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Archive for Mayo 4th, 2008

Demografia y urbanización en el tercer mundo

Domingo, Mayo 4th, 2008

Aviso: En estos momentos me encuentro sumergido en la tarea de escribir mi tesina (la modernización del sector postal) para la que aún me falta 30 páginas y que debo entregar el próximo viernes. Aún así he pensado que sería interesante actualizar el blog, pero dado que no tengo tiempo me dedicaré de ahora en adelante (hasta que me vuelva a poner a escribir) a re-publicar posts de mi antiguo blog. Éste es el primero.

 Uno de los hechos mas tristes del mundo actual es ver cómo, mientras que una parte muy importante de la población del mundo occidental goza de una prosperidad sin precedentes, la mayor parte de la humanidad padece toda clase de calamidades. Es decir: hay países pobres y países ricos.

Las interpretaciones que se hacen habitualmente de este problema suelen poner en primer lugar lo terrible de la situación desde el punto de vista de la justicia. No parece que esto pueda ser contestado: la situación que se produce actualmente donde cientos de miles de personas mueren por causas ridículas mientras que otros gozamos de una opulenta prosperidad no parece admisible desde un punto de vista ético. El siguiente paso, sin embargo, sí parece mas cuestionable que consiste que acusar a los países ricos de ser culpables de esa situación.

No parece adecuado creer que existe una única causa para que una parte de la población haya evolucionado a mejor y otra haya ido cada vez peor. Las explicaciones monocausales suelen ser incompletas. Paul Bairoch en su Historia económica y social avanza como una de las causas principales del problema la evolución demográfica y la distribución de la población entre el campo y la ciudad. Creo que puede ser interesante explicar su tésis haciendo el paralelo con Occidente.

Quiero hacer una precisión metodológica antes de empezar. Este análisis pretende ser global del tercer mundo. Esto supone tratar de forma análoga distintos lugares del mundo de naturaleza muy diversa. Las generalizaciones tienen la virtud de ser explicativas y simples a costa de ser inexactas. La historia que voy a contar no es por tanto igual en todos sitios porque todos los sitios no son iguales.La historia es sustancialmente distinta en América Latina y en África, así como en Argentina y en Perú. Sin embargo los factores que voy a apuntar sí están, en mayor o menor medida presentes en todos estos lugares y permiten entender el por qué de la disparidad entre Occidente y el tercer mundo.

Creo que es interesante dividir el análisis en dos partes. Primero veremos los cambios en la demografía y la distribución de la población activa y en segundo lugar veremos el factor, desde mi punto de vista más interesante, qué es el crecimiento urbano.

I Aceleración, descontrol y anarquía demográfica

En una primera parte, hay que analizar como crece la demografía en términos relativos y comparativos respecto de occidente. En segundo lugar es interesante ver que este crecimiento es más acelerado que el desarrollo de la economía, lo cuál provoca una serie de desequilibrios sectoriales que suponen un handicap para el desarrollo.

A) La inflación demográfica

Durante el último siglo, la población de los países desarrollados creció sin precedentes. Las causas de este crecimiento fue fundamentalmente un aumento de la producción agrícola que permitió alimentar a una mayor parte de la población así como el desarrollo económico de la revolución industrial. La reducción de la mortalidad gracias al desarrollo de la medicina fue otra de las causas. Este aumento de la población creó un enorme desarrollo económico, técnico y social en un efecto de “spillover”.

Sin embargo este cambio en la sociedad se acompañó también de un cambio en la mentalidad occidental, los cuáles se tradujeron entre otras cosas en una reducción voluntaria de la natalidad. Esto propició una transición mas o menos pacífica de un régimen demográfico antiguo (alta mortalidad, alta natalidad) a un régimen demográfico moderno (baja mortalidad, baja natalidad).

Esta sincronización de los cambios no existió en los países del hoy tercer mundo. La medicina europea que había sido progresivamente asimilada en Europa a lo largo de siglos, fue introducida de manera brutal en las sociedades primitivas del tercer mundo, lo que produjo una caída en picado de la mortalidad pero no conllevó un cambio de mentalidad ni de costumbres y por lo tanto mantuva una natalidad alta. En los países del tercer mundo donde la influencia de la religión era fuerte, la oposición de los dirigente religiosos a las medidas de planificación familiar fueron un factor de agravación de esta tendencia.

Esto se tradujo en el hecho de que mientras que en los países desarrollados en su época de florecimiento demográfico mas importantes (entre 1860 y 1930) la población había tardado 70 años en doblarse, entre la segunda guerra mundial y 1990 (30 años) los países subdesarrollados doblaron su población.

