas sofisticados necesitan una axiomática iusnaturalista para justificar el tráfico voluntario de órganos humanos.
Por fortuna, la práctica moral no se basa en un racionalismo burocrático y vitalmente ineficaz, sino en experiencias reales arraigadas en la evolución natural y en las tradiciones culturales. En este sentido, traficar con órganos humanos choca con intuiciones casi “humeanas” sobre la entidad ética de los cuerpos, y expropiar órganos humanos choca con otros principios éticos y jurídicos bastante elementales, como el habeas corpus
Lo que Eduardo nos recrimina, si no lo interpreto mal es que razonemos basándonos en argumentos lógicos o lingüisticos sobre si algo está bien o mal, dejando a un lado el “sentido moral”. Dado que Eduardo se dirige a Albert y a mí de forma conjunta, no voy a hacer diferencias entre la posición de Albert y la mía, sino sólo defender los términos en los que hemos discutido sobre el tema.
Lo que Eduardo llama “sentido moral” es algo parecido a la intuición. Hay cosas que nos parecen bien y cosas que nos parecen mal. Tanto cuando hablamos de moralidad como hablamos de política, todos tenemos nuestras opiniones, nuestros puntos de vista sobre qué es justo o injusto y Eduardo lleva razón en que esas opiniones no son el producto de un “racionalismo burocrático” sino de tendencias evolutivas, etc…
Sin embargo, el problema de ese “sentido moral” es que es una forma un poco brutal de ver las cosas. ¿Cómo diferenciamos entre un sentimiento de envidia y uno de injusticia? ¿Cómo resolvemos un conflicto entre dos visiones de dos personas distintas? ¿Cómo resolvemos una duda interna nuestra entre dos intuiciones contradictorias? Esos conflictos existen y el “sentido moral” no nos dice nada sobre cómo resolverlos
Para resolver esos conflictos necesitamos razones o, mejor dicho, un razonamiento que permita diferenciar entre intuiciones del sentido moral fundadas y las infundadas. Existen básicamente dos tipos de razones para oponerse o estar a favor de un hecho. Vamos a llamarlas “éticas” y “pragmáticas”. Las pragmáticas tratan de lo que es posible y las éticas de lo que es deseable.
Veámoslo con un ejemplo. Pensad que estamos discutiendo introducir el sadomasoquismo como asignatura obligatoria en preescolar, arguyendo que el sadomasoquismo ayudará a los niños a desarrollarse mejor y a llevar una vida sexual plena cuando mayores. En general, podemos esperar que el “sentido moral” de prácticamente todo el mundo considere que es una mala idea. Nadie en su sano juicio estará a favor de que a sus hijos o los hijos de los demás se les enseñe a servirse de la fusta y el cuero en su más tierna infancia.
No obstante, esta oposición debe fundamentarse en algo. ¿Cómo convenceríamos a alguno de los defensores de la enseñanza del sadomasoquismo? Una razón de corte ético sería por ejemplo argumentar, como hacen los cristianos, que el amor y el sexo etc,… es un regalo de dios y que la práctica misma del sadomasoquismo es inmoral, luego por muchos beneficios que tenga, no se debe enseñar. Una razón de corte pragmático sería decir que existen estudios que niegan que el sadomasoquismo sea realmente bueno para el desarrollo del niño.
Normalmente, ambos tipos de razones se encuentran imbricadas. Nuestro “sentido moral” es una mezcla de ambas: creencias éticas y creencias pragmáticas; pero separarlas es útil para llevar a cabo la discusión sobre si esas intuiciones están o no fundamentadas.
Esto es importante en cierta medida porque muchas veces metemos todo bajo una misma etiqueta: la de la ética. El razonamiento ético suele ser más accesible y más sencillo y por eso nos permitimos afirmar que cosas como el comunismo, el capitalismo, el aborto, el tráfico de órganos, la homosexualidad, las dictaduras etc,… son “inmorales”. En el pasado esto también fue afirmado sobre cosas que hoy consideramos totalmente normales: la incorporación de la mujer al trabajo, las relaciones sexuales prematrimoniales, la democracia, la libertad de prensa, el derecho de huelga, los derechos fundamentales podían ser consideradas como contrarios al orden moral, terribles, contrarios al derecho natural, etc… No obstante, esas creencias desaparecieron cuando este tipo de cosas se implantaron en distintas sociedades.
