El médico y el economista
Esta bitácora se llama la ley de la gravedad. La razón para ello es un artículo de egócrata, fantástico, que se llamaba “política y ley de la gravedad”. Egocrata y yo creemos ambos que en ciencias sociales existe algo que podemos llamar ley de la gravedad: la gente responde a incentivos. La analogía es, en buena medida, un slogan; lo que estamos sugiriendo es que cuando hablamos de políticas públicas, debemos hacer un análisis de si el grupo de personas implicada tiene incentivos para hacer lo que se supone que deben hacer o no. Si una política pública asume que un grupo importante de gente tiene que actuar de forma heroica es probable que no lo haga a menos que se trate de héroes. Egócrata y yo defendemos que una vez llevado a cabo este análisis, si es hecho correctamente, será en general posible decir si la política pública está bien o mal hecha. Además, ambos pensamos que una vez que evaluamos el esquema, uno tiene que tener en cuenta que está operando con recursos limitados y no en el mundo feliz donde todo es gratis.
Además, lo llamamos ley de la gravedad porque ambas cuestiones (la gente responde a incentivos y nada es gratis) son inevitables. Son nuestras restricciones cuando hacemos políticas. Construir cohetes a la luna supone gastar dinero en combustible y pagar pensiones supone cobrar contribuciones a la seguridad social. Además, ambos defendemos que el mainstream en economía sabe más sobre cómo hacer este tipo de cosas que el resto de la gente y que los discursos gaseosos basados en retórica y no en argumentos que lo critican no deben ser tomados en serio.
A esto, ha habido quién se ha tomado esta visión como una visión mecanicista de la sociedad; la creencia en que todo se rige por leyes inmutables, etc… (e.g. I, II) El debate es en última instancia metodológico y tengo previsto hablar de metodología un día de estos. Pero adelantaré una cosa; yo no creo que en economía, ni en ninguna ciencia social exista algo remotamente parecido a la mecánica newtoniana o la tectónica de placas que permite hacer predicciones igual de acertadas. Tampoco creo que los economistas debamos imitar a los físicos porque trabajamos con otra material, no con partículos. Sí creo sin embargo que todos debemos respetar unos estándares científicos como que las teorías deben ser contrastables, describir la realidad y sobre todo, precisas, coherentes y suficientemente lógicas. Y por esto, también creo que no hay sólo opiniones, también hay cosas que son ciertas y otras que no lo son: la economía es conocimiento objetivo.
Me gustaría aclarar el problema con otra analogía, aunque no estoy seguro de estar metiéndome en otro cenagal. Entiendo que mi artículo anterior era, en el fondo, un pelín autoritario sobre el tema en la medida en que me dedicaba a llamar a filas a la gente sin dar una visión suficientemente argumentada. Para eso, me voy a permitir una metáfora.
Xavier Sala i Martín comparaba su trabajo como economista con el de un médico. Él decía que la gente le pedía consejo sobre cómo hacerse rico y él en general no era capaz de dar ese consejo. La analogía con la medicina no es en absoluto estúpida. Ambas profesiones-los economistas y los médicos- tenemos un conocimiento relativamente bueno de por qué ocurren las cosas. Pero ambos tenemos un problema: a la hora de hacer diagnósticos, tenemos que interpretar un conjunto de síntomas que son sólo variables imperfectas de lo que está realmente ocurriendo.
El papel de ambas profesiones converge también en que nos dedicamos a prescribir remedios. Remedios, es decir, soluciones y ambos lo hacemos sin tener totalmente claro lo que está pasando. El médico observa que el paciente tose igual que el economista observa los datos de la inflación y a continuación dice lo que piensa que está ocurriendo. En general, tengo entendido que un médico experimentado no acierta más de un 70% de sus diagnóstico(es lo que me contaron mis colegas de medicina). Además, prescribimos remedios un poco a ciegas. Los economistas sabemos que cuando la cosa se estanca, uno baja los tipos de interés y aumenta el gasto igual que los médicos apuestan por el paracetamol; pero no sabemos muy bien lo que está ocurriendo. Tenemos en común también que una vez muerto, la autopsia nos revela lo que realmente había ocurrido con cierta fiabilidad.
