En una ciudad hay dos hospitales de distinto tamaño. En el hospital más grande nacen diariamente alrededor de 45 niños por día y en el más pequeño unos 15. En media la proporción niños/niñas nacidos en total es del 50%/50%, sin embargo, esta proporción puede variar en un día concreto pudiendo estar por encima o por debajo en un determinado hospital.
Durante el año pasado cada hospital mantuvo un registro de los días en los que más del 60% de los nacimientos eran niñas. La pregunta que quiero que respondáis en los comentarios es: ¿cuál de los dos hospitales, el grande o el pequeño, creeis que registró más de esos días? (no vale mirar en google). La respuesta os la doy en un par de días.
A pesar de las conspiraciones en todas partes de los gnomos de londinenses que ve el gobierno, The Economist sigue siendo, con mucho, el mejor semanario de Europa. No suelo estar de acuerdo con muchas cosas que dicen, creo que a veces se les ve el plumero ideológico y que a menudo pecan de ingenuos, pero tienen al menos un par de cosas fantásticas: mostrar siempre las dos caras de un problema y apostar el high profile. Explican las cosas de forma pedagógica y citan a gente buena. En España o en Francia en las páginas de opinión se ven demasiado a menudo apuestas por la psicomagia y en las de informacion periodistas que no han digerido bien lo que les han contado.
Y en todo esto pensaba viendo el debate (escrito) que han organizado sobre el asunto de la Innovación financiera. Básicamente han juntado a dos cracks de la economía como son Ross Levine (pro) y Stiglitz (contra) para que discutan si el desarrollo de los instrumentos financieros cada vez más sofisticados es algo globalmente positivo o negativo. El debate ilumina algo que es bastante cierto sobre la profesión económica que comenta la moderadora en el turno de réplicas; a nivel teórico/abstracto, ambos están generalmente de acuerdo en que un sistema financiero eficiente es fundamental, en que las innovaciones financieras son un arma de doble filo con riesgos y oportunidades, etc… Sin embargo, cuando se mueven a un terreno más concreto, la diferencias aparecen. Viene a poner sobre la mesa lo que decía yo en este post que lo que divide a los economistas ¨(serios) liberales y socialdemócratas no es tanto una perspectiva teórica, sino un problema de optimismo o pesimismo relativo respecto a determinados mecanismos de asignación de recursos; un pesimismo u optimismo que juega cuando la evidencia empírica es ambigua.
Nos llegaba el otro día la noticia de que a Nacho Uriarte, diputado por Valencia presidente de NNGG del PP en Guadalajara, le había ocurrido un lamentable accidente después de haber conducido su automóvil con alguna copilla que otra de más. La historia tenía más morbo, si cabe, por el hecho de que fuera miembro de la comisión de seguridad vial del congreso. Puedo ya oír a las voces de la progresía denunciar tal falta de incongruencia con el decoro democrático. Lo que ellos ignoran es que Uriarte es sólo una manifestación de los espíritus que, como el padre y el hijo, viven en constante reciprocidad en la derecha y de cuyo resultado de amor recíproco emerge, a modo de espíritu santo, el PP en España.
Por un lado, tenemos la larga tradición liberal que pone el acento sobre la libertad individual, la ausencia de corsés estatales al libre desenvolvimiento de la autonomía del individuo, el empresario creativo de la realidad social, el agente último de todo progreso. En esta tradición tenemos a ilustres intelectuales y políticos como Fernando Sánchez Dragó, Esperanza Aguirre, o, también, José María Aznar:
En este sentido, el acto de Ignacio Uriarte podría ser interpretado como un acto de disidencia, de rebelión cívica el primer mártir del derrocamiento de las instrusiones intolerables en la libertad individual. Resulta sin embargo difícil de conciliar esta posición con su actividad en la comisión de seguridad vial, si no fuera porque es fácil argumentar que está en ella para defender los principios liberales en los que siempre ha creído, a modo de topo.
