Los balcanes en el siglo XX (1918-1999)

En los tres meses de vida que tiene este blog he dedicado muchos artículos a la problemática balcánica. Dos hechos han sido los responsables de esa atención especial: la independencia de Kosovo, que recientemente ha aprobado su Constitución, y las elecciones serbias del pasado mes de mayo, con sus consecuencias para la futura adhesión de ese país a la UE. Con el fin de aportar una visión global acerca de las cuestiones tratadas, me ha parecido oportuno publicar el presente artículo en mi blog. Lo escribí el pasado mes de febrero para la Tribuna del Club Lorem-Ipsum.
El final de la Gran Guerra acabó con el sueño de la Monarquía Dual austrohúngara. Su derrota en el conflicto puso fin al estado de los Habsburgo, surgiendo a partir de este un nuevo mapa de la Europa centro-oriental. Serbia, gran rival de los austriacos en los territorios balcánicos, fue una de las grandes beneficiadas en su proceso de descomposición. Bajo el nombre de Yugoslavia surgió un gran estado que agrupaba en su seno a croatas, eslovenos, albaneses, macedonios, montenegrinos, italianos, bosnios y serbios. Se trataba de una estructura política artificial, una cesión de las potencias de la Triple Alianza a las pretensiones expansionistas de los serbios. Los postulados nacionales de tipo wilsoniano no se tuvieron en cuenta a la hora de establecer este nuevo estado; y, por si fuera poco, en lugar de procederse al reparto del poder entre los grupos que lo integraban, todo quedó bajo la batuta de Serbia. A lo largo de este artículo trataremos de explicar el desarrollo histórico de Yugoslavia: un Estado que surgió de manera artificial al término de una guerra y que, en medio de una década conflictiva, desapareció sin dejar rastro.
La situación yugoslava durante el periodo de entreguerras (1918-1939) nos puede ayudar a entender mejor el papel jugado por serbios y croatas en la Guerra Nacionalsocialista (1939-1945). Estos últimos, como segunda etnia más importante dentro del estado, mostraron su malestar -cuando no insubordinación- ante el fuerte centralismo serbio. De esta manera, al comienzo de las operaciones militares llevadas a cabo por alemanes e italianos en los Balcanes, no dudaron en unirse a las potencias del Eje en calidad de fuerzas colaboracionistas. Surgió así, bajo el amparo del Reich hitleriano, el estado ustacha. Este se mantuvo, en constante enfrentamiento con los chetniks y los partisanos serbios, hasta el repliegue de las tropas alemanas.
El final de la Guerra Nacionalsocialista dejó paso a la denominada Europa de Yalta, en donde se daba carta de naturaleza a la división del Continente. Los soviéticos, mediante la táctica frentepopulista, amparada por la presencia en media Europa del Ejército Rojo, establecieron gobiernos afines en Hungría, Rumania, Bulgaria, Polonia, Checoslovaquia, Alemania Oriental y Albania. Yugoslavia no se quedó al margen del fenómeno bipolar que afectó al mundo entre 1945 y 1991. Sin embargo, siguió un desarrollo un tanto peculiar. El poder alcanzado por los partisanos de Jose Broz (Tito) durante el conflicto, hizo innecesaria la presencia de la URSS para liberar los territorios yugoslavos. A esto hay que añadir las buenas relaciones que, por aquel entonces, tenían Stalin y Tito. De esta manera, Yugoslavia siempre vivió un poco al margen de las directrices soviéticas.