Por supuesto, los economistas, igual que los médicos, tenemos conflictos en cuanto a nuestras formas de curación y nuestros diagnósticos. Todos conocemos aquéllo de la “segunda opinión en medicina” con el añadido de que en economía no tenemos una, sino normalmente cientos de opiniones a la vez. Además, los médicos también varían en sus métodos. Cuando yo era niño tenía un problema de espalda y el traumatologo y el médico rehabilitador se peleaban sobre si el problema se solucionaba con gimnasia o con un Corsé. También tenemos visiones distintas a la hora de evaluar el riesgo, de atribuir valores a las variables, etc…
Otro aspecto que tenemos en común con los médicos es que el paciente, a menudo, se resiste al tratamiento. El médico dice al paciente “deje de fumar” o “haga deporta” y el economista dice que el déficit público, corregido por el ciclo debe ser nulo. Cuando el paciente se resiste a veces no pasa nada; Santiago Carrillo es muy mayor y ha fumado toda su vida; pero otras veces sí. La convergencia es también en la misión que tienen ambas profesiones; en ambos casos, se trata de profesionales con conocimientos específicos que suministran interpretaciones de la realidad a gente que está menos informada. Por supuesto, esas opiniones pueden entrar en colisión con los prejuicios de la gente; cuando el médico dice que deje de fumar, el paciente puede decir que su padre fumó toda su vida murió muy viejo. Incluso hay gente que se resiste a ir al médico para evitar un diagnóstico malo.
Un caso agudo es el de los pacientes tozudos. Esos son los que buscan una segunda opinión, y después de la segunda, una tercera y así hasta una octava. Cuando se han hartado se recibir diagnósticos similares este tipo de paciente recurren a la competencia. La competencia de la profesión médica suelen ir desde los remedios de la abuela hasta los curanderos, encantadores de serpientes, adivinos… Éstos últimos, en ocasiones-realmente raras- aciertan-o eso parece- porque al final el paciente se cura y entonces el paciente lo toma como una evidencia de que la “ir al médico no sirve de nada”. Todos conocemos a gente con esta actitud.
Un problema grave es la gente que no tiene la suerte de terminar curándose cuando va al curandero. En general, los curanderos aplican remedios o inocuos- tomate una infusión- o extremadamente duros y arcaicos-cataplasmas y el tratamiento de las sanguijuelas. Y muy a menudo, el tema funciona relativamente mal. Algo semejante ocurre con la economía;un grupo de economistas heterodoxos convencieron a Ronald Reagan de que bajar los impuestos aumentaría la recaudación. Ronald Reagan lo creyó y el déficit subió como había predecido el resto de la gente sensata. Mitterrand creyó que, como le sugerían sus ministros comunistas, se podía imprimir dinero indefinidamente y nacionalizar las principales compañías del país sin que eso causara ningún problema grave. Unos meses más tarde descubrió que, oh milagro, el franco se depreciaba y la economía se estancaba. Con los hidrocarburos ocurre parecido.
Además- y esto debo reconocerlo- es cierto que ambas disciplinas padecen cierto autismo con algunas cosas. Las revoluciones en medicina existen; a veces, hay médicos que empiezan a experimentar con métodos caracterizados de heréticos y resulta que aciertan y descubren algo nuevo.En economía ocurre algo parecido; Akerlof descubrió que con información imperfecta los mercados no funcionaban bien, Stiglitz y Grossman formalizaron y establecieron los límites de la idea del rol informativo de los precios promovida por Hayek, y Kanheman y Tveerski descubrieron que las decisiones no suelen ser racionales.
