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El Coliseo

Industrias de red y el melancólico mundo de la regulación económica

Se queja amargamente Withard de que la nominación de Zaplana en el consejo de administración de telefónica sea, no ya un caso aislado de intervencionismo económico, sino de hecho la regla. Egócrata hablaba el otro día del problema de jubilar políticos y de la ley de incompatibilidades, así que yo hoy hablaré del caso concreto de las industrias de red. Lo que me gustaría defender en este artículo es que, aunque la queja de Withard está justificada, si uno tiene en cuenta el contexto, el pasado y de donde venimos, el tono pesimista y derrotista no lo está en absoluto.

Las industrias de red son esos extraños monstruos que en general están horriblemente regulados y organizados bajo el signo del servicio público cuando, en realidad, son empresas privadas. En general suelen ser grandes empresas como la telecomunicaciones, la energía, el suministro de agua, correos (sobre el que un servidor terminó el otro día una tesina de 90 página así que si alguien quiere contratarme…, fin de la publicidad gratuita),…

1 Un poco de historia

Uno tiene que empezar recordando que, en el pasado, las industrias de red no eran empresas, eran departamentos ministeriales.

Esto se debe a razones históricas. En primer lugar, las inversiones eran demasiado grandes para que un operador privado pudiera hacerlas por su cuenta y solo las infraestructuras del Estado (recaudar impuestos, tener a los tipos mejor formados, etc…) podían juntar los recursos necesarios para ponerlas en marcha. Además las industrias de red eran generalmente lo que se llaman sectores estratégicos (la electricidad, el agua, las comunicaciones,..) ligados a la seguridad nacional. Por último, uno tiene que situarse en el mundo pre-liberal de principios de siglo o de mediados del siglo pasado (la posguerra la reconstrucción,…) donde se consideraba al Estado como el agente principal del desarrollo económico. (en Francia todavía había planes quinquenales en esa epoca)

En ese contexto, correos, telefónica, la electricidad, el agua, eran una parte del Estado como lo son el ejército o la policía. En algún momento de finales de los años ochenta y en el contexto posterior a la revolución conservadora, la ofensiva neoliberal en economía (la escuela de Chicago, etc) y sobre todo en el contexto de la realización del mercado interno con el acta única, alguien pensó que sería bueno liberalizar esos sectores que, o bien eran empresas públicas muy reguladas o bien eran directamente partes del Estado.

2 Economía de la desrregulacion

La teoría económica nos explica que las empresas con competencia funcionan mejor que los monopolios. Las razones son varias y no me voy a parar a explicarlas ahora, pero en general hay que quedarse con que con un monopolio tenemos menos producción y precios mas altos que crean beneficios extraordinarios para las empresas que llamamos “rentas”: precios que están por encima de lo que cuesta producir a precios de mercado. Además, los monopolios tienen menos incentivos para innovar porque su situación está protegida y no necesitan comptir.

La idea de la desregulación es relativamente fácil; nos cargamos la regulación, privatizamos la empresa y dejamos que el mercado y la competencia hagan su trabajo. El mercado seleccionará a las empresas mas eficientes eliminando a las que lo sean menos y tendremos un mecanismo de asignación de recursos buena bonita y barata.

Suena bien ¿cierto? Bueno, no tan rápido. Hay varias razones para creer que la liberal medida de desrregular y privatizar no dará lugar a una situación eficiente.

En primer lugar, hay consideraciones de política industrial. Egócrata nos explicaba que la política industrial es una quimera, y lo cierto es que yo comparto su opinión. Sin embargo, desde el punto de vista de la teoría económica es uno los argumentos más sólidos que haya. La idea es relativamente simplemente; hay industrias con carácter estratégico que generan “externalidades positivas” beneficios que el sector privado no tendrá en cuenta porque no son perfectamente apropiables. Las industrias de red en general generan fuertes externalidades (sobre todo en las que la tecnología juega un papel más importante como las telecomunicaciones).

