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El Coliseo

Hayek, Friedman & Keynes: La Gran Depresión

Diciembre 15th, 2008 by Kantor

1.-Ortodoxia micro; heterodoxia macro.

Probablemente mi característica principal como economista es un fuerte agnosticismo macroeconómico, una aceptación (crítica y matizada) de las finanzas modernas y una radical defensa de la microeconomía neoclásica basada en la Teoría de Juegos. Este es por tanto mi mapa intelectual, y es un mapa que describe certidumbres e incertidumbres: por eso este blog oscila desde una ortodoxia que al lector le puede parecer un tanto excesiva, hasta una heterodoxia que muchos ortodoxos pueden considerar inaceptable.

Aunque superficialmente la macroeconomía keynesiana se presenta como una generalización y ampliación de la microeconomía, la relación entre una y otra es muy conflictiva: las curvas de oferta y demanda de un bien son objetos más o menos bien definidos (al menos tanto como lo esté el propio bien). Conforme construimos curvas de más agregadas el realismo microeconómico se va difuminando, y en el límite las funciones keynesianas de oferta y demanda agregada son objetos que oscilan entre el esoterismo y el fraude. No obstante, me temo que en ciencia la función crea el órgano, y una vez se construyó toda una burocracia y unas técnicas estadísticas para medir agregados macroeconómicos, era inevitable que la teoría acabase tratando de aquello de lo que tenemos datos, signifiquen estos lo que signifiquen. Por eso, ahora todos somos keynesianos: porque nuestros datos lo son. O al menos lo eran, ya que cada día tenemos más datos a nivel individual, y más técnicas de agregación: pero old habits die hard, y seguimos sumando peras con manzanas, multiplicándolas por precios relativos, que a veces lo significan todo y otras, bastante poco.

No obstante, nuestro instrumental microeconómico y financiero da respuestas macroeconómicas, y por eso en este blog se escribe sobre macro, aunque al contrario que otros, que dicen tener todas las respuestas, aquí reconocemos lo que no sabemos, y por tanto estimamos incertidumbres; por eso  las propuestas que salen de “Equilibrio social” siempre están llenas de “opcionalidad”. Decidir bajo incertidumbre es principalmente mantener las opciones abiertas, y reaccionar a los datos.

Hoy vamos a hacer un pequeño tour por el debate económico más importante del siglo XX: el que se refiere a las causas de la Gran Depresión y a las políticas subsiguientes de mitigación.

 

2.-Hayek, Ramsey y la recesión de 1929

La esencia de la demagogia económica es la rebelión contra la escasez. Y de entre las formas de rebelión contra la escasez, la más importante es la rebelión contra la escasez de capital, es decir, contra el interés y el beneficio. Marx se refería al capital como “trabajo muerto” y estando muerto no veía razón para remunerarlo; siendo así, es posible que los ahorradores y los empresarios tampoco van razones para acumularlo.

 El tipo de interés real es un precio real; y como tal no se puede fijar sin alterar cantidades. Esto no es un resultado místico debido a alguna iluminación praxeológica, sino el resultado del modelo más sencillo de formación de los precios del capital (interés): el modelo de Ramsey. Este nos dice que el tipo de interés real (en ausencia de cambios en la población) es la suma de la tasa de preferencia temporal, y el producto de la aversión al riesgo de los agentes por el crecimiento de la economía:

                                    r=ρ+θg

El lector mira con cuidado la fórmula anterior, y busca en vano alguna variable que el Estado pueda modificar a voluntad. Entonces, se pregunta ¿cómo puede fijar Trichet los tipos de interés? Invito al lector a no buscar en vano: no puede. En el modelo de Ramsey solo hay bienes reales: unidades de consumo, y no dinero; adicionalmente solo hay un producto financiero: un contrato de renta fija indiciada al consumo. El tipo de interés del modelo, por tanto no es un tipo de interés monetario, sino real: en el mundo descrito por Ramsey la gente firma contratos denominados en cestas de consumo representativas y por tanto no hay inflación: si hoy te dejo dinero para comprar una barra de pan, el año que viene me tienes que dar dinero para comprar una 1.05 de barra de pan.

