¿Para qué sirve la metodología? Apuntes sobre dos grandes mitos de la posguerra fría
La historia de las ciencias sociales dibuja, hasta cierto punto, un progreso hacia una mayor sistematización y cientificidad en la forma de plantear sus prespuestos y sus conclusiones. Una tras otra, todas las ciencias sociales y naturales han ido cayendo bajo el peso de la metodología prácticamente universal que nos brinda la teoría de juegos y la formalización matemática y deshechando otro tipo de explicaciones menos sistemáticas y más literarias.
Por supuesto, la metodología tiene sus adversarios y es complicado meterlos a todos en un mismo saco ya que comparten muy pocas cosas. Algunos consideran que la complejidad de la vida real no puede capturarse en los modelos; otros que el concepto mismo de ciencia social es una contradictio in terminis y finalmente otros que las discusiones teóricas carecen de importancia y es mejor estudiar historia.
El último gran espacio donde el estudio de la historia y de las estructuras prevalece sobre la teoría y las ciencias es el campo de las relaciones internacionales. Ls clases de relaciones internacionales y los que se denominan expertos en ellas suelen tener un background “humanista” basado en el Estudio de la teoría política, de la historia, etc,… y sin haber tocado un manual de teoría de juegos en mucho tiempo.
La pregunta es; ¿es esto un grave problema? ¿o es al contrario una ventaja? ¿es apropiado? El objetivo de este post es mostrar como saber un poco de teoría de juegos desmonta dos de los paradigmas de la posguerra fría en relaciones internacionales, muy a menudo defendidos por gente de derechas.
Mito nº1: El mundo unipolar
Para muchos, el fin de la guerra fría supone la aparición de un sistema internacional “unipolar”. El génesis de la idea está bastante claro; la guerra fría era la época donde la escena internacional era bipolar y eso es indiscutible. Todos los conflictos mundiales-salvo tal vez el problema de Suez- eran expresión de un gran conflicto ideológico que estaba por encima y que condicionaba el fenómeno. De esta forma, tras el fin de la guerra fría, al desaparecer uno de los polos, estamos en un sistema internacional unipolar: 2-1=1
Intuitivamente la idea tiene cierto sentido y ha habido quién la ha sostenido como una hipótesis empírica clara. Pienso que- de forma errónea [1]- se la ha identificado también con el punto de vista de Fukuyama sobre el Fin de la Historia. Sin embargo, es una idea que no aguanta un examen de cerca.
El problema es que esta teoría no intenta entender por qué el mundo podía ser visto como bipolar durante la guerra fría y por tanto cae en el fallo de pensar que el mundo puede ser unipolar tras las guerra fría. El sistema internacional era bipolar en la guerra fría porque la tensión a nivel sistémico era fuerte; bajo la amenaza de un enemigo donde cualquier movimiento en falso podía conducir a la autoaniquilación, todos los Estados debían posicionarse a un lado o a otro de la lína de separación. Existía una preeminencia de la geopolítica sobre los demás intereses y es esa tensión la que disciplinaba a los dos bandos.
Es posible pensar en ello como un trade-off: integrarse en un bando tiene costes y beneficios. Los costes son la pérdida de independencia; no poder tomar decsiones en solitario y tener que estar de acuerdo con la jerarquía del bando. Los beneficios son en términos de economías de escala; la potencia geopolítica aumenta considerablemente.
Cuando la amenaza geopolítica es muy grande, los beneficios de integrarse dentro de un bando aumentan considerablemente de forma que la estrategia dominante es la de formar parte de un bando. No obstante, cuando el otro bando desaparece, esos beneficios caen en picado de forma que uno de los elementos que estructuran al actor colectivo desaparece. Esto es; teoría de la organización industrial aplicada al sistema internacional: las industrias están más concentradas cuando hay economías de escala. El fin de la guerra fría supone que la amenaza común desaparece y las economías de escala se volatilizan y por tanto la estrategia dominante cambia.
