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Contra la herencia; aclaraciones y respuestas

El post sobre la herencia ha llegado a ser bastante más conflictivo de lo que yo esperaba. De hecho, cuando lo escribí, esperaba que todos reaccionaran-todos no, claro, de Eduardo me lo esperaba- diciendo que, al fin y al cabo, era algo obvio y evidente. Nada más allá de mi intención. En este sentido, dado que creo que me he expresado mal en algunos aspectos, vamos con un par de aclaraciones y, a continuación
Sólo un criterio

Lo que yo propuse-quería proponer- en el anterior post era un criterio de demarcación de qué es la izquierda. Un criterio, para ser bueno, debería tener en mi opinión dos caracteres:

  • Positivo Ser una forma de sistematizar/operacionalizar nuestras intuiciones. La mayoría de los criterios de delimitación izquierda-derecha tienden a estar sesgados donde se atribuye a una de las partes la defensa de un aspecto bueno y a la otra de un aspecto malo. Como expliqué en el post, delimitar a la izquierda implica conseguir meter en el mismo saco a Marx, Stuart Mill, John Rawls, Adam Smith, la ilustración; pero también a Fidel Castro, a Stalin, etc… al mismo tiempo que dejamos fuera a otra gente.
  •  Normativo:debe además, permitir resolver determinados casos límites mediante esa sistematización de las intuiciones. ¿Son los anarco-capitalistas de izquierdas? ¿lo son los social-liberales? ¿qué hay de la izquierda cristiana?

Por supuesto, ése criterio no será en general exacto, sobre todo si de lo que se trata es de delimitar una ideología. Y no será exacto porque las ideologías son, siempre, un producto de la historia; son forma de identidad colectiva donde se funden un conjunto de cosas que no tienen por qué ser coherentes. Más aquí

Esto significa que el criterio, para ser bueno, no necesita ser perfecto; es imposible que sea perfecto. Eso supondría encontrar una causa única para la pertenencia de una tendencia ideológica a la izquierda-algo totalmente imposible.

2 Ni la parte por el todo, ni al revés

Dos críticas que han salido dentro del debate es la acusación de no ser humanista-pretender reformar tecnológicamente la naturaleza humana en unaespecie de “transhumanismo” y otra la de ser utópico- pretender que es posible abolir la herencia.

Más abajo veremos que al menos la segunda crítica está malinterpretada; no obstante quiero hacer una aclaración. Lo que yo propuse era, efectivamente, un criterio en la identificación con una idea- la oposición a la herencia. Esa idea, ha tenido a lo largo de la historia una gran cantidad de interpretaciones distintas.

Ahora la aclaración; el siguiente razonamiento no refleja lo que yo intentaba expresar:

  1. El criterio de oposición a la herencia es una forma de demarcación de la izquierda
  2.  El criterio de oposición a la herencia puede tener interpretaciones utópicas o transhumanistas
  3. Luego se está argumentando que la izquierda es utópica y transhumanista/citoyen defiende el utopismo y el transhumanismo

Esto no es bajo ningún concepto lo que yo he querido expresar; en cambio las cinco proposiciones siguientes SI reflejan mi opinión

  1. La idea de oposición a la herencia es un criterio que describe bastante bien qué ideologías son y cuáles no son de izquierdas
  2. La idea de oposición a la herencia puede tener interpretaciones transhumanistas o utópica
  3. Todas esas interpretaciones serían de izquierdas
  4. Yo soy de izquierdas
  5. Yo no defiendo la idea de oposición a la herencia bajo cualquier interpretación.

Una vez delimitado el terreno, creo que puedo explicar bajo qué interpretacion defiendo la idea de oposición a la herencia.

3 Por qué la abolición de la herencia es deseable y porque no es utópico

Lo cierto es que el artículo anterior no tenía por propósito fundamental defender la idea de oposición a la herencia, sino solamente caracterizarlo como criterio de demarcación de la izquierda. No obstante, casi todos los que me han leído han interpretado el propósito accesario como el central. Creo por tanto que es necesario que organice una defensa un poco más elaborada.

Mi definición de la herencia era, recordemóslo, en sentido amplio-no en sentido legal- como “cualquier forma de transmisión de las oportunidades de padres a hijos”. ¿por qué considero que la herencia no es legítima? Vamos con ello.