Trichet, claro está, es capaz de alterar el tipo de interés nominal, pero el tipo de interés real no. ¿Qué consecuencias tiene la manipulación política de los tipos de interés nominales cuando existe un tipo de interés real natural? La respuesta a esta pregunta es la esencia de la Teoría Austríaca del Ciclo Económico, y del Monetarismo. Quienes no se preguntan esto (normalmente porque no creen que el tipo de interés real es natural) son inflacionistas. Aunque los anti-inflacionistas nos echamos los trastos a la cabeza, tenemos en común el tipo natural, y comparado con esto, todo lo demás es comentario.

La respuesta a la pregunta central de la Macroeconomía anti-inflacionista es, no obstante, variada.

Volviendo a Ramsey, la primera repuesta es que al fijar la el tipo de interés a corto plazo (supongamos por debajo de su nivel natural) el Estado simplemente redistribuye renta desde los poseedores de renta fija (depositantes y tenedores de bonos) a los poseedores de capital (accionistas). Esta redistribución parece tener dos consecuencias inmediatas: en primer lugar favorece la actividad económica (la parte del empresario y sus socios en la renta del capital se amplía a costa de lo pagado a los prestatarios de fondos), y en segundo lugar es claramente regresiva en términos de renta, ya que los tenedores del capital suelen ser más ricos que los tenedores de instrumentos de renta fija. Adicionalmente la reducción artificial del interés aumenta (si los agentes no descuentan la inflación futura) la inversión, y el consumo y reduce el volumen de ahorro (en instrumentos de renta fija). En su lugar el Estado crea instrumentos de financiación, favoreciendo el consumo y la inversión.

¡Imposible! ¿Pintar billetes y aumentar el producto? Más bien pintar billetes y aumentar la inflación. El problema es que la realidad no se impone inmediatamente: cuando el Estado aumenta el volumen de dinero, el dinero inmediatamente estimula la compra de bienes de consumo y del capital (y la reducción de tipos, la disminución del ahorro: de ahí viene el consumo). Pero la inflación tarda un tiempo en aparecer. Y no siempre aparece donde estamos mirando, o mejor dicho, siempre lo hace, pero a veces tarda un tiempo.

La técnica de los bancos centrales en los últimos años ha sido pintar dinero (bajar tipos) hasta que la inflación sube por encima de su objetivo. Es una solución sensata, porque si la inflación está más o menos fija, los agentes no entran en ciclos de inversión insostenible asociados a la manipulación del tipo de interés (ya descuentan los efectos de segunda ronda de sus decisiones).

El problema es ¿que inflación?. Desde el punto de vista del  bienestar del consumidor la única que importa es la que miran los bancos centrales (en los bienes de consumo), pero desde el punto de vista de la inversión, es más bien la inflación de costes, y a veces de activos.  Si la inflación de costes y de consumo aparecen con retardos entre sí, la manipulación de los tipos impacta sobre las hojas de balance, y sobre las decisiones de inversión: el resultado es que aparecen inversiones fallidas, incluso antes de que empiecen a subir los precios de los bienes de consumo.

En conjunto la manipulación política del tipo de interés genera todo tipo de efectos (con diferentes velocidades) sobre los precios y las rentabilidades, que hacen más complicado colocar los recursos productivos, y contribuyen decisivamente al ciclo macroeconómico y en el peor de los casos a la desestabilización financiera. 

Durante el periodo 1920-1929 el Sistema de la Reserva Federal se implicó en una notable manipulación del tipo de interés, que dio lugar a una expansión monetaria y crediticia, y los intentos de la Reserva para evitar un alza de precios y una inflación de activos en 1928 empezaron lo que iba a ser una fuerte recesión.

El diagnóstico de Hayek (a pesar de sus mistificaciones sobre el alargamiento de la estructura del capital y sobre la deformación de la estructura productiva) era esencialmente correcto, y tanto él como Mises, lo vieron venir, cosa que por cierto no se puede decir de Fisher y Keynes.

