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Archive for Junio 2nd, 2008

Reflexiones sobre la decadencia de Europa: Francia y España comparadas

Lunes, Junio 2nd, 2008

Inventario de de impresiones

Sufre hoy el mundo una grave desmoralización, que entre otros síntomas se manifiesta por una desaforada rebelión de las masas, y tiene su origen en la desmoralización de Europa. (…) Ya no hay “plenitud de los tiempos”, porque esto supone un porvenir claro, prefijado, inequívoco, como era el del siglo XIX. Entonces se creía saber lo que iba a pasar mañana. Pero ahora se abre otra vez el horizonte hacia nuevas líneas incognitas, puesto que no se sabe quién va a mandar, cómo se va a articular el poder sobre la tierra.

J. Ortega y Gasset

Como sabrán los lectores de este blog, he pasado este y los dos anteriores cursos estudiando fuera de España. Los dos años anteriores en Francia (París) y éste en el Colegio de Europa que está en Polonia. Comencé la aventura con una visión franca y honestamente francófila: Francia era el país de la revolución, el sitio donde la modernidad comenzó, la patria de la democracia, etc… Por supuesto, al final de mi primer año en ese país mi opinión había cambiado significativamente. Francia es un país anclado en una cosmovisión (un “equilibrio ideológico”) que podía tener cierta vigencia a principios de los cincuenta, pero que no la tiene hoy. ´La visión cripto-tribalista y plebiscitaria de la democracia, la nula legitimidad de las instituciones y el poder constituido, la desconfianza sistemática de la economía de mercado, etc… Desde hace 30 años los franceses intentan nuevas recetas -siempre fallidas- para remediar su crecimiento anémico. Francia sufre hoy por hoy, una de esas “cognitive trap” que, decía North, causan el colapso de las civilizaciones.

Mi decepción respecto de las instituciones Francesas evolucionó de la mano de un reconocimiento progresivo del sistema político españa. España tiene muchos defectos; nos pasamos el día hablando de cosas absurdas como el nacionalismo, los periodistas son especialmente inútiles, nuestros políticos no tienen carisma y nuestra cultura está basada en la copia y en la imitación sin que nada mínimamente creativo emerja de ella; la creatividad y la ilustración es reprimida o enviada al exilio. No obstante la evolución de España ha sido de alguna forma milagrosa. Cuando uno mira el sitio de donde veníamos (una dictadura, una sociedad subdesarrollada, una sociedad plurinacional etc…), la España de la transición tenía todas las papeletas para convertirse una (ahora ex) Yugoslavia, o en una Argentina.Cuando uno observa los demás países que empezaron con España (Portugal, Grecia, etc…) todos están bastante peor.

España -el sistema político español- ha sido capaz de montar una economía de mercado viable, un crecimiento sostenido en el medio plazo, etc… Nadie en España propone alternativas a la economía de mercado, ni tampoco extrañas recetas ultraconservadoras. Tras el juicio a los GAL, España se ha convertido en un Estado de derecho respetuoso con los derechos humanos, nuestra constitución es probablemente una de las mejor escritas del continente y el sistema autonómico combina, mal que bien, las necesidades de descentralizar determinas cuestiones con la de los bienes públicos comunes. España por último tiene un gigantesco valor añadido -en comparación con Francia- en el hecho de que no nos va el nacionalismo ideológico. España, desde la tragedia del 98 ha comprendido que su grandeza consiste en imitar, no en ser imitada así que, a diferencia de Francia, no pretendemos inventar nuevas -y excéntricas- cosas como “el presidencialismo parlamentario” o “la tercera vía española (francesa) entre el liberalismo y el comunismo”.

Durante este año en Polonia he conocido a gente de casi todos los países de la Unión europea -tanto profesores como alumnos- y es interesante ver la diferencia de visiones. Una de mis decepciones es precisamente el contagio del pesimismo, a la francesa. Todos los profesores nos han repetido -de forma implícita o explícita- que no debemos esperar demasiado del proyecto europeo; lo grande ya ha sido hecho. Europa debe resignarse a ser lo que ya fue, una especie de proyecto de museo. No hablo por supuesto de un sentimiento unánime, pero sí de una visión dominante. Europa tiene miedo, el proyecto europeo no tiene la capacidad de movilización que tenía en el pasado. Por otro lado, el ambiente que se repira en el colegio entre gente que, supuestamente deberá configurar las futuras élites de europa -la apatía política y a menudo el analfabetismo (sobre todo en economía) , el buenrrollismo, la falta de competitividad y de entusiasmo-es hasta cierto punto asfixiante.  Es esa motivación de “no hay futuro, así que mejor caer en el nihilismo” que me recuerda, mucho, demasiado, a Francia.