En segundo lugar, son un instrumento de política regional, es decir, son infraestructuras. Por la misma razón por la que tenemos carreteras públicas (para comunicar espacios aislados) necesitamos también teléfonos, correos, electricidad, etc,… accesibles en lugares remotos donde el mercado no acudiría de otra forma. La idea es que la inversión inicial es demasiada costosa pero una vez realizada podrá ser amortizada en el medio plazo. Un empresario privado no construirá una carretera que vaya hacia ese pueblo perdido de la mancha donde producen los mejores botijos, no obstante, si el Estado garantiza el acceso, es posible que ese lugar se desarrolle y la industria del botijo se desarrolle mucho dando lugar a una región próspera. Pero eso no ocurrirá a menos que haya carreteras, servicio de correos, electrizad, etc,… que sostengan ese desarrollo.

El tercer y en realidad más importante argumento es el hecho de que esta industrias suelen ser lo que se llama un “monopolio natural”. Es decir, un lugar donde la estructura de costes es tal que, si dejamos al mercado funcionar solo, tendremos un monopolio. El monopolio pondrá precios de monopolio y tendrá los mismos problemas que tienen los monopolios. La idea es que es mejor tener un solo cable, una sola tubería o una sola red de distribución (todo el suministro puede hacerse a través de uno solo y es óptimo, socialmente, hacerlo así). Sin embargo, esto es un problema porque la empresa que controle ese único cable pondrá precios de monopolio y tendremos los mismos problemas que al principio.

Además, aunque la teoría económica solía pensar que la estructura de una industria (el número de empresas que caben) es una función determinista de la estructura de costes (si hay costes fijos o variables, en este caso la red), la organización industrial pensada bajo el ángulo de la teoría de juegos nos da que pensar que existen varias situaciones de equilibrio y que es por lo tanto igual de posible que existe un monopolio, un oligopolio o un mercado competitivo y esto depende de cómo se privatice. Si se privatiza sin más, lo único que tendremos será un cambio de un monopolio privado y a menos que las autoridades de competencia garanticen el acceso, no tendremos las ganancias de la competencia.

Todas estas razones sugieren que el mercado dejado a su libre albedrío no dará lugar a una situación económica eficiente. Si el monopolista (privado) puede abusar de su situación dominante, si solo se preocupa de maximizar beneficios, tendremos una situación con precios altos, mercados desabastecidos y consumidores insatisfechos.

3. Liberalización y regulación

Las soluciones que se adaptan generalmente son de dos tipos: en lugar del binomio liberal (desrregulación+privatización) se suele adoptar una forma distinta para introducir competencia en el sector.

En primer lugar, se suelen aplicar medidas de liberalización, es decir, una serie de políticas normalmente de competencia, para asegurarse de que el monopolista privado no se dedica a abusar de su posición dominante en el mercado. La idea es regular los segmentos en los que la competencia es viable y hacer su acceso obligatorio. Por ejemplo, en la cadena de valor de las telecomunicaciones uno tiene un segmento que es un monopolio natural (la red de distribución) y otros que no lo son (la venta de teléfonos, por ejemplo).

El problema es que si nos limitamos a privatizar, la empresa privada podrá limitar el acceso al mercado competitivo (convirtiéndolo en un monopolio). Es decir, telefónica puede decir “yo solo funciono con teléfonos vendidos por telefónica”. Esto le permitiría tener un monopolio (y precios de monopolio) no solo en el monopolio natural (la red de distribución) sino también en el mercado competitivo teniendo más beneficios que de otra forma ¿cuál es la solución? Bueno, lo que se hace en la electricidad, en las telecomunicaciones, etc… es regular el acceso; obligamos a la empresa que tiene la infraestructura a vender el acceso a precios razonables a los competidores.