A continuación vamos a ver porque pese a dar un diagnóstico correcto, Hayek propuso la peor de las curas, y porqué pese a tener un diagnóstico equivocado, Keynes propuso el tratamiento correcto.  El resultado de ambos hechos es que al acertar con el tratamiento, la profesión económica otorgó también la victoria teórica a la parte equivocada, con consecuencias que hemos arrastrado durante más de medio siglo.

 

3.-Explicar la Depresión: Friedman y el crack financiero

Si, la recesión de 1929 (y quizá unas cuantas después de esa) fue culpa de la Reserva, por sus prácticas inflacionistas entre 1920 y 1929. Pero la Gran Depresión de 1929 fue culpa de la Reserva por sus teorías liquidacionistas: justo lo contrario.

En varias oleadas entre 1929 y 1933, varios miles de instituciones de crédito quebraron. Cada vez que una entidad de crédito quebraba ocurrían tres cosas: en primer lugar, sus deudas con otras entidades de crédito (y las operaciones interbancarias siempre han sido muy dominantes en las hojas de balance de los bancos) se volvían incobrables. Esto impactaba inmediatamente sobre el activo del resto de entidades. En segundo lugar los ahorradores dudaban de la solvencia del sistema financiero, y empezaban a retirar sus fondos del pasivo de la entidad. Menos activos liquidables y más liquidaciones en el pasivo implicaban más quiebras: el efecto se volvía autocatalítico. Adicionalmente, el volumen de dinero bancario caía en cada quiebra y en un ambiente de extrema preferencia por la liquidez, los precios de los activos se desplomaban, conforme un dólar en mano hoy valía cada vez  más que los ciento volando que te prometían las acciones, bonos o el capital productivo.

Así fue como una fuerte recesión, que hubiese ido a engrosar la lista del NBER como tantas otras de las que el lector no ha oído hablar salvo que sea un experto en historia económica, se convirtió en la peor catástrofe económica de la Historia Moderna y probablemente en la causa del mayor conflicto bélico de la Historia.

¿Por qué se permitió? ¿Por qué se dejó quebrar todo sin que el Estado hiciese algo, lo que fuese?  En primer lugar porque nadie había visto nunca nada semejante, y porque los aprendices de brujo de la Reserva se asustaron de sus escobas mágicas, y cuando el tema se puso difícil hicieron lo que siempre hacen los banqueros: pedirte el paraguas porque está lloviendo, y claro, lo necesitan ellos.

Así que cuando las entidades fueron a la ventanilla de la Reserva, descubrieron que su prestamista de último recurso, sentado sobre el mayor becerro de oro que han visto los tiempos (porque la Reserva y el Tesoro eran entonces los mayores tenedores de oro de la Historia) no les dejaba el dinero, por temor a que el ternerito adelgazase un poco. Así, un banco tras otro. Y con cada banco sus depositantes: empresas y particulares. Todo en nombre del dólar, del patrón oro y del balance de la Fed.

No voy a extenderme más: el lector puede leer el libro de Friedman y Schwartz (o esta nota, que describe magistralmente los hechos y las teorías sobre la Depresión); no es historia de buenos y malos, ni siquiera de incompetencia. Es una historia de errores razonables magnificados por el multiplicador monetario.

Pero el lector no debe engañarse: la Historia no se ha repetido y los bancos no han quebrado; la convertibilidad entre el oro y dólar sigue suspendida setenta años después. Yo no simpatizo con la manipulación política del tipo de interés, pero el dinero de papel tiene una ventaja definitiva: se puede pintar si de verdad hace falta.

