Iglesia-Estado: el dialogo abortado
Introducción: secularismo y modernidad
El secularismo es una de las grandes conquistas de la modernidad. Entiendo por secularismo algo bastante amplio que designa todos los esquemas en donde políticamente, el poder secular está por encima del poder religioso y se toleran distintas creencias y cosmovisiones.
Esto no es solamente algo puramente ideal, como lucha épica por la libertad de creencias y de conciencia, sino que además es la prolongación natural de una de las bases fundamentales de nuestra properidad y nuestra civilización: la admisión y tolerancia del disenso y el freno al totalitarismo son las bases para el dinamismo de las economías occidentales. David Landes, por ejemplo, explica que el dualismo medieval entre el emperador y la iglesia y la lógica de checks and balancies que supuso, fue un factor decisivo en el desarrollo del excepcionalismo europeo. La libre competencia de cosmovisiones, concepciones de la realidad y su compatibilización pacífica en el espacio público bajo la fórmula del pluralismo, no solo es un imperativo ético, es sobre todo una necesidad para el desarrollo (en sentido lato).
El secularismo y la la sombra de la historia
Aunque el secularismo es un fenómeno común a todo el mundo civilizado, existen distintas fórmulas de pluralismo y muchas más de secularismo. La historia europea ha trazado dos caminos distintos para los Estados protestantes y los Estados de obediencia romana (se trata detipos ideales). En los primeros, el proceso de secularización se lleva a cabo a través de la acción política; en la medida en qué la espiritualidad es una competencia del Estado, la progresiva democratización llevó también a la tolerancia de las iglesias oficiales (el caso de Suecia es paradigmático) de confesiones no oficiales y de ideas disidentes.
En los Estados católicos, sin embargo, este proceso es distinto. En tiempos de la contrarreforma se forja una alianza entre el el altar y el trono. El término alianza sugiere que a diferencia de los Estados protestantes, las partes (los Estados y Roma) mantienen su individualidad sin subordinación. Aunque es cierto que las iglesias se renacionalizan acentuando sus particularidades y rompiendo el universalismo medieval, estas no son absorbidas por la maquinaria del Estado, sino que coexisten como una organización paralela en un equilibrio de poder.
Esta fórmula hace que los procesos de secularización sigan un camino bastante distinto el esquema clásico del enfrentamiento entre secularistas y confesionalistas cuya chispa prende con el génesis de la edad contemporánea. La conquista del poder por el pueblo y el dogma de la soberanía nacional ponen en cuestión el equilibrio de poder que existía entre la iglesia y el Estado, revisándolo a favor del segundo. El resultado son las luchas a menudo violentas que se llevan a cabo a lo largo del siglo XIX y parte del XX donde el secularismo toma a menudo la forma de un anticlericalismo explícito, dividiendo violentamente a las sociedades que lo sufren. Dos ejemplos de la culminación de este proceso son las terribles leyes de separación de iglesia-estado de 1905 en Francia y el proyecto laicista de la segunda república española.
España: de la II República a la transición
El caso que nos interesa aquí es el de España. El triunfo del bando apoyado por la Iglesia católica en la guerra civil llevó a la instauración de un regímen de tipo autoritario cuya religión oficial era la obediencia romana.
El concordato firmado entre la Santa sede y el régimen consagraba y modelo claramente cesaropapista análogo al del antiguo régimen donde la iglesia tiene competencia sobre el Estado, y, al mismo tiempo, el Estado competencias sobre la iglesia (un ejemplo es el derecho de terna). Así, durante un primer periodo, la Iglesia juega un papel legitimador del régimen, contribuyendo a fraguar sus apoyos en un modelo puramente corporativo y en competencia con las demás familias del régimen (el sindicato, el partido, el ejército, etc).
Sin embargo, a este primer rol de legitimación se a va a forjar un segundo papel de desestabilización y de motor del cambio del régimen. Esto es algo bastante constante en todos los regímenes autoritarios donde se respeta a la iglesia: la iglesia permite la supervivencias de estructuras de sociedad civil y por lo tanto permiten cierto pluralismo dentro del regímen y cierta capacidad para la acción colectiva.