B)Una distribución no proporcionada de la población activa:

¿Cómo se tradujo la distribución de este cambio en la población activa? En primer lugar hubo un aumento absoluto del número de personas empleadas en la agricultura. Al no traducirse esto por un aumento de la cantidad de tierra cultivable (que bajo dominación colonial estaba ya plenamente explotada), el efecto final fue reducir la cantidad de tierra disponible por habitante, es decir, contribuyó a disminuir la productividad.

El exceso de activos en el sector agrícola no pudo ser absorbido por el sector industrial por falta de cualificación de los trabajadores y de inversión (en tiempos de la descolonización Europa estaba en plena reconstrucción). En este sentido, la falta de sincronización entre el desarrollo industrial y el demográfico llevó a que una cantidad importante de la población debiera trabajar fuera de la industria.

Pero al mismo tiempo, llevó también a un aumento de la parte relativa del sector servicios. Entre 1950 y 1990 la parte relativa que trabajaba en el sector servicios se multiplicó por 4. Esto se debió a un aumento del comercio y del empleo en el sector público. Comparativamente existe una gran diferencia entre la renta de un activo agrícola que de uno del sector servicios lo que provocó un éxodo rural importante, cuyas consecuencias veremos en el segundo artículo, puesto que la mayoría de los servicios se concentraban en las ciudades.

Mientras que en occidente, el crecimiento demográfico estaba acompañado y coordinado con un desarrollo económico, social y cultural que se fue desarrollando poco a poco, en el tercer mundo una explosión demográfica demasiado acelerada hizo volar por los aires las estructuras tradicionales que producían cierta harmonía entre ambas evoluciones que propició una distribución descoordinada de la población entre los diferentes sectores, lo cuál llevó a un efecto totalmente inverso al de occidente.

II La hipertrofia urbana en el tercer mundo.

En el anterior artículo habíamos visto que la población en el tercer mundo había acelerado su crecimiento respecto de occidente y que la distribución sectorial había sido desigual y mal gestionada. En este artículo vamos a ver la distribución de esta población que se produce entre el entorno rural y el entorno urbano (A) intentando explicar sus causas (B) y sus consecuencias (C).

A) El hecho de la inflación urbana

Las sociedades tradicionales anteriores a la revolución industrial estaban más urbanizadas de lo que se ha creído a menudo y es cierto que existe, en este punto, una cierta convergencia entre el mundo desarrollado y el tercer mundo. Ambos mundos tenían en torno a 9 a 12 de su población que vivía en las ciudades.

Entre 1910 y la segunda guerra mundial existe en el tercer mundo un aumento relativo muy importante de la población urbana. En África, por ejemplo, entre 1900 y 1995 el porcentaje de población urbana se multiplica por seis. En el conjunto del tercer mundo hay una progresión de la parte relativa de 9 % a 37%, a un ritmo medio de 4,2 por año.

En Europa, la expansión urbana del siglo XIX había tenido como consecuencia esencial un aumento de la productividad agrícola (puesto que la población rural disminuye pero la demanda de alimentos se mantiene o aumenta y las nuevas tecnicas agrícolas permiten cultivar mas tierra con menos mano de obra) y la industrialización de las ciudades. En el tercer mundo, sin embargo, esta evolución no se ve acompañada por ninguna industrialización ni aumento de la productividad agrícola. Así, en 1960, la productividad agrícola es similar a la antes de la primera guerra mundial y en 1950 los activos industriales solo representan 8% de la población activa. Cuando Europa tenía la misma tasa de urbanización que el tercer mundo en 1990, los europeos tenían un nivel de vida dos veces más alto.

La inflación urbana lleva, por otro lado, a aumentar considerablemente el número de grandes ciudades. En 1990 ciudades como Mexico, Sao Paulo o Bombai superaban los 13 millones de habitantes (Nueva York tenía 16). Pekín, Buenos Aires, Rio de Janeiro, están por encima de los 10 y el Cairo y Delhi en torno a los 8 millones.

Este desarrollo urbano no acompañado por un desarrollo económico y un Estado fuerte lleva, casi de forma automática, a la multiplicación de formas de suburbanización; favelas, chabolas… Esto resuelve el problema del habitat en la ciudad en un entorno con recursos económicos muy débiles, pero también multiplica los problemas relacionados con la higiene y la seguridad.

B) Los motores de la inflación urbana

Entender las causas de la inflación urbana pasa por buscar las del éxodo rural. Según Bairoch, las teorías clásicas de la migración distinguen entre factores de repulsión y de atracción.

El principal factor de repulsión es el aumento de la población rural. Como ya se explicó, esto llevó a que el metro de tierra disponible por habitante disminuya y al constituir la agricultura la principal forma de supervivencia en el campo, las posibilidades de vida en un entorno rural disminuyen. Así, se puede observar que la densidad rural entre 1900 y 1970 se multiplica por dos.

Entre los factores de atracción hay que explicar primero la cuestión del aumento de la renta media del habitante urbano. Bairoch observa diferencia entre los salarios urbanos industriales y los rurales de más de entre el 80 y el 150%.