En primer lugar quiero formular una pregunta: ¿qué le pedimos a una teoría de la justicia? Personalmente, no creo que exista nada parecido a una “ciencia moral”, o una “ciencia ética”. Los intentos naturalistas-como el de Kenneth Binmore, por ejemplo,- de construir una ética naturalista no me convencen. Y no me convencen porque derivar un criterio normativo de los hechos me parece el triple salto mortal intelectual. En este sentido, lo que yo le pido a una teoría de la justicia es

  1. Que sea coherente con nuestras intuiciones y lo que cotidianamente consideramos como justo, o bueno, o moral.
  2. Que sea operativa y permita sistematizar ese punto de vista eliminando las incoherencias sistemáticamente. Esto es; que permita realizar comparaciones entre Estados de naturaleza posibles para guiar nuestras elecciones y nuestras acciones. Una buena teoría de la justicia debe ser capaz de realizar gradaciones entre Estados de naturaleza de mejor a peor; eso no significa que sus “estados de naturaleza” deban ser alcanzables; es suficiente con que pueda ordenarlos jerárquicamente. Una forma de hacer esto es definiendo una situación idealmente justa y a continuación evaluar la realidad dependiendo de cuanto de aleje de esa situación

En mi opinión, la teoría de la justicia de Ronald Dworkin cumple bastante bien ese propósito. La teoría de Dworkin parte de la distinción (pinchad en el enlace para ver la cita) entre elecciones y circunstancias.

  • Las elecciones dependen de la voluntad; de lo que nosotros decidimos hacer.
  • Las circunstancias, en cambio, están dadas- no las elegimos.

El ideal de Dworkin- en realidad de todo el “liberalismo igualitarista” es que en una situación idealmente justa, las diferencias de “utilidad”-satisfacción individual, etc,… sólo son legítimas cuando derivan directamente de elecciones individuales. En cambio, las causas dadas exógenamente, no son legítimas.

Si A y B tienen inicialmente 50€. A decide jugarlos a la ruleta y termina sin nada; esa desigualdad de 50€ es legítima. Si por el contrario deriva del hecho de que los padres de B son ricos mientras que los de A no lo son, entonces la desigualdad no es legítima. Si uno decide cortarse un brazo, es razonable que termine sin el brazo aunque ellolo ponga en situación de desigualdad; si por el contrario se lo corta otra persona,es también razonable pensar que no será así.

La sistematización de Dworkin  (voy a simplificar)se hace a partir de un mercado de seguros hipotético. Imaginemos, nos diría Dworkin, que sabemos que uno de nosotros tiene la posibilidad de tener una enfermedad. Esa enfermedad deriva de una característica genética; no la hemos elegido ni hemos tomado un riesgo. Sin embargo, no sabemos quién de nosotros la tiene. En esa situación, es probable que algunos de decidan asegurarse; en función de su actitud hacia el riesgo. Ahora supongamos que por el contrario, ya tenemos la información de que uno de nosotros ha contraído la enfermedad. En esa situación, es probable que el número de gente que decida asegurarse sea distinto y, de hecho, no decidan asegurarse.

Lo que Dworkin argumentará es que las distribuciones del riesgo que resulten en cada caso, no deben ser distintas para ser justas.  Si el hecho de contraer una enfermedad no depende de uno no es razonable que el nivel de satisfacción individual cambie cuando uno la contrae. El argumento es a continuación generalizable a todos los riesgos posibles.

Dos aspectos vale la pena que sean resaltados. La visión es operativa y no es utópica. La idea es que el riesgo- la amenaza de oportunidades determinadas exógenamente- debe repartirse de forma igualitaria en la sociedad; no así los resultados. Esto nos permite realizar elecciones correctamente. Para realizar cualquier proceso de elección tenemos que pasar dos filtros

  1. Aquéllo que es posible: si algo no es posible, no hay elección que valga.
  2. Aquéllo que preferimos: de entre las cosas que son posibles, elegir racionalmente implica seleccionar el mejor-o el menos malo- de los resultados posibles.