 

4.-Mitigación: Roosvelt, Keynes y las políticas de estabilización

Los bancos quebraron, y vino la Depresión. Entre 1929 y 1933 el PIB americano cayó un 30% y el empleo más de un 20%. Lo cierto es que fue una liquidación salvaje y totalmente desordenada. Las empresas y los consumidores se arruinaron simultaneamente, el dinero bancario se redujo en más de un 35%, y solo en Nunca Jamás y otros reinos fantásticos se siguen creyendo que las empresas que quebraron eran las  más ineficientes, o las que menos respondían a las necesidades de los consumidores. Quebraron las que tenían el banco equivocado, las que estaban en el lugar equivocado, o las que tenían menos reservas de efectivo. Fue una catástrofe indiscriminada, y la opinión pública tuvo el buen sentido de no escuchar a la administración, que repetía alucinadamente su credo calvinista de pecado y castigo, mientras ponía en marcha tres medidas científicamente diseñadas para rematar lo poco que quedase en pie: endurecer los aranceles, aumentar los impuestos y equilibrar el presupuesto, supongo que como sacrificio colectivo a Moloch (a Dios le suponemos amigo de la frugalidad, no del suicidio).

Hayek y von Mises se unieron al aquelarre liquidacionista, para desgracia propia y colectiva. En 1933, Franklin Roosvelt se convertía en el trigésimo-segundo presidente de los Estados Unidos, y empezó una política de mitigación, primitiva, en ocasiones demagógica, y al no levantar los aranceles, ni bajar los impuestos, en buena parte cómplice de los errores anteriores; pero un orden de magnitud mejor que nada.

En primer lugar los Estados Unidos abandonó el patrón oro, con lo cual las presiones deflacionistas que había soportado durante el periodo 29-33 se mitigaron. Nada iba a hacer volver los volúmenes de dinero bancario anteriores, y quedaba mucho para que el sistema financiero y la confianza volviesen pero la ruptura con el oro aumentó la facilidad de las empresas, particulares y sobre todo el Estado para obtener crédito: sobre esto la evidencia econométrica es bastante incontestable. En segundo lugar, Roosvelt estableció un estado de bienestar modesto, porque era bueno para recuperarse de la recesión, y porque mientras uno se recupera hay que hacer algo por la gente. El gasto en subsidios de desempleo, que en general es una lacra, fue en este momento de emergencia y sobrecapacidad una medida muy positiva desde el punto de vista del bienestar y positiva desde el punto de vista de la recuperación; y quizá salvo a la República de caer en la revolución o el fascismo. En tercer lugar Roosvelt hizo una vigorosa política de inversión pública que en una época de recursos ociosos (no había ni proyectos de inversión, ni expectativas de consumo) no se hizo a costa del sector privado ni del crecimiento.

Hasta aquí los aciertos. Pero no debemos dejar pasar sus tres errores esenciales: el primero, flirtear con el socialismo, y asustar al capital: nunca sabremos cuanto costaron estos flirteos, pero pudo ser mucho. El segundo, apoyar a los sindicatos, intentando mantener el nivel salarial, a costa de la actividad (justo lo contrario de una política real de estimulación, que fomenta la actividad con el gasto,  dejando que los salarios ajusten). En tercer lugar, Roosvelt no hizo una política suficientemente keynesiana: si, es cierto que aumentó el gasto, pero también los impuestos. Y el estimulo agregado es igual al volumen de endeudamiento del Estado: una política de estimulación reduce los impuestos en la crisis, y los aumenta después. El fetiche del equilibrio presupuestario prevaleció, y en efecto, el Estado debe guardar ese equilibrio, sobre el ciclo. El keynesianismo consiste en mover la inversión pública hacia los momentos de recesión y ahorrar en los de bonanza. Roosvelt no hizo eso: gastó mucho, y recaudó mucho. En una etapa de sobrecapacidad en parte esto es estímulo (el gasto y la inversión privados estaban moribundos), pero no debemos olvidar que moribundos no es lo mismo que muertos, y los impuestos contribuyeron a retardar la recuperación del sector privado.

En 1936, Keynes publicó su Teoría General. A pesar de que en su momento se trató como una obra mesiánica que pronto ocuparía un lugar parecido a los Principia de Newton, la Teoría General no explicaba ni remotamente la Gran Depresión; pero describía (con algún acierto) las medidas de recuperación que se deben aplicar en una economía como la que prevalecía en aquel momento. Desgraciadamente el libro, con toda su imprecisión se convirtió en el fetiche académico de la época y fue re- y mal- interpretado durante los siguientes 30 años. La Teoría General no explicaba el porqué de la Depresión, y su peor consecuencia fue que cerró en falso el debate teórico de las causas de la misma, hasta que Friedman lo reabrió en los años sesenta, en la antesala de otro gran ciclo recesivo, este si, hijo natural del keynesianismo.