En segundo lugar, se regulan los segmentos que son monopolios naturales. Como dije más arriba, el problema de un monopolio es que uno tiene menos producción y precios más altos. Además, están los problemas de política industrial y regional. Para se suelen imponer obligaciones de servicio público (precios regulados, obligación de servicio universal,…) y a menudo subvencionar estas empresas. En teoría, esto asegura que el monopolio establece precios que son iguales al coste y que todo el mundo tiene acceso al servicio.

¿Como se desarrolla una liberalización? Bueno en general el proceso es sencillo. El proceso suele comenzar con una medida de una institución europeo limitando los abusos monopolísitcos de la empresa en cuestión. Esto a su vez da lugar a que haya un reglamento o una directiva dirigiendo el proceso.

En primer lugar, se regula la competencia en el sector; se explican las condiciones de acceso, como debe funcionar la entrada en el mercado, etc… En segundo lugar, se establecen obligaciones de servicio universal: qué áreas geográficas se deben servir, qué precios se deben establecer, etc… En tercer lugar, se suelen prever medidas para que exista una integración internacional que y las empresas de otras regiones no sean discriminadas. Por último, se abolen determinadas medidas estatales que restringen el acceso y se crean autoridades de regulación independientes.

4 Cuando los economistas descubren la economía política.

El problema es que, por supuesto, no es tan fácil. Regular no es gratuito ni sencillo.

En primer lugar, los gobiernos no saben cuál es el nivel de precios competitivo. Suena muy bien decir “vosotros hacéis esto y nosotros os pagamos lo que os cueste”. Pero si le dejamos a la empresa que diga cuanto le tienen que pagar, lo normal será que infle los costes. Como solo la empresa sabe cuanto le ha costado realmente el gobierno no puede reembolsar exactamente el precio sin estar subvencionando a la empresa. Además, si el gobierno se compromete a reembolsar el coste, la empresa no tendrá incentivos para reducir sus costes y ser más eficiente. ¿Qué solución hay? Bueno, lo que se suele hacer es subvencionarlo a medias; el Estado reembolsa una parte y la empresa se queda con el resto. La empresa tiene entonces incentivos para reducir sus costes ser más eficientes, pero entonces tendrá rentas.

En segundo lugar, los gobiernos son vulnerables a presiones políticas por grupos de interés, concretamente por grupos empresariales. Como explica Withard, es probable que la nominación de Zaplana en telefónica se haya hecho previa llamada a Moncloa. La realidad es que la influencia de los políticos en las empresas es un recurso muy valioso para todo el mundo (para todos los partidos políticos se entiende) ya que asegura contactos, poder y una jubilación saludable y nadie querrá hacer que eso cambie.

Aunque la queja de Withard tiene sentido, ponerle remedio es algo muy difícil. En el mundo de la piruleta donde no hay economía política ni teoría de la elección pública, los políticos regularían los monopolios obligando a pagar de acuerdo con los costes. Pero en la vida real esto no es posible. Una de las cosas que no es posible es para Bruselas controlar que esto se hace respetando el mercado común.

Si controlar a las empresas es difícil para las autoridades de regulación nacional que conocen el entorno en el que se mueven y tienen bastante recursos, es algo incluso más difícil para las instituciones de Bruselas que viven lejos y sin influencia razonable en las autoridades nacionales. La regulación no está prohibida, como ocurre en otros mercados, sino permitida, pero controlar que la regulación se haga sin subvencionar o introducir restricciones en el mercado es aún más difícil. Para la DG competition de Bruselas o la DG mercado interno es muy difícil diferenciar entre regulación saludable y eficiente, y cacicada despótica.

En general, las autoridades de regulación deben ser independientes, sin embargo esto es algo realmente difícil de lograr al menos en un estado democrático donde los políticos, como todos los demás tipos, responden a incentivos. No es posiblemente regularlos legalmente (ya que no se pueden codificar reglas para cosas que ocurren en la sombra) ni tampoco se puede evitar que los políticos metan sus sucias manos en la industria porque es algo que ni siquiera es deseable. Si los políticos pueden controlar la industria y su funcionamiento, entonces es prácticamente inevitable que la cuestión se politice.