Pongamos un ejemplo. Supongamos que tenemos que pensar en diseñar dos esquemas institucionales dónde, para simplificar, sólo hay una variable que cuenta, digamos la variable “ser rubio” o “ser moreno”. Además, sólo importa una cosa en la vida: tener una novia con los ojos azuales. A continuación, llamamos a nuestro científico social que nos explique qué esquemas institucionales son posibles y bajo qué costes. (Como aquí sólo está la variable del color de pelo, no introducimos relaciones de coste de oportunidad, pero el esquema es operacionalizable para hacer elecciones más extensas). El científico nos describe 2:

  • En el esquema A la probabilidad de tener una novia con los ojos azules para un rubio es de 0,5 y para un moreno de 0,4
  • En el esquema B, la probabilidad de tener éxito para un Rubio es de 0,1 y para un moreno de 0,8

Si partimos de una situación en la que los individuos ya saben si son rubios o morenos, es razonable que el moreno defienda el esquema B, mientras el rubio argumente que el esquema A es mejor. Sin embargo, sí que es probable que, sin saber a quién le tocará hacer qué color de pelo, ambos elijan el esquema B; donde el riesgo es menor.

¿Como afecta esto al problema de la herencia? Cuando digo que hay que neutralizar el efecto de la herencia, lo que estoy diciendo no es que haya que prohibir la herencia legal, o igualar genéticamente a todos los individuos (¡por dios!). Lo único que estoy defendiendo es, de todos los esquemas posibles, es necesario elegir aquél en el que los aspectos hereditarios tengan un impacto menor en las posibilidades objetivas de tener éxito en la vida.

Esto no va desde luego tampoco contra la “naturaleza humana”. No estoy proponiendo reformar genéticamente a la gente; estoy diciendo que de todos los esquemas institucionales posibles-previa consulta con el arquitecto- debe elegirse aquél en el que el impacto de las diferencias genéticas- y en general todos los rasgos hereditarios no elegidos- sea mínimo.Por qué? Porque “full insurance o exogenous risks is a social optimum”

NOta: By the way; no creo que nadie razonable deba estar leyendo este post sin haber leído el de kantor antes sobre la crisis internacional. Hale hale, vayan buenas gentes

17 Responses to “Contra la herencia; aclaraciones y respuestas”

  1. J Says:

    “Lo único que estoy defendiendo es, de todos los esquemas posibles, es necesario elegir aquél en el que los aspectos hereditarios tengan un impacto menor en las posibilidades objetivas de tener éxito en la vida.”

    Bien, siempre que asumamos que esta elección implica, como todas, un cierto número de renuncias o compromisos. Si lo planteas como un win-win, entonces me temo que estás más cerca de la izquierda utópica que de otra cosa.

  2. Mario Says:

    1º. Creo que sigues teniendo un serio problema de “márketing”. Eso de “abolir la herencia” sigue sonando horriblemente radikal. Nadie quiere oir eso; otras expresiones como “limitar el efecto desigualitario de la herencia” suenan mucho mejor.

    2º. Sigo pensando que las herencias sí deben tener impacto en las oportunidades de un heredero. ¿Qué sucede cuando la herencia procede del trabajo del fallecido -es legítima- y quien la recibe es su hijo -por ejemplo?

    Aquel que se esfuerza no sólo lo hace para lograr el bienestar propio, sino también el de los que le rodean. Mi padre no trabaja sólo para vivir mejor él, sino para que viviésemos mejor sus seres queridos. Es decir, su riqueza es legítima, y debe poder disponer de ella como quiera. En el momento de su muerte, sea con testamento o ab intestato (tácitamente acepta el reparto legal), enajena sus bienes adquiridos legítimamente (por sus acciones personales) a sus hijos/otros herederos. Y aquí es donde tu visión cojea: en el momento en que enajena sus bienes de forma no onerosa (donación o sucesión), quien los recibe no ha trabajado por ellos, así que no proceden de su elección personal. ¿Hay diferencia efectiva entre el coche que he recibido de mi padre -recientemente fallecido- por sucesión y el ordenador que me regaló hace un año estando vivo?

    Ambas adquisiciones se han hecho a título gratuito, así que no son producto de un esfuerzo (una elección individual).

    Si abolimos la herencia, ¿debemos abolir los regalos?

    Igual se me ha ido la bola (si es así avisadme), pero mi mente no ha dado para más.