 

5.-¿Todos somos keynesianos?

Mucho más de lo que deberíamos, si. También va por Friedman: es cierto que era un keynesiano anti-inflacionista (es decir, que creía en el tipo natural), pero keynesiano al fin.

Las magnitudes agregadas son lo que más interesa a la hora de diseñar políticas; pero muchos de los stocks  agregados (los factores capital y trabajo) distan mucho de ser objetos homogéneos, y su diversidad tiene consecuencias a nivel macroeconómico. Es cierto que el IPC, el PIB o el desempleo tienen relaciones lógicas entre si, pero no es menos cierto que la evolución de los precios relativos, o los impactos de diferentes variables financieras sobre las hojas de balances de empresas y particulares tienen también consecuencias.

El ahorro y la inversión, que en los modelos agregados son idénticos, en el mundo real están mediados por un sector financiero, cuyo comportamiento acaba siendo probablemente el mayor determinante del ciclo económico, y que la macro moderna, con su insistencia en modelos de agente representativo, y su utilización de datos agregados  no puede captar. La economía computacional, la microsimulación y los avances en teoría bancaria nos permiten ir más allá del análisis de las magnitudes agregadas o de los meros razonamientos económicos, para obtener, dentro de la tradición del reduccionismo social (individualismo metodológico) una mejor comprensión del ciclo económico, y una regulación del sistema financiero que nos ofrezca más estabilidad.

En todo caso el debate sobre la Gran Depresión arroja, casi ochenta años después de aquella catástrofe tres lecciones fundamentales: en primer lugar, podemos revindicar la explicación hayeckiana de los orígenes del desastre; en segundo lugar, al trabajo de Friedman le debemos una descripción definitiva de cómo una mera recesión macroeconómica se escaló hacia una gigantesca Depresión a través del canal bancario y monetario. Finalmente, el keynesianismo, en un ambiente de destrucción del sector financiero ofreció una vía para mitigar y probablemente acortar la Depresión.

21 Responses to “Hayek, Friedman & Keynes: La Gran Depresión”

  1. citoyen Says:

    Es curioso que la derecha se permita hablar con esa frivolidad y en esos términos del artífice intelectual del arreglo que garantizó a occidente la victoria en la guerra fría. Digo la derecha, porque Buchanan, también se permite hacerlo y en general todo el grupo de ex-libertarians que han descubierto, oh cielos, que el Estado es el principal garante de la estabilidad política del capitalismo. La síntesis neoclásica y las políticas que ésta prescribían eran necesarias para la estabilidad del capitalismo.

    El artículo mantiene la ilusión walrasiana de que el mundo funciona gracias a factores reales y que los mercados son informacionalmente eficientes. Lo de la tasa “natural”.

    Cuando Lucas escribió su paper sobre la formación de expectativas y la necesidad de microfundamentos, unos pocos años después cuando la nueva macro clásico comenzaba a ser hegemónica, la economía walrasiana comenzaba su declive en el terreno micro. La información imperfecta, las rigideces salariales, las fricciones, la volatilidad de las expectativas son de hecho la REGLA en micro, pero los chicaguenses mantenéis la idea de que vivimos en el mundo walrasiano del ajuste instantáneo y las expectativas racionales algo que no ha ocurrido NUNCA en ninguna sociedad conocida.