Pero, ah, existe una segunda posibilidad. Un conservadurismo alejado de la eclosión liberal, más sofisticado y con una visión estratégica de la realidad como el que sostienen ilustres figuras como Berlusconi o como el que nos ilustraba J en este post:
Hombre, a mí es que me parece que es esencialmente conciliable: defiendes unas ideas indigestas porque te parece que son en conjunto beneficiosas para el orden social, pero insufribles desde el punto de vista de la felicidad del individuo, así que, a título personal, te las saltas. Se llama conservadurismo, y es mejor que cuando te lo crees, que se llama integrismo, tradicionalismo o, directamente, ser gilipollas. Lo malo es cuando te pillan.
En efecto, daría la impresión de Ignacio Uriarte se adhiere a esta rama de conservadurismo pristino inteligente, dónde es posible defender el carnet por puntos con la mano izquierda y llevar el volante borracho con la derecha, con el problema, claro está, de cuando te pillan.
Sea cuál sea la visión defendida por Uriarte, creo que ello le absuelve de la falta de coherencia que le reprochan algunos.
Atención visitantes ocasionales: este es un post escrito en tono IRONICO y no hay argumento alguno en él más allá del entertainment purpose del progre irredento que escribe este blog
Este es uno de esos post motivados por lectura indignada de periódico. Llevo un tiempo pensando en ello y tirando a estar decepcionado, no tanto o no solo con los políticos, sino con el tipo de opinión pública que tenemos en España. España está en una situación difícil. No hace falta ser economista, ni sociológo para saberlo. Y además, hay cosas que deben hacerse, de forma más o menos inevitable. Pienso sobre todo en la reforma laboral (alguna, la que sea) y la reforma de las pensiones, pero sobre todo en esta última.
El problema de las pensiones es como ya he explicado en alguna ocasión, poco más que un problema aritmético (1). A diferencia de otras reformas, como por ejemplo la elección del modelo energético o la reducción déficit publico, no implica elecciones demasiado complicadas. Es un problema de sota, caballo y rey: si la población envejece, o se aumentan las cotizaciones, o se reducen las pensiones o se aumenta la productividad, o se reduce la tasa de paro, o se aumenta la edad de jubilación. Las dos primeras son relativamente inviables y muy desagradables; las dos siguientes son difíciles y nadie sabe como se hace así que el aumento de la edad de jubilación es un ingrediente básicamente inevitable de cualquier reforma.
Lo que intento poner en claro es que, una vez que uno excluye soluciones radicales como dejar a la gente sin pensión, tirar viejecitas por las escaleras o similar, la idea de que la gente que trabaja debe producir lo suficiente para mantener a los que no lo hacen y que si este último grupo aumenta de tamaño hay un problema que solo se resuelve revertiendo el proceso se impone de forma casi inevitable. La ideología podrá jugar un papel jugando con los matices. Jose Rodriguez me decía el otro día que a él no le parecía mal aumentar la edad, pero que no creía que fuera el momento y que el periodo de transición era muy corto. Sea. Pero ese tipo de argumentos son un minimatiz en la idea global dónde el conjunto de opciones es muy restringido.
La (tímida) propuesta propuesta de subir la edad de jubilación del gobierno ha sido recibida de forma mayoritaria por casi todo el mundo -grupos políticos y especialmente los sindicatos- como un “recorte de los derechos de los trabajadores” o como algo inadmisible. Los sindicatos han convocado una manifestación para quejarse. La reacción (humillante) del gobierno no se hizo esperar.
Desconozco si, como dice El País, los sindicatos se quejan para que no parezca que son serviles con el gobierno y sus afiliados les presionan para que lo hagan, o si realmente creen en lo que hacen tal y como lo plantean- es decir, como si realmente hubiera alguna forma alternativa de solucionar el problema- que no he podido encontrar en el artículo y a la que no han dado demasiada publicidad. Lo que si tengo más o menos claro es que este tipo de debates no deberían tenerse en una democracia madura.
Supongo que podría meterme con los sindicatos, pero creo que su actitud sólo refleja algo que es un problema de la sociedad española. La posición que tiene en estos momentos la sociedad española ante las reformas es no ambiguamente inmovilista; mejor, es tremendamente reaccionaria. Las acrobacias intelectuales en forma de antropología amateur y psicología espontánea que se hacen para oponerse a casi cualquier tipo de reforma laboral son sólo un ejemplo. El problema de las pensiones es directamente absurdo: nadie propone nada, salvo dejarlo como está.