En común tienen también ambas profesiones que a veces ambas se equivocan. Los economistas no saben predecir crísis, ni tampoco el futuro. Los médicos suelen equivocarse cuando hay lo que se llama un “caso díficil”; una enfermedad extraña o para la que no se tiene cura. Y en en ambos casos, la gente pueden terminar muriendo.
Una diferencia clave, no obstante es el status social de ambas disciplinas. Nadie (digamos casi nadie) duda de que la medicina sea una ciencia y nadie en general propone que en la facultad se de medicina alternativa, vodoo o clase de remedios de la abuela. Cuando hablamos de política sanitaria, en general, nadie argumenta que el mal funcionamiento del sistema sanitario se deba a un problema de método. La gente acepta que cuando se contrae el VIH o un cancer, el caso es difícil y no hay cura para ello salvo que uno tenga mucha suerte. Hay gente, claro, que recurre al Vodoo o a los curanderos en un acto de desesperación. En general, es cierto que la gente reza cuando está enferma, pero nadie deja de ir a ver un buen médico. Además, tenemos instituciones, como el colegio de médicos, que regulan la práctica médica.
Con los economistas no ocurre nada parecido. La mayoría de la gente argumenta que se trata de una “protociencia”, o incluso “pseudociencia”. Incluso hay gente que argumenta que debería darse libertad para funcionar y que hay una pluralidad de métodos para hacer las cosas-del mismo modo que podríamos argumentar que las cataplasmas funcionan mejor que las gotas para los ojos. Una razón es probablemente que la regularidad de los fenómenos económicos es algo menor que la de las patologías sanitarias; los resfriados son todos parecidos, mientras que las crísis energéticas son bastante distintas. Pero no hay que dejarse engañar; los economistas hacemos predicciones relativamente acertadas de fenómenos relativamente sencillos; sabemos que si se produce más moneda los precios suben, que si se produce más de un bien, los precios bajan, que cuando un país tiene recursos naturales eso reduce sus posibilidades de convertirse en una democracia. Pero en mi opinión, la diferencia más importante es que en ciencias sociales hay mucha más gente opinando sobre el mismo fenómeno. Cuando hay un caso difícil, hay más gente diciendo cuál es su opinión. Eso hace que los conflictos de opiniones sean más visibles.
Egocrata y yo argumentamos que la izquierda, para estar sana, debe hacer ejercicio, comer sano y tener en cuenta que las malas prácticas terminan saliendo mal. En definitiva, seguir los consejos del médico. Entendiendo que si esto se desobedece de forma sistemática, al final las cosas terminarán saliendo mal. Eso no garantizará que todo vaya bien; ni egócrata ni yo predijimos la crísis actual, ni ninguno de los dos sabemos como curar enfermedades como las desigualdades sociales, la pobreza infantil o las guerras en general. Tenemos alguna idea de como aliviar ese tipo de fenómenos, peor nada más.
A izquierda y derecha hay gente que sí argumenta tener remedios para esas “enfermedades”. Normalmente, suele tratarse del equivalente médico al Electro-shock (en el FMI hubo un grupo de gente que tenía esa teoría durante bastante tiempo) o la sangría con Sanguijuelas. Otros abogan por remedios como el equivalente a la Castración-como “abolir el sistema financiero”-, defendiendo que una vez que hayamos eliminado la fuente del dolor, el dolor desaparecerá.
Egocrata tal vez no, pero yo sí pienso que debe haber una regulación de la profesión; es decir, no “compro” el anarquismo metodológico al que se adhiere por ejemplo, Alberto Garzón. Creo que debe haber instituciones para diferencias a los profesionales de los charlatanes y especialmente de los charlatanes profesionales. Pienso que se debe explicar a la gente la diferencia entre la economía ortodoxa y la economía heterodoxa en los mismos términos en que diferenciamos entre el curanderismo y la medicina seria.






Octubre 23rd, 2008 at 18:14
Muy buen post. Te felicito. Pensé, leyendo los primeros párrafos, que iba a encontrar montones de puntos para discutirte, y ha resultado que no, que estoy bastante de acuerdo con tu planteamiento.