  3. jesús Says:

    Totalmente de acuerdo en que nuestras intuiciones sobre la cuestión de la herencia son de las que mejor manifiestan nuestra posición en el eje “izquierda/derecha”, pero también creo que son intuiciones en general demasiado emocionales, y que, además, cambian mucho dependiendo de lo que creamos que podemos heredar (o dejar en herencia) cada uno en cada momento.
    Los profesionales de clase media, como yo, con poco patrimonio económico y un respetable “capital intelectual”, tendemos a pensar de modo instintivo que está mal que se herede por el morro una finca del copón, pero que está bien empeñarse en dar una formación “de élite” a nuestros hijos (p.ej., yo a la mía la llevo al Colegio Alemán, además de acostumbrarla desde pequeñita a que existen cosas como los libros, la universidad, los congresos, otros países, etc.). El otro día me contaba un amigo rumano que, en los tiempos del comunismo, las clases sociales se habían sustituído allí por “clases intelectuales”: p.ej., se consideraba una tragedia que el hijo de un médico se casara con una obrera, aunque por ley ambos ganasen lo mismo.

    ¿Qué pasaría con este otro tipo de herencia en un sistema “de izquierdas”? En mi opinión, a las emociones morales debemos llevarlas a pasear con correa, porque muerden al adversario demasiado pronto. Yo creo que es mejor un sistema de impuesto sobre la renta verdaderamente progresivo, y en todo caso, algún tipo de impuesto sobre las grandes fortunas (mortis causa, o en vida), y, no necesariamente frente a esto último, algún sistema que incentive el que dichas fortunas hagan fuertes inversiones sociales.

  4. El blog de Albert Esplugas Says:

    Citoyen sobre la herencia…

    Citoyen dedica varios posts (1,2,3) al tema de la herencia y su relación con los valores de la izquierda. Me centro en su tercera entrada y su justificación de limitar la herencia por ley. La base de su argumentación es la idea de que es ilegítimo …

  5. Eduardo Says:

    Yo sigo sin entender lo que dice Citoyen basándose en Dworkin. Es que no lo comprendo, se puede decir que “no lo pillo”….así que sigo pensando lo que he escrito y quizás por eso estoy más cerca de lo que ha argumentado Esplugas.

    Lo único que estoy defendiendo es, de todos los esquemas posibles, es necesario elegir aquél en el que los aspectos hereditarios tengan un impacto menor en las posibilidades objetivas de tener éxito en la vida.

    Este criterio me parece muy dudoso, en primer lugar, porque se puede dudar de que existan realmente “esquemas libres de la herencia”. En cualquier caso este criterio habría que contrastarlo con la genética científica, no con las intuiciones sobre lo que los ideólogos creen que no es heredable. Y si es que existen tales esquemas de “tabla rasa”, convendría que se especificaran, ¿cuáles son?, ¿algún ejemplo operativo?.

    Si no existe realmente “libertad de la herencia” en sentido absoluto, si no nos podemos librar y es indeseable librarse de la herencia natural y cultural, entonces “abolir la herencia” es definitivamente un caso de utopismo.

  6. Mario Says:

    Eduardo, creo que con “abolir la herencia”, Citoyen quiere decir en realidad (si no es así, corrígeme) “abolir los efectos desigualitarios de la herencia”. Como dije en el primer comentario de este hilo, si los bienes de la herencia han sido adquiridos legítimamente –siguiendo el razonamiento de Citoyen, son producto del esfuerzo individual–, ¿no puede el dueño legítimo disponer de ellos? Lo normal es que la gente trabaje no sólo para sí, sino para mantener a sus seres queridos. ¿No sirve acaso el mismo razonamiento que justifica la abolición de la herencia para justificar la abolición de las donaciones, al no suponer estas un esfuerzo para el donatario?

    Mi duda es ¿qué hace que la izquierda se haya centrado tanto en la herencia? ¿Quizá una reminiscencia romántica del significado del término? Una vez eliminados los privilegios formales, ¿acaso no se convierte la herencia en una simple transmisión de bienes (que puede gravarse igual que una donación o una compraventa de bienes patrimoniales)?

    Desde mi punto de vista, tanta obsesión con la herencia –en sentido jurídico o amplio– es un error.

  7. Eduardo Says:

    Bueno, si lo que se quiere decir es que es preciso reparar algunos efectos desigualitarios de la herencia, entonces no se trata en absoluto de “abolir la herencia”. La “herencia” en sus distintas acepciones no se puede “abolir”, es así de sencillo. “Abolir la herencia” no puede ser el lema para una izquierda racionalista y positivista. Incluso es basante sencillo reducir la discusión al absurdo: ¿la propia izquierda no desea dejar una “herencia” a la sociedad -y aún la humanidad- que dice servir?

