Alto el fuego, por ahora, en Líbano

29 de Mayo, 2008por Juan Antolín

La violencia de las primeras semanas de Mayo en el Líbano hizo pensar a muchos en la posibilidad de repetir una guerra civil como la que tuvo lugar entre 1975 y 1990. La situación actual del Líbano daría lugar a artículos y artículos, puesto que es enormemente compleja. Uno de los aspectos más fascinantes es el detonante de la crisis más reciente: el gobierno anunció que quería desmantelar la red de telecomunicaciones y videovigilancia del partido/grupo terrorista Hezbollah, que consideró esa medida como una “declaración de guerra” contra la oposición.

Hezbollah es el ejemplo clásico de cómo los grupos terroristas islámicos construyen toda una estructura para-estatal en el marco de Estados fallidos para legitimar y financiar sus objetivos. En este caso, el gobierno libanés no es capaz de retirar los equipos de vigilancia que Hezbollah tiene instalados en el Aeropuerto Internacional de Beirut sin que los milicianos islamistas tomen al asalto el centro de la capital.

Pero quisiera centrarme en las perspectivas que se abren tras la firma del acuerdo “histórico” el pasado día 21 de Mayo.

Un acuerdo sin “vencedores ni vencidos”, pero que favorece claramente a los partidos de la oposición compuesta principalmente por Hizbulla, que acordó la retirada de los campos de protesta que mantenía en el centro de Beirut, frente al partido sunnita y pro-occidental “14 de Marzo”. Los puntos principales del acuerdo son:

  1. Se nombrará al general Michel Suleiman presidente del gobierno.
  2. Se formará un gobierno de unidad nacional.
  3. Se acordarán las reglas para las elecciones generales en 2009.
  4. Cesará la propaganda incendiaria de la oposición.
  5. Todas las partes deberán renunciar al uso de la violencia.

Pero según The Economist, esto esconde una serie de cuestiones en las que la facción “lealista” ha tenido que ceder ante la presión de Hezbollah de abandonar la negociación. Traduzco y resumo de forma más o menos libre el artículo enlazado:

En primer lugar ha accedido a otorgarles la posibilidad de bloquear las decisiones del consejo de ministros con un tercio de los votos, requisito que Hezbollah exigía por considerar que tras la invasión israelí de 2006, el gobierno pro-occidentel era demasiado débil como para confiar en él.

En segundo lugar, el cambio de la ley electoral (punto 3 de la lista anterior) servirá para marginar aún más a la minoría cristiana lealista y otorgar más diputados en el parlamento a los chiitas de Hezbollah, y a una facción de cristianos que está aliados (sí, sí) con estos últimos. En total los cristianos representan el 35% de la población.

Y en tercer lugar, se ha renunciado a discutir el desarme de Hizbollah, con lo que el singular estatus de este grupo como un partido/guerrilla/grupo terrorista bajo el consentimiento forzoso del Estado, posibilita a potencias vecinas como Siria e Irán a seguir teniendo una punta de lanza en el país.

Por lo tanto, gana Hezbollah, para perjuicio del partido pro-occidental, y de los intereses europeos y americanos en la pacificación de la región.

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