Es una gran comparación la del “médico” y el “economista”. Sólo un par de cosas. Dices:
“Pero en mi opinión, la diferencia más importante es que en ciencias sociales hay mucha más gente opinando sobre el mismo fenómeno. Cuando hay un caso difícil, hay más gente diciendo cuál es su opinión. Eso hace que los conflictos de opiniones sean más visibles”
Bien, yo creo que ése no es el quid de la cuestión. Tú mismo lo dices en otra parte de tu post, el tema es cuáles de esas opiniones no son sólo opiniones… sino teorías contrastables, que describan la realidad, que marquen honestamente sus límites de aplicabilidad, reproducibles en aquellos casos en que aparezcan los mismos síntomas… y si no pasan el filtro de la realidad, deben ser limitadas a su ámbito de validez o, algunas veces, descartadas.
No estoy tan de acuerdo con lo que dices del estatus de los economistas: yo creo que parte de su mala fama entre mucha gente reside en la cantidad de “charlatanes” con estatus de gurú, con voz y voto en las decisiones de gobiernos y que afectan a veces incluso al destino de los países (pienso en Argentina, en Rusia…), que actúan basándose en su ideología o creencias más que en los datos objetivos de la realidad:(http://comoquerais.blogspot.com/2008/10/alan-greenspan-y-la-fe-siempre-me-he.html)
Me dirás que esto también se puede encontrar entre los médicos, incluso entre los físicos… Cierto, pero ahí es más fácil desenmascarar a los charlatanes, y desde luego no gozan del prestigio y el estatus social de muchos de esos economistas.
Pero estoy de acuerdo contigo en que hay que defender el estatus de la economía como ciencia, y que no es tanto una cuestión de métodos como de la integridad en la aplicación de los métodos.
Octubre 23rd, 2008 at 18:56
Citoyen,
Uno de los mejores posts que te he leído. Si yo tuviera que asociar mentalmente la palabra “ciencia” con otra, diría inmediatamente “medicina”, y, como tú, creo que el paralelismo entre economía y medicina es evidente.
El problema de todas estas corrientes que tu llamas “heterodoxas” es que en el fondo son bastante marginales (aunque subrepresentadas en el subespacio de los veinteañeros radicales que componen la blogosfera en gran parte), por lo que, la verdad, no le veo mucho interés a dedicarle tantos posts a desacreditarlo. Una cosa es lo que digan los cientos de alumnos de primero de carrera de economía y otra cosa lo que piensen los pocos que terminan quinto, o se meten a investigación. Cinco años estudiando economia doce horas al día cambian mucho la manera de ver las cosas.
Dicho eso, sí que planteas un debate muy interesante en varios aspectos. Primero la cuestión de la percepción social de la economía. El problema es que todo el mundo opina de economía y todo el mundo acepta ese fantástico principio de “todas las opiniones son igualmente válidas”, incluso cuando se trata de opiniones vertidas por personas (periodistas, escritores, abogados) que, no teniendo casi ninguna idea de economía, tratan de explicarla para gente que entiende menos aún del tema. Yo he optado por aislarme completamente de los medios de comunicación en los últimos meses para no caer en la depresión. Se plantean dos preguntas: (1) ¿qué debemos hacer para extender en la sociedad la percepción de que la economía es una cuestión técnica en relación a la cual todas las opiniones no son igualmente válidas? Yo creo que lo que tú (y probablemente yo también) querrías es aislar aún más a la ciencia económica del resto de la sociedad, para “purificarla” de opiniones de cafetería. Quizá, por seguir con los médicos, deberíamos traducirlo todo al latín. Pero (2) ¿Hasta qué punto es deseable apartar la ciencia económica del debate social? Por lo menos no tendríamos que preocuparnos de las expectativas, pero (y esto me recuerda, como todo, a Asimov) ¿es más fácil, o más difícil para la economía realizar predicciones sobre el comportamiento de agentes que tienen ciertas nociones de economía, o al contrario? Es una cuestión muy interesante. (3) ¿Es realmente posible impedir la proliferación de opiniones peregrinas sobre economía? (4) Hasta que punto lo que antes he llamado “opiniones económicas de cafetería” tienen influencia a la hora de tomar las decisiones como para estar preocupándose de ellas? Al fin y al cabo los analistas de los bancos son siempre economistas de carrera y los ministros de economía lo son casi siempre. No estoy seguro, pero algo me dice que hay muy pocos marxistas en puestos técnicos de relevancia. (5) ¿Es bueno para el progreso de la ciencia económica el cerrar espacios a este tipo de corrientes “heterodoxas” simplemente porque la mayoría de los economistas creamos poder demostrar que sus argumentos son, básicamente, incorrectos? Yo creo que no está tan claro.