Con el cambio de contexto internacional (la guerra fría) y sobre todo eclesiástico (el concilio vaticano II, la marxización de un sector importante del clero) va a ser la propia Iglesia la que reclame un espacio de autonomía respecto del régimen. Va a ser en la propia iglesia donde va a nacer un sindicato como comisiones obreras o desde donde muchos intelectuales católicos van a proponer la necesidad de un cambio (¿alguien sabe de donde vino José Bono?).
Por otro lado, la iglesia jugará un papel totalmente esencial en la modernización del régimen. Tras la marxización de los jesuitas (mayo del 68 fue el apogeo de este fenómeno), la creación de varios grupos seglares (de los que el Opus Dei es el máximo exponente) significarán un intento de refundar una élite dentro de la propia Iglesia que, siendo especialmente conservadora en determinados aspectos (bioéticos fundamentalmente), era profundamente pragmática (léase tecnocráta) en la mayoría. De esta forma, tal vez sin saberlo, los intelectuales conservadores pusieron a España en la ruta del progreso sobre el que se asienta nuestra prosperidad.
La iglesia, el Estado y la Constitución del 78
El papel jugado por la iglesia en el proceso de cambio político del lado de las fuerzas del progreso no fue gratuito. Al igual que en todos los esquemas de transición bajo la forma de “ruptura pactada/reforma pactada” (los países excomunistas o algunos países de América Latina son un ejemplo), las élites del antiguo régimen se aseguran un billete de entrada en el mismo.
Las relaciones iglesia-estado están reguladas en España bajo el modelo de “Estado aconfesional no laico”. A diferencia de un modelo de Estado laico, como el francés, el Estado reconoce la existencia de iglesias y colabora con ellas para la mejor protección de la libertad de creencias de los individuos. El Estado no ignora a las Iglesias, sino que las reconoce y las protege en función de su representatividad en la sociedad. Así, la enseñanza de la religión(voluntaria) en centros públicos, los acuerdos en materia matrimonial, los acuerdos en materia de protección del patrimonio artística así como la financiación por medio de las estructuras del Estado convierten a España en un Estado aconfesional no laico.
Esta estructura legal conlleva aparejada una realidad política. A diferencia de un Estado laico (como Francia o Turquía) la expresión de la religión en el espacio público no es algo socialmente proscrito, sino reconocido como normal. La Iglesia se considera una institución más de la sociedad civil, como los sindicatos, la patronal, o las organizaciones no gubernamentales, que puede expresar su opinión sobre toda clase de temas en los que se considere concernida.
El diálogo y sus presupuestos
Esta es sin duda la parte más interpretativa del artículo y por tanto, se inscribe de forma explícita en una concepción normativa (ergo personal) de las relaciones iglesia Estado. Ruego al lector un mínimo de caridad interpretativa.
Si la existencia de una separación difusa, es decir no nítida, de la iglesia y el Estado tiene sentido, es porque con ello se protege la libertad de creencias de los individuos. Los acuerdos iglesia Estado tienen sentido, si y solo sí, son un instrumento del secularismo, entendido como garantía de la pluralidad religiosa.
Es entonces de rigor permitir una participación de las iglesias, al igual que de otras organizaciones de la sociedad civil, en la toma de decisiones que les afecten. Sin embargo, describir el ámbito de competencias de cada una de las partes (las iglesias y el Estado) supone circunscribir el ámbito de lo religioso, y es ahí donde aparece el problema.
Y esto es importante debido al carácter fundamental y fundacional que revista la libertad de creencias. La libertad de creencias es una libertad de cosmovisión, se trata, como decía Ortega, de la creencia que me sostiene (“Las ideas se tienen, en las creencias se está”). Una sociedad liberal (en sentido rawlsiano) debe proteger las creencias de los individuos pues es razonable pensar que éstas, por su carácter fundamental) ocuparán el máximo orden jerárquico tras el velo de la ignorancia.