No es un problema de que uno tenga una ideología de un tipo o de otro; es un problema de que parece que la gente tiene una aversión desmesurada a cualquier clase de cambio, como si el status quo fuera maravilloso. Es un problema de falta de madurez, de no querer hacer frente a la realidad, algo que atestigua, no ya de una sociedad divorciada de sus élites, sino de una dónde éstas no son capaces de articular un discurso que haga frente a los problemas, ni de transmitir la información de las opciones disponibles a la opinión pública, hasta el punto de que da la impresión de que no son conscientes de ello.
(1) Cualquier fanboy de la capitalización individual que tenga previsto comentar está avisado de leerse este paper -o estar al tanto de los argumentos. Si no lo hace y se le nota, mi respuesta será muchas cosas, pero no amable. Mi paciencia es escasa últimamente.
Stiglitz es uno de mis economistas favoritos, si bien probablemente no uno de mis intelectuales públicos favoritos. Stiglitz combina una visión interesante de la economía, basada en un mundo lleno de imperfecciones, fallos de información, descoordinaciones, etc,… con una poderosa mente analítica que le ha llevado a recorrer la mayor parte de los campos de la economía haciendo aportaciones revolucionarias en casi todos ellos sin dejarse encerrar, como suele ser el riesgo en un campo tan complejo y especializado como la economía, en una rama específica. Una de las ramas dónde sus aportaciones tienen más relevancia es probablemente el lado financiero de la economía. Su modelo de racionamiento de crédito es el punto de partida de una rama entera de la economía actual. La paradoja Grossman-Stiglitz es una de las grandes aportaciones a la economía financiera.
Cotilleando en su página web descubro que después de la (en mi opinión poco fructífera) incursión en el campo de la economía del desarrollo y la globalización, las finanzas han vuelto a su agenda. Stiglitz estudia el tema de la inestabilidad financiera en relación con la integración financiera. Mi idea en este post es intentar resumiros su punto de vista de una forma accesible (eso significa: no os asustéis por los títulos, intento explicarlo todo paso a paso) basado en lo que he leído por ahí y este resumen de Yannick Bourquin.
Es realmente interesante que un periódico como el Economist sugiera de una forma tan concreta y abierta que si el liberalismo económico ha tenido muy poco éxito en Brazil es porque los pobres votan:
One reason why liberals have been so muted since Brazil became a democracy again is that voting in elections is compulsory. This means that a large number of poor voters, who pay little tax but benefit from government welfare spending, help to push the parties in the direction of a bigger state. If the same system were to be applied to America, the Democrats might well enjoy a permanent majority.
Si este tipo de cosas se pueden decir de forma tan sincera, creo que nadie puede dudar de que la Guerra Fría ha terminado definitivamente y la Historia probablemente también. RIP
Decíamos en el último post que la prima de riesgo que los inversores exigen por la prima depende de la probabilidad que le asignan esos inversores a un impago y esa probabilidad era tanto mayor como insostenible fuera la deuda. La sostenibilidad era, os lo recuerdo, que a medio plazo el ratio deuda/PIB fuera estable y eso lógicamente dependía de dos cosas: el crecimiento del PIB y el déficit, para que la deuda sea sostenible a medio plazo, deben crecer más o menos al mismo ritmo. Por eso, la prima de riesgo depende de las expectativas que tengan los inversores respecto del crecimiento del PIB y del déficit público. En este post vamos a ver qué hay dentro del déficit público.
El deficit público se define como la diferencia entre gastos e ingresos. Respecto a los ingresos, resaltar sólamente que dependen del crecimiento de la economía; si la economía se hunde, los ingresos que son un porcentaje de ella también. Esto añade más luz sobre por qué es importante que el gobierno haga pensar a los inversores que la economía va a crecer en el futuro: el PIB influye tanto directamente en el ratio deuda/PIB como indirectamente en los ingresos.