En fin, ahí dejo eso. Como ves muchas preguntas y ninguna respuesta.
Octubre 23rd, 2008 at 22:59
Según mi entender, y teniendo presente el artículo del NYTimes, Roubini era uno de esos charlatanes que no entraban en la ortodoxia. Mira por donde no iba tan desencaminado.
Octubre 23rd, 2008 at 23:07
Una matización:
Yo no te he acusado de pensar que la realidad social se asemeje a la mecánica newtoniana, sinó de querer darle a un método validez en todo el rango de variables y problemas sociales. Te replico nuevamente el socioconstructivismo puede servir para explicar fenómenos sociales como el nacionalismo con mayor poder que el de la elección racional (por mucho que haya una teoría que diga que son las regiones ricas, cuando esto no siempre es así y es muy simplificadora) y porqué es más fuerte en algunas zonas (independientemente de su nivel de riqueza), que une una lengua por ejemplo. Mientras, por ejemplo, en mi cutre-modelo de mediocracia y partidos políticos utilizo el de la elección racional. O por ejemplo, los experimentadores del modelo de la teoría de juegos se encuentran con sorpresas muy raras: en algunos juegos la mayoría de gente opta por la opción más irracional por motivos sociales y culturales.
También te acuso de no ser prudente con las comparaciones. La “ley de gravedad” de 3er grado en lo que son teorías y modelos (o sea leyes que sabemos que no son correctas pero nos son útiles para un rango determinado), está muy testeada en el rango donde los físicos la aplicamos, como para compararla tan siquiera con la “ley social” más sólida que puedas indicar.
Por último tu símil sigue pecando por algunas costuras. Un médico que detecte una fiebre alta, ganglios inflamados y le haga una placa y detecte anticuerpos de la gripe podrá decir con un margen abrumadoramente amplio que el paciente tiene gripe. En cambio en economía no hay ningún elemento de análisis que tenga tanta capacidad de resolución como algunos mecanismos que la medicina moderna tiene para diagnosticar pacientes.
En general, entre otras, no hay dos escuelas de medicina peleadas entre ellas (hay magufos y ciencia seria) y que vayas a que te atienda un oncólogo del Vall d’Hebron o del Monte Sinaí te dará tratamientos muy parecidos. Los premios nóbeles de medicina no dicen cosas que se contradicen entre ellos, en cambio los de economía sí.
Volvemos aquí a equivocarnos seriamente en la metáfora. Una persona que acaba de sufrir una parada tiene una respuesta médica indiscutible: conseguir que vuelva a latir el corazón y aplicaremos masaje cardíaco o una descarga con el desfibrilador o le inyectarán adrenalina o algún medio de estimulación química para conseguir que el corazón vuelva a latir o lata con fuerza suficiente. Pero en cambio cuando un sistema económico sufre un ataque grave los economistas se pelean sobre:
a) LA mejor solución
b) El análisis de las causas del daño
Te puedes encontrar con diagnósticos complicados y la mayoría de fallos es porqué no se hacen las pruebas suficientes (te ventilan en un plis-plas) para reducir costes sanitarios, pero los economistas se enfrentan a problemas que aún con la más alta disposición de datos y herramientas no pueden establecer un diagnóstico definitivo y poco discutido.