El problema aparece a la hora de delimitar lo que afecta y lo que no afecta a la libertad de creencias. Al ser las creencias el soporte ético de todo proyecto de vida humano (“en las creencias se está”) éstas se manifiestan en todas las áreas de la vida humana y por tanto amenazan por transformar todos los conflictos políticos, antes resolubles por el diálogo, en choques de mitologías donde el diálogo no existe.
El diálogo entre la iglesia y el Estado supone entonces un respeto y un reconocimiento fundamental entre las partes. Esa es precisamente la actitud que se echa de menos, especialmente si tenemos en cuenta las recientes demostraciones por parte de la iglesia, así como las reacciones desde el lado del gobierno que plantean una situación de “diálogo abortado”.
Es en primer lugar inadmisible que se pretenda imponer un diálogo bajo el formato de un ética utilitarista, como parece proponer una parte de la izquierda. Si la libertad de creencias significa algo, es precisamente admitir el respeto de la espiritualidad y por lo tanto de paradigmas no materialistas como igual de legítimos que el paradigma materialista. Lo que caracteriza a un Estado aconfesional no laico, es que es un Estado neutro que no milita en ninguna creencia, ni siquiera el agnosticismo, sino que las reconoce todas.
Es por otro lado contrario al espíritu del modelo que la Iglesia pretenda imponer su propio modelo. En primer lugar, como ex cristiano, creo que es posible denunciar una instrumentalización del mensaje y la identidad cristiana al servicio de convicciones políticas conservadoras. Por otro lado, si la Iglesia quiere integrarse en un esquema pluralista, debe admitir, como condición sine qua non, el marco institucional que sustenta este esquema y por lo tanto la lógica “democracia representativa+derechos fundamentales”. La iglesia debe reconocer que su campo de acción es el de la protección de la libertad de creencias y esto pasa por tolerar (en sentido cristiano) las cosmovisiones que no le son afines y la libertad de creencias no puede abarcar, en ningún caso, el derecho a vivir en la sociedad de su elección. Si lo que se pretende es defender la superioridad moral de un determinado modelo de familia, el lugar es un púlpito o una carta pastoral, no la calle o un partido político.
Hoy más que nunca es necesario abogar por el diálogo. El diálogo es, además de una exigencia ética, la mejor garantía dela paz. Sin embargo, esto por reconocer un espacio para el diálogo y sus límites.






Enero 2nd, 2008 at 8:24
¿Las terribles leyes de separación de iglesia-estado de 1905 en Francia? ¿”Terribles” por qué?
Enero 2nd, 2008 at 13:04
Terribles porque son explícitamente anticatólicas. Es cierto que con el tiempo se han suavizado mucho, pero cuando se promulgan la gente perseguía a los religiosos, los curas tenían prohibido el acceso a puestos públicos (presentarse a unas oposiciones a cátedra por ejemplo) y hoy todavía decirse cristiano es algo proscrito socialmente en francia (ni se te ocurre decirlo en una entrevista de entrada en una grande ecole).
Enero 2nd, 2008 at 20:05
Lo normal es que esas leyes fueran en la Francia de 1905 “anticatólicas” y no antiluteranas o antimusulmanas puesto que era la beligerancia de la iglesia católica defendiendo sus privilegios en las instituciones educativas lo que se estaba convirtiendo en un problema para el estado.
Desde la iglesia sin duda juzgaron todo aquello como “terrible..” la pérdida de privilegios milenarios!!! No menos terrible fue la revolución francesa para la aristocracia, sin duda.
Es complicado que dialogue quien está en una situación de privilegio; sobre todo si hay ausencia de talento, lucidez e inteligencia. Seguramente prefiera apoyarse en esa situación y usar la fuerza, aunque realmente sólo sea una fuerza ya espectral. La iglesia católica francesa por no dialogar sobre sus privilegios y oponer desde el principio la fuerza bruta propició el estado, junto con la Turquía de Ataturk, más laico del mundo. Aquí, sin la ayuda ya de una cruzada, es posible que acabe todo del mismo modo. Al menos eso esperamos quienes de repente, después de tantos años de indiferencia ante los privilegios que la iglesia conservaba en España, nos hemos despertado “anticlericales” un buen día, más que nada por los gritos de Rouco y el monseñor de Valencia.
