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En defensa de la simplicidad económica

Miércoles, Mayo 21st, 2008

Criticar la teoría económica y al establishment académico que la sostiene es un deporte popular. Este deporte no solo es practicado por el ciudadano medio que lo ignora prácticamente todo sobre como razonan los economistas, sino también por científicos de otras ramas (desde psicólogos, sociólogos, historiadores, etc…),  o incluso por “economistas” disidentes de “izquierdas” o de “derechas”. Yo mismo lo he practicado asiduamente en el pasado.

 Una crítica habitual y que suele ser el denominador común de todas las corrientes anteriores es la asunción fundamental de la economía neoclásica: los individuos responden a incentivos. La crítica suele tender a decir que se trata de un modelo o simplista o sesgado del modo en que los individuos actúan. Los individuos-nos dicen- actúan de una forma más allá del egoismo y no solo responden a incentivos, Tampoco-dicen los críticos también- actúan de forma racional a menudo (qué hay de los terroristas, no son racionales sino bestias hambrientas de sangre!) sino de forma no racional haciendo cosas que la razón desaconsejaría. Por último, las críticas estructuralomarxistoides suelen ver en la ciencia económica en sí misma una superestructura de dominación señalando en qué medida las conclusiones de la ciencia económica sirven a la clase dominante. Esta estructura condiciona a los individuos en un calculo constante de coste y beneficio de forma que si nos emanciparamos de esta visión, las conclusiones de la ciencia económica caerían por su propio peso.

 En este artículo me gustaría meterle mano a estas críticas intentando hacer algo tan políticamente correcto como defender a ese grupo de malvados tipos que llamamos economistas.

 Empecemos por el final porque es lo más corto. No creo qeu la crítica marxista se sostenga. Por supuesto que, en la medida en que los mercados funcionan basándose en modelos paridos por la ciencia económica, es teóricamente posible que las predicciones de la ciencia económica se conviertan en profecías autocumplidas. Las ciencias sociales son instrumentos para procesar información sobre la realidad y si estos instrumentos están sesgados, y lo están para todo el mundo, la realidad  puede cambiar. 

Sin embargo, un vistazo rápido a la historia, especialmente a la historia de la política económica y más concretamente a la del desarrollo sabemos que, aunque nosotros no creamos en la existencia de la ley de la gravedad, las piedras siguen cayendo. El fracaso del tercermundismo, la caída de la unión soviética, etc… nos demuestran que aún cuando nos basamos en modelos económicos distintos (más solidarios, más majetes, más optimistas etc…), las conclusiones de la dismal science siguen intactas.

Por último, señalar el hecho de que la economía como ciencia sirve a los intereses de la clase dominante no es un argumento que reduzca la validez de sus conclusiones.

La segunda serie de críticas tiene que ver con la simplificación del modelo de acción racional. Es demasiado simplista y responde a una visión demasiado egoista de la acción individual. Bueno, esto no es cierto. El modelo de individualismo metodológico de acción racional solo predice que los individuos intentan satisfacer sus preferencias del modo más eficiente posible dadas una información y unos recursos limitados. ¿Implica esto egoismo? Si por egoismo entendemos autointerés, sí. Pero si por egoismo entendemos lo contrario del altruismo, la crítica no está fundada. ¿Por qué? Las preferencias de la gente no solo son preferencias egoistas, puede tratarse también de preferencias altruistas. Cuando definimos la función de utilidad de un individuo (lo que esa persona prefiere respectivamente) no tenemos por qué asumir que esa persona prefiere solo cosas egoistas. Puede preferir la bondad o la generosidad, pero eso no excluye que está prefiriendo. Una vez que sabemos cuáles son las preferencias, determinamos cuales son los recursos de ese individuo y podemos explicar cuál será su elección.

 En abstracto es complicado, pero es algo bastante intuitivo. Si yo solo tengo 24 horas en un día (recursos) puedo decidir dedicar 8 a dormir, 2 a estar con mi novia, 3 a comer, 3 a leer, 4 a ayudar a mi vecino, …. Estar con mi novia o ayudar a mi vecino no son preferencias egoistas, pero siguen siendo preferencias.

La tercera crítica a la que quiero referirme es más una actitud que una crítica. El no economista piensa en general que es suficiente con criticar el método para echar abajo las conclusiones que vienen de ese método. Por ejemplo, nos dicen que las elecciones no son racionales en el sentido descrito arriba, eso es algo con una base importante en psicología. Los individuos se confunden, no hacen ese tipo de elecciones haciendo un cálculo racional. También es común señalar que existen cosas no cuantificables, los costes psicológicos o sociales que no se pueden cuantificar en dinero y por lo tanto, al estar ignorándolos, la ciencia económica está llegando a conclusiones sesgadas.

 En principio estas críticas tienen cierta entidad. El problema es a menudo solo son eso, críticas, y no se molestan en presentar una alternativa al diagnóstico de la ciencia económica.

