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El Coliseo

Keynes y Samuelson: Estímulo Fiscal

Diciembre 8th, 2009 by Kantor

 

1.-Macroeconomía Keynesiana

 

Aunque mis lectores saben que los bancos no deben quebrar (aunque pueden ser liquidados) mi opinión sobre los estímulos fiscales es mucho menos positiva, y siendo justos, la de la profesión económica tampoco es entusiasta.

 

 

Por una parte, los impuestos progresivos y los programas sociales forman los llamados “estabilidadores automáticos”, que hacen que de forma inmediata toda reducción de la demanda se traduzca en una reducción de la presión fiscal, y en un aumento del gasto social, de forma que el Estado tiende a aumentar su contribución a la demanda cuando los agentes privados reducen la suya. Esto, claro está es positivo, y no merece más comentario.

 

 

No obstante, la tradición keynesiana afirma que el Estado puede y debe ir más allá, aumentando de forma  “discrecional” el gasto público en tiempo de crisis: por ejemplo, estableciendo programas de construcción de infraestructuras, o aumentando la oferta de empleo público para sustituir a la anémica demanda de trabajo del sector privado.

 

 

Ya manifesté mi moderada simpatía por los programas de gasto de la administración Roosvelt durante los años treinta, cuando la Depresión ya era un hecho y no existía un sistema financiero que permitiese convertir ahorro en inversión: al aumentar el poder de los sindicatos y evitar el ajuste a la baja de los salarios, Roosvelt pudo un efecto netamente negativo sobre la economía, pero en mi opinión acertó con los estímulos fiscales. En Alemania, Hitler logro una recuperación más rápida al combinar una fuerte estimulación de la demanda con una reducción drástica del salario real, lo que debería hacer reflexionar tanto a la izquierda que pretende mantener los salarios para evitar la caída del consumo, como a la derecha que rechaza de plano la estimulación de la economía.

 

 

No obstante esta vez los bancos no han quebrado, y por tanto la inversión privada puede reaparecer, y de hecho, según los últimos datos está volviendo en varios países.  Para entender la lógica del keynesianismo,  lo primero que el lector debe preguntarse es ¿si  funciona en las crisis, porque no hacerlo siempre?  Es decir, si un aumento de la inversión pública estimula la economía en las crisis ¿no la estimularía igual en la fase alcista? La respuesta empírica es que dentro de los países desarrollados  los países con inversión pública por encima de la media no crecen más que los demás, así que algo falla en el argumento.

 

 

Y fallan varias cosas: en la fase alcista del ciclo, la inversión pública expulsa a la privada, al competir por recursos y financiación con ella. Pero sobre todo, la estimulación keynesiana genera un stock de deuda pública, que se traduce antes o después en más impuestos. Los déficit públicos generan un flujo corriente de estimulación económica, si, pero dejan tras de sí un stock de deuda que deprime la economía. Ese stock de deuda no es algo que afecta solo al futuro: afecta ya hoy a las expectativas de los agentes, y en particular a las expectativas de los inversores, que saben que el efecto estimulador del déficit público es un depresor de la actividad y los beneficios futuros.

 

Es decir, la estimulación keynesiana de la demanda presente es desestimulación de la inversión, y el lector ya sabe que el ciclo es siempre culpa de la ausencia de inversiones, y solo secundariamente de la caída del consumo. Así que no debemos equivocarnos sobre esto: tirar el dinero en proyectos inútiles no estimula la economía: genera un stock de deuda pública que no está respaldado con un aumento de la productividad.  Si el dinero público se gasta en algo totalmente inútil podemos estar totalmente seguros de que el  efecto sobre el efecto neto sobre el bienestar económico será negativo. Ahora bien, el gasto público, no es necesariamente inútil.

 

 

2.-Hacienda pública samuelsoniana

 

Aunque mis amigos libertarios suelen olvidarse de ellos con frecuencia, los bienes públicos existen. Y aunque muchas veces, por múltiples vías el mercado los provee,  en la medida en que un bien se acerque más a ser un verdadero bien público, el mercado lo proveerá cada vez peor.