    Por otra parte, mientras la discusión se subordine a criterios ideológicos (como ser de “izquierdas” o ser “progresista”) hay muy pocas posibilidades de llegar a algún lugar. Militancia y racionalidad suelen darse en proporciones inversas.

  8. Citoyen Says:

    Hola a todos;

    Ando un pelín pillado de tiempo así que no voy a poder responder a todo de momento; intento echarle un vistazo mañana por la tarde. Vamos con un par de respuestas rápidas.

    Jesús; un punto que debería haber aclarado en en el post.

    “En mi opinión, a las emociones morales debemos llevarlas a pasear con correa, porque muerden al adversario demasiado pronto.”

    Totalmente de acuerdo con esto. Pero esa es la razón por la que creo que uno necesita una teoría moral que discipline y sistematice las emociones. Todos razonamientos son producto de la aplicación de una teoría-de una teoría moral, en este caso. Si uno cree que el mérito es el criterio; debe serlo siempre y las excepciones responder a alguna forma de reglas. Esto es lo del “Accidental theorist” como diría Krugman. Quiero decir, cuando hablamos de política y decimos si algo es bueno o malo, estamos manifestando nuestras intuiciones morales-siempre. Adherirse a una teoría sirve para apoyar esas intuiciones en un esquema más amplio y general que debe ser coherente y no sólo en nuestros prejuicios.

    Eduardo, creo que está bastante claro que lo que estoy argumentando tiene que ver con los efectos desigualitarios. Vamos, lo pone en el párrafo que citas. En el lenguaje de la teoría del seguro de Dworkin se podría decir “asegurarse contra el riesgo de nacer en una familia “mala”, no, en ningún caso, “abolir la familia”. A eso me refiero con la transmisión de las oportunidades.

    Mario/Albert; una teoría de la justicia sirve para hacer comparaciones interpersonales de utilidad/satisfacción. (Mario, por cierto, te ruego no te lo lleves al terreno personal; es el primer paso para que la discusión vaya a mal). El argumento de los seres queridos está bien, pero hasta dónde debemos llevarlo. Alber-imagino, dado que es libertario- defenderá una concepción histórica de la propiedad- dónde lo que cuenta es cómo se adquirió originariamente y a continuación la distribución inicial debiera ser intocable porque sino, estaríamos vulnerando la distribución justa inicial. A mí es algo que me causa problema. Hablemos, por ejemplo, de la servidumbre; si el padre de Juan era un siervo-digamos, a través del principio romano dónde uno podía enajenar su personalidad- y el de Pedro su amo, debe juan ser el siervo de pedro? ¿No trabajó el padre de Pedro duro para lograr que su hijo tuviera un status privilegiado?Los puestos de funcionario, las servidumbres personales, etc,… no se pueden hereadar. La idea de que tus derechos individuales deben depender de lo que otros hayan querido hacer contigo no sólo es contraintuitiva; es estrechamente antiliberal.

    Por último, cuando hablo de oposición a la herencia, el término ha sido elegido, efectivamente, por razones de “marketing” que ya apunté; se trata de enlazar con una corriente ideológica con la que me siento identificado. No es obsesión, por cierto; es un argumento rabiosamente actual a nivel de la reforma del Estado del bienestar http://www.lorem-ipsum.es/blogs/laleydelagravedad/?p=23 los estados de bienestar menos basados en la familia y más en la ciudadanía (los escandinavos) son mucho más igualitarios que aquéllos dónde el componente hereditario es más fuerte (el modelo Bismarck-continental). Sobre le tipología echad un vistazo aquí http://ego-marx.blogspot.com/2005/10/tipos-de-estado-del-bienestar.html. Y, además, crecen más rápido.

    Mi propósito era demostrar que además, esta idea es, de hecho, una buena idea que corresponde con las intuiciones de prácticamente todo el mundo en el mudno civilizado. De hecho, yo argumentaría que esto es así por razones evolutivas; las sociedades basadas en el mérito tienen ventajas evolutivas claras, pero esto es algo mucho más intuitivo de lo que estoy bastante menos seguro. http://www2.gsb.columbia.edu/faculty/jstiglitz/download/papers/1998_Economic_Consequences_of_Income_Inequality.pdf

  9. Eduardo Says:

    los estados de bienestar menos basados en la familia y más en la ciudadanía (los escandinavos) son mucho más igualitarios que aquéllos dónde el componente hereditario es más fuerte (el modelo Bismarck-continental). Sobre le tipología echad un vistazo aquí http://ego-marx.blogspot.com/2005/10/tipos-de-estado-del-bienestar.html. Y, además, crecen más rápido.