    En el mundo real:
    -los salarios son rígidos http://www2.gsb.columbia.edu/faculty/jstiglitz/download/papers/1999_Toward_a_General_Theory.pdf
    -los mercados de crédito se ajustan racionando y no vía tipos de interés http://www2.gsb.columbia.edu/faculty/jstiglitz/download/papers/1992_Asymmetric_Information_in_Credit_Markets.pdf
    -el mecanismo de transmisión monetario funciona gracias a estos mercados http://www2.gsb.columbia.edu/faculty/jstiglitz/download/papers/1991_Towards_a_Reformulation_of_Monetary_Theory.pdf la
    -curva de philips no es vertical http://www.iew.uzh.ch/study/courses/downloads/mankiwreis_paper.pdf
    -las expectativas se forman de forma dispersa y la información es sensiblemente incompleta http://siepr.stanford.edu/Papers/pdf/02-33.pdf
    - los individuos actúan mediante racionalidad limitada creando rigideces nominales que combinadas con las reales hacen que los precios no se ajusten http://www.lorem-ipsum.es/papers/?p=12
    -Los mercados financieros NO son eficientes agregando información http://www.bilkent.edu.tr/~aydogan/man522/EfficientMarkets_Shiller.pdf
    - El ajuste no es instantaneo y en el margen es posible que los impulsos monetarios puedan producir efectos positivos http://www.bilkent.edu.tr/~aydogan/man522/EfficientMarkets_Shiller.pdf http://www.econ.upf.es/crei/news/recpapers04/InattentiveC.pdf

    Por lo demás, espero que me explique mañana como funciona en un mundo imperfecto lo de los tipos de interés real. :)

  2. Angel Says:

    Interesante post.
    Pondría el énfasis en la larguísima duración de la depresión por políticas erróneas, gran incertidumbre de los inversores propiciada por el régimen rooseveltiano, lo desastroso del proteccionismo, etc.

    Estás al tanto de esto: http://www.independent.org/blog/?p=635?

    Un saludo

  3. Kantor Says:

    Sin negar la importancia de ese efecto, creo que no debemos olvidar que entre la llegada de Roosvelt al poder (1933) y la segunda fase de la Depresión (1937) la economía creció una pasada. Fudamentalmente la Depresión fue un fenómeno que ocurrio en la Administración Hoover. Las expectativas de recuperación eran bajisimas con independecia del temor a la confiscación.

    En cuanto al proteccionismo, ese si me parece un error, pero incluso ese hay que matizarlo. Fudamentalmente la Depresión fue un bank run; y fue tan enorme que todas las explicaciones macroeconómicas y políticas se quedan cortas.

    No había inversión porque el lazo entre el ahorro y la inversión (el sistema financiero) estaba muerto, y porque las expectativas de recuperación del consumo eran muy malas.

    Ahora bien, Roosvelt debió dejar más claro que estaba de parte de los empresarios.

  4. Coase Says:

    Kantor, una vez más me despistas. Empiezas y leo encantado tu crítica al patrón oro, frunzo el ceño con tu propuesta de imprimir más billetes para salvar los bancos (¿no hay soluciones diferentes para salvar los problemas de liquidez y castigar los problemas de solvencia?) y terminas escandandalizándome con tu defensa del déficit público. Pero también una vez más resulta una lectura muy interesante. Un saludo,

  5. Marzo Says:

    >En primer lugar los Estados Unidos abandonó el patrón oro

    Lo primero que hizo Roosevelt (el 5 de abril de 1933) fue confiscar el oro: todo lo que pasara de 100 dólares por persona (o el suficiente para uso industrial o profesional “para un tiempo razonable”, salvo monedas de colección) debía entregarse a la Reserva Federal, bajo pena de multa de 10.000 dólares o/y 10 años de cárcel. Pero no hay que preocuparse, daban a cambio dólares de papel.

    En enero de 1934 se reconfiscó el oro de la Reserva Federal: se transfirió su titularidad al Ministerio de Hacienda.

    Al día siguiente se redefinió el dólar: pasó de 20.67 a 35 por onza Troy.

    Eso es un atraco a mano armada, pero no sé si es “abandonar el patrón oro”.

    >[Roosevelt] quizá salvo a la República de caer en la revolución o el fascismo.

    Hombre, no es porque no intentara instaurar el fascismo. Que su éxito no fuera completo no era su intención:

    >For example, a man named Jack Magid was jailed for violating the “Tailor’s Code” by pressing a suit for 35 rather than NRA required 40 cents.