Así pues, hay inversiones públicas que merece la pena abordar;  Samuelson , por ejemplo, derivó una condición clásica para que merezca la pena (desde el punto de vista del bienestar) realizar una inversión pública, teniendo en cuenta el efecto distorsionador de los impuestos.

 

Si el stock de bienes públicos se deja decaer, dado que entran en la función de producción, la producción se resiente. Y los inversores detestan los impuestos, si, pero no los bienes públicos, y cuanto más entran esos bienes públicos en la función de producción, más importancia le dan los inversores. No hay inversores anarquistas.

 

El Estado, al contrario que los agentes privados internaliza las ganancias de productividad que generan los bienes públicos en rentas fiscales más altas, y es por ello el único agente que se capitaliza generando bienes públicos, es decir, bienes cuyo efecto positivo sobre la economía es disperso. El famoso faro de Adam Smith no genera beneficios suficientemente altos a ningún ciudadano particular como para que le merezca la pena construirlo, pero para la Oficina de Aduanas puede ser un activo rentable en términos estrictamente contables.  

 

Así pues, cuando el dinero se tira en molinillos, los inversores saben que la condición de Samuelson no se cumple, mientras que cuando mejoramos la red de ferrocarriles de mercancías, los inversores saben que si, y piensan inmediatamente en poner vagones sobre los ferrocarriles construidos por el Estado. Como cualquier otro agente económico, el Estado puede utilizar el incremento de sus pasivos para generar activos valiosos, o para nada, en cuyo caso, al final solo quedan las deudas.

 

Bien, ahora llega el punto importante: ningún argumento keynesiano (macroeconómico) puede afectar al nivel real deseable de bienes públicos. El stock deseable de bienes públicos, es como el tipo de interés, y el nivel de desempleo: una variable real. Y Friedman y Phelps ya nos advirtieron que ninguna manipulación monetaria cambia la realidad.

 

Así pues, el  stock deseable de bienes públicos no cambia con las crisis; los proyectos económicos públicos rentables se determinan “corregidos del ciclo”. Pero si el stock objetivo de bienes públicos no depende del ciclo, lo que si depende del ciclo, y precisamente en esto consiste el keynesianismo (rectamente entendido) es la velocidad de instalación.

 

 

3.-Keynes y Samuelson

 

La suma de lo que hemos aprendido tiene una consecuencia sencilla, que en el fondo resume lo que el Keynesianismo debería haber sido: el Estado debe tener siempre sobre la mesa un stock de proyectos de inversión rentables, y debe ejecutarlos lentamente en la fase alcista del ciclo y muy rápido en las etapas de crisis. Junto con los estabilizadores automáticos, eso es todo. Más allá de ese punto, el gasto público es dispararse en el pie.

 

Cuando el inversor ve al gobierno aumentar el gasto público con fuerza en la crisis, no debe pensar que la línea de AVE que se está construyendo con esa inversión adicional va a aumentar la deuda: debe pensar que la inversión se ha adelantado como consecuencia de la crisis. Si el inversor ve el aumento de la inversión pública corriente como un simple adelantamiento de proyectos rentables (sobre el ciclo), la actividad del Estado no afecta a sus expectativas de beneficio, mientras que la estimulación corriente de la demanda contribuye a la supervivencia de los proyectos de inversión, y nos ahorra subsidios de desempleo y gasto social. Ahí está el “almuerzo gratuito” keynesiano.

Así pues, si de todas formas íbamos a gastarnos una pila de millones en levantar aceras, este es el momento correcto. Pero si por el contrario estamos levantando aceras para “generar trabajo”, no solo estamos tirando el dinero, sino también alargando la crisis. En todo caso, muy probablemente en 2009 ya hemos hecho toda la inversión pública municipal de la próxima década. Así que basta ya.