Pero la parte que más me interesa aquí son los gastos. Una parte de los gastos está compuesta por la devolución de la deuda pasada: al final de cada año o de cada mes, el sector público tiene que pagar una serie de cupones/bonos que vencen. El verdadero problema está en que, a partir de cierto nivel, hay una retroalimentación en los efectos. Cuando aumenta el nivel de deuda, aumenta la prima de riesgo; pero si aumenta la prima de riesgo significa que para financiar el mismo déficit tendremos que endeudarnos más lo cuál a su vez hará que aumente la deuda y la prima de riesgo. Es posible que llegue un momento en el que estamos en un esquema de Ponzi horrible.
Ahora olvidaos de lo anterior y vamos con la segunda pata del problema. Una de las razones por las que los inversores compran deuda es porque hay mercados dónde uno puede comprar y venderla a gente que no es el gobierno, lo que se llama “mercados secundarios“. Es en estos mercados secundarios dónde se ve cuál es la prima de riesgo; si un bono por el que el Estado se ha comprometido a pagar 1€ se vende en el mercado secundario a 0,5 euros, la prima de riesgo es del 100% (se vende a la mitad de su valor nominal).
Ya tenemos todas las piezas de un ataque especulativo. Vamos a ver tres casos. Primero hay que entender que para un inversor, que un gobierno suspenda pagos es un riesgo y también una oportunidad. Es posible perder dinero si el gobierno no devuelve su deuda, pero también ganarlo apostando a que el gobierno va a suspender pagos. ¿Como? Simplemente, “tomando prestados” (1) bonos en el mercado secundario, venderlos y esperar a que el gobierno diga que no va a ser capaz de hacer frente a sus deudas. Cuando el gobierno diga que no es capaz de hacer frente a su deuda, compra los bonos de nuevo -lógicamente a un precio risible- y los devuelve a quien se los había prestado. La diferencia entre el precio de compra y el de venta es el beneficio. Lo que me interesa que se vea es que esta actitud es totalmente racional -sin tener que acudir a conspiraciones de los Gnomos de Zurich- si uno piensa que es probable que el gobierno suspenda pagos. Una vez que esa probabilidad es suficientemente elevada, todo el mundo hará lo mismo de forma descentralizada. Esto es un “ataque especulativo” y no hace falta que nadie lo organice; ocurre sólo. No es algo demasiado distinto que vender tus acciones o sacar tu dinero del Santander si crees que va a quebrar; es el resultado natural de que las cuentas del Estado estén en mala situación.
Pero hay más casos posibles. Como he dicho antes, la probabilidad de impago depende en parte de la prima de riesgo- que depende de como cotice la deuda en los mercados secundarios. Si de repente la prima de riesgo se dispara porque todo el mundo empieza a vender sus bonos, la probabilidad de impago también aumentará y la gente empezará a deshacerse compulsivamente de sus bonos del Estado a precios cada vez menores haciendo a su vez que la prima de riesgo aumente y así sucesivamente. Es básicamente lo mismo que un pánico bancario y también ocurre sólo, sin que nadie lo provoque ni haya conspiración de los Gnomos de Zurich, con la diferencia de que aquí un Estado puede estar en una situación relativamente sana y sin embargo verse atrapado en un problema de profecia autocumplida.
Sin embargo, también es posible para uno o varios inversores hacerse ricos provocando el problema. Entre un grupo de inversores, deben ponerse de acuerdo para tomar prestados suficientes bonos como para afectar significativamente al precio de mercado y a continuación ponerse a venderlos compulsivamente. Además, se puede aparecer en la prensa sugiriendo que las finanzas del gobierno no son sostenibles, que en un momento u otro ocurrirá, etc… lo que hará que la prima de riesgo se dispare. Al final, llegará a convertirse en una profecía autocumplida y habrá gente que, como dice Wyplosz cuando le citan en el artículo de El País, se haga rica de forma irresponsable. En este caso, es posible que la conspiración (paper) de los Gnomos de Zurich tenga algo que ver.
He tardado cerca de una hora en escribir (y entender lo que quería escribir) este post y el anterior repasando mis libros, apuntes, etc,… La verdad es que me pregunto si los chicos de El País -no digamos ya el lector medio- tenían el background para entenderlo y explicarlo.
