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El Coliseo

Rusia: el peligro que vuelve del Este

Pablo Pinés

Cuando la Unión Soviética llegó a su precipitado fin, una reducida Rusia tuvo que afrontar que el modelo en el que había vivido más de 70 años no era ya viable, debió hacer las radicales reformas que requería el paso a una economía de mercado y una supuesta democracia y se dio por acabado, al menos por el momento, el peligro que desde hacía tantos siglos había supuesto Rusia para Europa.

Porque, recordémoslo, los movimientos de tribus bárbaras que acabaron con el Imperio Romano comenzaron con la invasión de lo que hoy es la Rusia Europa por los hunos, que obligaron a desplazarse a otros pueblos y estos a su vez a otros hasta crear la gran presión ante la cuál la civilización romana sucumbió. Por Rusia llegaron también los mongoles, y en Rusia se creó siglos después un imperio que tanta amenaza supuso para las grandes potencias europeas en los siglos XVIII y XIX, merced a su grandiosa conquista de Asia Central y Siberia, llegando incluso a amenazar las posesiones inglesas en la India. Y de ahí conflictos como la Guerra de Crimea. Y aunque muchas veces no representaba la mayor amenaza, siempre se mostró como un adversario imbatible, como bien comprobaron Napoléon o Hitler.

Hoy los gobiernos europeos intentan mostrar a sus países lo que la propaganda rusa vende, que es que Rusia es una democracia con dificultades pero que avanza en el buen sentido. Lo hacen por temor a que si siguen criticando, aún con la boca pequeña como vienen haciendo, al gobierno de Putin, carente en realidad de ideología definida, algo que se contrarresta con un nacionalismo a ultranza, se vean sin acceso a los recursos que Rusia tiene, principalmente pero no sólo energéticos, y que Europa necesita.

Y es que la realidad sobre Rusia es crudelísima. Lo que Yeltsin dejó carecía de muchas de las estructuras necesarias para poder llamarse una democracia, pero incluso eso poco se ha molestado Putin en demoler. En Rusia ya no hay libertad de prensa (los medios están en manos de afines al régimen, y los periodistas molestos mueren), los ancianos han visto como los servicios de electricidad o gas que antes les costeaba el estado se han visto sustituídos por una cantidad que no cubre ni un tercio de su costo, la corrupción reina rampante, la violencia crece exacerbada por el ultranacionalismo y la decadente situación, y es uno de los pocos países del mundo que pierden población. Los rusos abandonan la inhóspita Siberia, espacio que ocupan menos remilgados emigrantes chinos, hasta el punto de que se teme que China acabe por anexionarse ese vasto e importantísimo (por sus recursos) territorio.

Y las soluciones que se le ocurren a los políticos rusos ante esta panorama son “creativas”, por llamarlo de algún modo. No hace mucho había unos cuantos que proponían, para atajar la pérdida de población, promover la poligamia; porque es indudable que eso favorece la natalidad más que mejorar el nivel de vida y las posibilidades de los rusos, claro. Putin una o dos veces al año tiene un programa (maratón televisivo, más bien) en el que recibe las peticiones de decenas de rusos, que le plantean sus quejas (dentro de unas estrictas formas, por supuesto, eso no se dice ante la cámara pero se sabe) y así, de paso, los rusos conocen la geografía de su país con las conexiones que se hace con los diferentes territorios en los que están esos ciudadanos a los que se le cede la palabra ante el todopoderoso Putin, su gran oportunidad. Democracia directa televisiva, diríase, aunque más bien sea un circo mediático.

Y lo peor, lo que hace que Rusia como democracia sea aún menos creíble, ni los liberales ni los comunistas, los dos partidos significativos de la oposición, son una alternativa muy creíble. Más bien nada.

Y es este país el que representa un gran reto para Europa. Porque todo el espejismo que se había creado con Yeltsin, que tampoco era mucho, como dije antes, se ha desvanecido por completo con Putin, culpable de la mayoría de las políticas nefastas indicadas antes. Un sujeto que en una entrevista dijo que los problemas que se encontraba los intentaba resolver y, sino, los destruía. Una buena manera de resumir su pensamiento, parece. Aunque supongo que este tipo de pensamiento de perturbado será habitual en el ambiente del que procede, el KGB, y para no perderlo se ha rodeado en el gobierno de muchos antiguos compañeros. Un país gobernado por agentes secretos, dicen, entonces.