Enero 3rd, 2008 at 11:04
Me parece bien la comparación con la revolución francesa: hay una diferencia entre abolir los privilegios (legítimo) y guillotinar a los nobles y cargarse a media región de Vendée por ser monárquica (hay estudios que lo calculan en casi un millón de personas, campesinos no nobles.) (qué es una barbaridad). No quiero caer en la decontextualización histórica, pero de ahí a ensalzarlo como algo loable…
Idem con Ataturk: la modernización a base de acero y sangre (que le pregunten a los armenios) puede considerarse aceptable según bajo qué principios, pero no creo que sea algo de lo que estar orgulloso. L
as políticas de nation building tienen en su pasivo político muchas víctimas, aún cuando se hagan en el nombre del progreso. No creo que se las pueda condenar de forma general, pero creo que el adjetivo terrible está más que justificado.
me la impresión de que identificas “laico” y “anticlerical”. Me parece bien, por eso yo estoy en contra del Estado “laico” y a favor del aconfesional.
Privilegios para la iglesia en españa: no creo que haya “privilegios” (es un término que suele hacer referencia al antiguo régimen). Las bases para tener acuerdos con las distintas confesiones (no solo la iglesia: los testigos de jehová, las confesiones judías, la musulmana, etc también tienen un estatus específico) son la protección de la libertad de creencias individuales. Por supuesto, el hecho de que una abrumadora mayoría de gente se reclame católica (al menos en las encuestas y en la declaración y a la hora de escoger optativas en el colegio) es algo que justifica que la acción sea mas enérgica con una determinada confesión: ¿está mal? si yo fuera libertariano (liberal español) te diría que sí, pero como socialdemócrata me parece más que una necesidad.
Enero 3rd, 2008 at 20:51
sólo señalaer
Enero 3rd, 2008 at 21:40
perdón, sólo señalar, decía, que el así llamado genocidio armenio se remonta a hechos de 1915, un momento en el que Mustafa Kemal era únicamente era uno de los estrategas más brillantes de la Primera Guerra Mundial, precisamene ocupado a la sazón en echar al mar a los australianos y neozelandeses que habían desembarcado en los Dardanelos. Mustafa Kemal no lograría relevancia política hasta después de la capitulación de Turquía, con la guerra de liberación y la proclamación de la la república. La República Turca no se construyó contra las minorías del antiguo estado otomano sino contra las potencias occidentales que habián ocupado sin convicción parte de lo que hoy es Turquía y sobre todo contra Grecia que con más resolución pretendía anexionarse gran parte de la mitad occidental de Anatolia.
No voy a entrar en si laico o anticlerical, porque no viene ala caso. Pero hay algo que me desconcierta en tu respuesta, esa preferencia o identificación con el estrado aconfesional frente al laico basada en “la protección de la libertad de creencias individuales” cuando esas libertad está sobradamente garantizada por el estado y sus instituciones y el ciudadano no necesita mediadores señalados por el estado que se la administren… los acuerdos con las asociaciones religiosas no garantizan un derecho individual, sólo privilegian a la asociación con la que se acuerdan. El que la cantidad sea un fundamento de derecho para un socialdemócrata español aún me pasma más. No quiero pensar dónde podríamos llegar con analogías.
Tus datos estadísticos sobre la asignatura de religión y la catolicidad de los españoles son poco rigurosos, me temo. En las escuelas donde realmente se puede elegir, las públicas y las no religiosas, el abandono de la asignatura de religión tras los ritos sociales de la primera comunión es masivo… al final de la educación obligatoria la opción por la religión es residual.
Saludos. La distinción laico-aconfesional es poco consistente. Tanto o más que oponer o identificar laico-anticlerical.
Enero 5th, 2008 at 17:50
Un par de precisiones:
Con turquía no me refería sólo al genocidio armenio ni específicamente a Ataturk, solo era un ejemplo de que políticas hechas en el nombre de causas nobles pueden tener daños colaterales terribles y según cuando no justificados. Pero vamos, también me vale chile o España como ejemplo.