Por último, los médicos pueden saber con el cadaver de que ha muerto de una forma más o menos razonable, pero hoy en día aún los economistas discuten sobre que causó el crack del 29.
Octubre 23rd, 2008 at 23:19
Por otro lado lo que secundo con fruición y militancia es que no todo conocimiento es igual, y que hay una jerarquía en las conclusiones. Que se puede definir un conocimiento serio en sociología o en economía y que puede utilizar los mecanismos del positivismo para ir cortando el grano de la paja. Descartando la utilización de modelos predictivos en un problema social frente a otros por su capacidad de mayor predictivilidad (vaya palabro).
No creo en el relativismo epistemológico, pero sí que en sistemas complejos la mejor opción es analizar el problema con todas las herramientas que tenemos y optar por la más útil o ir creando diversas aproximaciones cada vez más finas que vayan incluyendo en las ecuaciones las conclusiones que van sacándose de diversos fenómenos.
Una persona puede actuar condicionada por lo que los sociólogos socioconstructivistas definen como valores sociales y culturales, pero también a la vez actuar en base a la elección racional o incluso en base a una identidad de clase marxista. Todo a la vez, lo único que en determinados aspectos de su vida prevalecerá un aspecto sobre el otro, aunque en el fondo todos se notarán. Para escoger su vivienda seguramente influirá con más fuerza el modelo de elección racional, pero por ejemplo si escoge vivienda de compra o de alquiler podemos considerar como relevante la influencia sociocultural (como ocurre en España), y en cambio la elección del barrio podría influir más su identidad de clase (un hijo de clase alta intentará permanecer en barrios de clase media-alta o alta a pesar que tal vez, la vivienda que podría comprarse en ese momento en una elección racional con respecto a lo que puede beneficiarle es la de clase media).
Algo que niega la elección racional: el socioconstructivismo, cuando se considera la única verdad, deja de explicar porqué hay fenómenos como las modas, porqué se invierten esfuerzos y dineros en cosas que tienen “valor social” pero no económico y desde una perspectiva de elección racional no tienen mucho sentido. El propio método considera que el consumo es un medio y no un fín o una acción social. Tengo una necesidad y en base a unos incentivos y un cálculo de coste/beneficio con un margen de error emocional y de asimetría de información realizo una acción de consumo. Cuando el consumo en sí mismo tiene un valor social y la propia acción de consumir es un fenómeno social. LA gente no va a facebook porqué tenga una utilidad racional, sinó porqué “compra” con su tiempo un valor social.
Bueno, me he enrollado más y seguramente al igual que los politólogos cuando entran en la física meten algo la gamba, los físicos metidos a sociólogos también nos pasa.
Octubre 24th, 2008 at 3:19
Varias cosas:
“Uno de los mejores posts que te he leído. Si yo tuviera que asociar mentalmente la palabra “ciencia” con otra, diría inmediatamente “medicina”, y, como tú, creo que el paralelismo entre economía y medicina es evidente.”
Eeeh…no. La Ciencia de las Ciencias, el modelo ideal, es la Física.
Todas las demás, en distintos escalones, vienen detrás.
Y, poniendonos puntillosos, la “Medicina” es un híbrido de ciencia y tecnología.
Jose:
“Yo no te he acusado de pensar que la realidad social se asemeje a la mecánica newtoniana, sinó de querer darle a un método validez en todo el rango de variables y problemas sociales”
Esencialmente de acuerdo. Quizás la polémica vino de usar una metáfora de una ley física para algo social. Nadie pensó, como dices, en hacer mecánica newtoniana de la economía. Pero sí empezar a rodar un poco a través de metodologías más estandarizadas y contrastables (dentro de lo que buenamente sea posible).
“no hay dos escuelas de medicina peleadas entre ellas”
Si quieres un día hablo en mi blog de las escuelas psiquiátricas, y te aviso que es para echar a llorar. ¿Peleas? Del estilo de las que hay en Psicología o Economía (o más).