Esto es algo similar a lo que ha ocurrido en muchos mercados con carácter olipolístico. La revolución antitrust ha hecho que ser una empresa pequeña sea mucho más viable que ser una empresa grande. Dado que los prácticas anticompetenciales -que para ser viables necesitan una estructura financiera muy grandes- han sido ilegalizadas, es más ventajoso funcionar como una empresa pequeña y las empresas grandes no tienen por qué absorber a las grandes.
Mito nº2: El choque de civilizaciones
El segundo gran mito ha sido la teoría del “Choque de Civilizaciones” . De nuevo, aquí el problema reside en la incapacidad de sus defensores para entender la naturaleza de los problemas de acción colectivo. Esta visión vendría a decir- no he leído el libro así que esto no es un ataque directo contra Huntington sino contra la interpretación folk que suele hacerse de él- que las estructuras culturales son determinantes en la escena internacional; tras la guerra fría, el espacio internacional quedará segmentado en bloques culturales diferenciados con conflictos en las fronteras.
El supuesto no explícito de esta visión en terminología de teoría de juegos es que las “civilizaciones” son actores colectivos. Este supuesto es rara vez explícito y con buenas razones. La realidad es, sin embargo, que existen otros factores, además de los culturales, que pueden determinar la acción a nivel internacional. Las funciones de utilidad de los actores internacionales son complejas e incluyen muchos factores: económicos, culturales, geopolíticos,…
Uno puede, por supuesto, poner énfasis sobre uno de ellos. Pero en general los defensores de la doctrina del choque de civilizaciones ignoran esta complejidad y por supuesto son incapaces de explicar por qué Francia ignoró a España en Perejil, por qué EUA mira cada vez menos hacia Europa y más hacia Asia, o por qué algunos países árabes son decididamente pro-occidentales.
Esto no ocurriría si uno entiende que los actores realizan “decisiones en el margen” y que lo que cuenta no son los grandes intereses, sino lo que es más ventajoso en el margen.
Reflexión
El problema -o la ventaja según se mire- de negar la categoría de ciencia a las ciencias sociales es que esto nos permite mucha más libertad para plantear teorías con apariencia de ser coherentes.
La visión historicista de las relaciones internacionales no hace sus asunciones explícitas sino que se basa en el “story telling” la sustitución de las visiones científicas por relatos épicos teñidos de prejuicios e ideología. En la medida en que estos relatos de adornan con ejemplos de grandes tendencias históricas, es posible darles una apariencia de cientificidad. La idea del choque de civilizaciones apela a la historia de las cruzadas, al heroísmo histórico, sugiere que las civilizaciones siempre han sido el gran bloque que estructura la acción. La idea del mundo unipolar apela al subconsciente de 40 años de guerra fría con final feliz.
Sin embargo, esto no es en realidad lícito desde un punto de vista epistemologico. Pretender que la historia es una disciplina autónoma se parece demasiado a una “estrategia de inmunización”. Como decía Przeworski:
The idea was to take Marxism and see how much and what part of
it holds up when you apply to it the same standards of inference and evidence applied to any other theory. Althusserian Marxism had this nice trick of having its own methodology, its own internal way of evaluating the validity of its theory. We broke with this approach and said, “No, you have to evaluate Marxism the same way as any other theory. It’s either coherent or incoherent, true or false.”
Las ciencias sociales dependen de la Historia para buscar la corroboración de sus hipótesis, pero la historia depende de las ciencias sociales para formular las suyas.
La formalización matemática tiene eso de problemático: uno debe hacer explícitos sus supuestos y permitir que estos puedan ser chequeados en la vida real. Cuando uno se somete a este corsé metodológico, tenemos varias ventajas. En primer lugar, una cierta austeridad retórica en el relato: ideas que antes debían justificarse con miles de ejemplos para hacer entender a qué nos referíamos pueden expresarse simplemente y aparecer como triviales. En segundo lugar; la verosimilitud es mucho más aparente. Afirmar que lo único que guía la acción de un Estado es su cultura es una aserción muy radical; sin embargo puede colarse en el modelo cuando no es explícita. Es decir, limita considerablemente la posibilidad de hacer afirmaciones extremas.