 

 

Epílogo: la II Guerra Mundial como puzzle económico

 

Recuerdo en mi (¿no tan?) lejana juventud de matemático filo-libertario pero con escasos conocimientos de economía, que al leer “Libertad para Elegir”, la afirmación de Friedman de que el New Deal no había servido para relanzar a la economía americana, sino que la recuperación estuvo asociada a la II Guerra Mundial me llené de perplejidad. ¿Funcionaba acaso mejor el comunismo de guerra que la mera socialdemocracia? La reciente caida del Muro indicaba que no…

 

 

El puzzle me acompaño durante años, pero con el tiempo la respuesta me resultó evidente: a pesar de su inmenso coste, la II Guerra Mundial dejó a Estados Unidos en una posición económica infinitamente superior a la que tenía antes de la Guerra.  En 1945, después de la destrucción de Europa, Estados Unidos realizaba más de la mitad de la producción industrial del mundo. Sus términos de  intercambio eran por tanto mucho mejores que en 1939: los bienes industriales que exportaba eran relativamente más caros que antes de la guerra, y los inputs que importaba eran más baratos. Aunque Estados Unidos habia enterrado montañas de equipo en las islas del Pacífico y en Europa, el gasto público de la guerra habia ido en buena parte a la expansión de un capital fijo que era fácilmente convertible para la producción civil. Disfrutaba adicionalmente, como consecuencia de Normandia y de la necesidad de la presencia de tropas americanas, de un acceso seguro a los recursos humanos y materiales de Europa, que pronto empezarían a actuar como complementos a su propia economía. El mundo entero tenía deudas enormes con Estados Unidos, que con toda seguridad iban a pagarse. En consecuencia, la calamidad europea, que América no había creado, y que había luchado por mitigar, dejo a Estados Unidos en una posición económicamente insuperable.

 

 

Como siempre, también en este caso se cumplía la ley fundamental del keynesianismo: el éxito macroeconómico de un programa de estimulación depende por encima de todo de su éxito microeconómico.

 

 

 

 

23 Responses to “Keynes y Samuelson: Estímulo Fiscal”

  1. Angel Martin Says:

    “mi opinión sobre los estímulos fiscales es mucho menos positiva, y siendo justos, la de la profesión económica tampoco es entusiasta.”

    Enlazadas a un artículo de Cochrane, autoridad chicaguense. No lo he leído, pero ¿hasta qué punto la visión de Cochrane corresponde con la predominante en la profesión? Tenemos a prestigiosos keynesianos como DeLong, otros como Krugman, Christina Romer y el equipo de Obama…

    “En Alemania, Hitler logro una recuperación más rápida al combinar una fuerte estimulación de la demanda con una reducción drástica del salario real”

    A juzgar por el post que enlazas (o al menos a la opinión de Tyler Cowen), esta recuperación se debió principalmente al gasto militar, y por tanto, no fue una verdadera recuperación basada en fundamentos sólidos que incrementaran el “bienestar económico”.

    Saludos

  2. bsanchez Says:

    Ángel,

    Cochrane escribió la respuesta más rotunda al famoso artículo de Krugman en el New York Times Magazine, donde este resumía el panorama actual de la teoría macroeconómica (por supuesto sin hacer mención a la escuela austriaca). Cochrane acusaba a Krugman de simplista y de no tener ni idea, básicamente. No he clickeado en el enlace que ha puesto Kantor, pero había supuesto que se trataba de ese paper.

    Kantor,

    Me encanta eso que dices de que el stock de bienes públicos no cambia. Una de mis frustraciones personales con el debate actual y el resurgir keynesiano es que no se tiene en cuenta la diferencia tan tremenda que hay entre la estructura de la economía actual (con el sector público representando más de un 40% de la economía) y la que había en los 30 (no puedo evitar enlazarme - el gráfico es muy bonito: http://randomspaniard.blogspot.com/2009/06/gasto-publico-perspectiva-historica.html). Yo no estoy tan seguro de que Keynes hubiera sido keynesiano en este contexto.

    Y con respecto a tu afirmación me pregunto: el stock de bienes públicos justifica un gasto público anual de un 40% o 50% del PIB o se podría financiar con el 20% del PIB como en los años de entreguerra?