Por supuesto, esto no responde a por qué estas corruptelas ocurren a nivel nacional y no tenemos un mercado integrado a nivel comunitario. Lo que yo argumentaba en mi tesina es que el proceso de liberalización es un proceso esencialmente interno donde los políticos utilizan la unión europea para llevar a cabo la liberalización. Si la liberalización se produjera a nivel interno, tendría el problema de no ser creíble ya que los políticos serían susceptibles a presiones de grupos internos que intentarían revertir el proceso-. Imaginemos un gobierno francés con sus cooperativos sindicatos intentando liberalizar, digamos, lo que sea. El proceso no sería creíble, los competidores no tendrían incentivos para entrar y las empresas no tendrían por qué modernizarse porque no hay una amenaza externa.

Ya que las decisiones comunitarias son mas irreversibles (necesitan decisiones con mayoría cualificada) y están más aisladas de la presión electoralista (donde los grupos de presión pueden hacer más daños), esto permite a los gobiernos tomar la decisión de liberalizar y dejar el trabajo (políticamente) sucio a una institución que no controlan, en este caso la comisión o la corte de justicia. Ya que ellos no pueden dar marcha atrás, los grupos de presión no tienen incentivos para intentar hacer que el proceso dé marcha atrás. Pero una vez que el efecto esencial de la liberalización se ha llevado a cabo (la modernización,. Reorganización) los políticos siguen teniendo interés en mantener cierta influencia sobre las empresas.

Por otro lado, tampoco termina de ser deseable que las autoridades de regulación estén centralizadas a nivel comunitario ya que esto las harías relativamente ineficientes. Tal como funciona hoy por ejemplo, la autoridad de competencia, la Comisión solo se ocupa de una minoría de casos dejando el resto a las autoridades nacionales y en este caso estamos hablando del caso de mercados donde existe un mercado comunitario. En las industrias de red, sin embargo, por razones técnicas y culturales, los mercados están muy segmentados a nivel nacional.

5. Libre mercado, regulación y melancolía 

Lo que hay que entender es que es muy difícil conseguir que las industrias de red funcionen como un mercado competitivo cualquiera. No son mercados competitivos y por eso es necesario regularlas. Desde el momento en que están a medio camino entre ser un bien público y un bien privado, es mucho más difícil controlar lo que hacen los políticos.

Como en todo, la ley de la gravedad produce un melancólico tradeoff irresoluble entre regulación y poder de monopolio, entre los fallos del gobierno y los fallos del mercado. Este trade off debe resolverse mediante un proceso de optimización que para los no especialistas depende de los prejuicios de cada uno respecto del mercado y las autoridades de regulación. Alguien optimista respecto a las autoridades de regulación querrá más regulación mientras que alguien más escéptico respecto a la regulación preferirá atar las manos a las autoridades para evitar presiones políticas so riesgo de dejar que las empresas abusen de su poder y esto cree pérdidas para los consumidores. En cualquier caso, lo que es seguro que hay es un tradeoff, es decir, nada sale gratis. Ninguna de las dos soluciones extremas (departamento ministerial o desrregulación total) son aceptables para nadie que no sea un extremista político.

Sin embargo, para mí el diagnóstico no es tan pesimista. La politización es algo relativamente inevitable. Además cuando es menor, no es más que un problema marginal. Las corruptelas y el amiguismo existen en todos los ámbitos, incluso en el empresarial. Tendemos a pensar que cuando las cosas ocurren en el mercado ocurren siempre de forma eficiente y que cuando ocurren en el ámbito político solo ocurren por amiguismo. El amiguismo es un fenómeno común en el ámbito empresarial donde los accionistas tienen problemas parecidos a los de los ciudadanos para controlar los nombramientos y la acción de los gestores. El problema es que cuando ocurre en el ámbito político nos escandalizamos mientras que en el ámbito privado es algo relativamente invisible, pero los dilemas principal agente existen en todos sitios.