Y parece ser que es cierto, por cuanto estos parecen estar implicados en la mayoría de las “noticias diplomáticas” relacionadas con rusia de las épocas recientes, como la muerte por envenenamiento radiactivo del espía disidente ruso exiliado en Londres, Litvinenko, y también del ex-primer ministro Gaidar, el envenenamiento de Yúschenko (el actual presidente de Ucrania, que en su momento Rusia no quería que lo fuera), la violenta muerte de una de esos periodistas molestos que mueren que dije antes, Anna Politkóvskaya, o los cuatro espías detenidos en Georgia y expulsados del país, lo que sirvió de excusa para la actual situación entre Georgia y Rusia, que explicaré luego. ¿Será esa la manera de entender la diplomacia de los espías?

Diplomacia con la que hoy día Rusia pretende volver a jugar un papel preeminente en el juego político mundial. Se permite mantener repúblicas títeres para dificultar el progreso de antiguas repúblicas soviéticas, como es el caso de Transnistria en Moldavia, o Abjazia y Osetia del Sur en Georgia. A este último, por su abierto pro-occidentalismo, después de todas las actividades subversivas llevadas a cabo contra él, como la que llevaban a cabo los cuatro espías indicados antes, la presión diplomática y otras maniobras más o menos oscuras, ha acabado por cerrarle las fronteras y comenzar una campaña de acosos contra los georgianos en Rusia, para hacer que vuelvan en su país y contribuir así al ahogo y aislamiento que pretende hacer con este país. A Moldavia toda la problemática que le ha echado encima Moscú (más la suya propia, que no es poca) le ha provocado “superar” a Albania y ser el país más pobre de Europa. Problemática como el asunto del gas ucraniano a comienzos de este siglo, que también iba dirigida contra Moldavia, aunque Ucrania copase las portadas. País este, Ucrania, que también ha sufrido la mano de Moscú, pues el gobierno ruso pretendió poner a un primer ministro afín suyo, Yanukovich, de la mano de un aliado que abandonaba, Kuchma. El intento golpista fue detenido por la Revolución Naranja, que ahora parece haber perdido mucha fuerza electoralmente, y Rusia se lo hizo pagar en aquél episodio del gas, y otros menos publicitados.

También, durante muchos años Rusia ha tenido tropas, que antes eran soviéticas, en otras ex-repúblicas de la URSS, y ello ha derivado en contenciosos como el de Crimea entra Ucrania y la URSS. La OTAN no tiene una misión de vigilancia del espacio aéreo de las repúblicas bálticas por nada, tampoco. También hay tropas rusas guardando la frontera de Kyrguizistán, por cuestión de vigilancia y también, dicen, como proyección estratégica en un área, Asia Central, de creciente importancia por los recursos destacables que allí se encuentran.

Aunque sin duda la mejor prueba de la amenaza que representa Rusia es que esos mismos modales se parecen extender ya también a la Unión Europea. Porque aunque haya pedido acceder, la importancia que los suministros de energía rusos tienen para Europa les permite jugar y forzar la situación, hasta el extremo de pretender que el monopolio ruso pueda comprar empresas europeas, pero no lo recíproco. Así pues, Putin se permite criticar a los líderes europeos, mientras estos se contienen para no molestar al invitado, como se vió en la reciente cumbre de Helsinki, no vaya a ser que cierre el grifo, se enfade o haga alguna barbaridad.

Tiempos interesantes en el horizonte para Rusia y Europa, parecen. No se los pierdan.

One Response to “Rusia: el peligro que vuelve del Este”

  1. JESÚS Says:

    Este artículo es una caricatura más del asunto tratado. Entre la rusología (derivada de la sovietología) y la rusofobia surgida desde las derrotas de Carlos XII de Suecia (”Rusia es culpable” grito nacionalcatólicofascista) no es ni política, ni historia, más bien propaganda y contrainformación. Hablar ahora de los hunos, olvidando a los otros (EEUU 122 guerras en poco más de 200 años de historia, o el “centro de la cultura” con sus dos guerras mundiales (73 millones de muertos en 9 años), con sus nazis, colonialistas, cruzados, guerras de religión, inquisiciones, cesaropapistas, pactomunichistas, resulta altamente ridículo.
    A Rusia le pasa lo que a África, lo que es su suerte es la causa de las mentiras que se cuentan sobre ella: su inmensa riqueza, sobre todo siberiana. Por lo visto, los McKinder, con sus teorías del país pivote siguen maquinando en sus noches de insomnio.
    Pues lo que no nos debería dejar descansar es que el mundo rico, ese que es una especie de pulpo para la periferia, y que con un 15% de la población (con sus pobres y todo) aún así, es el más endeudado y con creces del mundo: EEUU 14 billones de dólares (nº 1), Inglaterra con 9 (nº 2) y Alemania (el espejo de occidente, con 5,3 (nº 3) seguidos de Francia, Italia y España… El mundo necesita soluciones globales, y no más parcialismo. O nos salvamos juntos… o nos hundimos juntos.

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