Y eso es una especialidad. En Neurología ya no te cuento lo que pasa cuando en un congreso alguien dice: “diferencias entre cerebros de hombre y mujer”. Sí, hay acumulación científica en un sentido muy claro, pero hay “escuelas”. Claro que las hay.
Con esto no quiero devaluar la Medicina: ojalá la Psicología o la Economía fueran la mitad de fiables o tuvieran la mitad de consenso científico. Pero las especialidades que conozco por su proximidad con la Psicología no tienen ese consenso abrumador que teóricamente suele pensarse.
“No creo en el relativismo epistemológico, pero sí que en sistemas complejos la mejor opción es analizar el problema con todas las herramientas que tenemos y optar por la más útil o ir creando diversas aproximaciones cada vez más finas que vayan incluyendo en las ecuaciones las conclusiones que van sacándose de diversos fenómenos.”
Totalmente de acuerdo. Algo así he defendido en mi blog. Creo que va en el espíritu de lo que estamos proponiendo en general, como agregador.
“Algo que niega la elección racional: el socioconstructivismo, ”
Lo cierto es que ya Kahneman se cargó la teoría de la elección racional, con aquello de la racionalidad limitada…lo cual viene a dar la razón más a los neokeynesianos.
No sé, me da la sensación de que discutimos sobre semántica pura y dura. En el espíritu creo que estamos aproximadamente de acuerdo.
Octubre 24th, 2008 at 8:38
Excelente debate. Enhorabuena a todos. He aprendido más en estas dos semanas leyendo las entradas de Neoprogs que en todo un año brujuleando por la blogosfera.
Octubre 24th, 2008 at 9:24
HOla a todos;
No sé cómo hacemos pero a pesar de que intento evitar por todos los medios el debate metodológico, al final el debate vuelve a salir. Lo que yo he argumentado en este artículo no tiene que ver con fundamentos epistemológicos; tiene que ver con estándares de comparación cuando uno toma decisiones políticas. Yo he propuesto que el tipo de “críticas” que se dirigen a los economistas por el ciudadano medio se apoyan en razones similares a las de los médicos (falta de precisión en las predicciones, simplificación, etc…) pero la gente no recurre al curanderismo por esas razones y en cambio sí recurre a corrientes heterodoxas en economía. Supongo que es porque la gente cree no saber nada de medicina pero mucho más de economía.
Borde; Roubini es tremendamente ortodoxo; otra cosa es que la gente no le hiciera caso. Algo parecido ocurría con Shiller. Escribí un post sobre el tema de predecir crísis hace un tiempo.
Jose; me vale tu matización. Las críticas que haces al modelo de elección racional tiran sin embargo sobre un hombre de paja; algo parecido le pasaba a Alberto con la lucha de clases. Los condicionantes culturales se pueden modelizar, igual que las “estructuras”. Y elegir racionalmente no implica asumir que la gente es lista; sólo es una estrategia para resolver problemas que tiene el valor de evitar conceptos gaseosos y ser suficientemente austera como para hacer predicciones falsables. http://homepage.newschool.edu/het/profiles/samuelson.htm
Pero no quiero hablar de metodología en este post; a ver si tengo tiempo y publico una serie de post sobre metodología; la tengo en papel-esquematizada, pero tengo que encontrar el tiempo de escribirla. Si a alguno os interesa, hice un trabajo (en inglés) este verano sobre el tema dónde los argumentos están más elaborados de lo que estarán en la serie.
Un saludo
Octubre 24th, 2008 at 11:35
Citoyen:
Se puede modelizar desde la elección racional, pero cuando se modeliza se considera como “ruido” o “distorsiones” al elemento esencial: la elección racional.
Pero lo que yo afirmo es que para explicar algunos fenómenos sociales como el nacionalismo es más fácil desde el socioconstructivismo y no desde la elección racional. Mejor dicho, desde la elección racional tendrás una explicación, desde el socioconstructivismo otra, y ambas me atrevo a afirmar son correctas. Lo único es que la segunda dará más información.