 Pero además, es un ámbito en el que hemos progresado significativamente especialmente en la última legislatura y en el que seguiremos progresando si continúa avanzando la integración europea. El proceso de liberalización es, globalmente, un éxito. Tampoco es probable que veamos como cada vez hay más intervencionismo y corruptelas. Estas son posibles porque son marginales y relativamente benignas y no causan mayores problemas y si fueran más descaradas o problemáticas, las autoridades de regulación se ocuparían de ellas.

10 Responses to “Industrias de red y el melancólico mundo de la regulación económica”

  1. Whitard Says:

    Una cosilla: los monopolios, en sí, no son buenos ni son malos. Quitando los monopolio naturales, hay sectores en los que una empresa se hace con una cuota de mercado de casi el 100% simplemente porque su producto es mejor y triunfa. Un profe nos ponía el caso de Google como el ejemplo paradigmático: en España tiene más del 90% del tráfico del total de los buscadores, ¿desincentiva esto la innovación? Pues, evidentemente, nadie con dos dedos de frente va a sacar un producto similar (solo los alemanes y franceses, que subvencionan un pseudobuscador llamado Quaero). Sin embargo, el monopolio, en algunos sectores como el informático, incentiva las innovaciones cualitativas, ya que ésta es la única forma de triunfar en el mercado. Por muy perfecta que fuese la competencia en el mercado de buscadores, si todos tienden a ofrecer un producto similar, no veo en qué sale ganando el usuario.

    Por otra parte, el objetivo de la regulación de los Estados y organismos supranacionales, especialmente el Tribunal de la Competencia, no es lograr mercados de competencia perfecta, sino real. El Tribunal de Competencia Europeo no sanciona a Microsoft o Intel por ser monopolios, sino por abusar de la situación de monopolio. Es un matiz, pero cambia por completo la filosofía regulatoria.

    En cuanto a los monopolios naturales, es cierto lo que comentas, pero hay soluciones intermedias. Por ejemplo, en el sector energético se llegó a la solución de que las infraestructuras no pertenecen a ningún grupo, sino que las gestiona Red Eléctrica. Para el gas natural, Enagás hace lo propio. En el caso de Telefónica no hay quien se atreva a plantear algo similar y me temo que esto ya es pura política. Cuando se dice que en España no hay política de Estado habría que fijarse en cómo actuó el PP y cómo lo hace el PSOE en relación con Telefónica para darse cuenta de que hay consenso tácito para allanarle el camino. Y ya veremos qué sucede con el cable de fibra óptica y si se repite la historia.

    Aunque el caso E-On - Endesa ha dañado -justificadamente- la imagen de España en cuanto a su mercado, creo que en Francia o Alemania hubiesen hecho lo mismo. De hecho, Francia se ha sacado normativas de la manga para proteger “sectores prioritarios” que casualmente coinciden con aquellos en los que operan Danone o Carrefour, en momentos en los que surgen rumores de opa, no sea que América invada la Galia. En el caso de Italia el disparate es de campeonato y las empresas españolas lo saben de primera mano, (desde Abertis y su fallida compra de Autostrade a BBVA a el culebrón del Banco Nazionale del Laboro). Y con Berlusconi la cosa irá a peor (por algo Veltroni se presentó como el candidato más liberal).

    En cambio, en Gran Bretaña lloran como niñas cuando les birlamos British Arways o el Abbey, pero no ponen ni una piedra en el camino.

    Saludos.

  2. Citoyen Says:

    En primer lugar. Lo que tú explicas de lo de los mercados contestables. http://en.wikipedia.org/wiki/Contestable_markets Tiene un problema; las condiciones en las que esto es cierto son relativamente restrictivas (información perfecta, etc…). Sin embargo, cuando hay barreras de entrada (estratégicas, naturales o legales) esto no se cumple. Las que intersan a la política de competencia son las estratégica (precios predatorios etc…).