Crísis, oportunidad e instituciones

In every crisis there is an opportunity. There is one here for Europe now, if we have the courage to take it.

Tony Blair

Estado es, en definitiva, el estado de la opinión: una situación de equilibrio, de estática. Lo que pasa es que a veces la opinión pública no existe. Una sociedad dividida en grupos discrepantes, cuya fuerza de opinión queda recíprocamente anulada, no da lugar a que se constituya un mando. Y como a la Naturaleza le horripila el vacío, ese hueco que deja la fuerza ausente de opinón pública se llena con la fuerza bruta. A lo sumo, pues, se adelanta ésta como sustituto de aquella

José Ortega y Gasset

El fracaso de los dos grandes proyectos europeos de principios de década (económico, la estrategia de Lisboa, político, el tratado constitucional y usar la ampliación como una forma de impulso) han creado esta sensación de pesimismo en el ambiente. Nadie espera que Europa sea el lugar mas dinámico y creativa del tercer milenio; lo mejor está en el pasado. Ortega diría que Europa ha perdido su impulso vital y que las élites han dejado se sentirse responsables de su futuro.

¿Está justificado el pesimismo? Mi opinión es que, en general, no.  Intentaré explicar mi opinión. Mi punto de partida es el siguiente: los problemas de Europa y el pesimismo reinante no son problemas esencialistas que tienen que ver con la identidad o el sentimiento de pertenencia de los ciudadanos, sino basicamente un subproducto de los problemas económicos que sufre el continente. La globalización como fenómeno sociológico ha producido un cambio en el marco de referencia que crea incertidumbre; como se reaccione a esa incertidumbre depende mucho del pesimismo o del optimismo con el que se afronte. Y el optimismo es algo intrínsecamente ligado al crecimiento, la seguridad económica y el desempleo.

Mi visión de Europa es una visión basada sobre el punto de vista de que “you can buy people“, es decir, sobre la ley de la gravedad. Es una visión blairista; los los ciudadanos de Europa esperamos de nuestros políticos no son proyectos grandilocuentes; es crecimiento, prosperidad y empleo. La “crísis” que vivimos no es una fatalidad, es una oportunidad. Si Europa es capaz de generar una respuesta adecuada que devuelva la confianza a sus ciudadanos, tendremos un billete hacia una Europa federal y unificada. Ortega hablaba de ello hace más de setenta años; los titubeos de Europa y de su sitio en el mundo no tienen por qué ser un problema permanente, solo un paso atrás para tomar impulso.Si por el contrario fracasamos, el declive está asegurado.

La pregunta es; ¿En qué medida somos capaces de transformar la crísis en oportunidad?. Eso depende, en buena medida, de en qué medida el sistema institucional es capaz de generar respuestas adecuadas. Y ése es de hecho el problema.

Lo que caracteriza a una reforma estructural es que típicamente genera costes de ajustes. Es una constante del cambio económico; durante el ajuste, la situación empeora (hay crísis, desempleo) , la gente pierde confianza, etc… Además las reformas suelen generar perdedores netos (los trabajadores y empresas dle sector liberalizado, etc….) que suelen estar bien organizados y tener mucho poder de presión (pensad en los pescadores en el momento actual). Desde el punto de vista económico esto se debe a que hay inputs que van a ser destruidos y reemplazados por otro. Los propietarios de estos inputs suelen oponerse a la reforma.

Por esta razón razón se necesitan gobiernos -a los economistas les gusta hablar de liderazgo- fuertes que puedan saltar la parte baja de la reforma (no dar marcha atrás cuando hay huelgas y la cosa se estanca) y en general sistemas institucionales que organicen mecanismos de compensación para que los perdedores netos no bloqueen la reforma. Es decir, hay dos factores: a) Uno debe encontrar la forma menos costosa (politica y económicamente) de reformar el sistema b) La reforma debe ser irreversible una vez que se ponga en marcha.   Y esto depende crucialmente del sistema institucional que el que determina como están repartidos los recursos política. Si hay muchos actores con poder de veto, si los políticos tienen una legitimidad débil, si los que llegan al poder son los extremistas o los moderados, lo populista que es el discurso político, etc,…

Cuando uno mira los matices de cada país en Europa, uno se da cuenta que hay, como dijo Aznar, dos Europas: la que ha reformado su economía y la que no.