    Tendrías que haber empezado por ahí, dando ejemplos históricos. Ahora está más claro, o al menos hay algo donde contrastar. Quizás por formación me cuesta entender los modelos económicos abstractos si no están respaldados con casos históricos.

    Después de leer la mención a la herencia en el “Modelo Bismarck”, me he acordado inmediatamente del retrato de la aristocracia prusiana que hace Peckinpah en “La cruz de hierro”.

  10. Mario Says:

    De acuerdo con Eduardo en que la mención es muy aclaratoria. Pero te has escurrido con un argumentum ad logicam bastante curioso: asumes que la mención de un asunto personal a modo de ejemplo implica que quiero llevar la discusión a un terreno estrictamente personal, cosa que no es cierta. No creo que quepa interpretar ninguna intención sensacionalista –puesto que en ningún caso digo que la situación sea real y no una mera abstracción hipotética.

  11. Albert Esplugas Says:

    Albert -imagino, dado que es libertario- defenderá una concepción histórica de la propiedad- dónde lo que cuenta es cómo se adquirió originariamente y a continuación la distribución inicial debiera ser intocable porque sino, estaríamos vulnerando la distribución justa inicial.

    Sí, pero mi post no trata de eso, te contesto en tus propios términos (igual que Mario: la herencia tiene un origen exógeno para los hijos, pero es producto de una elección en el caso de los padres, como toda transacción en el mercado vista del lado del recipiente. Luego la satisfacción que extraen los padres de saber que la herencia será transmitida debe contar según tu modelo).

    A mí es algo que me causa problema. Hablemos, por ejemplo, de la servidumbre; si el padre de Juan era un siervo-digamos, a través del principio romano dónde uno podía enajenar su personalidad- y el de Pedro su amo, debe juan ser el siervo de pedro? ¿No trabajó el padre de Pedro duro para lograr que su hijo tuviera un status privilegiado?Los puestos de funcionario, las servidumbres personales, etc,… no se pueden hereadar. La idea de que tus derechos individuales deben depender de lo que otros hayan querido hacer contigo no sólo es contraintuitiva; es estrechamente antiliberal.

    No veo la relación entre transmitir/donar tu propiedad con transmitir tu status de esclavo, a menos que consideres equiparable ser un esclavo (o esclavizar a otro) con tener unos ahorros (o traspasarlos). No sé que te dice tu intuición moral sobre eso. La transmisión de la herencia es análoga a cualquier transacción en el mercado. Es irrelevante que el recipiente no dé nada tangible a cambio, o que la transmisión tenga efecto justo después de morir el donante. ¿Cambiaría tu juicio si los padres hicieran una donación en vida por la misma cantidad? Si también te parece ilegítimo, porque el recipiento no ha hecho méritos para recibir esa donación, entonces todas las transmisiones de propiedad en el mercado son sospechosas, al menos todas las donaciones. Demasiado para tu “izquierdismo racionalista”, creo yo.

    Mi propósito era demostrar que además, esta idea es, de hecho, una buena idea que corresponde con las intuiciones de prácticamente todo el mundo en el mudno civilizado.

    No estoy de acuerdo. La gente cree en el mérito pero lo vincula a la ética/justicia en el margen. Las personas en general no vemos nada malo en beneficiarnos de nuestros atributos, talentos, circunstancias, suerte etc. De hecho en buena medida “ser persona” consiste en eso (tampoco está claro, como explico en el post, que el mérito sea perfectamente separable y discernible de las causas exógenas). La gente intenta en todo momento sacar partido a sus atributos, talentos y circunstancias, y no siente el más mínimo remordimiento por ello pese a que, según tú, la satisfacción que extraen es “ilegítima”. Por qué tú, Dworkin, Rawls etc. véis esas causas exógenas de satisfacción como algo impropio que hay que reprimir o corregir se me escapa. Además, en relación con la herencia, considera lo siguiente: a nadie le gusta que el Estado grave la herencia cuando se trata de la suya, muchos sí ven con buenos ojos que grave la de los demás, especialmente la de las familias más adineradas (pero de nuevo, si ellos fueran adinerados no querrían que el Estado se inmiscuyera). Sucede lo mismo con los impuestos en general y con los subsidios. Creo que esta realidad no nos dice tanto sobre intuiciones morales de la gente como sobre la envidia y el propio interés.