    El ejemplo de google me vale. Google tiene una situación de monopolio basada en rendimientos crecientes (todo el mundo acude a google, nadie piensa en ir a otro sitio porque sabe que e google está todo, al mismo tiempo en google está todo porque todo el mundo va a google…). Esto implica que existen pérdidas de monopolio (el precio está por encima del coste marginal). Como es esto posible? Bueno, existen barreras de entrada (naturales porque es una industria con economías de red y de escala) pero también estratégicas (si alguien entrara, google podría forzar la salida).

    Por supuesto, esto es puramente teórico y no es tecnológicamente posible hacer del mercado de los buscadores un mercado competitivo. No obstante, sí sería posible en caso de que hubiera abusos moderar su funcionamiento. Por otro lado, google es un caso muy raro. En las industrias de red no hay cosas como diferenciación de productos, ni efectos de marca.

    Qué sale ganando el usuario? Bueno, cada empresa se esforzaría por a) mejorar su producto o b) reducir sus costes. Ambas cosas son eficientes socialmente (producir mejor al mismo coste, producir lo mismo a menor coste).

    La relación entre monopolio e innovación es algo controvertido y en realidad depende mucho de una industria a otra. Este paper, http://ideas.repec.org/a/tpr/qjecon/v120y2005i2p701-728.html por ejemplo explica que en determinados niveles de competencia, los monopolios tienden a ser mas innovadores (cuando dos empresas se disputan una situación de lider tecnológico) mientras qeu cuando hay un líder tecnológico, la situación de monopolio es sólida y no hay incentivos para innovar. En general, todo depende de la presión competitiva.

    No me he querido meter en profundidad con el tema porque he intentado guardar un tono majete para que me lea la gente. El tema además no tiene mucho que ver con lo que explico en el artículo. Además admito saber relativamente poco y me arriesgo a decir alguna chorrada.

    En cuanto a la competencia, creo que no he hablado en ningún sitio de competencia perfecta… La competencia perfecta no existe en ninguna industria (creo que ya ni en la de la fruta que era el ejemplo que se ponía siempre). Las políticas de competencia buscan que no existan abusos ni restricciones “artificiales”. NO cambia nada, que yo sepa, de la filosofía regulatoria, la competencia imperfecta existe en teoría económica desde hace más de tres décadas. (te recomiendo este artículo, es muy explicativo http://ec.europa.eu/comm/cdp/working-paper/industrial-organisation_en.pdf )

    La solución de red eléctrica y enagás (la verdad es que no estoy muy enterado de que solución tiene cada país en cada cosa) es lo que comento de acceso regulado a las infraestructuras. No obstante, el acceso regulado es complicado; como se hace, por subasta? Quién fija el precio que se considera accesible? En fin, hay soluciones, pero todas suponen un tradeoff. Para el caso concreto de telefónica, admito no estar muy enterado, pero la verdad es que no me extraña como digo en el artículo. Aún así, esto es peleable en luxemburgo y en bruselas. Hay un kilo de jurisprudencia sobre el tema.

    En cualquier caso no comparto tu pesimismo. Las cacicadas se irán reduciendo progresivamente. La visión francesa de la economía y la regulación pierde cada vez más peso en como se hacen las cosas (gracias a dios).

  3. Juan Antolín Says:

    Citoyen, el ejemplo que pones de Google no es demasiado acertado, es uno de esos casos en los que no se puede aplicar la teoría económica con esa rigidez tan aparentemente categórica.

    Para empezar, aunque esto es una cuestión menor, la cuota de mercado de Google será el 90% en España, pero a nivel mundial está alrededor del 55%.

    “Bueno, existen barreras de entrada (naturales porque es una industria con economías de red y de escala) pero también estratégicas (si alguien entrara, google podría forzar la salida).”