Sobre la catolicidad: la verdad es que hablo de datos de memoria, estoy pensando en un informe que hizo el país algún tiempo atrás (más de un año). Estoy de acuerdo en que es algo que decae, pero hoy una inmensa mayoría de la gente se siente nominalmente católica: no van a misa, pero si que piden un funeral católico.
Sobre los acuerdos de asociación: tu visión es liberal. No me parece mal, mientras estés dispuesto a aplicarsela a todas las ONGs, sindicatos, fundaciones y partidos políticos que reciben ayudas del estado (el sistema de represetanción sindical sí que es acojonante…). Por cierto; si la cantidad no es un fundamento, entonces cuál es? La democracia me suena que iba de eso del peso de la representatitivdad.
Enero 8th, 2008 at 8:10
La cuestión es la subvención o trato preferente en nombre de la supuesta protección de un derecho… eso no tiene nada que ver con los también discutibles, por otros motivos, apoyos al fúrgol o a cualquier oenegé.
Hay un libro “La invención de Europa” de Emmanuel Todd, que creo que aporta datos e hipótesis muy sugerentes que ayudan bastante a redefinir un poco las viajas creencias sobre la catolicidad de España y de los españoles durante los últimos siglos.
La cantidad (aunque sea de votos) no puede enarbolarse nunca, o no debiera, frente o contra un derecho. Creo que no hace falta poner eixemplos. Es una cuestión de principios y realmente la definición misma de lo que pueda ser “un derecho”.
Enero 9th, 2008 at 12:18
Sobre la catolicidad:
No he leido el libro. Yo hablo de los datos donde la gente tiene oportunidad de definirse como catolico o no (la declaración de la renta, las encuestas, etc…). En segundo lugar, en España la religiosidad es un asunto de sociedad (de facto). La iglesia tiene posiciones políticas explícitas. Esto es algo que no ocurre en Francia, por ejemplo.
“La cantidad (aunque sea de votos) no puede enarbolarse nunca, o no debiera, frente o contra un derecho. Creo que no hace falta poner eixemplos. Es una cuestión de principios y realmente la definición misma de lo que pueda ser “un derecho”.”
Como razonamiento filosófico me parece bien, pero como aprendiz de economista no puedo compartirlo. En el mundo real operamos con recursos limitados y deseos ilimitados, las instituciones religiosas tienen potentes economías de escala y por lo tanto solo es optimo considerarlas a partir de un determinado número de consumidores (creyentes en este caso).
Enero 16th, 2008 at 7:39
Aprendiz de economista:
con más razón, si nos diéramos una vuelta por los fundamentos de la economía institucionalista, nos encontraríamos con que la legitimación de los agentes siempre viene impuesta desde el poder legitimado por el estado y en consecuéncia regulado por normas de derecho necesario.
Si comparas como iguales a la iglesia católica y los sindicatos, no debería extrañarte que en terminos de acción política, se hechen a la calle para reivindicar su particular visión del mundo; además de mantener su posición en el mercado de la muy constitucional aconfesionalidad.
Mayo 11th, 2008 at 10:45
[...] republicanista (de extrema izquierda) estoy a favor de que se trate a la iglesia con un trato análogo al de la cruz roja; creo qeu el Estado debe subvencionar, dar cobertura, y consultar a la iglesia y a las demás [...]
Mayo 29th, 2008 at 18:20
De momento, con mis disculpas:
http://chiaroscuroxxi.blogspot.com/2008/05/el-referente-europeo-ii-la-vocacin.html#comments
Junio 12th, 2008 at 18:40
He vuelto
Las promesas están para cumplirlas, aunque sea tarde.
En respuesta a tu petición de opinión, me parece que está muy bien traído el análisis que haces del doble papel de la Iglesia durante el Franquismo, primero como legitimadora y después como desestabilizadora, pero añadiría un par de matices.