    Un saludo

  12. zarevitz Says:

    “Si por el contrario deriva del hecho de que los padres de B son ricos”

    Uno no tiene dinero porque sus padres sean ricos, sino porque sus padres se lo dan. Y no sólo heredan los hijos: a veces heredan los padres o los amigos.

    Estoy con quienes piensan que tu ataque a la herencia es un ataque a las transmisiones gratuitas, aquellas que tienen su causa en la pura liberalidad del transmitente. La falta de contraprestación —que el receptor no tenga que ganárselo con el sudor de su frente— es lo que parece que origina tu reproche. (Por cierto, las herencias, lo mismo que las donaciones, pueden estar sujetas a modo y condición, por lo que es concebible un heredero que tenga que hacer algo, ganárselo).

    También puede concebirse que el donante ha elegido al receptor como agradecimiento por algo. Puede haber un hijo que se haya portado mejor que otro con el padre, y el padre se le deje a él la herencia. Hay gente que se trabaja literalmente las herencias (http://www.elmundo.es/elmundo/2008/10/08/cronicasdesdelatinoamerica/1223426273.html). ¿Esta gente no se lo ha ganado? ¿Es ilegítimo que uno pueda agradecer —desde la liberalidad, no desde la deuda— lo que otros han hecho por él?

    De lo que estoy en contra es de la herencia forzosa, que obliga a un padre a dejar un porcentaje de la herencia a los hijos o a un hijo a dejar un porcentaje a los padres. No tenemos que asumir que los padres o los hijos son buenos y que, frente al mejor criterio del donante, se merecen el premio.

    Yo estoy a favor de los regalos y de las cestas de navidad. :-)

  13. Mario Says:

    Zarevitz, si no estas de acuerdo de la herencia forzosa es sencillamente porque desconoces la regulación existente. ¿No sabes que existen causas de desheredación? ¿No sabes que existe un principio constitucional que obliga a los padres a procurar el bien a sus hijos? En consecuencia, la regulación dada por nuestro ordenamiento es bastante razonable.

  14. zarevitz Says:

    Mario:

    Sí, conozco la regulación de los derechos civiles en España, pero eso no quiere decir que esté de acuerdo con ella; sólo con el Fuero de Ayala. ¿Crees que el Fuero de Ayala es inconstitucional?

    En el Derecho común, sin embargo, y en la mayoría de los regímenes forales, tienes que no puedes desheredar a placer, sino solamente por unas causas tasadas. No te permiten desheredar a un hijo porque sea rico y, a tu juicio, no necesite ayuda, o porque creas que no es un buen administrador y ese patrimonio estaría mejor en otras manos, o sencillamente porque creas que no se lo ha ganado.

    No creo que deba existir una obligación de procurar el bien de los hijos (o de los padres, que también son legitimarios) en todos los casos, y mucho menos que esa obligación deba consistir en tener que dejarles 4/5 de tu patrimonio (más si son bienes raíces) si estás sujeto a Fuero de Vizcaya o, si son los padres los que heredan, 1/2 del caudal.

    La herencia, como el cariño verdadero, para el que se la trabaja.

  15. La Ley de la Gravedad » Blog Archive » Justicia distributiva y desventajas anátomicas; introducción Says:

    [...] las últimas semanas he mantenido un debate con Albert Esplugas, que empezó con aquél bonito post sobre la herencia que publiqué algunos posts atrás. El argumento de Albert ha consistido-grosso modo y [...]

  16. Justicia distributiva y desventajas anátomicas; introducción Says:

    [...] las últimas semanas he mantenido un debate con Albert Esplugas, que empezó con aquél bonito post sobre la herencia que publiqué algunos posts atrás. El argumento de Albert ha consistido-grosso modo y [...]

  17. La Ley de la Gravedad » Blog Archive » Justicia distributiva y desventajas anátomicas; respuesta a Eduardo Robredo Says:

    [...] basado en la idea de mérito) (con matices, no sé cuál es exactamente la posición de Albert y yo no soy realmente Rawlsiano, pero para el caso es lo mismo). La ventaja es que es una forma de hacer que nuestro razonamiento sea coherente y no arbitrario: [...]

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