    Yo no creo que existan economías de escala en este sector, y mucho menos naturales. Los costes fijos son comparativamente bajos y no se requieren grandes inversiones iniciales de capital que necesiten una cifra de ventas muy elevada para ser rentables.

    Al contrario de lo que mucha gente cree, ningún buscador ha tenido que ir excavando túneles para meter cables en ninguna parte antes (ni después) de poder ofrecer su servicio. Los servidores que utilizan para almacenar los datos son un coste variable, puesto que sólo necesitarán comprar más a medida que aumente su volumen de visitas. Es cierto que son caros, pero no se puede comparar, por ejemplo con los costes fijos de Telefónica o Endesa.

    Olvidas que Google empezó en el garaje de dos universitarios. Google desplazó a Yahoo, Altavista, etc. Y por otra parte no sé cuanto pagarás tú por cada búsqueda en Google pero a mí me salen gratis: el precio es cero, y el coste marginal es cercano a cero, así que no tiene sentido decir que el precio está por encima del coste marginal.

    Aún más arriesgado es decir que Google puede crear barreras de entrada, impidiendo la entrada de nuevos competidores. Es difícil explicar hasta qué punto no puede sin caer en el sarcasmo. Obviamente ahora que son millonarios pueden comprar a cualquier competidor, pero eso no cuenta: el que no quiere que lo compren, no lo compran. De todas formas la situación de Google como gran poder viene de sus negocios en la publicidad, no como buscador.

    “no es tecnológicamente posible hacer del mercado de los buscadores un mercado competitivo”

    Es justo lo contrario. El mercado es en realidad muy competitivo. Un buscador no es más que un algoritmo matemático envuelto en una imagen corporativa. Son esas dos cosas las que determinan su éxito, y nada más: lo bien que buscan, y la política de producto, imagen y marca. O sea, que para competir con éxito lo único que necesitas es, o inventar un algoritmo mejor, o dar con una buena estrategia de marca. Más competitivo imposible, dicho en el sentido de que para mantener una posición de liderazgo hay que innovar de forma constante. Cuando, para un usuario, los costes de cambiar de un buscador a otro son cero, el liderazgo/monopolio puede variar con mucha rapidez. Google no era nada en 2002, y lo era todo en 2005. ¿Cómo te crees que lo hicieron Larry y Sergei, a golpe de talonario? No, a base de diferenciación de producto, tanto a nivel tecnológico como de marca. Google tuvo éxito por su diseño simplista comparado con lo recargado de páginas como Yahoo.

    Aparte de todo lo anterior, ¿cómo se explica que Google tenga una cuota de mercado del 90% en España y del 60% en EE.UU., cuando es la misma empresa? La respuesta no tiene nada que ver con costes fijos o variables, sino aspectos socio-culturales, de madurez del mercado, etc. Es el mismo motivo por el que el messenger es más usado en España que en ningún otro país. En otros países con mayor madurez y desarrollo de internet (EEUU, Asia, países nórdicos) es mucho más fácil para la competencia quitarle cuota de mercado.

    Un saludo.

  4. Citoyen Says:

    Juan, has malinterpretado mi comentario.

    Vamos a ver;

    Google tiene una posición cómoda y su posición en el mercado es relativamente cómoda. La gente cree qeu las barreras de entrada son cosas horribles como alambradas soviéticas; no. Google tiene una imagen de marca que hace que su posición se consolide; es el buscador predeterminado para un montón de cosas, es el que todo el mundo conoce, etc… Todo eso son costes de cambio. A eso me refería.

    De hecho, creo que estamos de acuerdo con lo que dices al final; es una cuestión de estructura de mercado y cuando hay un monopolio, normalmente hay pérdidas de bienestar.

    Por otro lado, es evidente que ni tú ni yo pagamos los ingresos de google; son los anunciantes o los que paguen por google (la verdad es que no sé muy bien de donde vienen los ingresos de google), pero cuando hay una posición de monopolio, en general casi siempre se cargan precios por encima del coste medio. NO estoy diciendo que sea una cosa exagerada, ni tampoco apoyando que se tomen medidas al respecto, solo señalando que en comparación con un mercado competitivo, un mercado concentrado implica pérdidas de bienestar a menos que el mercado sea totalmente contestable, que es algo tan raro como la competencia perfecta.