Poco a poco las relaciones entre Moscú y Belgrado se fueron enfriando hasta el punto de llegar al nivel de enemistad en 1948. La no aceptación de varios puntos de la doctrina estalinista supuso la expulsión de Yugoslavia del Kominform. El gobierno de Tito recuperó entonces sus relaciones con Occidente, y pasó a formar parte del grupo de estados no alineados. A lo largo de las décadas siguientes las relaciones entre Yugoslavia y la URSS estuvieron marcadas por la desconfianza y por los reproches mutuos. Los yugoslavos apoyaron en la medida de lo posible cualquier tipo de autonomía con respecto a Moscú por parte de los gobiernos orientales (Hungría, Polonia, Checoslovaquia…), mientras que los soviéticos siempre mantuvieron su amenaza militar sobre los territorios balcánicos. Tan sólo la muerte de Tito y la llegada al poder de Mijaíl Gorbachov destensaron un tanto las relaciones de dos estados que, por aquel entonces, se encontraban ya en un periodo terminal.
El final del comunismo en Yugoslavia coincidió cronológicamente con el del resto de países del bloque soviético. Sin embargo, el cambio de régimen disto mucho de ser pacífico. Entre los condicionantes históricos de la guerra de Yugoslavia hay que destacar, en primer lugar, los problemas generados en el proceso de sustitución del estado comunista. Los restantes países de la Europa central y oriental también se enfrentaron a este reto, pero otros factores, como el nacionalismo de los distintos territorios balcánicos o la actitud de algunas potencias occidentales, imposibilitaron ese proceso. Dentro de la cuestión nacional, hay que destacar los siguientes aspectos: el problema religioso, el viraje ideológico de los comunistas hacia el nacionalismo, la identificación de divisiones étnicas como fronteras políticas, y el papel desestabilizador de las oligarquías y del nacionalismo populista.
Las presiones serbias sobre la autonomía de Kosovo y Vojvodina marcaron el inicio de la descomposición de Yugoslavia como edificio estatal unificado. Los nacionalistas de Slobodan Milosevic alcanzaron el objetivo de hacerse con la mayoría de los votos dentro del entramado federal, pero despertaron con esto el sentimiento nacional entre los demás miembros. De esta manera, y a pesar de que el Ejército Popular yugoslavo actuó a lo largo de esos años como prolongación del gobierno serbio, Eslovenia y Croacia abandonaron Yugoslavia entre 1991 y 1992. No obstante, Milosevic no renunció a su idea de la Gran Serbia; es más, la ausencia de Croacia y Eslovenia le permitía actuar con más libertad en favor de sus propios intereses. Le llegó entonces el turno a Bosnia, territorio que serbios y croatas no dudaron en repartirse. Sólo la actuación internacional pudo poner fin a un conflicto que en 1995 llevaba ya tres años sembrando de cadáveres los Balcanes. La ineficaz intervención europea, y el colapso de la ONU ante el veto de Rusia, obligaron a los norteamericanos a intervenir de manera unilateral. Los acuerdo de Dayton y la presencia militar internacional pusieron fin a la guerra de Bosnia, que se establecía como estado independiente. Perdida también Macedonia, las apetencias del nacionalismo serbio se dirigieron de nueva hacia Kosovo, donde los movimientos en favor de la autonomía de la región iban tomando fuerza. Finalmente, los serbios se decidieron a iniciar una guerra que tenía como fin último expulsar a la etnia albanesa del territorio kosovar. Una vez más, la reacción de la comunidad internacional, hacia lo que de hecho era una limpieza étnica, fue lenta e ineficaz. Tan sólo la actuación de los EE.UU. evitó la catástrofe. En 1999, Belgrado era sometido a un duro bombardeo; poco después caía el régimen de Milosevic.
Bibliografía:
[2] Postguerra. Una historia de Europa desde 1945; Tony Judt – Madrid – Taurus -2006.
[3] La Europa balcánica. Yugoslavia, desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días; Ricardo M. Martín de la Guardia y Guillermo A. Pérez Sánchez – Madrid – Síntesis – 1997.
[4] La trampa balcánica; Francisco Veiga – Barcelona – Grijalbo – 2002.
[5] Los conflictos yugoslavos. Una introducción; Carlos Taibo y José Carlos Lechado – Madrid – Fundamentos – 1993.
