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El Coliseo

Corrupción urbanística y pasotismo político

Alberto Sotillos

Asistimos a un urbanismo descontrolado. En sí ya es malo, tanto para el Medio Ambiente como para nuestros bolsillos. Pero de todas formas no debería ser tan negativo como estamos viendo. El urbanismo alcanza su peor cara cuando se une a una especulación masiva, horizontal y verticalmente.

Los efectos negativos en la economía son fácilmente apreciables, desde el encarecimiento de la vivienda hasta cifras inalcanzables para jóvenes, adultos y ancianos, hasta el auge del mercado negro por encima de lo socialmente aceptable.

El problema del precio de la vivienda no es que aquellos que están fuera del sistema, o al menos, apartados de él, no puedan comprar una, el colapso viene de aquellos individuos que plegados al sistema social y aceptando lo que se les impone no están recibiendo su parte como compensación por dicha dejadez social. “Estudio una carrera, tengo móvil, veo Gran Hermano, compro los discos de OT y trabajo. Debería poder comprar mi casa para tener mis dos hijos y mi perro”
Es cierto que estamos ante el comienzo de este colapso, todavía no son muchos jóvenes del sistema los que tienen verdaderos problemas, pero avanzamos hacia esa situación, aunque lentamente.

Pero este no es el único problema que nos regala la especulación urbanística, puede que sea el más grave social. Además de esto, nuestra clase política está favoreciendo el desánimo, el desencanto y la vergüenza ajena. Tanto el Partido Popular como el Partido Socialista Obrero Español están mostrando a la sociedad que el interés por aquellos a quienes representan está en un segundo plano, primero tiene que sacar dinero como sea.
Los terrenos que todos los ayuntamientos de Madrid están vendiendo para especular son de todos nosotros. Los gestionan unos políticos, elegidos por nosotros para hacerlo.

En todo caso, parte de culpa es nuestra. La mayoría de los españoles tienen asumido que su única función política es votar. No es así. Como ciudadanos estamos obligados a estar pendientes de lo que ocurre en el panorama político, estamos obligados a seguir de cerca lo que ocurre en nuestra localidad, estamos obligados a ser ciudadanos. Tal vez no haga falta ser tan buen ciudadano como exigía Perícles, pero tampoco podemos ser tan malos como somos. Si a los políticos se les deja hacer, hacen.

El límite cada vez está más cerca, aburre y desanima ver cada día otro y otro y otro alcalde que gana millones robándonos suelo de todos. Y desanima ver lo mal que lo hacen. En este caso igualados a puntos, pero gana por gol average el PSOE, que a falta de empresarios y cultura de sociedades anónimas y familias extensas se les pilla más y antes. No duden que Esperanza Aguirre y los alcaldes del PP tienen a sus espaldas escándalos de corrupción de envergadura similar o mayor que los socialistas, pero éstos además lo hacen mal.

El futuro parece incierto. Hoy el PP critica que nuestra economía se base en el ladrillo, cuando gobernaban decían que no hay nada más sólido que una economía que crece con ese mismo ladrillo. De hecho fueron los pioneros de la financiación pública a cambio de todo. ¿Qué ocurrirá cuándo se acabe el suelo público? Nada, queda la electricidad, el gas, los seguros… Esto es privatizar y lo demás es tontería.

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