    Saludos

  3. Angel Martin Says:

    bsanchez,
    Gracias por la respuesta. Pero el paper enlazado no es la respuesta de Cochrane a Krugman, es un artículo más serio y académico. Su respuesta no era demasiado diferente en el estilo al artículo de Krugman. En este post enlacé la discusión, incluyendo varios artículos de austriacos, nada conformes ni con Krugma ni con Cochrane: http://amartinoro.wordpress.com/2009/09/23/interpretaciones-macroeconomicas-%c2%bfvivimos-en-el-mismo-mundo/

  4. Kantor Says:

    “A juzgar por el post que enlazas (o al menos a la opinión de Tyler Cowen), esta recuperación se debió principalmente al gasto militar, y por tanto, no fue una verdadera recuperación basada en fundamentos sólidos que incrementaran el “bienestar económico”.”

    Hombre, Cowen es un poco parcial; es verdad que en 1940 el gasto militar era el 44% del PIB, pero dudo que fuese así en 1938. Los alemanes daban a Hitler el crédito de haber sacado a Alemania de la crisis. Lo cierto es que el desempleo desaparecio, y las condiciones de vida del trabajador aleman no empeoraron drasticamente. Pero el punto principal es que Hitler logro esto reduciendo los salarios reales.

    “Yo no estoy tan seguro de que Keynes hubiera sido keynesiano en este contexto. ”

    Hombre, Keynes sería keynesiano en términos de afirmar que el gasto publico debería ser lo más contraciclico posible. El nivel de gasto publico que tiene sentido corregido del ciclo es otra cosa.

    Para mi ese nivel alto influye en el bajo crecimiento y el alto desempleo estructural, por ejemplo de las economias europeas. Posiblemente Keynes seria crítico con el tamaño del Estado actual.

  5. Iñigo Says:

    Comparto la tesis, no se debe de confiar en exceso en el libremercado. Manteniendo constantes el resto de inversiones cada posible inversion tiene asociado un impacto economico, ahora no necesariamente todas las mejores inversiones en cuanto a sus impactos son en si mismas rentables. Por ejemplo, poner patrullas vigilando caladeros de pesca para que estos se utilicen de forma optima no es rentable para quien acomete tal inversion, pero su impacto economico lo es. Este tipo de inversiones existen y es por tanto que por logica economica debe de existir en principio un organismo vease estado que los acometa.

    Ahora en todo momento tanto los agentes privados como publicos deben de realizar aquellas inversiones cuyo impacto mas beneficioso sea, independientemente de la fase del ciclo, si una presa en pleno ciclo alcista tiene mejor impacto que una fabrica de calculadoras debe de hacerse la presa. Levantar aceras es nefasto cuando el dinero para invertir es escaso, la inversion publica absurda no deja de serlo cuando el dinero es abundante. El estado tendra que disminuir su presion fiscal cuando no haga ni tenga mejor cosa que hacer que los agentes privados.

    Saludos

  6. Merco Says:

    Bueno Kantor eso de que los bienes públicos existen no es correcto. La oferta conjunta y la no rivalidad en el consumo sólo existe en el modelo neoclásico y no es más que una excusa para meter la mano. Esto no es difícil de demostrar ya que hay muchos ejemplos, como los faros britanicos bajo la gestión privada o el marcaje de reses y posterior implantación del alambre de espino en el lejano oeste, o walt disney y los malos free riders.
    Sólo desde el punto de vista de la estática se dan los bienes públicos, pero desde un punto de vista micro de dinámica empresarial y de seres humanos, el concepto de bien público es absurdo.

  7. Kantor Says:

    “Bueno Kantor eso de que los bienes públicos existen no es correcto”

    Yo acabaría la frase diciendo “en mi opinion”. Siempre es bueno ser cauto cuando uno va a defender una enorme agresión contra el sentido comun y la evidencia histórica.

  8. Merco Says:

    Claro Kantor que es en mi opinión, ya que soy YO quién escribe el comentario. Al igual que lo que tú escribes es tu opinión. No sé a qué viene tanto formalismo ya que tú tampoco eres la academia.
    Lo que si te pediría ya que estamos entre “amiguetes” es más relajación. No me llames incauto o que mis argumentos atentan contra la lógica, ya que mis argumentos también los suscriben otros y parecen bastante lógicos a la luz de la realidad. Igual el que atenta contra el sentido común eres tú porque estas obsesionado con un modelo que no tiene ni pies ni cabeza.