Esto se fomenta gracias al carácter dualista de las economías del tercer mundo que se ve acentuado por el hecho de la adopción masiva de legislaciones laborales estilo occidental acompañadas por un Estado débil. Mientras que en las ciudades las legislaciones sobre condiciones de trabajo o salario mínimo puede forzarse, la aplicación es mucho menor en los entornos rurales. En Occidente, el desarrollo de este tipo de legislaciones no vino hasta después de la segunda guerra mundial cuando el proceso de urbanización estaba ya muy avanzado.

Otra causa de la inflación urbana se debe a los sistemas educativos. El problema de la falta de adaptación a la realidad de los sistemas educativos toma una amplitud sin precedentes en el tercer mundo. Bairoch explica que esto acelera el éxodo rural puesto que el número de jóvenes que consiente en volver a su origen rural después de haber pasado por la escuela urbana es generalmente ínfimo. La fractura intergeneracional provocada por los programas de escolarización forzosa agudiza esta tendencia: el joven se encuentra siendo infinitamente más culto que sus padres y considera que su progresión social pasa por abandonar el entorno en el que estos viven por la ciudad. Además, estos sistemas estaban demasiado a menudo calcados sobre la metrópolis (y a menudo puestos en marcha con su colaboración, como en el caso de las políticas de difusión cultural de Francia que impulsaba a sus ex-colonias africanas a estudiar “nuestros antepasados los galos”) que estaba por añadidura culturalmente sesgado hacia la vida en la ciudad.

En Occidente la evolución tuvo un carácter mas progresivo y pasó por la instalación de escuelas rurales lo que implicó que la educación no vehiculaba únicamente imágenes urbanas y no provocó de esa forma un rechazo tan importante hacia su propio origen por parte de los habitante de un entorno rural.

Entre las causas que explican la inflación urbana, puede también distinguirse el hecho de que las ciudades ya no son un freno a su propio crecimiento. Durante el desarrollo urbano en el Norte, las ciudades tuvieron un carácter mas peligroso hasta los años 1920-1930. La familia que abandonaba el campo para ir a la ciudad, en la práctica, reducía su esperanza de vida significativamente. La diferencia de mortalidad producía un flujo más o menos regulado de población rural hacia la ciudad que no producía un aumento significativo de la población urbana. En este sentido, las ciudades tenían un freno a su propio crecimiento que se debía en parte al éxodo rural.

Si esta situación es análoga en el tercer mundo durante un tiempo, la situación cambia en el periodo de entreguerras y es partir de la segunda guerra mundial cuando se produce la mayor aceleración demográfica urbana debido a la importación de las comodidades existentes en occidente (servicios públicos, sanidad, educación,…) realizadas a raíz de la descolonización. Contrariamente a la ciudad occidental, que durante más de medio siglo de urbanización fue un freno a su propio crecimiento, la ciudad del tercer mundo es en un plazo de menos de 20 años un factor de crecimiento en sí misma.

Otro factor de atracción hacia la ciudad es el hecho de que los programas humanitarios eliminan el freno que constituye normalmente la ciudad y sobre todo, aumenta la desigualdad entre el campo y la ciudad. Por supuesto, la ayuda extranjera en alimentos, medicamentos etc… es mucho más fácil de distribuir en entornos urbanos y por ello se privilegia su distribución en centros urbanos, pero esto crea un efecto “llamada” que contribuye a aumentar la población urbana. Por otro lado, esto se ve favorecido porque las clientelas políticas (electorales o no ) de los responsables de la distribución de las ayudas suelen concentrarse en centros urbanos.

También fue una causa importante el proceso de descolonización. Al retirarse las potencias coloniales del país, las ciudades debieron poner en marcha su propia administación lo que hizo que aumentara la población urbana. Lo mismo ocurrió con las políticas de industrialización promocionadas por los líderes nacionalistas y la supresión de las restricciones que bajo dominio colonial existían al establecimiento en las ciudades. Hay que señalar también el efecto de atracción inherente que provoca el modo de vida urbano al tener mas capacidad de poner a la gente en contacto (efecto long tail), reducir costes de transporte… El desarrollo de los transportes es también un factor que favorece las migraciones dirigidas hacia la ciudad y que se conozca de primera mano el ambiente urbano (un habitante del campo puede desplazarse con mucho menor coste a la ciudad, al menos una vez en su vida) aumentando así su poder de atracción.

C) La tragedia de la inflación urbana

La inflación urbana provocó una serie de consecuencias trágicas. En primer lugar, la aparición de un paro urbano que tiene unas consecuencias mucho más graves en el contexto urbano ya que la supervivencia en la ciudad es mas difícil que en el campo. La pobreza urbana que se ha señalado mas arriba es la salida natural de esta inflación urbana y la creación de toda clase de suburbios y zonas de miseria.