    En organización industrial soy más Harvard (las estructura del mercado determina la conducta) que Chicago y los monopolistas me caen mal.

    En cualquier caso, mi alusión a google era a título de ejemplo y aunque pueda estar equivocado (algo que es perfectamente posible), los ejemplos de mercados contestables son rarisimos porque prácticamente todos tienen barreras de entrada (sobre todo si son monopolios!)

  5. La Ley de la Gravedad » Blog Archive » En defensa de la simplicidad económica Says:

    [...] « Industrias de red y el melancólico mundo de la regulación económica [...]

  6. Berlin smith Says:

    Caro amigo, siempre buscando salvar la intervención ante los defectos de la obra humana en la confianza de que otros humanos con poder regulatorio serán mejores que el resto de sus congéneres. Tomemos el amiguismo: el pequeño detalle es que la empresa privada se lo puede permitir si quiere y en el gobierno ni siquiera puede aceptarse como pecado venial. Amiguismo y regulación (poder arbitrario) van de la mano. Ergo cuanto menos quede en las discrecionales y defectuosamente humanas manos de los reguladores, mejor para la optimización de los recursos. Todo el discurso de los monopolios naturales (el caso es que las carreteras compiten con los trenes y con los aviones) siempre empleado para buscar justificación para aumentar y aumentar excepciones a la libre actuación de los agentes, casualmente con un grupo de amigos solemnemente nombrados en un BOE a las ordenes del sátrapa. Entre el amiguismo de unas compras de líneas telefónicas y el amiguismo en la regulación de la tarifa hay un interesante salto cualitativo.

  7. Berlin smith Says:

    Y conste que el artículo de Kantor es correcto, pero el problema no reside en el cien y en el cero, sino en si piensas que siempre será mejor acercarse todo lo que puedas al cien o todo lo que puedas al cero… es decir, pensar que “tiendes a cero” a sabiendas de que no llegarás nunca de asintótica manera. Curiosamente, es mucho más fácil llegar al cien, es decir, el cien no sería asintótico: una tentación siempre presente en manos del poder político que, por su propia definición, siempre aspirará a huir del cero. Supuestamente en nombre de tu propio bien.

  8. Citoyen Says:

    “Tomemos el amiguismo: el pequeño detalle es que la empresa privada se lo puede permitir si quiere y en el gobierno ni siquiera puede aceptarse como pecado venial.”

    la verdad es que no. Por qué los directivos tienen sueldos más altos que el resto de trabajadores de la empresa? Su productividad marginal es mayor? Es mayor la productividad de un miembro del consejo de administración de, vamos a decir, Repsol, o la productividad de un funcionario que trabaje, digamos, en el ministerio de economía? Porque el primero cobra varias veces más que el segundo?

    Lo siento, pero no. El poder corrompe, pero el poder no viene solo del Estado y cuando se comparan cosas hay que comparar cosas comparables. Soy un progre bienintencionado con prejuicios fetichistas? Es posible, pero con argumentos http://www2.gsb.columbia.edu/faculty/jstiglitz/download/papers/1991_Economic_Role_ofthe_State.pdf

  9. La Ley de la Gravedad » Blog Archive » Siete errores sobre la directiva sobre el tiempo de trabajo Says:

    [...] soy liberal (I II III IV V) pero creo que los programas deben respetar la ley de la gravedad. Pienso que un [...]

  10. La Ley de la Gravedad » Blog Archive » Una explicación racionalista del Estado Says:

    [...] ejemplo, pienso que la evolución del status legal de las industrias de red necesita de una teoría bastante más fina que la teoría de la evolución. Concretamente, ésta es [...]

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