    Te dejo bibliografía de otros incautos que no parecen haber visto bien tu supuesta evidencia histórica.

    http://www.amazon.com/Social-Contract-Free-Ride-Paperbacks/dp/0198239122
    http://www.amazon.com/exec/obidos/ASIN/1852789514/theindepeende-20
    http://mises.org/books/efficiencyexternalities.pdf
    http://www.hacer.org/pdf/Bienes.pdf

  9. Demócrito Says:

    Kantor: me quito el cráneo. Muy bueno, muy bien escrito y muy claro.

    Sólo una cosa respecto a los molinillos: quizá no sea tan caro producir electricidad con ellos si tomamos en cuenta las externalidades de otros sistemas. Digo quizá, no tengo cifras.

  10. Anónimo Says:

    DEP Samuelson.

  11. Lole Says:

    Vaya, yo creía que el éxito de la economía alemana preguerra se apoyaba en la espectativa de saquear los recursos de los territorios en la subsiguiente guerra. Vamos, que si al final Hitler no se hubiera metido en el conflicto, su economía se habría derrumbado como un castillo de naipes.

  12. Kantor Says:

    ¿Tu crees? ¿Y que iba a sacar de Polonia? Yo tambien pensaba eso, pero lo cierto es que si esa era la idea, probablemente no era buen negocio ni ganando.

  13. bsanchez Says:

    Kantor,

    Esto ya es off-topic, pero viene a cuento de tu pregunta sobre lo que pretendía sacar Alemania de Polonia. Está claro que las ambiciones de Hitler iban mucho más allá de Polonia. The Prize, un libro interesantísimo sobre la historia del petróleo, pone mucho énfasis en el objetivo de capturar el Caucaso con su producción petrolífera (en aquellos tiempos la mayor fuera de Estados Unidos). Eso no hubiera sido mal negocio.

    http://en.wikipedia.org/wiki/The_Prize:_The_Epic_Quest_for_Oil,_Money,_and_Power

  14. Kantor Says:

    Para generar una economía autarquica quizá. Pero en un mundo con libre mercado el petroleo se intercambia por bienes industriales. Yo no veo que Alemania haya tenido muchos problemas para obtener las materias primas que necesitaba.

  15. Pedro Herrero Says:

    Ya que bsanchez ha iniciado un off topic.

    Sólo por curiosidad, a vueltas con el tema Haidar y desde el punto de vista de tu serie sobre la II Guerra Fría.

    ¿Marruecos o Sahara-Argelia?

    Un saludo.

  16. Lole Says:

    ¿De Polonia? Todo. Incluso mano de obra esclava.
    ¿Y quién dice que los planes bélicos de Hitler eran realmente buenos? Él seguro que creía que sí lo eran.
    ¿Hitler no buscaba el autoabastecimiento de crudo para no tener que depender de acuerdos comerciales con países que detectaba ideológicamente?
    Para eso hacía falta la guerra, que ya anhelaba en su desquiciante librito. Y para preparar esa guerra, inversión masiva en armamento, fijando precios y salarios y conteniendo por la fuerza tendencias inflacionarias del marco. Lo pudo hacer, pero sólo por un tiempo limitado, no indefinidamente.

  17. Heathcliff Says:

    Al hil de lo que cuentas de la situación norteamericana al final de la II Guerra Mundial, quizás habría que decir que también Alemania quedó mucho mejor que antes de la guerra, aunque cueste creerlo.

    Tras un periodo de recuperación bastante corto asumió un rol de liderazgo en Europa como el que nubca antes había logrado y se libró, además de las reparaciones del Tratado de Versalles, que eran 100 años. Hasta 2018 nada menos…

    El caso de Japón me parece mucho más complejo, pero entre los perdedores netos sólo me atrevería a citar a Inglaterra y Francia.

  18. Heathcliff Says:

    Lole:

    Deseaba la guerra para dejar de pagar Versalles.

    Hay por ahí un discurso de 1936 (con Hitler ya en el poder) en que dice más o menos: “iremos a la guerra, y si la ganamos, dejaremos de pagar. Y si la perdemos, nuestra obligación es crear un espanto tan grande que nunca se atrevan a volver a cobrarnos”

    Loco sí, pero acertó.

    Del coste, mejor no hablar, por supuesto.