España, pienso, está en el lado de los buenos. España vive hoy una crísis tras el estallido de la burbuja immobiliaria. No obstante, soy bastante optimista respecto a la capacidad de recuperación; los sindicatos españoles no bloquearán el país y ningún partido propondrá remedios excéntricos para salir de la crísis, nos limitaremos a aplicar, punto por punto, las recomendaciones de los tecnócrata de bruselas. Las cosas irán mal al principio, pero eso no hará caer a ningún gobierno ni llegar al poder a ningún Mitterrand. ¿Por qué? Bueno, nuestro sistema institucional está diseñado para que sea así. El sistema tiende al bipartidismo basándose en la inevitable lógica del carrito de helados y por lo tanto a remedios ortodoxos (centristas). Los sindicatos son bastante cooperativos y no proponen ir hacia el marxismo. Las administraciones públicas están compuestas por funcionarios absolutamente faltos de creatividad pero que, al menos, no proponen extraños remedios sino que se limitan a memorizar y vomitar lo que ha funcionado en otros sitios. El debate político sobre como salir de la crísis es, esencialmente un debate tecnocrático no ideológico. Por esa razón, por mucho que abominemos de la ley electoral, a mí me parece que funciona bastante bien.

Soy sin embargo bastante más pesimista respecto de Francia. El sistema institucional francés tiene toda clase de perversiones. Los ciclos electorales son escalofriantes y los políticos con talento casi inexistentes Es un sistema que lleva a sus políticos a mentir, donde le margen de maniobra de los políticos es prácticamente nulo ya que hay elecciones prácticamente cada año (votan demasiado), las barreras de entrada son casi nulas con lo que el debate tiende a privilegiar a minorías hiperparticipativas (extremistas y grupos de interés; casi un 40% de la gente vota antisistema, no hablemos ýa de las encuestas que hablan de la opinión que tiene la gente sobre la economía de mercado). Si Sarkozy, el cínico pragmático -el no liberal- no lo ha conseguido, hay ciertamente un problema.

¿Cuál es el problema? Bueno, Francia -y su sistema institucional- lleva veinte años traslandándole sus problemas internos a Europa. Maastricht, el bloqueo de la liberalización del mercado interno, el fracaso del proyecto constitucional, etc… han sido obra de Francia. Los políticos franceses han usado a la UE como chivo expiatorio de su ineptitud (más que los demás países) y han capitalizado sus éxitos sin la menor gratitud. Además por razones históricas, la visión francesa de Europa todavía prevalece -la PAC, la estructura administrativa de la comisión o la permanencia dle francés como lengua de trabajo sobre todo en el ámbito jurídico… Y de alguna forma, el país que se suele tomar como ejemplo de Europa es precisamente Francia. Las opiniones europeas son opiniones a la francesa -antirracionalistas, economófobas,…- el modelo social europeo se entiende como el modelo francés-no el sueco, claro- la euroesclerósis es más fuerte en Francia y la izquierda “auténtica” se supone que es la izquierda francesa, los problemas con la immigración son los característicos de Francia. Y lo cierto es que ese diagnóstico es injusto. Francia dejó de ser el modelo en algún momento de los 70 y no es justo que sigamos considerando que hay una equivalencia entre Europa y Francia.

Europa necesita generar respuestas. Aplicar la estrategia de Lisboa debe ser, de lejos, la primera prioridad de cualquier gobierno. El problema, es que la capacidad de respuesta de cada gobierno es distinta . En el medio plazo, la consumación del declive de Europa depende de la capacidad para reformar nuestra economía. Si la mayoría de países en Europa es capaz de tener éxito en esto, Europa terminará siendo un éxito como proyecto y como continente. Si no es así, las cosas irán mal. Europa no necesita algo genuinamente original -no necesitamos ser la economía más competitiva del mundo de aquí a 2010- necesitamos algo mucho más trivial; crecimiento, empleo y prosperidad, es decir, un mercado flexible y dinámico, un sistema educativo decente y con movilidad y un estado del bienestar viable y que funcione. Todo el mundo conoce las soluciones y sabe lo que hay que hacer, pero la mayoría -y sobre todo los franceses- no han sido capaz de llevarlo a cabo.

Michel Rocard -un rara avis de socialismo decente en francia- explica que cuando Mitterrand anunció su plan de OPA contra el PCF en forma de antigravitación económica, Felipe Gonzalez comentó que “Nosotros no haremos como los franceses”. Va siendo hora de que España -y el resto de países con instituciones funcionales- traslade este espíritu a Europa