Lo del papel legitimador es cierto, desde el momento mismo de la interpretación de la Guerra Civil como una cruzada (desde sus primeros compases), aunque hay que tener en cuenta también que en el momento en que se produce el golpe militar contra la república la Iglesia era fundamentalmente antirrepublicana, más que profranquista; entre otras cosas, porque a esas alturas nadie tenía aún una idea demasiado clara de qué iba a significar aquello de ser franquista (y hasta septiembre de 1936 como mínimo, ni siquiera de que militar en el bando nacional equivaliese a “ser franquista”).
Lo que me parece importante mencionar es que el Concordato de 1953 no refleja exactamente una situación “igualitaria”, y que de hecho la Iglesia sale en esos acuerdos bastante más beneficiada que el régimen; el derecho de terna no era algo sustancialmente nuevo sino el reconocimiento oficial de algo que llevaba en la tradición española mucho tiempo, y que por lo demás no suponía tampoco un gran poder (volveré sobre esto). Lo que el régimen realmente obtenía era legitimidad, y muy especialmente legitimidad internacional y reconocimiento diplomático: para la legitimidad interior no hacía falta un concordato con la Santa Sede. No es casual que esto coincida cronológicamente con los acuerdos con Estados Unidos ni que dos años después se produjera la entrada de España en la ONU. A cambio, la Iglesia obtuvo del régimen beneficios económicos, sociales y políticos de primer orden, y un espacio de maniobras bastante amplio dentro del régimen que a la larga resultaría fatal para este.
Respecto a los tecnócratas opusianos, aclarar un par de cosas: el Opus es anterior a las tendencias del Concilio Vaticano II, y su ascenso a puestos de poder dentro del franquismo (aunque posterior a su fundación) también lo es. Es fundamentalmente en los años cincuenta cuando cobran protagonismo los tecnócratas frente a los católicos de otra orientación (como los de la ACNP). Pero en cualquier caso, sí que está claro que las políticas puestas en marcha por los mismos tienen mucho que ver (todo, en realidad) con el desarrollo de los sesenta, que a la vez que prolongaba la vida del régimen –al conferirle una base sociológica y un apoyo pasivo de las clases medias– estaba condenándolo a muerte porque parece una constante que en sociedades con cierto grado de desarrollo económico acaba reclamándose una pluralidad. Por lo demás, esta apertura económica y este desarrollo también (vuelvo a lo de antes) tuvo mucho que ver con la inserción en el contexto internacional –y esta está inextricablemente ligada a la actuación de los tecnócratas: el Plan de Estabilización de 1959 responde a recetas de los organismos internacionales, sin ir más lejos–.
En cuanto a las tendencias postconciliaristas, no conviene exagerarlas, pero jugaron un papel fundamental. Cuando digo lo de la no-exageración, me refiero a que no es que de pronto la Iglesia española se convirtiera al ecumenismo y la búsqueda de una independencia frente al Estado (antes al contrario, una buena parte del clero español fue del todo recalcitrante). Y retomo lo que te decía antes de la escasa importancia de la terna: cuando el Papado comienza a reclamar que los Estados que siguen manteniendo esa prerrogativa la cedan amablemente, Franco se negará. Hay correspondencia (la mar de divertida) entre ambas partes que merece la pena leer. El caso es que la respuesta del Vaticano consistió en nombrar auxiliares conciliaristas para los obispos recalcitrantes que el régimen no permitía quitar de en medio. Los enfrentamientos dentro de la propia Iglesia española a partir de los sesenta son fuertes, de hecho.
En fin, me estoy enrollando, y eso que sólo pretendía hacer un par de puntualizaciones. En síntesis, me quedaría con una frase que le oí a Martín Villa hace poco en una conferencia: “[En el momento de la Transición política], los españoles tuvimos la suerte de que la Iglesia había tenido ya su propia transición.”
Junio 16th, 2008 at 16:10
hola irene
Muchas gracias, me alegro de descubrir que no he dicho muchas cosas incorrectas. La verdad es que tus matizaciones completan bastante bien mi punto de vista, así que muchas gracias
Septiembre 18th, 2008 at 20:58
[...] y la “carta magna de la barbarie”.Pienso que, en contra de lo que he podido afirmar en otros sitios ninguna parcela de la realidad humana debe escapar al análisis científico; que las acusaciones de [...]