  19. Heathcliff Says:

    Bsanchez:

    Si de veras hubise sido prioritario el petréoleo en la mentalidad de lso nazis, hubisen dotado con muchas más tropas Al Áfrika Korps para atacar a los rusos desde el sur tras cruzar Suez.

    Le recomiendo lo que dice Von Manstein al respecto.

    Y como dice Kantor, no parece que luego hayan tenido muchos problemas por no controlar el petróleo. Y tampoco Japón, que acrece casoi pro completo de materias primas propias.

  20. Lole Says:

    A toro pasado es muy fácil hablar. Sí, tras la guerra se aprendió que se podían conseguir el control de los recursos naturales de otros países por métodos mucho más baratos y pacíficos, pero eso Hitler no lo sabía. Bajo la mentalidad de los años 30 era imperativo el control de los mismos mediante la ocupación militar de los territorios en cuestión.
    Él quería la guerra; machaconamente lo expuso en su libro, la guerra con los eslavos, una guerra en la que los arios alemanes podrían dar lo mejor de sí mismos, imitando una versión idílica (pero ingenua) de las campañas de los caballeros Teutónicos varios siglos atrás.
    Pero esa guerra requería una fuerte inversión, un fuerte endeudamiento. Los inconvenientes del mismo pensaba compensarlos saqueando los territorios ocupados.

    Heathcliff. Llegar a Bakú a través de Suez implicaba pasar por encima no sólo de los rusos, sino también de los ingleses y contando con abastecimiento por vía naval. Nadie en la Wehrmacht era tan optimista. La campaña en África no estaba prevista desde antes de la guerra; fue una consecuencia de la entrada en la guerra de Italia y de sus fracasos en la misma. Ni siquiera se pretendía luchar contra Inglaterra. Sólo contra los rusos.

  21. Anónimo Says:

    Como, supongo, sabrás, recientemente se ha dado un debate en la blogosfera económica angloparlante acerca de la idoneidad de rebajar el salario real para luchar contra el desempleo. De una parte, Krugman y un tal Sethi consideran tal medida inútil, y de la otra, Cowen y Caplan apuestan con firmeza por ella. Personalmente, me sitúo con la facción más izquierdosa, pues, como bien señala el especimen liberal (al americano modo), el otro par de libertarios cae en la falacia de la composición. Veamos.

    En términos imperfectamente competitivos, una reducción del salario real sólo estimula la contratación si va acompañado de un incremento de la demanda, lo que no es una relación causa-efecto. Es decir, un descenso salarial no supone directamente una mayor demanda, sino que lo hace en tanto permite rebajar los precios. Sin embargo, si, siguiendo esta lógica micro, todas las empresas liman salarios y precios a fin de vender más, la consecuencia es una reducción de la demanda agregada (nominal), con lo que unos precios menores no equivalen a un producto mayor, sino idéntico. Esto es, las cosas quedan como estaban.

    Corolario: reducir salarios sólo es útil en tanto se dé en una parte de la economía, no en toda. Es más, el salario real puede rebajarse, pero en el momento en que pretenda utilizarse esto para expandir el producto (lo cual sólo se puede hacer hundiendo los precios), volverá a situarse en su nivel anterior. En definitiva, menos salario real no es igual en ningún caso a más empleo.

  22. Anónimo Says:

    Estooo…, rectifico. Al permanecer estable la masa monetaria, unos precios más bajos significan que con ella se pueden comprar más cosas, lo cual sí que incrementa el producto y permite crear empleo.

  23. Burke Says:

    “¿Tu crees? ¿Y que iba a sacar de Polonia? Yo tambien pensaba eso, pero lo cierto es que si esa era la idea, probablemente no era buen negocio ni ganando.”

    La 2ºGM fue un gran negocio para Alemania, al menos mientras duró. Dado que se produjo un saqueo sistemático de todos y cada uno de los países ocupados, el acceso a bienes de consumo llegó a ser superior incluso a los niveles de preguerra, los impuestos personales no aumentaron ni tampoco la jornada laboral (hasta prácticamente el final de la guerra).

    Recomiendo en todo caso el libro “La utopía nazi” de Götz Aly, que explica esto mejor que yo.

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