Lo que este tipo de evoluciones muestran es que, como efectivamente apunta Eduardo, mi argumento asume que en realidad no somos conscientes de las razones que motivan nuestro “sentido moral”. Solemos pensar que se trata de razones éticas, cuando en realidad son razones pragmáticas. Pensad en la democracia; todos los debates que se llevan a cabo sobre la democracia hablan de términos éticos “la soberanía popular” “la justicia” etc… Sin embargo, el estudio de las transiciones políticas nos explica que el apoyo que existe hacia el régimen vigente en un país (democrático o no) depende de lo igualitariamente que esté distribuida la renta y lo próspero que sea el país. La impresión es que resulta posible “comprar” las convicciones morales de la gente o mejor dicho, que las razones éticas son, en realidad, razones pragmáticas. “In the long run you can always buy people”
Por esa razón, mi punto de vista es que hay que desconfiar del “sentido moral” y minimizar el impacto de las razones de corte ético. Creo que es un punto de vista que comparto con Eduardo que tiene escrito un post sobre “no deshojes una margarita”o una sección llamada “ética animal”. El problema es que es imposible deshacerse completamente de las razones éticas ya que los motivos pragmáticos se apoyan en ellas. Cuando yo argumento que el sadomasoquismo no es bueno para el desarrollo del niño, necesito una razón de corte ético para definir qué es bueno para el niño.
Tenemos entonces un problema: sabemos que el sentido moral es demasiado arbitrario, que hay muchas cosas a las que nos oponemos por razones éticas pero en realidad es por razones pragmáticas y sin embargo necesitamos “algo” para hablar de ética.
Una primera estrategia sería adoptar un conjunto de reglas parecidas a las que adoptamos en las ciencias para “descubrir” qué es bueno o malo. Esto daría lugar a algo así como una “ciencia moral”. Soy entusiasta respecto a ésto-es decir, me gustaría mucho que fuera posible y que tuviéramos una “ciencia moral” con la misma solidez que, digamos, la física. Pero soy también fundamentalmente escéptico-a menos que recurramos a dioses y entes objetivos- respecto a que sea posible y en cualquier caso constato que, de momento, esa “ciencia moral” no existe.
El sustitutivo de Albert y mío para huir de la arbitrariedad del sentido moral, la estrategia para resolverlo es formular un principio relativamente general y relativamente abstracto que explique qué es lo que consideramos ético y qué no. El principio de Albert es la “ética de la libertad” (grosso modo, el respeto de la propiedad privada) mientras que el mío es teoría de la “justicia Rawlsiana” (grosso modo, basado en la idea de mérito) (con matices, no sé cuál es exactamente la posición de Albert y yo no soy realmente Rawlsiano, pero para el caso es lo mismo). La ventaja es que es una forma de hacer que nuestro razonamiento sea coherente y no arbitrario: nos permite separar las intuiciones éticas legítimas (justificadas por el principio) de las que sólo se apoyan en prejuicios infundados. Nos obligamos a justificar esas opiniones. Si Albert quisiera decir que la homosexualidad es inmoral debería argumentar según las reglas de la propiedad privada, si yo quisiera hacerlo, debería decir que hay un argumento meritocrático que se opone. En ningún caso podríamos simplemente decir que nos parece mal.
Tomemos el caso del tráfico/expropiación de órganos. Eduardo dice que para una persona corriente, ambas cosas son absurdas. El problema es que si lo que intentamos es encontrar un razonamiento que justifique esa oposición, necesitamos razones; de orden pragmático o de orden ético.
En el caso de Albert, existen razones de orden ético para oponerse a la expropiación, pero estar a favor del tráfico (la propiedad privada lo justifica). En mi caso, soy escéptico respecto que existan razones de orden ético para oponerse a ninguno de los dos; pero sí razones de orden pragmático-hablaré de ello en el próximo articulo. De ahí mi frase “necesitaría un análisis de riesgo y factibilidad”. Eduardo no nos ofrece su propio razonamiento, se limita a decir que choca con principios éticos bastante elementales, es decir, apela al sentido moral del individuo. El problema es que hemos dicho que el “sentido moral” en el fondo, es algo que puede llegar a engañarnos porque no diferencia entre razones pragmáticas y éticas, y no es posible decir si es acertado o no. El razonamiento basado en el sentido moral es irrefutable; no se pueden señalar sus fallos. Pero, como ¿sabemos que está basado en principios no arbitrarios? Supongamos que mi sentido moral no me dice lo mismo que el de Eduardo ¿cómo podría Eduardo convencerme? Imagino que su táctica consistiría en citar ejemplos históricos, etc… pero eso no nos permite diferenciar entre algo que es deseable y algo que no es desable.
Sin embargo, si no tenemos un principio general al que adherirnos, no hay una forma de razonar o reflexionar sobre este tipo de cosas. Espero por tanto que Eduardo exponga cuál es su teoría de la justicia, o en qué principios más o menos generales y coherentes se apoya para descalificar las posiciones de Albert y la mía. ¿De dónde sale el sentido moral? ¿Como lo descubrimos? ¿Como lo volvemos operativo?