A veces el efecto irracional, o los elementos socioculturales no son los elementos “de segundo grado” en las ecuaciones, sinó los significativos. McLuhan ya demostró que por ejemplo, ante la televisión no actuamos de forma racional primero (eso viene después) sinó emocional y casi fisiológicamente (podría haber un modelo conductista de nuestros usos televisivos). Por no irme a que es difícil desde el modelo de elección racional entender la influencia de los mass-media como han hecho desde Habermas en adelante. Y vamos descartar toda la sociología de los mass-media porqué desde un modelo en concreto no se puede alcanzar, por más que sea también una construcción de relato, pues es perder gran parte de poder epistemológico (joder que palabros que utilizo).
Octubre 24th, 2008 at 11:37
Ah.. una cosa, yo hice en mi tesina un modelo falsable que tenía una parte importante de socioconstructivismo detrás, y lo valoró un sociólogo muy empirista (Castells).
http://joserodriguez.info/component/option,com_docman/task,doc_view/gid,1/Itemid,38/
Octubre 25th, 2008 at 22:15
Sí, deecía lo del trabajo por si alguien quiere que se la mande, que no lo dije
Octubre 29th, 2008 at 9:28
Pásamelo, aunque no sé si estaré a la altura de entenderlo (lo digo en serio, no es pose).
Diciembre 2nd, 2008 at 18:01
[...] Pero, haceos la pregunta: ¿Cómo debe uno abordar un área que no conoce? Si seguimos con el caso del médico, uno va a la seguridad social y mira en el catálogo. En el caso de los economistas, uno mira en [...]
Marzo 27th, 2009 at 8:38
Como bien dice Jose R. no hay escuelas médicas enfrentadas sobre las razones de un paro cardiaco, por lo tanto la comparación es inútil. No tiene valor de cambio ni de uso, y con la propia comparación te retratas, amigo economista: por mucho que lo pretendaís, nunca tendréis estatus de científicos. Sois unos charlatanes. Eso es todo. Con títulos y masters y premios Nobel, y leyes y curvas y gráficos, y con cargos importantes en los gobiernos, pero charlatanes y poco más. Y lo peor de todo es que en vez de reconocerlo, os dais aires científicos, y salís con comparaciones tan ridículas como ésta.
Julio 6th, 2010 at 19:26
Hola Citoyen,
No me cabe más que felicitarte por este artículo excelentemente redacatado, y con un contenido muy sensato. En un mundo tan complejo como este, de tanta información y contra información, es necesario tener algo claro: El método.
Tu escrito me ha gustado, y has incidido claramente en la cantidad de diagnósticos y tratamientos posibles que tenemos en economía. Seguramente en tanto en cuanto nuestra economía se hace más y más compleja la cantidad de diagnósticos posibles crece exponencialmente, y eso genera infinitas dificultades.
Pero a pesar de asumir esta disparidad de criterios económicos, no parece que los diferentes gobiernos de la tierra la estén asumiendo. Objetivamente, parece haber ciertas tendencias marcadas en todos los economístas que dirigen las políticas económicas del mundo. Hace dos años había que aumentar el gasto público, y con sus matices todo el mundo lo hacía. Hoy hay que recortar el déficit, y todos lo hacen de la misma manera servil y unidireccional.
Bien es cierto que hay un mercado y una economía mundial y que todos los que estén dentro de ese circuito deben jugar con sistemas parecidos, pero me preocupa sobremanera la casi inexistente oposición en ambientes políticos (no económicos e intelectuales) a estas doctrinas que se venden a las sociedades como únicas y posibles, cuando estas doctrinas de inevitabilidad han demostrado su fallo tantas veces en las últimas décadas.
Eso me lleva a pensar que hay un trabajo por hacer de proporciones enormes cara a difundir esta realidad, trabajo titánico ciertamente.
Saludos,