Hay que señalar una diferencia muy importante que enlaza con lo anterior. El joven del siglo XIX que en el Norte emigraba a la ciudad, lo hacía llamado por el empleo urbano. Sin embargo, el joven del tercer mundo que emigra a la ciudad lo hace fundamentalmente repelido por el modo de vida rural y atraído por el urbano. Esto hace que existen dos clases de emigraciones muy distintas entre una y otra: una es mas propiamente económica, la otra tiene un carácter más “cultural”.

Otra consecuencia que se ha señalado es la hipertrofia del sector servicios. El sector servicios está principalmente concentrado en las ciudades. Sin embargo, este sector se concentra, por la falta de un sistema financiero eficiente, en actividades poco intensivas en capital o en la economía sumergida o sector informal (desde actividades alegales como el trabajo sin contrato o la prostitución, hasta actividades cuasidelictivas o criminales). Esta dualidad es favorecida por el carácter ficticio de las legislaciones laborales. Bairoch estima que este sector “informal” puede alcanzar el 40 % en las ciudades de más de 100 000 habitantes.

Conclusión

En los dos artículos anteriores hemos visto que en el tercer mundo se produce una gigantesca explosión demográfica en un tiempo relativamente breve. Esta condición crea un distanciamiento respecto de occidente donde la evolución fue más lenta y la distribución de la población adicional llevó a un desarrollo sin precedentes. En el tercer mundo el crecimiento demográfico es demasiado rápido no consigue acoplarse correctamente con la distribución de la población activa entre sectores ni entre el campo y la ciudad, produciendo así una serie de trágicas consecuencias.

A modo de conclusión es valioso señalar algunos puntos mas generales y ponerlo en contexto el subdesarrollo general del tercer mundo. En primer lugar, una de las principales razones por las que el tercer mundo fracasó en su desarrollo fue por intentar pasar de un sistema profundamente arcaico a una economía industrializada moderna cuando la sociedad no estaba preparada económica, social ni culturalmente La evolución que en occidente tardó casi 300 años, se intentó en el tercer mundo en menos de 30. El proceso fracasó y las costuras sociales se rompieron. La industrialización forzosa, los programas educativos literalmente calcados sobre los occidentales hicieron que la mayoría de los países recién accedidos a la independencia fracasaran.

Esto me lleva a defender que todo modelo de desarrollo debería estar acomodado a las peculiaridades sociales y culturales de cada sociedad, debería estar “embedded”. El modelo de capitalismo japonés es distinto del americano y el sueco distinto del inglés, y sin embargo, todos tienen mas o menos éxito. Aunque la economía es una ciencia universalmente aplicable, las circunstancias a que se aplica son distintas y por lo tanto requieren soluciones adaptadas. Los programas de desarrollo basados sobre la exportación forzosa del consenso de Washinton y la liberalización salvaje fracasaron. Los intentos proteccionistas y los análisis marxistas de la desigualdad también. Cualquier intento de exportación del modelo europeo corporatista fracasará igualmente.

Una segunda conclusión es que la culpa no fue de occidente. El proceso de descolonización iniciado por las minorías nacionalistas educadas en la metrópolis de los países colonizados llevó a querer emular a todo precio a ésta. Sin embargo, este intento de emulación se hizo sin la conveniente adaptación progresiva. El proceso de “catch up” facilitado por el plan Marshall en Europa o el milagro japonés se explican por las estructuras desarrolladas de estos países a lo largo de la historia. Aunque es cierto que la colonización fue un freno para el desarrollo y que las barreras comerciales frenan la expansión económica, las causas mayores de la pobreza se encuentran en la epidemia de SIDA que lastra la productividad, la explosión demográfica y una incapacidad en la gestión del espacio en la ciudades. Es decir, el subdesarrollo del tercer mundo existe principalmente por factores internos y no es de recibo culpar al mundo desarrollado.

La historia del subdesarrollo del tercer mundo es una historia triste. Sus causas son complejas y difíciles de explicar, aunque todo apunta a que residen en factores internos. Desde mi punto de vista esto es un arma de doble filo. Por un lado, es triste porque el problema es mucho más difícil de solucionar que modificando el comportamiento del mundo desarrollado. Pero por otro lado, es esperanzador. Si la pobreza del tercer mundo fuera necesariamente el motor del crecimiento de occidente, eso querría decir que nuestra prosperidad se hace a costa de la suya y que existe un número cerrado de pobreza que debe distribuirse entre ambos mundos necesariamente. Al contrario, si esa pobreza es fruto de su situación interna, eso significa que un mundo donde la prosperidad beneficia a todos es posible y que por lo tanto cabe reivindicarlo. No se trata de un problema de distribución sino mas bien de eficiencia.