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El Coliseo

El etnocentrismo es un humanismo

Al hilo de nuestra historieta de ayer, os enlazo el bonito post etnocéntrico que ha colgado nuestro compañero Luzbel.

Allá en cuarto de carrera, primer semestre en la ilustre universidad ParisI Sorbona fue convidado a asistir a la clase de derecho comparado. Mi idea preconcebida de en qué debía consistir el derecho comparado era, grosso modo, una clase de introducción al Common Law. Cuál sería mi sorpresa cuando en la primera clase consistió  en un discurso bastante antisistema. El profesor nos decía que cuando entrábamos en la estructura universitaria, nos forzaban a abandonar nuestras ideas preconcebidas y que ello era una forma de violencia. La “normas” y los “mecanismos de represión” nos inculcaban la convicción de que existía una “verdad jurídica.Acto seguido nos explicó que la misión del comparatista era ir hacia el otro”, operar una “desterritorialización no sólo geográfica, sino también intelectual” y abandonar sus opiniones preconcebidas para poder entender la “différance”.

En un primer momento la idea me seducía; al haber estudiado derecho en dos países distintos soy consciente del ombliguismo que padece una parte interesante de la comunidad jurídica y me interesaba ver hasta dónde podía llevarnos lo de abandonar los prejuicios propios. Es cierto que para el yonki de la autoridad que hay en mí, este señor era un poco iconoclasta, especialmente cuando nos dijo que la universidad era una “estructura de poder” dónde el “capital intelectual” estaba desigualmente repartido y por supuesto, eso establecía un “centro” y una “periferia”-dónde obviamente él y nosotros estábamos situados- y que hacerse comparatista suponía hacerse “rebelde” o convertirse en un “marginal” que intentaba apoderarse de esos “medios de producción intelectual”.

La cosa empezó a desbarrar cuando empezó a decir que para él el derecho no era una disciplina técnica, sino una cuestión esencialmente cultural, también me causó cierta repulsa su defensa enardecida de la “teoría feminista del derecho”, pero fue ya cuando nos habló de Texas cuando las cosas fueron realmente mal. Él nos explicó que considerar que la pena de muerte era una cosa de bárbaros era una actitud etnocéntrica y paleta porque en Texas era algo admitido como esencial y correcto y decir que los Texanos eran menos civilizados que nosotros era etnocéntrico. Al término de la clase me acerqué a él y le dije”profesor, he creído detectar en su punto de vista un cierto relativismo” y él me respondió “No ha creído ver un cierto relativismo, ha visto usted un relativismo cierto”. Yo le repliqué que aunque es cierto que las cosas tienen una base cultural, hay también cosas que son menos o más inconsistentes y en cualquier caso también hay cosas que funcionan mejor que otras ¿no ha leído usted a Dworkin? Un alumno que estaba al lado y mehabía oído me replicó que eso era en el fondo revivir la idea de la misión civilizadora, el imperialismo, etc, etc… a lo que el profesor asintió como que era una visión etnocéntrica.

Entonces  yo estuve por decirle “El etnocentrismo es un humanismo”

One Response to “El etnocentrismo es un humanismo”

  1. Ender Says:

    Ciertamente nos invade y abruma la tendencia cada vez más extendida a recuperar y potenciar las tradiciones, el pasado, las costumbres perdidas del terruño, el acervo cultural de un pueblo, ese legado pisoteado por la modernidad (¿he nombrado ya el capitalismo salvaje?), la sucia tecnología, el imperialismo occidental y la pérdida de valores de nuestra sociedad descreida y bla, bla, bla… (coño, parezco Rouco)

    Yo debí de nacer con un gen que me impide apreciar y disfrutar de tales cosas (creo que Ishcarioth (http://ishkarioth.com/blog/) dijo alguna vez algo parecido sobre él mismo). Donde otros ven sabiduría perdida, yo sólo veo un mayor o menor grado de ignorancia cuando no de barbarie. El disfrute de las “tradiciones” y de la “sabiduría popular” me resulta ajeno y me deja frío, qué se le va a hacer.

    Pero esa idea de que “todo vale” porque forma parte de lo “admitido como esencial y correcto” por un determinado grupo humano, me repatea especialmente. No, no todas las opiniones son respetables. Y sí, muchas costumbres erradicadas (de algunos sitios) son conquistas de la civilización (pena de muerte, por ejemplo). ¿Es esto una visión etnocéntrica? Admito la culpa.

    ¿Los españoles del siglo XVI realizaron sus conquistas “simplemente” por una mayor tecnología, y “por haber sido ellos los que llegaron allí”?. Casi nada… la tecnología suele ser un reflejo más de los avances de una sociedad. En ese momento los pueblos de américa no tenían nada que hacer contra lo que se les vino encima, no importa lo curiosa o “avanzada” que fuera su cultura: la diferencia de sociedades era tan abismal que fueron derrotados no por un ejército organizado, sino por un puñado de desharrapados, hasta ese punto estaban en desventaja. (Esto no supone ningún juicio moral sobre el hecho en sí, si fue bueno o malo, ni siquiera sé si esa discusión tiene mucho sentido, simplemente, fue).
    No tengamos miedo ni falsos complejos a llamar a las cosas por su nombre: desde las costumbres inocentes pero estúpidas (como correr borracho delante de un toro o quedarse sordo a petardazos) hasta las nada inocentes o directamente bárbaras (ablación de clítoris, pena de muerte…)

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