    >In Sidney Hillman’s garment industry the code authority employed enforcement police. They roamed through the garment district like storm troopers. They could enter a man’s factory, send him out, line up his employees, subject them to minute interrogation, take over his books on the instant. Night work was forbidden. Flying squadrons of these private coat-and-suit police went through the district at night, battering down doors with axes looking for men who were committing the crime of sewing together a pair of pants at night. But without these harsh methods many code authorities said there could be no compliance because the public was not back of it.

  6. Kantor Says:

    “Terminas escandandalizándome con tu defensa del déficit público”

    Soy un firme partidario del equilibrio presupuestario sobre el ciclo: si el output gap es positivo, es el momento de correr superavit, y viceversa si es negativo.

    “La información imperfecta, las rigideces salariales, las fricciones, la volatilidad de las expectativas son de hecho la REGLA en micro, pero los chicaguenses mantenéis la idea de que vivimos en el mundo walrasiano del ajuste instantáneo y las expectativas racionales algo que no ha ocurrido NUNCA en ninguna sociedad conocida”

    Hombre, yo no: sino estaría en contra del keynesianismo. Ahora bien, si creo en la tasa natural, porque el capital es escaso. A veces, eso si, cuando el sistema financiero no existe, la tasa natural deja de ser relevante, pero en epocas de nomalidad económica, es una característica esencial de la economía.

  7. Lego Says:

    Como ya dice mi nick, soy lego en estos asuntos, pero me llama la atención que, cuando se habla de los estímulos keynesianos no se preste mucha atención también al efecto desplazamiento que ello puede conllevar. Es algo que está en casi todos los manuales introductorios pero que luego los analistas no lo suelen tener tan en cuenta.

    No sé, a mí me parece que hay que tener considerar la expulsión de inversión privada que la deuda pública puede ocasionar. Otra cosa sería partir de una situación en que la caja de Estado está llena.

    Felicidades por el artículo.

  8. Del porqué otros no me dan la razón | El Daño de Lüzbel Says:

    [...] Hay gente que no opina como yo que es muchísimo más lista que un diabólico servidor. Hay gente que no opina como yo que le perjudica lo que opina. Y hay gente que no opina como yo que roza el heroísmo (como los concejales del PP en el País Vasco). Lo mismo se podría decir de gente de izquierdas. [...]

  9. Miguel Says:

    ¿Qué es el output gap?

  10. Juan Antolín Says:

    Hola Miguel, una explicación a grandes rasgos es esta:

    Llamamos PIB potencial a la producción que el país podría alcanzar si se utilizaran de forma completa y eficiente todos sus recursos. Va asociado a una tasa natural de desempleo (que se suele llamar nivel de pleno empleo), y a un nivel de precios estable.

    El output gap es la diferencia entre este PIB potencial y el PIB efectivamente producido. Es decir, la brecha entre lo que estamos produciendo y lo que podríamos producir.

    En términos simplistas, si estamos produciendo por enicma del PIB potencial se produce inflación y si estamos produciendo por debajo se produciría paro.

  11. citoyen Says:

    “me parece que hay que tener considerar la expulsión de inversión privada que la deuda pública puede ocasionar”

    Eso está muy bien, en teoría y bajo unos supuestos tremendamente restrictivos (pincha en el enlace) y se lo inventó David Ricardo allá en el siglo XIX. http://en.wikipedia.org/wiki/Ricardian_equivalence. En la práctica eso no es así casi nunca: financiar las cosas vía déficit moviliza recursos que en una recesión estarían parados sin expulsar inversión privada. El Estado tiene mejor acceso al crédito que los inversores que privados que tienen restricciones de liquidez y puede movilizar factores con más facilidad.

    Cuando los inversores están en un rinconcito echando espuma por la boca y diciendo “mamá miedo” no hay mucho que expulsar.

  12. Miguel Says:

    Gracias Juan por tu respuesta, me ha quedado muy claro.

