¿En qué consiste un buen jefe? Teoría organización vs amo al lider
En general, tendemos a pensar que lo que caracteriza a un buen jefe es ser una persona hipercompetente en todos los ámbitos posibles. Por ejemplo; se queja amargamente el PP de que Zapatero no vaya a comparecer en el parlamento para hablar del tema de la financiación. También es un lugar común criticar al presidente por no saber economía “esto te lo explico yo en dos tardes”. Los debates presidenciales suelen estar dominados por esfuerzos de los candidatos de estar al tanto de las minucias más explícitas de todas las políticas posibles “diga, sabe usted cuantas centrales nucleares tenemos en Francia” espetó Segolène a NIcolas;- de modo que no lo sabe eh? Y quiere hablar luego de política energética…
Sin embargo esta actitud entra en conflicto con la realidad y en general con la práctica común en todas las organizaciones del mundo; el jefe no es competente en todas las áreas ni desde luego toma las decisiones en todas ellas. Esto es por supuesto algo que debe ser explicado.
Cuando yo pensaba en escribir este post, escribía en un cuadernito los puntos que iba a tratar y mi novia me dijo que eso era muy sencillo “un buen jefe es el que es amable, simpático, te pregunta si quieres un café cuando se sirve uno, etc”… Lo cierto es que es algo que me hizo sonreír porque no va nada desencaminado; ahora vamos a ver por qué.
Empezaremos con un par de definiciones: un jefe es aquélla persona que está a la cabeza de una organización de personas que trabajan de forma más o menos centralizada. De esta forma un jefe es bueno cuando, dada una definición de en qué consiste una buena decisión, éste maximiza las posibilidades de que esa decisión sea tomada.
Hablaba en el post anterior de en qué consiste una organización. Una organización- decía- no es más que un conjunto de medios humanos y materiales organizados en post de un interés común. La idea es sencilla; Robinson Crusoe en su isla podía hacer lo que quisiera, pero era algo relativamente inhospito porque no había nadie que dibujara comics, no había DJ que dirigiera las partidas de rol, nadie que inventara videojuegos, ni ninguna de esas cosas que hacen de esta vida un mundo agradable. El día que aparece miércoles es posible para ellos repartirse el trabajo; miércoles pescaba peces, y Robinson cultiva patatas. Esto es una organización; todavía no tenemos artículos frikis, pero es más bonito que antes.
El problema es que conforme tenemos más gente interactuando, pueden surgir problemas de coordinación, de reparto, etc… Imaginemos diez Robinsones y diez miércoles; cada vez se hace más díficil controlar si cada cuál hace su parte como debería, y si lo hace como repartimos. En este caso, puede ser más eficiente para todos que nombremos a un tipo que se encargue de supervisar que cada uno haga su parte como le corresponde y a continuación repartir las ganancias en función de una serie de criterios.
El problema de toda organización consiste en conjugar los beneficios de una mayor división del trabajo con los problemas de que el trabajo esté descentralizado. Cada unidad tiene economías de escala al especializarse pero esto genera conflictos de intereses y de autismo a la hora de agregar información. En una organización, no hay nadie que deba tener todas las competencias técnicas necesarias porque el trabajo está dividido, pero esto hace que sea necesario tener mecanismos jerárquicos que coordinen las decisiones y seleccionen la información.
Pensemos en una empresa de jardinería multinacional dominada por gnomos de jardín. La empresa es tan grande que está muy especializada: hay varios territorios (ciudades) con muchas subdivisiones territoriales (barrios). Además, la empresa ofrece muchos tipos de servicios: cortar el cesped, escultura jardinera, jardinería tropical, mantenimiento, etc… La empresa está organizada de forma que existen divisiones funcionales y territoriales en hasta cinco escalones jerárquicos. Arriba del todo está el gran Gnomo jefe, por debajo los directores generales gnomoides, cada uno a cargo de una ciudad, por debajo de cada director general hay varios gnomos especializados en su area, y así sucesivamente hasta llegar a equipos de cinco gnomos con un capataz gnomoide al frente.
¿Qué hace un jefe de un escalón jerárquico en una organización? Fundamentalmente dos cosas:
- Recopilar la información que se le transmite desde abajo
- Aplicar los objetivos que se le marcan desde arriba (tomar decisiones)
Esta labor se hace, por supuesto, maximizando una función de utilidad donde, típicamente, juega un papel fundamental el superior jerárquico (que determina el esquema de incentivos del subordinado).
Volviendo a nuestro ejemplo;El gnomo capataz de cada equipo observa lo que ocurre y toma las decisiones más pedestres sobre el terreno, de acuerdo con los problemas que surgen en el equipo. Vamos a imaginar un problema concreto: la máquina de esculpir arbustos se ha estropeado. Esto es algo que el empleado comprueba por sí mismo: se ha estropeado, deberíamos comprar nueva y se lo comunica al capataz. La misión del gnomo-capataz es hacer de intermediario entre el equipo gnomoide y su superior. Deberá a) recopilar la información necesaria (por qué se ha estropeado? merece la pena comprar una nueva?) y b) tomar una decision ( debo sancionar al gnomo que la ha estropeado?debo pedir una máquina nueva?).
Cuando el gnomo subdirector general reciba el informe tiene varios problemas. La información que recibe sobre la herramienta es de tercera mano; es posible que el capataz solo quiera presupuesto para otra cosa y en realidad no merezca la pena, es posible que lo haya exagerado, etc… Además, él no sabe hasta qué punto la herramienta es necesario ya qu ele falta competencia específica: eso es algo que solo el gnomo que la utiliza puede apreciar ya que a él se le da mejor la contabilidad que la jardinería. El cometido del gnomo subdirector es recopilar los informes de todos los equipos de gnomos y tomar las decisiones pertinentes (dar primas, sancionar) El segundo cometido es dar cuenta de su gestión al gnomo director general que, a su vez, tendrá que hacer algo parecido. Esto es: recopilar información y tomar decisiones.