En definitiva, la sistematicidad es el espíritu positivista llevado a su máxima expresión en la medida en que es mucho más sencillo ver si algo es cierto o falso coherente o incoherente, y eso es, en realidad, lo único que cuenta.
[1] En mi opinión errónea porque mi interpretación de Fukuyama es esta: “si una sociedad quería ser moderna no había más alternativa que la economía de mercado y un sistema político democrático. Por supuesto, no todos querían ser modernos y no todos podían establecer las instituciones y las políticas necesarias para que la democracia y el capitalismo funcionaran, pero ningún otro sistema podía arrojar mejores resultados. “
Nota final: La idea de escribir este post me ha venido leyendo este post . No pretendo sin embargo atacar las posiciones de Eduardo o de J en la medida en qué no sé hasta qué punto comparten lo qu me dispongo a criticar en este post.






Septiembre 4th, 2008 at 19:30
Verás, yo soy materialista y tiendo a pensar que la “cultura”, sea lo que sea, más que modelar, es la cristalización de algo más profundo, y esto incluye las religiones. Por eso la tesis de Huntington -o su vulgarización- me resulta insatisfactoria. Lo que no tengo tan claro es que esos sustratos sean cuantificables y modelizables.
En cualquier caso, no veo resultados -en forma de predicciones cumplidas o de resolución de conflictos- que justifiquen el optimismo sobre la conversión de la historia, la política o las RI en ciencias. Se cuantifica lo que se puede. Por eso la arqueología es la disciplina más fiable dentro de la historia; pero otras cosas son más difíciles de encajar en un modelo, qué le vamos a hacer.
Por ejemplo, ya que mencionas lo de Perejil, ¿estás seguro de que en el episodio se pueden descartar -aparte de la tradicional inclinación de la diplomacia francesa a alinearse con los árabes, como potencia colonial “in pectore”, como ha documentado Pryce-Jones- el “miedo”, el “honor”, la “envidia”, etc, etc…?
Septiembre 4th, 2008 at 19:33
Releo y me temo que no se entienda lo que quería decir en el primer párrafo. Cuando escribo “esto incluye las religiones” quiero decir que éstas pertenecen a la cultura, a la “superestructura”, no a las causas últimas, al sustrato.
Septiembre 5th, 2008 at 21:04
Citoyen, coincido contigo en casi todo, como casi siempre, pero lo que no me cuadra es qué tiene que ver esta entrada con la metodología ???
Septiembre 6th, 2008 at 11:57
Hola Jesús;
No sé si el término metodología es correcto; lo he empleado a raíz de “metodología individualista”, hasta cierto punto como un equivalente de “teórico”.
Lo que intento es ilustrar cómo el compromiso con un programa de investigación téorico/metodológico permite filtrar muchos errores de concepto con apariencia de ser razonables. En el fondo solo es una ilustración del hecho de que las tésis empíricas dependen hasta cierto punto de las teorías y que eso es algo que muchos historiadores ignoran cuando “descubren” grandes tendencias históricas y creen entender qué fuerzas las sostienen.
Octubre 3rd, 2008 at 11:56
[...] deseable. Y para terminar, quiero apuntaros la falta de trasfondo ideológico de todo el conflicto. Lo sentimos; la historia terminó en 1989 la ambición de ser rico es una ambición universal y en cualquier [...]
Octubre 21st, 2008 at 12:57
[...] que esto sea así es porque los seres humanos somos facilmente presas del wishfull thinking. Las reglas metodológicas son precisamente eso: una camisa de fuerza para evitar el wishfull thinking. Eso implica perder pluralidad de opiniones [...]
Octubre 22nd, 2008 at 4:59
[...] que esto sea así es porque los seres humanos somos facilmente presas del wishfull thinking. Las reglas metodológicas son precisamente eso: una camisa de fuerza para evitar el wishfull thinking. Eso implica perder pluralidad de opiniones [...]
Mayo 5th, 2009 at 1:05
estoy de acuerdo con las teorias ok