  13. Todo un hombre de Estado Says:

    ¿No hay efecto expulsión durante las recesiones?…

    En su última anotación sobre la Gran Depresión, Kantor comenta lo que, en su opinión, fue uno de los grandes aciertos de Roosevelt para salir de la crisis: Roosvelt hizo una vigorosa política de inversión pública que en una época de recursos oc…

  14. Nemo Says:

    Una observación de un profano:

    “El tipo de interés real es … la suma de la tasa de preferencia temporal, y el producto de la aversión al riesgo de los agentes por el crecimiento de la economía:
    r=ρ+θg”

    No me convence demasiado como modelo.

    Primero, porque es una fórmula y no una ecuación dinámica, como debiera si pretende ser una expresión matemática de una determinada ley que satisfacen los fenómenos económicos.

    Segundo, porque no veo que sea falsable. Sólo el primero y el último de los términos son mesurables con cierta objetividad (o consenso). Lo que nos lleva por otra parte a preguntarnos qué es lo que ya sabíamos y qué nos puede enseñar la fórmula: quizá sea más útil en sociología o psicología de poblaciones que en economía.

    Tercero, porque un modelo de cierta enjundia -y toda ecuación “elegante”- debe poder reducirse a los términos justos; es decir, los mínimos e independientes entre sí. Y no parece nada evidente que la tasa de preferencia temporal y el producto de la aversión al riesgo sean variables independientes, más bien parecen depender ambas de un “nivel de riesgo” real o percibido por los agentes.

    Curiosamente, esas son las variables que el Estado sí podría modificar a voluntad -y creo que la historia lo prueba, aunque me temo que más fácilmente en un sentido que en otro.

    ¿Se trata de una fórmula empírica? ¿O debe entenderse como una definición operativa (del tipo “Sea el tipo de interés real …”)?

  15. Kantor Says:

    A ver, es el tipo de interés que resulta del modelo de Ramsey de elección intertemporal: si, es no falsable! Resulta que la compenasción que exige el agente representativo para mantener el stock de capital depende de su preferencia temporal.

    http://www.cer.ethz.ch/resec/people/tsteger/Ramsey_Model.pdf

    La mecánica cuentica se basa en funciones de onda inobservables.

  16. Club Lorem Ipsum :: Materias Grises » Archivo » El mundo de Zirp: utilizando déficit Says:

    [...] serios están convergiendo en un sólo punto: mucho gasto público. Puedo no compartir con Kantor su idea sobre el origen de la crisis (su explicación es muy elegante , pero me parece que es mucho [...]

  17. El mundo de Zirp: utilizando déficit Says:

    [...] serios están convergiendo en un sólo punto: mucho gasto público. Puedo no compartir con Kantor su idea sobre el origen de la crisis (su explicación es muy elegante , pero me parece que es mucho [...]

  18. Nemo Says:

    Gracias por la respuesta y el enlace; me han ayudado a entender mejor la cuestión. De acuerdo en la base: siempre he pensado que, por principio, los tipos nominales han de superar la inflación, y que otra situación es patológica. Espero un próximo post acerca de la decisión de ayer de la FED.

    Pd.
    Respecto a la mecànica cuántica, como modelo operativo es falsable; y en cuanto a la función de onda, los ortodoxos de Copenhague no la consideran “realista”, sino un formalismo matemàtico conveniente.

  19. Club Lorem Ipsum :: Equilibrio social » Archivo » Mercado Laboral (I): El modelo neoclásico Says:

    [...] crisis son el resultado del ciclo económico, y el propio ciclo es un tema controvertido (I, II , III y sobre todo IV). Lo que no es controvertido es que el desempleo estructural tiene consecuencias [...]

  20. Club Lorem Ipsum :: La Ley de la Gravedad » Archivo » Los Gnomos de Zurich y la confianza de los mercados: II Says:

    [...] común. Lo que estamos viendo con la deuda griega es básicamente lo mismo que con Lehman Brothers y ni los bancos, ni los Estados deben [...]

  21. Club Lorem Ipsum :: La Ley de la Gravedad » Archivo » Macroeconomia y (des)coordinacion I: El misterioso subastador Says:

    [...] Serie dedicada a Kantor, por ser una de sus obsesiones recurrentes [...]

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