Por ejemplo, la Teoría económica nos explica que la liberalización de las industrias de red, antes servicios públicos, puede ser algo bueno si se hace correctamente. Puedo especular con que un miembro de REC intentará refutar esas conclusiones diciendo que el análisis es simplista. sin embargo, al refutar la conclusión no está ofreciendo ninguna alternativa; no nos está diciendo si la liberalización es algo bueno o algo malo, no es ningún argumento a favor o en contra. Sin embargo, el objeto de refutar el argumento es ofrecer su propia estimación de un óptimo social a menudo hecho por otros métodos, en general, mucho más vulnerables a las críticas que se dirigen a la ciencia económica convencional.

 Esto es lo que Paul Krugman llamaba los “accidental theorists”; la gente que dice refutar las conclusiones de la ciencia económica porque van contra “el sentido común” en general solo está formulando otra teoría, menos sofisticada y sólida. La teoría crítica, puede criticar las bases de la reforma del estado del bienestar pero no puede ofrecer un modelo distinto de como se redistribuye renta. Si uno les pregunta suelen responder cosas como que es necesario cambiar la naturaleza de la sociedad, no hacer pequeños cambios y que por eso ellos hablarían de un modleo de redistribución en otro mundo, otra situación, otro contexto, totalmente distinto del actual y no basado en las premisas teóricas normalmente aceptadas. No obstante, la pregunta sigue intacta ¿cuál es el mejor sistema para redistribuir renta? En la práctica, por supuesto, apuestas por mantener recetas económicas de mediados del siglo pasado cuyos fundamentos no se han parado a pensar.

Otra crítica común, es que el razonamiento económico suele estar sesgado a favor de los cuantificable, dejando a un lado lo cualitativo. Por ejemplo, si uno argumenta que para reducir el nivel natural de desempleo en una economía se debe flexibilizar el mercado laboral, un proceso que crearía una cantidad considerable de empleos y aumentaría el crecimiento, uno puede esperar que algún sociólogo le diga que esos indicadores están sesgados y que no tienen en cuenta cosas como los “costes psicológicos” que vienen del hecho de perder un empleo o de la precariedad laboral. Por supuesto, es una crítica que está fundada, pero tiene el problema no ofrecer ninguna recomendación alternativa. ¿Qué valor otorgamos a esos costes? ¿Como los medimos? ¿como sabemos si son más importantes o menos que los costes que vienen de la rigidez?

El problema de estos esquemas basados en la crítica de los indicadores cuantitativos es que no son medibles y por lo tanto, cuando afrontamos el proceso de optimización, son solo un argumento para vetar el proceso de elección. Pero por supuesto, no elegir, también es elegir; supone elegir el status quo. Cuando manejamos conceptos abstractos, fantasmagóricos y no cuantificables, normalmente, nos convertimos en reaccionarios porque lleva a la parálisis. 

 Esto me lleva a formular una pequeña observación sobre la que baso mi defensa del racionalismo en economía. La ciencia económica y la asunción de acción racional no deben ser una descripción completa y precisa de lo que ocurre realmente en todos sus detalles. Mi confianza en la ciencia económica se debe a que a) ofrece un marco de razonamiento donde las elecciones son posibles y precisas b) Ese marco de razonamiento es, con mucho, infinitamente más explicativo que el de cualquier otra ciencia. Defendar el modelo de acción racional no implica que la acción sea estrictamente racional, es suficiente con que los resultados de una acción irracional sean suficientemente parecidos a los que se darían si ocurriera de forma racional, y de hecho, da la casualidad de que es así por razones evolutivas. Es decir, es suficiente con que sea una virtud explicativa; permite dar cuenta de fenómenos que ocurren en realidad con una serie de conceptos manejables y más o menos cuantificables sin por ello ser una descripción exacta de la realidad sino solamente esquemática. 

La ventaja de la ciencia económica no es por tanto una ventaja absoluta, sino una ventaja comparativa; nos permite conocer los que ignoramos mejor que sus alternativas y sobre todo, nos permite saber qué cosas ignoramos y no podemos conocer. La simplicidad tiene la ventaja de ser manejable y cuantificable y por lo tanto descriptiva y útil cuando lo que nos interesa es cmabiar las cosas.  Eso es algo que la complejidad no puede reclamar para sí.

 Y para ver que esto no es una excentricidad “liberal” ahí va una cita de Stiglitz hablando de la falta de formalismo de la escuela austriaca (Wither Socialism? pg 26, MIT press 1994):

“The fact that the world is more complicated than any model which we might construct does not absolve us of the need for testing our ideas out using simple and understandable models. If markets do not work efficiently under these idealized circumnstances, how can we be confident that they would work efficiently under more complicated circumstances? Only by an act of (and indeed a leap of) faith!”