¿Qué es lo que nos muestra todo esto? Personalmente, soy escéptico, por razones de higiene intelectual, respecto a la conspiración de los Gnomos de Zurich- de Nueva York en este caso. Sé que el titular queda bien y sé que es algo que ha ocurrido en el pasado (Georges Soros se hizo rico así en el pasado especulando contra la Libra esterlina), pero lo cierto es que es algo dificil de hacer y de todas formas, no hay mucho que podamos hacer. Desde luego, me parece demencial intentar buscarle un texto político moralista a esto; de existir conspiración, es gente intentando ganar dinero, no atentar contra la patria, la unión monetaria o contra un gobierno de izquierdas. Sugerir lo contrario, sin pruebas, es buscarle cinco pies al gato cuando no es necesario. Segundo, el gobierno necesita, con urgencia, dar un imagen de credibilidad y de firmeza y de estar dispuesto a hacer las cosas que haga falta para poner su casa en orden, lo que no es el caso. El último tema con el episodio de las pensiones ha sido para echarse a llorar. Tercero, nada de todo esto estaría ocurriendo si los chicos de la Eurozona se hubieran puesto de acuerdo en una estrategia común. Lo que estamos viendo con la deuda griega es básicamente lo mismo que con Lehman Brothers y ni los bancos, ni los Estados deben quebrar.
(1) “Tomar prestado” es una forma de hablar. En realidad consiste en contratar hoy un futuro dónde se comprometa a vender a un precio en una fecha futura y al mismo tiempo comprar los bonos hoy. El efecto es el mismo que un préstamo que al fin y al cabo no es otra cosa que una compra unida a una promesa de venta.
Una de mis enormes frustraciones con el periodismo contemporáneo es que lo que los medios parecen entender por informar no es cumplir una función de intermediación dónde se haga accesible al ciudadano de a pie información potencialmente complicada, sino coger una información que podría resumirse en seis líneas, envolverla en rumores y falsos tecnicismos para darle un aspecto suficientemente impresionante como para que haga un titular presentable. Creo que se llama sensacionalismo.
La portada de El País de hoy es un ejemplo. “Van a por España”; “los mercados han olido sangre”. Leyendo el artículo intentando entender qué es exactamente lo que intentan sugerir me preguntaba ¿sabe el lector medio de El País qué es un ataque especulativo? ¿lo sabe el periodista, o sólamente tiene en mente la idea de los raiders financieros comprando y vendiendo todos a la vez mientras se llaman por el móvil? La imagen que transmite el artículo es, en efecto, la de un gobierno subyugado por los malvados capitalistas y ejecutivos con corbata y traje de Hugo Boss que se ceban con los más débiles. ¡El retorno de los Gnomos de Zurich! La realidad es, sin embargo, ligeramente diferente y me gustaría intentar aportar una idea del tema.
Empecemos por lo básico: para un gobierno, igual que para cualquier otra unidad económica, es razonable estar endeudado para financiarse, por razones que no vienen al caso. Para ello, lo que el gobierno hace es básicamente vender papelitos dónde pone que se compromete a pagar una determinada(s) cantidad(es) en el futuro que normalmente exceden el precio de venta. Esos papelitos se llaman normalmente “bonos”. El porcentaje que representa esa diferencia sobre el precio al que se vende es lo que le cuesta endeudarse al gobierno y es, grosso modo, el tipo de interés.
¿Por qué tiene que pagar el gobierno un tipo de interés? En otras palabras, ¿qué hay detrás del coste de ese tipo de interés? Hay unas cuantas teorías para explicarlo, pero uno de los factores que influyen (voy a ignorar los demás) es lo que podemos llamar el riesgo de impago. Suponed que el tipo que compra el bono piensa que hay una probabilidad del 0,3 de que no le paguen un bono por el que ha pagado 0,70 €; si suponemos que quiere recibir como mínimo en el futuro lo mismo que pagó por el bono, exigirá recibir más de 0.70 €; exactamente 1€, de forma que lo que espera recibir, una vez incorporada la probabilidad de que no le paguen, 0,70. Esos treinta céntimos de diferencia es lo que llamamos la “prima de riesgo” que es, la compensación que debe recibir el tipo que se queda con el bono por el riesgo de impago. Chequead una cosa importante. Esa prima de riesgo depende de la creencia, subjetiva, más o menos estúpida, que tenga el inversor sobre la probabilidad de que el gobierno cumpla su promesa en el futuro; si el inversor se fía mucho del gobierno, entonces exigirá una prima pequeña, si se fía poco, una prima grande.