Queda la pregunta de saber si este tipo de discusiones son útiles on solo una colección de Bizantinismos. Mi respuesta intuitiva sería que, en el fondo, la idea de tener un blog es poder esparcir los bizantinismos y obsesiones ontológicas propias sin soportar la mirada de los demás y siendo leído de todas formas. Si ponéis “masturbación intelectual” en google, sale este blog.. Una respuesta un poco más elaborada sería-que es lo que haré en el próximo artículo- decir que sí, en el fondo este tipo de discusiones carecen de aplicación real y yo acepté hablar del tema de los órganos porque Albert me interpeló expresamente, pero no creo que sea un problema serio. Y por otro lado, sí pienso que es útil someter una teoría de la justicia a casos concretos para ver cuánto nos defrauda y si lo hace, si es un resultado de una incorrecta interpretación de la misma o de que realmente está mal formulada.
Nota: he enriquecido la versión original con un par de comentarios que me hizo Eduardo por mail.






Noviembre 25th, 2008 at 0:03
A ver. Como parte integrante de los que ven cierta comicidad vuestra discusión y brevemente porque no quiero entrar en discusiones ad infinitum, que:
Por supuesto que hay que establecer un criterio de demarcación válido entre lo que es moralmente aceptable y lo que no. Y que no te quepa duda que las ciencias naturales proporcionan las mejores herramientas para conseguirlo.
Pero una cosa es establecer ciertos criterios morales mínimos tanto mirando a la historia como comprobando que resultan adaptativos tales criterio y otra cosa muy diferente y del todo excesiva es establecer un principio general, axial o troncal, al que adherirnos puesto que una machada como esa, la de establecer una ética maximalista que determine si una determinada acción es moral o no, excede con mucho la capacidad humana como reiteradas veces lo han dejado claro autores como Hayek a propósito de las instituciones y la moral, no te quepa duda, es sin duda otra institución.
Un poco desarrollo esa idea en un post mío:
http://hector1564.blogspot.com/2008/11/contra-la-izquierda-moralista.html
Tú y Albert, confucianos irredentos, me recordáis este pasaje de Borges:
Los hebreos y los chinos codificaron todas las circunstancias humanas; en la Mishnah se lee que, iniciando el crepúsculo del sábado, un sastre no debe salir a la calle con una aguja; en el Libro de los Ritos que un huésped, al recibir la primera copa, debe tomar aire grave y al recibir la segunda, un aire respetuoso y feliz. Análogo, pero más minucioso, era el rigor que se exigía Teodelina Villar. Buscaba, como el adepto de Confucio o el talmudista, la irreprochable corrección de cada acto, pero su empeño era más admirable y más duro, porque las normas de su credo no eran eternas, sino que se plegaban a los azares de París o de Hollywood.
Saludos
Noviembre 25th, 2008 at 8:04
Yo no he hablado de una ética maximalista; he hablado de un principio operativo, que es distinto. No respondes a mi pregunta ¿cuál es la alternativa?
Precisamente porque las circunstancias cambian y son imprevisibles, las teorías de la justicia deben ser muy generales, y no una colección de casos individuales.
Noviembre 25th, 2008 at 16:45
Y yo he hablado de y criticado a todo principio general, axial o troncal, al que adherirnos y tu vas y te inventas un sinónimo nuevo, a saber, principio operativo. Da igual es eso, eso es lo que critico.
Aclaremos. En un momento del post dices: la estrategia para resolverlo es formular un principio relativamente general y relativamente abstracto que explique qué es lo que consideramos ético y qué no.
Y yo te niego la mayor ¡No hay necesidad de estrategia! Por ejemplo, Hilbert buscaba una estrategia (un algoritmo) para poder solucionar cada teorema matemático. Gödel demostró que eso era imposible, que las matemáticas no tenían forma de ser fundamentadas y extraer por tanto un método o estrategia con el que solucionar cada problema matemático.
Con la ética pasa lo mismo. Tenemos medios para caso por caso y siempre ayudado por ciencias empíricas como la historia o la biología determinar si tal acción es moral o no aunque puedan existir acciones que como ciertos teoremas matemáticos sean de difícil resolución. Pero no existe un algoritmo o estrategia general para determinar si cada acción es moral o no.
Y si Rawls no hizo una ética maximalista (o tal vez no me hayas entendido bien pues también es llamada ética de máximos) pues entonces no sé que decirte ¿Tú que consideras que es una ética maximalista? Porque, vamos, cuando se ponen ejemplos de tales éticas en los libros de filosofía Aristóteles y Rawls no fallan…