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El Coliseo

Irán: las causas del alzamiento

Juan Antolín

Al menos 13 personas han muerto en los disturbios de las últimas horas en Teherán, tras los choques entre la policía y los partidarios de la oposición en Irán. Las elecciones del pasado 12 de Junio, en las que el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad fue reelegido con un inesperado 63% de los votos han sido el detonante de estas revueltas.

Todo parece indicar que el estamento religioso cuyo líder supremo es el ayatolá Alí Jamenei, y que gobierna el país con mano de hierro desde la revolución de 1979, manipuló los resultados electorales -de una forma tan apresurada como evidente- al ver cómo el candidato que según los planes oficiales debía quedar segundo se hizo con la mayoría de los votos.

El misterio y la falta de información que rodean al régimen iraní hace muy difícil analizar las causas del fraude electoral, los motivos de la división dentro del propio estamento gobernante, y cómo ha podido convertirse la situación en una revuelta popular. Sin embargo, lo que está claro es que la versión impulsada por los medios de comunicación occidentales está en gran parte equivocada. Lo que está ocurriendo en Irán no es, en principio, una lucha entre democracia y dictadura, entre moderados y radicales. Es una lucha por el poder interno resultado de la crisis del sistema de la República Islámica de Irán, que muy probablemente, se le ha ido de las manos a todos los implicados.

Todos los hombres del presidente

El 19 de Junio, en el punto álgido de las protestas, el líder supremo Alí Jamenei expresaba su apoyo explícito al presidente Ahmadineyad y declaraba que el resultado de las elecciones es definitivo. Ahmadineyad era desde el principio el “candidato oficial” y había recibido la bendición del ayatolá poco antes de las elecciones.

Sin embargo, los tres candidatos rivales que se presentaban a las elecciones (los únicos que sobrevivieron al “corte” del Consejo de Guardianes, que en mayo prohibió cientos de candidaturas, incluyendo todas las encabezadas por mujeres) eran dos tímidos reformistas, Mehdi Karroubi (antiguo presidente del parlamento) y Mir Hosein Mousavi (ex-primer ministro durante la guerra Irán-Irak de 1980-88) junto con el conservador Mohsen Rezai. Ninguno de ellos era en realidad una amenaza al sistema ni un enemigo del aparato de la República Islámica.

La principal pregunta es por qué los poderes religiosos iraníes se han arriesgado a falsear unas elecciones, reprimir a su propia población y llevar al país al borde de una revolución con tal de mantener en el poder a Ahmadineyad.

Existen dos motivos por los cuales Jamenei y sus seguidores han decidido que Ahmadineyad debe imponerse, uno exterior y otro interno. El exterior tiene que ver con la situación geopolítica de la región. Un presidente aparentemente más moderado como Mousavi podría mejorar las relaciones con EE.UU., pero Irán está más preocupado por el mensaje que lanzaría a los musulmanes de los países vecinos, especialmente Pakistán.

La población de etnia chií es mayoritaria en Irán e Irak, pero minoritaria en el resto de países musulmanes. Eso no impide que más de 30 millones de chiíes vivan en Pakistán, donde representan un 20% de la población, a la que Irán está interesado en proteger de los ataques de la guerrilla Talibán (de etnia sunní).

Un cambio en el gobierno Iraní hacia posiciones más moderadas o pro-americanas sería interpretado por los Talibanes en Pakistán como una muestra de debilidad, lo que les permitiría seguir masacrando a los chiíes en Pakistán e incluso iniciar incursiones desetabilizadoras por la frontera de ambos países. Por lo tanto, más que nunca, Irán debe mostrarse inflexible, y Ahmadineyad es el presidente adecuado para transmitir esa imagen.

Asuntos Internos

El segundo motivo por el cual los clérigos iraníes están dispuestos a llegar tan lejos es una pura y simple lucha de poder. Ahmadineyad llegó al poder enarbolando la bandera de la lucha contra la corrupción, y prometió hacer pública la lista con los nombres de aquellos iraníes que habían defraudado al fisco. Entre ellos estaría el Ayatolá Hashemi Rafsanjani, clérigo, empresario, multimillonario, impulsor del programa nuclear, y aspirante a arrebatarle el poder a Jamenei.

Rafsanjani es la figura clave de la actual situación. Es el principal valedor de Mousavi dentro del aparato clerical iraní, es el líder del Consejo de Expertos, y su paradero actual se desconoce. Según algunas noticias, se encontraría en la ciudad santa de Qom, organizando una reunión de emergencia del Consejo para discutir el futuro de Jamenei. Su hija y otros familiares fueron arrestados ayer por la policía.

El resultado dependerá de la posición que adopte la Guardia Republicana Iraní (GRI), y de si estará dispuesta a seguir reprimiendo durante mucho tiempo a los manifestantes en Teherán y otras ciudades. Si por el contrario, estos grupos armados decidieran pasarse al lado de los manifestantes, el régimen iraní tendría serios problemas para garantizar su supervivencia.

Las consecuencias no previstas

Hemos descrito la situación como una lucha por el poder dentro del propio estamento clerical iraní, en la que la facción Rafsanjani-Mousavi no es necesariamente ni más moderada ni más reformista (aunque quizá sí más pragmática) que la de Jamenei-Ahmadineyad. Pero a esto se han añadido otros factores que han hecho posible la transformación de esta disputa en una revuelta callejera (por ahora, en mayor parte pacífica).

Irán es un país sumido en una crisis social y económica sin precedentes. La incompetencia en la gestión económica del gobierno de Ahmadineyad se suma a la precaria situación de la juventud iraní, descontenta por la falta de libertades, de futuro o de perspectivas de mejoría. Irán ha sufrido en los últimos años la mayor caída en las tasas de natalidad y fertilidad registradas, y tiene tasas de drogadicción y prostitución que se cuentan entre las más altas del mundo.

El evidente fraude en las elecciones parece haber sido la gota que ha colmado el vaso de la frustración de los iraníes, que, bajo el improbable liderazgo de Mousavi, se han echado a las calles, ellos sí, exigiendo reforma y democracia. Y no se trata sólo de estudiantes universitarios, intelectuales y clases medias, sino que a ellos se ha sumado buena parte de la clase obrera urbana, empobrecida por el populismo y la economía del subsidio a las zonas rurales que ha desarrollado Ahmadineyad.

Las protestas se han visto reforzadas por el recurso a la “ciberguerra” - el uso de twitter, blogs y SMS para burlar el control a los medios estateles de comunicación -, la descentralización organizativa y la torpe reacción de los poderes oficiales, que han preferido no dejar ninguna alternativa a la oposición que no sea o la rendición incondicional o la represión.

Bagehot, columnista de The Economist, hace en su blog una lista de los ingredientes clave que hicieron triunfar a las revoluciones en los países ex-soviéticos, la mayoría de los cuales están presentes en la actual crisis iraní. Pase lo que pase lo que está claro es que estos acontecimientos pueden cambiar para siempre tanto el régimen iraní como la situación en todo Oriente Medio.

3 Responses to “Irán: las causas del alzamiento”

  1. Álvaro Says:

    Es probablemente el artículo más claro y bien escrito que he leído sobre el tema, como siempre en esta página. Un saludo.

  2. Yago Says:

    Muy buen articulo. Me hubiese gustado que incluyeras las fuentes de tu informacion :), ya que me estaba pregunatndo si es necesario excavar muy “a lo hondo” para saber este tipo de temas con claridad. Un saludo.

  3. Unai Says:

    Podrías dar alguna explicación de los dos besos que no se dejo dar el ayatolá.

    Gracias.

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