A pesar de ser una creencia subjetiva, hay ciertos factores más o menos conocidos sobre la capacidad de un gobierno para pagar sus deudas en el futuro. Por ejemplo está lo que llamamos la “sostenibilidad”, si un gobierno que corre déficit permanentes y cuya deuda no para de hincharse probablemente tenga que dejar de pagar su deuda en algún momento. En general, los economistas pensamos que la deuda, como tanto por ciento del PIB, debe mantenerse estable a medio largo plazo- lo que viene a significar que esa deuda puede crecer tanto como -i.e. el gobierno puede tener un déficit por valor de- el crecimiento del PIB. De otra forma, la deuda será cada vez mayor y el gobierno terminará no pagando. Así, tenemos dos factores que influyen en la sostenibilidad de la deuda: el déficit que corre el gobierno y el crecimiento del PIB. Cuando el comportamiento de esas dos variables es preocupante, lógicamente, la prima de riesgo que exigirán los inversores aumentará.
Pero la sostenibilidad es algo que juega, en principio, a medio plazo. Eso implica que un gobierno que vea su economía en recesión (dónde el PIB cae) no tiene por qué empezar a correr superavits (para compensarlo); la deuda puede crecer temporalmente siempre que en el futuro se reduzca. Para que ese aumento de la deuda no afecte a la prima de riesgo (la probabilidad que los inversores le dan a que el gobierno no pague) los inversores deben percibirlo como algo temporal y ver bien perspectivas de crecimiento para el PIB, bien una firme voluntad del gobierno de reducir el déficit a un nivel sostenible. Si no es así, la prima de riesgo aumentará.
Esto nos da una primera idea de en qué consiste esto de la credibilidad, el liderazgo, la confianza, y demás. Cuando el gobierno propone reformar las pensiones o un plan de austeridad que prometan reducir el déficit en el futuro, o propone reformas del modelo productivo que prometan aumentar el crecimiento en el futuro, el inversor percibe que el riesgo de impago es menor y por tanto la prima de riesgo será también menor. Cuando el gobierno da la impresión de no saber qué hace, promete que no tocará el coste de despido, bla bla bla, la prima de riesgo aumenta. Es un puñetero problema de credibilidad. No se trata, como parece que uno oye por ahí, de dar gustirrinín a los mercados como si fueran dioses abstractos o de contentar a los capitalistas; se trata de que el Estado no tenga que endeudarse a un precio excesivo (i.e. pueda seguir endeudándose para pagar cosas). Pero esto no es toda la hsitoria; vemos el resto en el siguiente post.
Suponed que tenemos el juego de los Lemmings. ¿Recordáis esos simpáticos muñequitos a los que había que ponerles paraguas para que no se estrellaran al caer o a los que había que equipar con picos para que picaran abriendo túneles? El juego nos daba distintos escenarios dónde había que conseguir que un mínimo de ellos sobrevivieran.
Nuestro escenario es en este caso el de tres Islas que conforman el archipiélago “oek-onomía”. Regularmente veremos los Lemmings emigrar de una isla a otra según las reglas que precisaremos a continuación.
La primera Isla se llama “in-aktiva”; a ella llegan periódicamente un flujo de nuevos lemmings a través de una especie de apertura en el techo y también desde la segunda isla.
La segunda Isla se llama “aktiva” y a ella inmigran en barco periódicamente lemming que viene de “in-aktiva”. De ella emigran lemmings que van a parar a “in-aktiva” y a la tercera isla.
La tercera Isla se llama “jub-bilación” que recibe periódicamente lemmings que vienen de aktiva e in-aktiva y dónde periódicamente se suicidan ellos solos -el arte de suicidar lemmings siempre estuvo infravalorado.
Tenemos por tanto flujos de Lemmings que van en varios sentidos y la actividad del archipiélago oek-onomía funciona así.
Al principio de cada año cada Lemming puede bien quedarse en su isla, bien coger el barco y cambiar de Isla, bien aparecer/desaparecer (caso de in-aktiva o jub-bilación).