[6] Guerra en Kosovo; Carlos Taibo – Madrid – Catarata – 2002.
[7] Los conflictos de los Balcanes a finales del siglo XX; Enrique Fojón -GEES - 18 de septiembre de 2002.
[8] Adiós, Milosevich, no vuelvas; Manuel Coma – GEES - 15 de marzo de 2006.
Tags: Austria-Hungría, Balcanes, Bosnia, Croacia, Historia, Milosevic, Serbia, Siglo XX, Tito, Yugoslavia





Junio 23rd, 2008 at 2:12 pm
Muy interesante el artículo! Bueno, de hecho incluso se me ha hecho demasiado breve.
Sobre el tema, me han quedado algunas dudas, como por ejemplo, cómo fueron la convivencia durante la Guerra Fría en Yugoslavia y más detalles sobre el periodo. Por otra parte, hablas del conflicto nacional como agravante de la transición al capitalismo. Bueno, en otras zonas como Checoslovaquia también hubo ese conflicto y no llegaron tan lejos, no?
Un saludo!
Junio 23rd, 2008 at 10:01 pm
[...] Paternak, son tan míos como Cervantes, Shakespeare, Kant, Dante o Goethe lo son de los rusos. Todo el arte nacido en Europa es de los europeos que comparten una Civilización y culturas mundiales con nosotros. La Unión Europea sea quizá, aunque muchos la odien, el mayor [...]
Junio 26th, 2008 at 9:39 am
Braar, tienes razón, es un artículo breve; una síntesis mínima de la realidad balcánica. El periodo de la Guerra Fría lo he orientado más hacia la relación entre Yugoslavia y la URSS que hacia las tensiones internas. Tal vez debería escribir algo para complementar esa cuestión. De todas formas, en el artículo “De Kosovo a Kosova” (está en este blog) doy algunas pinceladas sobre ese asunto, aunque muy centradas en la relación de Serbia con Kosovo y Voivodina.
La cuestión del conflicto nacional y del tránsito al capitalismo es muy interesante. En la antigua Europa del Este la caída del comunismo llevó a un auge del nacionalismo. Eso, en el caso de los estados-nación (Polonia, Hungría, Bulgaria…), no tuvo consecuencias territoriales, pero sí en los estados-plurinacionales. En Checoslovaquia supieron resolverlo con éxito en 1993. La secesión de Eslovenia fue pacífica. Eso no se logró en Yugoslavia. Las razones son las siguientes: la fortaleza de los movimientos que pretendían mantener la Federación y sus escasas o nulas intenciones de ceder en ese aspecto; el auge de los nacionalismo disgregadores, que lógicamente chocaban de lleno con los federalistas; la existencia de una élite política en cada una de las repúblicas que no tenía reparos en hacer uso de la fuerza, es más, la necesitaban para mantenerse en el poder; y, por último, las diferencias entre los yugoslavos del norte y los del sur. En relación con esto último, se ha hablado mucho del mayor desarrollo económico del norte y del lastre que el sur suponía para eslovenos y croatas. Sin embargo, se ha prestado poca atención a su divergente evolución política. Mientras con la caída del comunismo el norte pasó a estar gobernado por la derecha liberal de corte nacionalista, el sur continuó siendo territorio de la antigua izquierda comunista, convertida en socialista o socialdemócrata. Croacia y Eslovenia se adhirieron a la tendencia de los antiguos países comunistas del norte -Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Estonia, Letonia, Lituania-, mientras que Serbia, Montenegro y Macedonia se subieron al tren político del sur; en Bulgaria y Rumania también predominaba la izquierda socialista. Esto hizo imposible el entendimiento dentro de la Federación, ya que los proyectos políticos eran antagónicos; cosa que no pasaba en Checoslovaquia, donde tanto checos como eslovacos pertenecían a una misma tendencia.
Espero haberme explicado bien, porque la cuestión tiene su lío. Un saludo.