Lo que uno debe entender es que, conforme subimos en el escalafón, las competencias son menos técnicas y más administrativas. El gran jefe gnomoide no necesita saber esculpir árboles mejor que nadie; su misión es a) Recopilar la información que le transmiten sus directores generales y b) Tomar decisiones respecto de estos (sancionarlos, destituirlos, distribuir el presupuesto, etc…). Las competencias técnicas son más importantes en la parte de abajo el escalafón -el gnomo jardinero debe saber como de útil sería una herramienta nueva, y el capataz debe juzgar si eso es razonable o no- pero a partir del segundo, tercer o cuarto escalón esa competencia técnica pierde importancia.
¿Qué competencias tienen entonces importancia? Bueno, un jefe debe ser capaz de juzgar correctamente lo que hacen sus inferiores y hacerles hacer correctamente su trabajo; esto es, tomar las decisiones adecuadas. Sin embargo, hacerles tomar las decisiones adecuadas no significa saber, uno mismo, cuál es la decisión adecuada. Cuando mi electricista viene a casa, yo le explico que si no me arregla la lampara él no cobrará, pero yo no intento explicarle como debe arreglarme la lámpara. Lo único que le pido es que me explica cuanto me va a costar y si tiene arreglo. Es decir, yo no necesito saber electricidad, más bien necesito tener sentido común. Esto nos lleva a la idea de mi novia: si un jefe es simpático, amable y te invita a café, es más probable que sus subordinnados se esfuercen haciendo su trabajo (recopilar información) y le sean más fieles (le transmitan la información correcta)
En el caso de un presidente del gobierno, esto es más o menos igual. Si un presidente del gobierno fuera un experto en cada uno de los campos que trata la administración general del Estado, no necesitaríamos una administración general del Estado con cuerpos técnicos, solo necesitaríamos auxiliares administrativos que se dedicaran a aplicar lo que dice el presidente. Esto, aparte de ser una utopía totalitaria (¿os suena el fuhrerprinzip?), es algo poco deseable., Lo que debe hacer un presidente del gobierno es marcar objetivos de actuación muy generales, nombrar ministros competentes destituyendo a los incompetentes (tomar decisiones) y leerse atentamente los informes de sus inferiores (recopilar información).
Todo esto es importante porque son estas capacidades las que los votantes debemos evaluar. Contrariamente a lo que se cree, son las maquinarias de partido las que redactan los programas electorales y son los funcionarios los que las implementan en las práctica; la misión de los votantes es controlar a los presidentes cuya misión es controlar a los ministros que deben controlar a los directores generales; pero el control es algo distinto de la competencia técnica.






Agosto 25th, 2008 at 21:05
Muy bueno, la verdad.
Mi novia tras trabajar muchos años en varios Departamentos de Recursos Humanos me dijo algo parecido: los informáticos que ascendían a gerentes de sus empresas cada vez tocaban menos ordenador. Cada vez más se encargaban de hablar con mengano o fulano para conocer la situación de los trabajadores en sus puestos o estaban hablando con clientes.
En resumen: dejas de ser un técnico para ser un político. Y es lo que realmente funciona mejor.
Agosto 26th, 2008 at 22:51
Puesta aqui mi idea parece un poco infantilizada querido
No incorpora a toda la parte de competencia de un jefe. Porque tomando diferentes ejemplos de mi vida profesional: una jerarquia seria que un jefe 1° sea amable/competente, 2° desagradable/competente 3° amable/incompetente. En tercer caso, aun te sirva cafe, como es incompetente no te da ganas hacer bien lo que tienes que hacer. Entonces mis preferencias irian hacia uno quien no me serviria cafe, pero con quien podria aprender mas. Sin embargo estaba muy contenta tener una jefe a la vez amable y muy competente. 
Agosto 28th, 2008 at 7:53
¡Que suerte los que tienen un jefe!
Yo, tengo dependencia orgánica, jerárquica y funcional.
Así que mi jefe -jerárquico- que veo todos los días, no quiere saber nada de mi, aunque si, mi invita a café. Pretende que no le de la lata el director informática -funcional- del departamento, al cual le cuento todas las pífias, pero el de recursos humanos -el orgánico- quiere saber las pífias del director -funcional- de las que me entero a través del jefe -jerárquico- cuando quiere quitar importancia al departamento.
Total, que me veo haciendo carambolas a tres bandas y me resulta imposible tenerlos contentos a los todos por lo que procuro que no se acuerden de mi existencia ni de la de mi madre, de acuerdo a la máxima alquimista: ¡Aléjate del príncipe!
Creo que confundes al jefe (múltiple) con el líder (único). En cualquier caso: ¡Aléjate del príncipe!
Agosto 28th, 2008 at 9:30
Yo de hecho he tenido un jefe que era un excelente profesional y un pésimo jefe. En cuestión de años desmontó una empresa que tenía un capital humano increíble.
Mi jefe actual en cambio siempre te pide tu opinión, aunque luego tiende a delegar demasiado poco. Pero siempre consulta.
El caso del técnico que asciende a jefe siempre es interesante, porque al menos el técnico tiene una base de experiencia previa para juzgar el trabajo de sus subordinados. Aunque el advenimiento de la informática ha hecho que exista una brecha generacional importante que hace que muchos jefes anden ahora perdidos.
Hay un tema muy interesante y crucial que está relacionado: la gestión de la información en las empresas. Un buén jefe te intenta mantener informado de los qués y sobre todo los porqués.