Durante ese año, los Lemmings que están en la segunda isla trabajan cultivando plantas. Esas plantas tienen la propiedad de atraer nubes que hacen que llueva maná- el único alimento de los Lemmings- en el archiepiélago oek-onomía.
Al final de ese año, en función de la cantidad de plantas que hayan cultivado, llueve una cantidad de maná que sirve de alimento para todos para el resto del año siguiente.
Nuestro objetivo en el juego es conseguir que la cantidad de maná que consume cada Lemming sea relativamente estable o incluso aumente dentro de la medida de lo posible. Esa cantidad viene dada por
Maná por lemming= número de lemmings en aktiva X producción de cada lemming / nº total de lemmings
Como decía, los flujos de Lemmings en el archipiélago oek-onomía son relativamente aleatorios, aunque como jugadores podemos intentar influir en ellos vamos a ver algunos ejemplos.
Suponed que de repente hay una emigración masiva de “aktiva” a -> “in-aktiva”. Si miráis la ecuación de arriba, veréis que por pura lógica el número de lemmings cultivando plantas caerá y la cantidad de maná también caerá mientras que el resto permanece constante. Llamamos a este problema “paro” -cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Suponed ahora que el número de Lemmings que se suicidan en “jub-bilación” cae pero todo lo demás constante. Veremos un número de lemmings total mayor y por tanto una caída del maná por lemming. Llamamos a este problema “envejecimiento”.
Como decía, como jugadores podemos intentar influir en los flujos y en la cantidad de lemmings que hay en cada Isla. Suponemos que antes el problema del envejecimiento queremos podemos poner un coto al número de barcos que llegan a “jub-bilación“. Eso reducirá los barcos que llegan de cualquiera de las dos islas, da igual de cuál. Algunos barcos dejarán de llegar de “aktiva” y otros de “in-aktiva“. Si es el caso del primero, lógicamente tendremos una (principio de) solución al problema dado que el número de lemming en “aktiva” aumentará -ver ecuación. Si es el caso del segundo, nos quedamos igual que estábamos.
Pero entonces llega uno de nuestros amigos y dice “eh, cuidado, intentando arreglar el problema del envejecimiento, vas a acentuar el del paro”. Nuestro amigo nos señala que al prohibir que haya más gente yendo de “aktiva” a “jub-bilación” vamos a intentar tener un problema dónde esos barcos van a salir hacia “in-aktiva” teniendo un problema de, como decíamos, paro (la emigración de “aktiva” hacia “in-aktiva” era lo que habíamos definido como paro).
Eso tiene sentido hablando literalmente. Pero por otro lado, no hemos agravado el problema; a lo sumo lo hemos aliviado. No lo hemos agravado porque los términos de la ecuación en la situación “paro” y en la situación “envejecimiento” son los mismos: tenemos el mismo maná por lemming porque tenemos la misma cantidad de lemmings trabajando en oek-onomía. Lo hemos tal vez aliviado porque mientras que hay lemmings que emigran de “in-aktiva” a “aktiva“, no hay lemmings que emigren de “Jub-bilación” a “aktiva“; es un viaje de no retorno. Si queremos ganar en el juego- aumentar o mantener la cantidad de maná de cada lemming- lo razonable sería limitar -en la medida de lo posible- la cantidad de lemmings en “jub-bilación” y aumentar la cantidad de Lemmings en “aktiva” fletando más barcos hacia aktiva y menos hacia in-aktiva.
Dedicado a Juan Antolin y a Kantor, me consta les gusta la pedagogía friki
El otro día hablaba del problema de las narrativas y de renovación del discurso de izquierdas. Como decía, lo que hace históricamente grande a una ideología es ser capaz de articular soluciones bien fundadas a problemas históricos concretos y para ello es necesario disponer de un discurso,. de una narrativa. En este post quiero, relacionado con el problema de las pensiones que acaba de salir dar un ejemplo de discurso, tipo “meeting” de como sería posible “vender” este tipo de soluciones. No hace falta que diga no es un análisis fino; es un discurso que intenta primar la elegancia sobre la precisión. Allá va: